Domingo, 22 de abril de 2007
D?a 22 III
Domingo de Pascua


Habitual confianza del cristiano



Sin dejar las escenas pascuales de la vida del Se?or, seguimos aprendiendo de ?l y de sus Ap?stoles y fomentamos la virtud de la esperanza, por la que estamos seguros de la gloria eterna y de la felicidad en este mundo si, apoyados en la fe, le somos fieles.

Conviene que en nuestra relaci?n con Dios, que debe ser continua ?lo corriente en nuestra vida?, queramos habituarnos a sucesos extraordinarios, vistas las cosas con ojos solamente humanos. As? lo ha querido el Se?or, que ha enviado a sus ap?stoles ?a cuantos deseamos serle fieles? en medio de todos los afanes e intereses humanos para que triunfemos en su nombre. No es posible que tabajando con el Se?or seamos vencidos por los poderes del mundo, como no es posible que el tiempo domine a la eternidad, ni la materia al esp?ritu que la ide?.

A?n despu?s de la Resurrecci?n sigue Jes?s inculcando en sus Ap?stoles el convencimiento de que tienen garantizada la victoria sobre toda fuerza que se oponga a su se?or?o. Ya ha vencido a la muerte, pero este milagro, con ser el m?s clamoroso y extraordinario, no es un hecho aislado. La fuerza de su poder permanece inalterable aunque pareciera, pocos d?as antes, que era vulnerable como cualquiera. Para que se manifieste por las manos de ellos el poder de Dios basta la confianza. Siendo d?ciles a Jes?s y no dudando, que es tanto como actuar convencidos de hacerlo en nombre de Dios, est? asegurado el triunfo.

No importa el desaliento por haberse fatigado sin ?xito en el tiempo oportuno. No importa que el lugar ?junto a la orilla? sea el menos propicio para la pesca. ?Por qu? a la derecha? Porque es lo que quiere Dios, Se?or del mundo, que quiere actuar por sus hijos amados y que ellos triunfen y se gocen con ?l. Y, no se rompe la red por extra?o que parezca. Y son todos peces grandes, contados ?los que Dios quiso?, aprovechables.

Es el momento de renovar la fe, de confirmarse en la certeza indudable ?de otras veces? de sentir la fuerza de Dios. Es el momento de proponerse de nuevo, m?s definitivamente, la confianza y la fidelidad, aunque vuelva a parecer claro ?vistas las cosas humanamente? que de lo que se trata es de seguir criterios "pr?cticos": la propia experiencia, el consejo de los "expertos"... Y, junto a la fe, el arrepentimiento. Pedimos perd?n porque hemos dudado, porque hemos confiado m?s en nosotros mismos y en los dem?s que en el poder de Dios y en su bondad, mil veces probados ya en la historia. Nos arrepentimos de reclamar continuamente pruebas, como aquellos otros jud?os, extraordinarias, que se salgan espectacularmente de lo normal, como condici?n para confiar en ?l.

?Que el orgullo herido no nos impida vover a Dios! ?Seamos como Pedro!: obediente al Maestro, llena sus redes en un instante tras una noche entera de esfuerzo suyo tan experto como in?til. No le importa su pobre condici?n, que Otro le haya ense?ado a pescar, a ?l, profesional de la pesca. Acepta humilde la realidad, la clara verdad de su peque?ez, frente a la majestad divina de Jes?s, que lo recibe en la orilla y, poco despu?s, conf?a tanto en ?l, a pesar de sus pecados, que lo confirma a la cabeza de su Iglesia.

Bienaventurada t? que has cre?do, dice Isabel a Mar?a, porque se cumplir? lo que se te ha dicho de parte del Se?or. Con cada cristiano cuenta Dios para la extensi?n de su Reino en el mundo. No dudemos m?s. Obedezcamos hasta en el detalle como Pedro, para que a trav?s de cada uno act?e Dios y nos gocemos con los frutos.



Publicado por verdenaranja @ 18:53  | Espiritualidad
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