Martes, 24 de abril de 2007
Eucarist?a, sana laicidad y ense?anza religiosa: puntos claves para obispos espa?oles


Discurso Inaugural del Excmo. y Rvmo.

Sr. D. Ricardo Bl?zquez P?rez

Obispo de Bilbao
Presidente de la Conferencia Episcopal Espa?ola


Madrid, 23-27 de abril de 2007



Se?ores Cardenales, Se?or Nuncio Apost?lico, Se?ores Arzobispos y Obispos; colaboradores de la Conferencia Episcopal Espa?ola; representantes de los Medios de comunicaci?n social: reciban la expresi?n de mi respeto y afecto. Saludo tambi?n a cuantos a trav?s de los Medios pueden seguir la apertura de nuestra Asamblea Plenaria.

Hace poco hemos celebrado la Semana Santa en que recordamos los misterios de la pasi?n, muerte y resurrecci?n de nuestro Se?or Jesucristo, que constituyen la cima del a?o lit?rgico. Estamos, por tanto, inmersos en el tiempo pascual. Poco antes de comenzar estas grandes celebraciones muri? con 58 a?os reci?n cumplidos Mons. Eugenio Romero Pose, Obispo Auxiliar de la Di?cesis de Madrid, Presidente de la Comisi?n Episcopal para la Doctrina de la Fe y Vice-Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca. Su larga enfermedad ha constituido un testimonio luminoso de fe en Dios Padre de Jesucristo, de amor a la Iglesia y de esperanza en la Vida eterna; el trato con ?l mostraba pronto qu? vigorosas, hondas y transparentes eran estas actitudes. Al tiempo que lo recordamos en la oraci?n, agradecemos al Se?or su vida de buen pastor y su muerte transfigurada por la luz de la resurrecci?n.

1.- ?FORMA EUCAR?STICA DE LA VIDA CRISTIANA?

El d?a 22 de febrero, fiesta de la C?tedra del Ap?stol san Pedro, firm? Benedicto XVI la Exhortaci?n apost?lica Sacramentum caritatis, en que el Papa, ejercitando su magisterio pastoral, transmite autorizadamente a la Iglesia reflexiones y propuestas que fueron madurando desde la preparaci?n de la Asamblea General del S?nodo de los Obispos hasta su celebraci?n en octubre de 2005. La Exhortaci?n presenta algunas l?neas fundamentales de acci?n pastoral orientadas a suscitar en la Iglesia un nuevo impulso y fervor por la Eucarist?a.

As? como el Papa Juan Pablo II centr? desde el principio su pontificado en Jesucristo Redemptor hominis y esta clave apareci? reiteradamente hasta en los mismos t?tulos de algunos documentos de su amplio y rico magisterio, ya no es aventurado decir que la denominaci?n de la primera enc?clica del Papa Benedicto XVI Deus caritas est nos invita a reconocer en este potente foco de luz una insistencia b?sica de su ministerio de Pastor universal. El amor que define la intimidad de Dios Padre, Hijo y Esp?ritu Santo y su manifestaci?n a la humanidad, se concentra de tal forma en la Eucarist?a que amor, agap?, es uno de los nombres de la Eucarist?a, Sacramentum caritatis.

La reciente Exhortaci?n apost?lica nos puede prestar una ayuda preciosa en el desarrollo de las acciones pastorales que propuso la Conferencia Episcopal en su Plan Pastoral para los a?os 2006-2010, centrado en la Eucarist?a: ?Yo soy el pan de vida? (Jn 6,35). Vivir de la Eucarist?a. Ante todo en la Eucarist?a damos gracias por los dones recibidos, pues la celebraci?n principal de los cristianos es significativamente bendici?n y agradecimiento a Dios; a la Eucarist?a llevamos tambi?n las preocupaciones de nuestro ministerio episcopal que son las necesidades de la Iglesia y de la humanidad; y viviendo fielmente de la Eucarist?a deseamos continuar impulsando una pastoral que nos permita proclamar, con palabras y hechos, que s?lo en Jesucristo est? la salvaci?n. ?La comuni?n eucar?stica, que recorre y dinamiza la vida de la Iglesia, es tambi?n principio y norma de actuaci?n: lex credendi, lex orandi y lex vivendi. Desde la Eucarist?a, en efecto, brota la transmisi?n de la fe, la celebraci?n del misterio cristiano, y el servicio al mundo en caridad? (Plan Pastoral, n. 6). Entre mysterium, actio y vita existe una mutua interacci?n dentro de la econom?a salv?fica.

