Lunes, 23 de abril de 2007
VATICANO - Un primer acercamiento al "Jes?s de Nazaret" de Benedicto XVI - por Don Nicola Bux y Don Salvatore Vitiello

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Hace catorce a?os sali? un ensayo del m?s conocido estudioso del mundo del juda?smo de los primeros siglos de la era cristiana, Jacob Neusner, titulado A Rabbi talks with Jesus, que el entonces Cardenal Joseph Ratzinger valor? como el m?s importante para el di?logo judeo-cristiano, entre los publicados en la ?ltima d?cada. ?l entre otras cosas apunt? que la absoluta honestidad intelectual, la precisi?n del an?lisis, el respeto por la otra parte unida a una bien arraigada lealtad hacia la propia posici?n, caracterizaba el libro y lo convert?an en un desaf?o, especialmente para los cristianos, que deber?an reflexionar bien sobre el contraste entre Mois?s y Jes?s. Las cuestiones que el autor nos dirig?a a nosotros, cristianos, tienen fundamento y, precisamente por esto, son fructuosas. Adem?s, el Cardenal apreci? el acercamiento del autor que no se dirig?a a Jes?s como a una ficticia figura hist?rica, sino que siempre puso en justo relieve la figura real de Jes?s, como es presentada en el Evangelio de Mateo.
Seg?n nuestro parecer, este juicio, "mutatis mutandis", puede ser aplicado al libro "Jes?s de Nazaret", sea cuanto al contenido sea cuanto al m?todo. Por tanto, es deseable que la salida del libro del Papa induzca a ver de nuevo esa impostaci?n de pluralismo relativista, que caracteriza a menudo las comparaciones, no como m?todo cient?fico, sino solo autoreferencial y politically correct, y tampoco m?todo eclesial, porque no ayuda, dir?a san Pedro, "a dar respuesta a quien pida raz?n de nuestra esperanza."
Ahora bien, dado que la urgencia de presentar a Jes?s en su actividad p?blica est? dirigida, como declara el autor en la Premisa "con el fin de favorecer en el lector el crecimiento de una viva relaci?n con ?l" (p. 20) es necesario insertar la obra en el contexto bimilenario de la reflexi?n sobre Jes?s de Nazaret. En el siglo primero de la nuestra era, o?r hablar de la resurrecci?n de la carne, del cuerpo y del alma del ser humano, era lo m?s antit?tico que pod?a haber, seg?n la mentalidad de la ?poca. ?Y si Cristo fuera una semblanza de Dios? - dec?an no poco cristianos, cuando a?n viv?an los ap?stoles - ?es posible que Dios haya venido en la carne? Y Juan responde: "Todo esp?ritu que confiesa a Jesucristo venido en la carne, es de Dios; y todo esp?ritu que no confiese a Jes?s, no es de Dios; es del anticristo, del que hab?is o?do que viene y que ya est? en el mundo" (1Jn 4, 2-3). Con su Evangelio el ap?stol testigo presencial, rebate la herej?a, llamada docetismo (del griego dok?in).
Dos siglos despu?s se dir?, de otros cristianos seguidores del cura Ario que el Cristo es solamente hombre; otros por el contrario, insistir?n que s?lo es Dios. El debate cristol?gico que parec?a haber concluido en el siglo V con el Concilio de Calcedonia, en realidad ha continuado, en fases alternativas, hasta Bultmann y los te?logos racionalistas, y cuantos otros han distinguido y/o separado el "Jes?s hist?rico" del "Jes?s de la fe".
Y hoy todav?a se propone de nuevo la misma situaci?n. Hay quien quisiera abolir o reducir la encarnaci?n y la divinidad de Cristo, para dialogar mejor con jud?os y musulmanes. ?Y pensar que, para sustentar la fe en la encarnaci?n, Atanasio fue desterrado varias veces, Cirilo, Ambrosio, Pedro Cris?logo soportaron escarnios, insultos y persecuciones! Ahora Benedicto XVI no esconde que el suyo es "el intento de presentar al Jes?s de Evangelio como el Jes?s real como el "Jes?s hist?rico" en sentido real" (p. 18).
A este punto es necesario decir algo a prop?sito de la ex?gesis actual de la Sagrada Escritura. Est? difundida una idea neogn?stica de que para hacer historia hay que liberarse de toda pre-comprensi?n o interpretaci?n filos?fica, en especial si es de fe. ?Un hombre de fe no puede ser un historiador serio! Pero la fe b?blica presupone hechos que realmente ocurrieron porque no es m?tica, incluidas las intervenciones de Dios y las teofan?as: por quedarnos en el Nuevo Testamento, desde el nacimiento de Jes?s de la Virgen Maria, desde la instituci?n de la Eucarist?a en la ?ltima cena, desde la Resurrecci?n corporal de Jes?s a la venida del Esp?ritu Santo. Este no excluye que haya aspectos particulares por aclarar y profundizar.
En fin, vuelve a la mente la pregunta de si la fe sea un modo de conocer igual a la raz?n. No se entiende por qu? no lo deba ser, puesto que se admite en las ciencias naturales que, en base al llamado principio de indeterminaci?n de Werner Heisenberg, el hombre conoce la realidad sea en su objetividad sea desde su posici?n subjetiva y con su capacidad de comprensi?n. (1)
Por tanto tambi?n la fe conoce. Dicha fe no es solo individual sino del pueblo de Dios en camino en la historia y los exegetas, que con frecuencia ponen de relieve su papel para la formaci?n y comprensi?n de las Escrituras, inspirados por Dios en autores de su pueblo, deber?an incluirla razonablemente en la comprensi?n del Libro.
