Domingo, 22 de abril de 2007
VATICANO - AVE MARIA de don Luciano Alimandi - "?Es el Se?or!"

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - "Cuando ya amaneci?, estaba Jes?s en la orilla; pero los disc?pulos no sab?an que era Jes?s. D?celes Jes?s: ?Muchachos, ?no ten?is pescado?? Le contestaron: ?No.? El les dijo: ?Echad la red a la derecha de la barca y encontrar?is.? La echaron, pues, y ya no pod?an arrastrarla por la abundancia de peces. El disc?pulo a quien Jes?s amaba dice entonces a Pedro: ?Es el Se?or?, se puso el vestido - pues estaba desnudo - y se lanz? al mar?. (Jn 21, 4-7).
??Es el Se?or!? Esta exclamaci?n del ap?stol predilecto viene de lo profundo de su alma: es la pureza de su coraz?n que le permite reconocer al Se?or antes que los otros disc?pulos. Tambi?n fue as? despu?s de esa carrera al sepulcro, junto a Pedro, la ma?ana de Pascua, cuando s?lo de Juan se dice quE "vio y crey?": s?lo vio el Sudario, es decir la s?bana f?nebre de Jes?s, en el sepulcro vac?o, pero le bast?; en ?l, la promesa del Maestro "bienaventurados los limpios de coraz?n porque ellos ver?n Dios", comenz? a hacerse realidad.
Juan "vio" porque ten?a el coraz?n libre, dado completamente al Se?or, no era preso de otras preocupaciones y no hacia c?lculos, sino, en su sencillez, ha corrido m?s veloz por las sendas de la fe y del amor gratuito. Las almas sencillas son as?, llegan antes que las otras a gustar de Dios en su vida, a saborear la libertad caracter?stica de la amistad con ?l, el deseo de esa santidad que es regalo del Se?or, participado, d?a tras d?a, a quien vive con coherencia sus mandamientos, ante todo el del amor.
Juan es considerado desde siempre el ap?stol del amor por excelencia; y esto es as? porque apost? todo por Jes?s. La sinceridad de su anhelo amar s?lo lo que Cristo amaba, a?n en medio de las inevitables luchas de la fragilidad humana, lo llev? muy lejos: sus velas estaban desplegadas al viento del Esp?ritu lo que permiti? navegar m?s velozmente.
Pedro se dio cuenta de que Juan era predilecto del Se?or precisamente por esta su "inocencia", que se dejaba ver en su mirada y en sus gestos. No era ciertamente un jovencito, era un hombre con su fuerte car?cter, que le lev? a ganarse junto con su hermano Santiago el apelativo de "hijo del trueno? que le dio Jes?s; pero su coraz?n era el de un jovencito que hab?a entrado m?s profundamente en la amistad espiritual con Cristo porque se le parec?a m?s que ning?n otro.
No es ciertamente una mera coincidencia de un momento, pues precisamente a Juan el Se?or le conf?a el tesoro m?s precioso que ten?a en la tierra: su Madre, la m?s pura criatura, la Inmaculada. Juan tom? consigo a Maria, es decir en su casa y entre sus bienes, enseguida despu?s de la entrega que le hizo Jes?s en la cruz. Su coraz?n estaba preparado para albergar el Coraz?n de la Virgen, su alma, semejante a la del Maestro, estaba ?ntimamente cercana a la de Maria y as? pudo recibir de Ella, en los a?os que vivieron bajo la misma morada, bajo el mismo techo, el m?s perfecto testimonio que se pod?a dar sobre las profundidades humanas y divinas del Verbo encarnado. Cuando se lee el Cuarto Evangelio es l?cito pensar que esas estupendas palabras son tambi?n el fruto de esta cercan?a de Juan con Maria. Quien mejor que Ella habr?a podido exclamar "la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo ?nico, lleno de gracia y de verdad?. (Jn 1, 14)
Otro Juan de nuestros tiempos, el Siervo de Dios Juan Pablo II, nos ha dejado la estupenda herencia de convertirnos en "ap?stoles de la misericordia?, precisamente como el disc?pulo predilecto. El Santo Padre Benedicto XVI, en la reciente fiesta de la Divina Misericordia, el II domingo de Pascua, domingo de la Divina Misericordia, ha recordado la invitaci?n: " El Santo Padre Juan Pablo II quiso que este domingo se celebrara como la fiesta de la Misericordia Divina: en la palabra "misericordia" encontraba sintetizado y nuevamente interpretado para nuestro tiempo todo el misterio de la Redenci?n? Es la misericordia la que pone un l?mite al mal. En ella se expresa la naturaleza del todo peculiar de Dios: su santidad, el poder de la verdad y del amor. Hace dos a?os, despu?s de las primeras V?speras de esta festividad, Juan Pablo II termin? su existencia terrena. Al morir, entr? en la luz de la Misericordia divina, desde la cual, m?s all? de la muerte y desde Dios, ahora nos habla de un modo nuevo. Tened confianza ?nos dice? en la Misericordia divina. Convert?os d?a a d?a en hombres y mujeres de la misericordia de Dios. La misericordia es el vestido de luz que el Se?or nos ha dado en el bautismo. No debemos dejar que esta luz se apague; al contrario, debe aumentar en nosotros cada d?a para llevar al mundo la buena nueva de Dios", (Benedicto XVI, 15 de abril de 2007). Que este vestido de luz pura revista todos nuestros d?as, para hacernos exclamar desde lo profundo del coraz?n "?es el Se?or!" todas las veces que la caridad de Cristo nos alcance como un rayo de sol entre las grietas, abiertas a la eternidad, de la cotidianidad. (Agencia Fides 18/4/2007, L?neas: 57 Palabras: 905)


Publicado por verdenaranja @ 1:52  | Espiritualidad
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