La Exhortaci?n apost?lica postsinodal est? articulada en tres partes: Eucarist?a, misterio que se ha de creer; Eucarist?a, misterio que se ha de celebrar; y Eucarist?a, misterio que se ha de vivir. Pues bien, una expresi?n, que encabeza como t?tulo la primera secci?n de la tercera parte, ?Forma eucar?stica de la vida cristiana?,da que pensar y nos invita a una reflexi?n detenida; en esta f?rmula se contienen diferentes perspectivas de la vida cristiana adonde confluyen el misterio que creemos y celebramos en la Eucarist?a. Si la Eucarist?a es fuente y culmen de la vida, de la comuni?n y de la misi?n de la iglesia, podemos suponer que son muchas y ricas las orientaciones implicadas en esta formulaci?n.

Entre Eucarist?a e Iglesia y entre Eucarist?a y vida cristiana hay una estrecha reciprocidad; la Eucarist?a posee una ?ntima dimensi?n eclesial y, a la inversa, la Iglesia tiene una dimensi?n eucar?stica. Igualmente podemos decir que la Eucarist?a moldea la vida de cada cristiano y, consiguientemente, la existencia cristiana posee una forma eucar?stica. El Acta de los m?rtires, a principios del siglo IV, de la colonia de Abitinas junto a Cartago muestra n?tidamente esta implicaci?n mutua; en un momento del apasionante interrogatorio replica el juez a una contestaci?n del m?rtir F?lix: ?No te pregunto si eres cristiano, sino si has celebrado reuniones?. Y comenta el autor del acta martirial: ??Necia y rid?cula pregunta del juez!, como si el cristiano pudiera pasar sin celebrar el misterio del Se?or o el misterio del Se?or (Dominicum) pudiera celebrarse por otro que el cristiano. ?Ignoras que el cristiano est? asentado en el misterio del Se?or y el misterio del Se?or en el cristiano, de suerte que no es posible se d? el uno sin el otro? Cuando oigas el nombre, reconoce la concurrencia ante el Se?or; cuando oigas la reuni?n, reconoce el nombre? (Martirio de los santos Saturnino, Dativo y otros muchos m?rtires, XII, en: Actas de los M?rtires, Madrid BAC 3? ed., 1974, p?g. 986). Del nombre de cristiano se infiere la participaci?n en el Dominicum, sin el cual la fraternidad cristiana no puede sobrevivir en medio del mundo. El cristiano es por definici?n disc?pulo de Jes?s y un hermano. Ya antes san Ignacio de Antioquia hab?a caracterizado a los cristianos como los que viven seg?n el domingo (iuxta dominicam viventes), d?a en que Jesucristo venci? a la muerte y amaneci? como una nueva esperanza para sus fieles (Ad Magnesios, 9,1-2).

?C?mo se configura y expresa, c?mo se moldea y manifiesta la ?forma eucar?stica de la vida cristiana?? Quien toma el alimento de verdad y de amor que es el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo vivir? para siempre (cf. Jn 6,48 ss.). ?El misterio ?cre?do? y ?celebrado? contiene en s? un dinamismo que hace de ?l principio de vida nueva en nosotros y forma de la existencia cristiana? (Sacramentum caritatis, n. 70). La Eucarist?a, que es la actualizaci?n sacramental de la ofrenda de Jes?s al Padre por el mundo, es tambi?n sacrificio de la Iglesia y de cada cristiano. La Eucarist?a transforma nuestra vida en culto espiritual, seg?n aquellas palabras de Pablo que resuenan incesantemente como ?leit-motiv? en la parte tercera del documento postsinodal: ?Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; ?ste es vuestro culto razonable? (Rom 12,1). ?De aqu? toma forma la naturaleza intr?nsecamente eucar?stica de la vida cristianas? (n. 71). Es el nuevo modo de vivir de la comunidad como tal y de cada disc?pulo de Jes?s, en las diversas vocaciones dentro de la Iglesia, en la existencia cotidiana y en el supremo testimonio del martirio, en la misi?n evangelizadora y en el servicio que la Iglesia desea prestar a la humanidad. La forma eucar?stica impregna y abarca la vida entera en las diversas situaciones, a partir de la celebraci?n eucar?stica y de la adoraci?n.