Una nota m?s. El beneficio de la ex?gesis hist?rico-cr?tica y sus presupuestos de historicidad y de homogeneidad termina por paralizar.
Por ejemplo, se ha llegado a creer que los libros b?blicos son menos cre?bles que las inscripciones halladas de los faraones, de la ?poca de Ghilgamesh; pero los descubrimientos arqueol?gicos no "prueban" la Biblia, si acaso a?aden una evidencia tangible a la de los textos, sin los que los primero ser?an err?ticos. De otro modo se "hace de la Biblia un libro cerrado, cuya interpretaci?n siempre problem?tica, requiere una competencia t?cnica que hace de ello un campo reservado a pocos especialistas. A esos algunos aplican la frase del evangelio: Os hab?is llevado la llave de la ciencia. No entrasteis vosotros y a los que est?n entrando se lo hab?is impedido" (Lc 11,52; cfr.: Mt 23,13)". (2)
De Lubac, en Historia y esp?ritu, sobre la obra exeg?tica de Or?genes, sin despreciar la precisi?n critico hist?rica filol?gica, afirma que la Biblia no puede ser reducida a su letra. Y precisamente Or?genes como toda la tradici?n, dec?a que la Escritura es de alg?n modo cuerpo de Cristo, palabra de Dios. Como en Cristo hay una naturaleza humana y una divina, as? en su cuerpo b?blico hay un sentido literal, "la carne" y uno espiritual simb?lico, "el esp?ritu", correspondiente a la divinidad de la palabra. Todo el cosmos, la vida y el hombre se originan y concentran en la unidad del Verbo: seg?n el pensamiento de los padres de la Iglesia, toda la historia es una g?nesis de Cristo.
La Sagrada Escritura vale sobre todo por el Esp?ritu que se manifiesta seg?n una comprensi?n que atraviesa en diagonal el espacio y el tiempo, desde que se form? hasta hoy. Ella mientras tanto es Palabra de Dios, en cuanto resuena en un cuerpo vivo que es la Iglesia, d?ndole voz y abriendo el camino a la comprensi?n de los misterios del Se?or, que quedar?an de otro modo sellados, cerrados e incomprensibles. Realmente "ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo - dice san Jer?nimo luego -? ?Que dir? de su doctrina sobre la f?sica, sobre la ?tica y sobre la l?gica??. (3) Leerla individualmente o en oposici?n a la Iglesia en la historia ha llevado a las corrientes esot?ricas y a las herej?as.
Benedicto XVI dedica a la interpretaci?n de la Escritura este pasaje de su libro, en el cap?tulo II sobre las tentaciones de Jes?s: "Para atraer Jes?s a su trampa el diablo cita la Sagrada Escritura, [...] aparece como te?logo. [...] Vladimir Solov'?v ha retomado este tema en su 'Cuento del anticristo'; el anticristo recibe la licenciatura honoris causa en teolog?a de la universidad de Tubinga; es un gran experto de la Biblia. Con esta narraci?n Solov'?v ha querido expresar de modo dr?stico su escepticismo respecto a un cierto tipo de ex?gesis erudita de su tiempo. No se trata de un no a la interpretaci?n cient?fica de la Biblia en cuanto tal, sino de una advertencia m?ximamente saludable y necesario frente a los caminos equivocados que ella puede tomar. La interpretaci?n de la Biblia puede efectivamente convertirse en un instrumento del anticristo. No es s?lo Solov'?v quien lo dice, es cuanto afirma impl?citamente la narraci?n misma de las tentaciones. Los peores libros destructores de la figura de Jes?s, que destruyen la fe, han sido entretejido con presuntos resultados de la ex?gesis". (p. 57-58).
Giuseppe Ricciotti, el autor de la m?s c?lebre Vida de Jesucristo, escrito en 1941 y reimpresa varias veces hasta hoy, escribe: "Los evangelios cuentan que el Jes?s sellado en la tumba de los fariseos ha resucitado. La historia cuenta que el Jes?s matado sucesivamente mil veces se ha demostrado cada vez m?s vivo. Ahora, trat?ndose de la misma t?ctica, hay motivo para creer que lo mismo ocurrir? con el Jes?s clavado de nuevo en la cruz por la cr?tica hist?rica".
?l ten?a raz?n, pero no pod?a imaginar que un Papa - si bien un pensador de excepci?n - habr?a estado entre los art?fices de la nueva 'resurrecci?n', con la publicaci?n del libro Jes?s de Nazaret que marcar? la existencia de los lectores sea de los creyentes sea de los laicos, favorables o contrarios.
Por tanto, Vittorio Messori tiene raz?n en observar que el libro de Joseph Ratzinger "quiere ser un instrumento para "comenzar de nuevo desde arriba? para proceder a esa re-evangelizaci?n ya deseada por Juan Pablo II." Pero no en la equivocaci?n del "nuevo principio", que ha condicionado a menudo tambi?n la interpretaci?n del Concilio Vaticano II, si no en la feliz certeza de la bimilenaria continuidad de la Iglesia, siempre necesitada de reforma y custodia, humilde y cierta, de la Verdad de Dios. (Agencia Fides 20/4/2007; L?neas: 110 Palabras: 1630)

(1) Der Teil und das Ganze. Gespr?che im Umkreis der Atomphysik, M?nchen 1969, p. 117.
(2) Pontificia Comisi?n B?blica, La interpretaci?n de la Biblia en la Iglesia, Ciudad del Vaticano 1993, p. 27.
(3) Pr?logo al comentario del profeta Isa?as, 1-2; CCL 73,1-3.


Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios