Lunes, 16 de abril de 2007
ZENIT publica la intervenci?n de Benedicto XVI durante la audiencia general del mi?rcoles, 11 de Abril de 2007, cita semanal a la que acudieron, en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, cerca de cuarenta mil personas.


Queridos hermanos y hermanas:

Hoy nos volvemos a reunir, despu?s de las solemnes celebraciones de la Pascua, para el acostumbrado encuentro del mi?rcoles. Ante todo deseo renovaros a cada uno mi m?s cordial felicitaci?n pascual. Os agradezco vuestra presencia en tan gran n?mero y doy gracias al Se?or por el hermoso sol que nos da.

En la Vigilia pascual reson? este anuncio: "Verdaderamente, ha resucitado el Se?or, aleluya". Ahora es ?l mismo quien nos habla: "No morir? ?proclama?; seguir? vivo". A los pecadores dice: "Recibid el perd?n de los pecados, pues yo soy vuestro perd?n". Por ?ltimo, a todos repite: "Yo soy la Pascua de la salvaci?n, yo soy el Cordero inmolado por vosotros, yo soy vuestro rescate, yo soy vuestra vida, yo soy vuestra resurrecci?n, yo soy vuestra luz, yo soy vuestra salvaci?n, yo soy vuestro rey. Yo os mostrar? al Padre". As? se expresa un escritor del siglo II, Melit?n de Sardes, interpretando con realismo las palabras y el pensamiento del Resucitado (Sobre la Pascua, 102-103).

En estos d?as la liturgia recuerda varios encuentros que Jes?s tuvo despu?s de su resurrecci?n: con Mar?a Magdalena y las dem?s mujeres que fueron al sepulcro de madrugada, el d?a que sigui? al s?bado; con los Ap?stoles, reunidos incr?dulos en el Cen?culo; con Tom?s y los dem?s disc?pulos. Estas diferentes apariciones de Jes?s constituyen tambi?n para nosotros una invitaci?n a profundizar el mensaje fundamental de la Pascua; nos estimulan a recorrer el itinerario espiritual de quienes se encontraron con Cristo y lo reconocieron en esos primeros d?as despu?s de los acontecimientos pascuales.

El evangelista Juan narra que Pedro y ?l mismo, al o?r la noticia que les dio Mar?a Magdalena, corrieron, casi como en una competici?n, hacia el sepulcro (cf. Jn 20, 3 ss). Los Padres de la Iglesia vieron en esa carrera hacia el sepulcro vac?o una exhortaci?n a la ?nica competici?n leg?tima entre los creyentes: la competici?n en busca de Cristo.

Y ?qu? decir de Mar?a Magdalena? Llorando, permanece junto a la tumba vac?a con el ?nico deseo de saber a d?nde han llevado a su Maestro. Lo vuelve a encontrar y lo reconoce cuando la llama por su nombre (cf. Jn 20, 11-18). Tambi?n nosotros, si buscamos al Se?or con sencillez y sinceridad de coraz?n, lo encontraremos, m?s a?n, ser? ?l quien saldr? a nuestro encuentro; se dejar? reconocer, nos llamar? por nuestro nombre, es decir, nos har? entrar en la intimidad de su amor.

Hoy, mi?rcoles de la octava de Pascua, la liturgia nos invita a meditar en otro encuentro singular del Resucitado, el que tuvo con los dos disc?pulos de Ema?s (cf. Lc 24, 13-35). Mientras volv?an a casa, desconsolados por la muerte de su Maestro, el Se?or se hizo su compa?ero de viaje sin que lo reconocieran. Sus palabras, al comentar las Escrituras que se refer?an a ?l, hicieron arder el coraz?n de los dos disc?pulos, los cuales, al llegar a su destino, le pidieron que se quedara con ellos. Cuando, al final, ?l "tom? el pan, pronunci? la bendici?n, lo parti? y se lo dio" (Lc 24, 30), sus ojos se abrieron. Pero en ese mismo instante Jes?s desapareci? de su vista. Por tanto, lo reconocieron cuando desapareci?.