Participar en la asamblea eucar?stica del domingo junto con otros hermanos y hermanas en la fe brota del ser cristiano y lo va formando. ?La forma eucar?stica de la vida cristiana es sin duda una forma eclesial y comunitaria? (n. 76). El que el cristianismo sea desde el principio una compa??a, una especie de red de relaciones vivificadas por la escucha de la Palabra de Dios y la celebraci?n de la Eucarist?a, impulsa a los cristianos a hacerse pr?ximos unos de otros frente al individualismo y el aislamiento que comporta, seg?n la Exhortaci?n postsinodal, el fen?meno de la secularizaci?n.

La Eucarist?a modela las diversas maneras de ser y actuar como cristianos. El laico, viviendo la propia vida en las tareas seculares como vocaci?n cristiana, se convierte diariamente en culto espiritual agradable a Dios. Con estas palabras se dirige personalmente el Papa: ?Animo de modo particular a las familias para que este Sacramento sea fuente de fuerza e inspiraci?n. El amor entre el hombre y la mujer, la acogida de la vida y la tarea educativa se revelan como ?mbitos privilegiados en los que la Eucarist?a puede mostrar su capacidad de transformar la existencia y llenarla de sentido? (n. 79). La forma eucar?stica del ser cristiano se manifiesta particularmente en la vida del sacerdote. La llamada a cultivar la espiritualidad eucar?stica aparece ya en las palabras pronunciadas por el Obispo en la ordenaci?n de los presb?teros: ?Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios. Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la cruz del Se?or? (n. 80). Los consagrados y consagradas ?encuentran en la celebraci?n eucar?stica la fuerza para el seguimiento radical de Cristo obediente, pobre y casto?, de que se nutre su testimonio prof?tico (n. 81).

Existe una conexi?n estrecha entre forma eucar?stica y transformaci?n moral. En la Eucarist?a ?el cristiano comulga con el amor de donaci?n de Cristo, y es capacitado y urgido a vivir esta misma caridad en todas las actitudes y comportamientos de vida? (n. 82). La Exhortaci?n se?ala algunas manifestaciones de coherencia eucar?stica en las responsabilidades sociales de los bautizados: ?El respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepci?n hasta su final natural, la familia fundada sobre el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educaci?n de los hijos y la promoci?n del bien com?n en todas sus formas? (n. 83). En la Eucarist?a Jes?s, cuya entrega al Padre hasta la muerte en cruz se actualiza sacramentalmente, ?nos hace testigos de la compasi?n de Dios por cada hermano y hermana?, y se convierte en nosotros en fuente de amor generoso y sacrificado. ?La Eucarist?a impulsa a hacerse ?pan partido? para los dem?s, y, por tanto, a trabajar por un mundo m?s justo y m?s fraterno?. ?En verdad, la vocaci?n de cada uno de nosotros consiste en ser, junto con Jes?s, pan partido para la vida del mundo? (n. 88). En esta Asamblea Plenaria tendremos la oportunidad de escuchar al Presidente del Pontificio Consejo Cor Unum, Mons. Paul Josef Cordes, y de buscar entre todos las formas m?s aut?nticas y eficaces de unir Eucarist?a y Caridad, Caridad y Eucarist?a, en una corriente que circula en el doble sentido.

En la presente Asamblea de la Conferencia trataremos tambi?n sobre la Pastoral de las Migraciones, este fen?meno que ha crecido tanto en los ?ltimos a?os entre nosotros que se ha convertido en una caracter?stica de nuestra sociedad y en desaf?o de largo alcance. La Iglesia viene colaborando eficazmente y quiere continuar prestando su ayuda para facilitar a los inmigrantes una acogida digna y su integraci?n social. Queremos particularmente que nuestras comunidades cristianas est?n abiertas como un hogar a los cat?licos llegados de otros pa?ses; la hospitalidad eucar?stica es una se?al clara de la catolicidad de la Iglesia.

De la Eucarist?a, memorial de la entrega de Jes?s, que cuando era insultado no devolv?a el insulto sino se pon?a en manos del juzga justamente (cf. 1 Ped 2,23), brota un dinamismo de justicia y de paz. Por eso, la comuni?n del Cuerpo y de la Sangre de Cristo ?apremia a los que est?n enfrentados para que aceleren su reconciliaci?n abri?ndose al di?logo y al compromiso por la justicia. No hay duda de que las condiciones para establecer una paz verdadera son la restauraci?n de la justicia, la reconciliaci?n y el perd?n? (n. 89).

La forma eucar?stica de la vida cristiana promueve tambi?n un cambio de mentalidad en favor del respeto a la creaci?n, de donde toma la Iglesia el pan y el vino trabajados por el hombre. En la Eucarist?a, que es como una ?fuente que mana y corre? en medio de la Iglesia (San Juan de la Cruz), convergen la creaci?n del mundo por Dios, la historia de la salvaci?n y la redenci?n de la humanidad por Jesucristo muerto y resucitado (n. 92).

En el campo de la Iglesia, que desde el principio se ha mostrado amiga de la inteligencia y sol?cita de los pobres y los que sufren, han nacido y crecido instituciones inspiradas en la Eucarist?a para el servicio de los necesitados. Celebrar aut?nticamente la Eucarist?a es una necesidad vital de la Iglesia, y es tambi?n motivo de esperanza para los pobres y beneficio a la humanidad.

2.- LAICIDAD Y LAICISMO

Las palabras laicidad y laicismo, laico y laicista, secularizaci?n, secularidad y secularismo, secular y secularista, son utilizadas como si fueran el?sticas, ya que su significado se encoge o se estira para significar acepciones diferentes y son interpretadas con un alcance notablemente distinto. Se requiere estar atentos para no pasar indebidamente de un sentido a otro. El mismo Concilio Vaticano II sinti? la necesidad de explicar en qu? sentido la ?autonom?a de las realidades temporales? es l?cita en la perspectiva de la Iglesia y est? de acuerdo con la voluntad del Creador. Es leg?timo hablar de autonom?a de las realidades temporales, si por ella se entiende que las cosas creadas y la sociedad misma gozan de leyes y valores propios que el hombre descubre y ordena; pero si se entendiera la autonom?a en el sentido de que las realidades creadas no dependen de Dios y que el hombre puede utilizarlas sin referirlas al Creador, la falsedad de esta opini?n es patente a quienes creen en Dios, ya que la criatura sin el Creador se desvanece. Como la correcci?n de las relaciones entre ciencia y fe, Estado e Iglesia, sociedad civil y comunidad eclesial dependen en buena medida de la claridad en la utilizaci?n de aquellas palabras, de los conceptos que expresan y de las interpretaciones que de ellas se hace, nos ha parecido conveniente dedicar a esta cuesti?n alg?n tiempo. La penetraci?n intelectual del Papa Benedicto XVI y la precisi?n de sus formulaciones nos sirven de gu?a maestra.

Desea el Papa que, en di?logo abierto entre creyentes y no creyentes, te?logos y fil?sofos, juristas y hombres de ciencia, se elabore ?un concepto de laicidad que, por un lado, reconozca a Dios y a su ley moral, a Cristo y a su Iglesia, el lugar que les corresponde en la vida humana, individual y social, y, por otro, que afirme y respete la leg?tima autonom?a de las realidades temporales? (Discurso en el LVI Congreso Nacional de la Uni?n de Juristas Italianos, el d?a 9 de diciembre de 2006).

Como es sabido laico, adem?s de ser el miembro del Pueblo (la?s) de Dios, signific? originalmente la condici?n del cristiano que no pertenece al clero ni profesa la vida religiosa; en la Edad Media laicidad signific? tambi?n la oposici?n entre el poder civil y el poder eclesi?stico; y en los tiempos modernos ha recibido a veces la significaci?n de excluir ?la religi?n y sus s?mbolos de la vida p?blica mediante su relegaci?n al ?mbito de lo privado y de la conciencia individual. De esta manera ha llegado a atribuirse al t?rmino ?laicidad? una acepci?n ideol?gica opuesta a la que ten?a en su origen?. Y un poco m?s adelante, explicitando los campos en que se puede manifestar esa acepci?n de ?laicidad? y los fundamentos en que se apoya, afirma el Papa con su habitual clarividencia: ?La laicidad se expresar?a en la separaci?n total entre Estado e Iglesia; esta ?ltima no tendr?a derecho alguno a intervenir en tem?ticas referentes a la vida y a la conducta de los ciudadanos; la laicidad llegar?a incluso a implicar la exclusi?n de los s?mbolos religiosos de los lugares p?blicos destinados al desempe?o de las funciones propias de la comunidad pol?tica: oficinas, escuelas, hospitales, c?rceles, etc. Sobre la base de tan numerosas formas de concebir la laicidad, se habla incluso de pensamiento laico, de moral laica, de ciencia laica, de pol?tica laica. En efecto, subyace en esta concepci?n una visi?n no religiosa de la vida, del pensamiento, de la moral, es decir, una visi?n en la que no hay sitio para Dios, para el Misterio que trascienda la pura raz?n, para una ley moral de car?cter absoluto, vigente en todo tiempo y situaci?n?. Es una pretensi?n excesiva convertir este tipo de laicidad en emblema de la postmodernidad y de la democracia moderna. Me permito recordar que en la misma longitud de onda emite la Instrucci?n Pastoral de la Conferencia Episcopal Espa?ola Orientaciones morales ante la situaci?n actual de Espa?a, aprobada el d?a 23 de noviembre en Asamblea Plenaria.

Los cristianos tenemos la preciosa misi?n de anunciar y mostrar que Dios es amor, que no es antagonista del hombre, que la ley moral cuya voz se oye en la conciencia tiende no a oprimir sino a liberar, no a amargarnos la vida sino a hacernos m?s felices. Este mensaje, al tiempo que refuerza la dignidad del hombre, es como un manantial que vierte incesantemente valores ?ticos en la sociedad. La Iglesia quiere mantener la pasi?n por la verdad, la libertad, la justicia y el amor apoy?ndose en la fuerza del misterio de Dios en que cree.

El Papa propugna lo que llama ?sana laicidad? que ?implica la autonom?a efectiva de las realidades terrenales respecto a la esfera eclesi?stica, no as? frente al orden moral?. Consiguientemente, a la Iglesia no corresponde indicar qu? ordenamiento pol?tico y social es preferible; es el pueblo el que libremente determina las formas m?s adecuadas de organizar la vida pol?tica; toda intervenci?n directa de la Iglesia en este campo constituir?a una injerencia indebida. Pero la misma ?sana laicidad? comporta tambi?n que ?el Estado no considere la religi?n como puro sentimiento individual, susceptible de relegarse al ?mbito privado. Al contrario, la religi?n al estar organizada tambi?n en estructuras visibles, como es el caso de la Iglesia, debe ser reconocida como presencia comunitaria p?blica?. En este marco de ?sana laicidad?, con las actitudes y conductas que le son coherentes, se comprende que sea garantizado el ejercicio de las actividades de culto, y tambi?n culturales, educativas y caritativas, de la comunidad de los creyentes; que dentro de la laicidad, que no degenera en laicismo, sean respetados los s?mbolos religiosos en las instituciones p?blicas. Entran en una ?sana laicidad? que los representantes leg?timos de la Iglesia se pronuncien sobre los problemas morales que se plantean a la conciencia de todos los hombres; la Iglesia debe defender y promover los grandes valores que dan sentido a la vida de la persona y salvaguardan su dignidad.

Nuestro Estado es aconfesional, ya que ?ninguna confesi?n tendr? car?cter estatal? (Constituci?n Espa?ola, art. 16,3); y los ciudadanos ser?n lo que juzguen en conciencia. El Estado es aconfesional para que cada persona, seg?n su libre decisi?n, pueda ser creyente o no creyente, de esta religi?n o de la otra, respetando el orden p?blico y no oponi?ndose al orden moral. La Iglesia, que contribuy? eficazmente al consenso fundamental que estableci? la democracia en los a?os de la llamada transici?n pol?tica, de que podemos estar orgullosos los espa?oles y que ha merecido elogios de otros pa?ses, se siente institucionalmente bien en estas coordenadas. Fundados en aquel acuerdo reconciliador, podemos y debemos continuar construyendo entre todos y para todos el futuro de nuestra sociedad.

En un Estado aconfesional y en una sociedad donde la pluralidad tiene gran calado, en orden a asegurar una convivencia fecunda y promover un ordenamiento jur?dico democr?tico, es importante la b?squeda y la afirmaci?n de unas bases morales comunes pre-pol?ticas o meta-pol?ticas, por parte de quienes profesan una ?laicidad sana?, sean creyentes o no creyentes. ?Por qu? v?as promover esa com?n base moral? La siguiente perspectiva es fundamental e insustituible; en este contexto afirmamos con el Papa ?la necesidad de reflexionar sobre el tema de la ley natural y de recuperar su verdad, com?n a todos los hombres. Dicha ley est? inscrita en el coraz?n del hombre y, por consiguiente, sigue resultando hoy no puramente inaccesible? (Discurso en el Congreso Internacional sobre Derecho Natural, 12 de febrero de 2007). La ley natural est? abierta a la raz?n en su permanente b?squeda de la verdad del ser humano, y es como el norte de su camino en la historia. La ley, escrita por Dios en el coraz?n (cf. Rom 2,15-16), une a los cristianos con los dem?s hombres para buscar la verdad y resolver los problemas morales que se plantean al individuo, a la sociedad y a la humanidad entera (cf. Gaudium et spes, 16).

L?cidamente conecta el Papa la verdad del hombre con la libertad de todos: ?Como la libertad humana es siempre libertad compartida con los dem?s, resulta patente que la armon?a de las libertades s?lo puede hallarse en lo que es com?n a todos: la verdad del ser humano, el mensaje fundamental del propio ser, es decir, la lex naturalis?. De esta fuente fluyen los derechos fundamentales y sus correspondientes obligaciones. Todo ordenamiento jur?dico ?halla en ?ltima instancia legitimidad en su arraigo en la ley natural, en el mensaje ?tico inscrito en el propio ser humano. La ley natural es, en definitiva, el ?nico baluarte v?lido contra la arbitrariedad del poder o contra los enga?os de la manipulaci?n ideol?gica?. La dignidad del hombre, percibida por la conciencia que es el n?cleo m?s secreto y como el sagrario del hombre, se rebela frente a sus humillaciones.

A la luz de la conexi?n ?ntima entre libertad y verdad, puesta de relieve habitualmente por el Papa, podemos preguntar: ?No necesitamos una reflexi?n honda y abierta sobre la libertad tanto en su concepci?n te?rica como en su realizaci?n hist?rica en la vida personal y social? San Pablo, celoso defensor de la libertad cristiana, siempre la reivindic? frente a los riesgos que la acechaban; pero al mismo tiempo advirti?:?no todo conviene? (cf. 1 Cor 6,12; 9,1), y exhort? a realizar la libertad en el amor (cf. G?l 5,13). La libertad humana, la verdad, la justicia, la solidaridad, el amor y el respeto de las personas se comprenden y realizan en mutua interacci?n. Todas estas realidades son como astros de una constelaci?n con cuyos movimientos coordenados se salvaguarda y madura armoniosamente la dignidad humana. La libertad debe ser educada para que no pierda el rumbo ni se convierta en ego?sta e insolidaria.

3.- PROFESORES DE RELIGI?N CAT?LICA

Nuestra responsabilidad de obispos ha sido urgida en numerosas ocasiones durante los ?ltimos a?os para emitir el juicio sobre diversos aspectos de la educaci?n. La Declaraci?n de la Comisi?n Permanente de la Conferencia Episcopal sobre La Ley Org?nica de Educaci?n (LOE), los Reales Decretos que la desarrollan y los derechos fundamentales de padres y escuelas, aprobada el 28 de febrero de 2007, hace referencia en varios momentos al profesorado de Religi?n cat?lica. Hago m?as ahora las palabras de aliento dirigidas a estos profesores que desarrollan frecuentemente su trabajo con unas dificultades a?adidas a las que presenta actualmente el campo de la educaci?n: ?Aprovechamos (la oportunidad) para reiterarles nuestra confianza y animarles a seguir trabajando con el talento y el compromiso personal que rinden el fruto que esperan los alumnos, las familias, la sociedad y toda la Iglesia? (n. 18). Queremos que nuestro reconocimiento sea un est?mulo en su quehacer diario. Deseamos que su trabajo se realice en las condiciones personales, acad?micas y sociales m?s apropiadas. La estabilidad es coherente con la dignidad del trabajador, produce serenidad ante el futuro y repercute ben?ficamente en la asignatura de Religi?n.

La Sentencia del Tribunal Constitucional, de 15 de febrero de 1007, acord? por unanimidad desestimar la cuesti?n de inconstitucionalidad promovida por el Tribunal Superior de Justicia de Canarias en relaci?n con la Disposici?n Adicional Segunda de la Ley Org?nica de 3 de octubre de 1990 de Ordenaci?n General del Sistema Educativo, y con los art?culos III, VI y VII del Acuerdo sobre Ense?anza y Asuntos Culturales firmado entre el Estado Espa?ol y la Santa Sede de 3 de enero de 1979. El problema suscitado y a que responde el Tribunal Constitucional no es otro que la constitucionalidad del vigente sistema de contrataci?n de profesores de religi?n.

Seg?n la Sentencia del Tribunal, que interpreta autorizadamente nuestra Ley fundamental, corresponde a las confesiones religiosas la competencia de juzgar sobre la idoneidad de las personas que hayan de impartir la ense?anza religiosa. Seg?n el Tribunal, la Constituci?n no impide que el juicio sobre la idoneidad de los candidatos, adem?s de comprender la formaci?n acad?mica y las aptitudes pedag?gicas, se extienda tambi?n a la conducta propia en que el testimonio personal constituye para la comunidad religiosa un componente definitorio de su confesi?n, hasta el punto de que puedan las Iglesias estimarlo leg?timamente como irrenunciable. En sinton?a con esta Sentencia, cuando el Ordinario del lugar otorga la ?missio? can?nica para que un candidato a impartir la ense?anza de Religi?n cat?lica pueda ser designado por la autoridad acad?mica, discierne la idoneidad del aspirante no s?lo a la luz de la formaci?n doctrinal y de la capacidad pedag?gica, sino tambi?n del testimonio cristiano y comuni?n eclesial.

Esta Sentencia es acorde con el estatuto del profesor de Religi?n cat?lica. La clase de religi?n no es catequesis, ni ense?anza de la Religi?n como dimensi?n fundamental de la cultura y de la historia sin vinculaci?n confesional, ni es una ense?anza religiosa que practica como principio metodol?gico la suspensi?n del juicio sobre la verdad de los contenidos que transmite. Seg?n el Directorio General para la Catequesis, la catequesis es un ?momento? esencial del proceso de la evangelizaci?n; corresponde al periodo en que se estructura la conversi?n a Jesucristo, dando fundamentaci?n a la primera adhesi?n. Es un eslab?n entre la acci?n misionera y la acci?n pastoral que gu?a constantemente a la comunidad cristiana. La catequesis est? particularmente al servicio de la iniciaci?n cristiana; es m?s que ense?anza, pues constituye un aprendizaje de toda la vida cristiana; incorpora a la comunidad que vive, celebra y testimonio la fe.

La ense?anza religiosa escolar ofrece la oportunidad a los alumnos, no s?lo cat?licos, de hacer presente el cristianismo en el proceso personal de asimilaci?n sistem?tica y cr?tica de la cultura. La ense?anza religiosa escolar es una disciplina acad?mica con las mismas exigencias de profundidad y de rigor que las dem?s materias. En la ense?anza religiosa escolar se trata de promover el di?logo del Evangelio y la cultura, de la fe y la raz?n. Podemos decir que la ense?anza religiosa confesional, desarrollada en el ?mbito de la escuela, es teolog?a cat?lica en formato peque?o, es decir, reflexi?n acad?mica sobre la Religi?n y Moral a la luz de la fe cristiana vivida en la Iglesia. Por esto, la comuni?n eclesial y el testimonio cristiano, que se debe concretar objetiva y claramente, es condici?n, junto con los conocimientos acad?micos y condiciones pedag?gicas, para que un candidato -seglar, presb?tero o religioso- sea presentado por la leg?tima autoridad de la Iglesia en orden a recibir la designaci?n de la autoridad civil competente.

Este estatuto del profesor de Religi?n cat?lica respeta y promueve el derecho fundamental de los padres sobre la educaci?n moral y religiosa de sus hijos en el ?mbito escolar. Est? en consonancia con la Constituci?n Espa?ola, el Acuerdo entre el Estado Espa?ol y la Santa Sede y otros Pactos internacionales suscritos y publicados oficialmente por el Estado. A la luz del principio de libertad religiosa los padres tienen derecho a solicitar clase de Religi?n cat?lica para sus hijos en el centro en que est?n inscritos. Los profesores, propuestos por la Iglesia y nombrados por la autoridad del Estado, tienen la obligaci?n de impartir la Religi?n cat?lica que han solicitado los padres, o en su caso los hijos.

Como la fe cristiana es por su misma naturaleza respuesta libre del hombre a Dios, es inmediatamente coherente con ella el principio de libertad religiosa. La fe cristiana se propone, no se impone; por ello, nadie est? obligado a recibir clase de Religi?n cat?lica. ?Los poderes p?blicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formaci?n religiosa y moral que est? de acuerdo con sus propias convicciones? (Constituci?n Espa?ola, art. 27,3). Nadie forzado ser? profesor de Religi?n cat?lica, sino el que quiere, posee las condiciones de idoneidad, ha sido propuesto y nombrado. Ning?n alumno debe ser privilegiado ni discriminado por elegir o dejar de elegir la asignatura de Religi?n cat?lica. Los derechos y libertades fundamentales, y el respeto a los principio democr?ticos de convivencia son los referentes de la clase de Religi?n cat?lica.

Pedimos a los padres, que son los primeros educadores de sus hijos, que ejerciten esta responsabilidad tambi?n a trav?s de la solicitud de la clase de Religi?n cat?lica. Esta asignatura contribuir? al pleno desarrollo de la personalidad humana, que tiene por objeto la educaci?n.

4.- FELICITACIONES

La Federaci?n Espa?ola de Religiosos de la Ense?anza (FERE) cumple este a?o los cincuenta de su constituci?n, aunque muchos de sus colegios son anteriores a 1957. Miles de religiosos y religiosas han gastado su vida, siguiendo su vocaci?n espec?fica, en la educaci?n. Cincuenta a?os trazan una trayectoria excelente de servicio a la sociedad y a la Iglesia, a trav?s de los ni?os, adolescentes y j?venes que han pasado por sus aulas. Las cifras son impresionantes: Las Congregaciones religiosas dedicadas a la ense?anza son unas 250; en sus 2000 centros ense?an unos 60.000 profesores y reciben educaci?n 1.500.000 alumnos, lo que significa un 20% del alumnado desde los 3 a los 18 a?os, procedentes de todas las clases sociales; la pr?ctica totalidad de los colegios son concertados. Como Iglesia agradecemos su carisma para la educaci?n humana y cristiana y les felicitamos cordialmente por su historia larga y fecunda. Nos alegramos de que el Gobierno haya reconocido la inmensa labor social realizada por la escuela cat?lica a lo largo de tantos a?os otorgando a la FERE la Corbata de Oro de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio. Nos unimos a estos hermanos religiosos y religiosas en sus b?squedas y trabajos para responder, como educadores cristianos, a los desaf?os de la situaci?n actual y de los nuevos tiempos.

El d?a 19 de abril se cumplieron dos a?os de la elecci?n del Papa Benedicto XVI, que unos d?as m?s tarde, el 24, inaugur? su ministerio de Sucesor de Pedro y Pastor de la Iglesia universal con la solemne celebraci?n eucar?stica en la Plaza de San Pedro de Roma. Mientras agradecemos gozosamente a Dios su vida y dedicaci?n apost?lica, manifestamos como Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Espa?ola nuestra comuni?n con ?l en la fe, en el amor y en la misi?n. Pedimos a Dios que lo conserve en su precioso servicio de confirmarnos en la fe, alentar nuestra esperanza y hacer m?s sol?cita nuestra caridad.
Publicado por verdenaranja @ 10:55  | Hablan los obispos
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