Comentando este episodio evang?lico, san Agust?n afirma: "Jes?s parte el pan y ellos lo reconocen. Entonces nosotros no podemos decir que no conocemos a Cristo. Si creemos, lo conocemos. M?s a?n, si creemos, lo tenemos. Ellos ten?an a Cristo a su mesa; nosotros lo tenemos en nuestra alma". Y concluye: "Tener a Cristo en nuestro coraz?n es mucho m?s que tenerlo en la casa, pues nuestro coraz?n es m?s ?ntimo para nosotros que nuestra casa" (Discurso 232, VII, 7). Esforc?monos realmente por llevar a Jes?s en el coraz?n.

En el pr?logo de los Hechos de los Ap?stoles, san Lucas afirma que el Se?or resucitado, "despu?s de su pasi?n, se les present? (a los Ap?stoles), d?ndoles muchas pruebas de que viv?a, apareci?ndoseles durante cuarenta d?as" (Hch 1, 3). Hay que entender bien: cuando el autor sagrado dice que les dio pruebas de que viv?a no quiere decir que Jes?s volvi? a la vida de antes, como L?zaro. La Pascua que celebramos ?observa san Bernardo? significa "paso" y no "regreso", porque Jes?s no volvi? a la situaci?n anterior, sino que "cruz? una frontera hacia una condici?n m?s gloriosa", nueva y definitiva. Por eso ?a?ade? "ahora Cristo ha pasado verdaderamente a una vida nueva" (cf. Discurso sobre la Pascua).

A Mar?a Magdalena el Se?or le dijo: "Su?ltame, pues todav?a no he subido al Padre" (Jn 20, 17). Es sorprendente esta frase, sobre todo si se compara con lo que sucedi? al incr?dulo Tom?s. All?, en el Cen?culo, fue el Resucitado quien present? las manos y el costado al Ap?stol para que los tocara y as? obtuviera la certeza de que era precisamente ?l (cf. Jn 20, 27). En realidad, los dos episodios no se contradicen; al contrario, uno ayuda a comprender el otro.

Mar?a Magdalena quer?a volver a tener a su Maestro como antes, considerando la cruz como un dram?tico recuerdo que era preciso olvidar. Sin embargo, ya no era posible una relaci?n meramente humana con el Resucitado. Para encontrarse con ?l no hab?a que volver atr?s, sino entablar una relaci?n totalmente nueva con ?l: era necesario ir hacia adelante.

Lo subraya san Bernardo: Jes?s "nos invita a todos a esta nueva vida, a este paso... No veremos a Cristo volviendo la vista atr?s" (Discurso sobre la Pascua). Es lo que aconteci? a Tom?s. Jes?s le muestra sus heridas no para olvidar la cruz, sino para hacerla inolvidable tambi?n en el futuro.

Por tanto, la mirada ya est? orientada hacia el futuro. El disc?pulo tiene la misi?n de testimoniar la muerte y la resurrecci?n de su Maestro y su vida nueva. Por eso, Jes?s invita a su amigo incr?dulo a "tocarlo": lo quiere convertir en testigo directo de su resurrecci?n.
Queridos hermanos y hermanas, tambi?n nosotros, como Mar?a Magdalena, Tom?s y los dem?s disc?pulos, estamos llamados a ser testigos de la muerte y la resurrecci?n de Cristo. No podemos guardar para nosotros la gran noticia. Debemos llevarla al mundo entero: "Hemos visto al Se?or" (Jn 20, 24).

Que la Virgen Mar?a nos ayude a gustar plenamente la alegr?a pascual, para que, sostenidos por la fuerza del Esp?ritu Santo, seamos capaces de difundirla a nuestra vez dondequiera que vivamos y actuemos.

Una vez m?s: ?Feliz Pascua a todos vosotros!

[Al final de la audiencia, el Papa salud? a los peregrinos en diez idiomas. En espa?ol, dijo:]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa?ola, en especial al grupo del seminario de Pamplona, a la Agencia para la reeducaci?n y reinserci?n, de Madrid, as? como a los grupos de las diversas parroquias y colegios de Espa?a, y a los dem?s peregrinos de Argentina y otros pa?ses latinoamericanos.

Invito a todos a dejar que Cristo resucitado entre en vuestros corazones y nazca as?, en cada persona y en el mundo entero, la vida nueva que ha ganado para nosotros. Gracias por vuestra visita y una vez m?s: ?Felices Pascuas!

[? Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:40  | Habla el Papa
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios