Martes, 24 de abril de 2007
Reflexi?n teol?ogico-pastoral con motivo de la celebraci?n de la Jornada de las "Vocaciones Nativas 2007", publicada en la revista ILLUMINARE, n?mero 370 ABRIL 2007.

Al servicio
de la comunidad



Toda vocaci?n
nace en la comunidad


La Iglesia ?ekkles?a? significa y es de hecho la comunidad de los llamados. Cada uno hemos recibido de Dios por la acci?n de su Esp?ritu la llamada a la fe y hemos respondido a ella.

El ingreso en la Iglesia no se realiza por iniciativa propia, sino por la misteriosa acci?n de Dios, que mediante su gracia no cesa de llamar en todo tiempo y lugar. Si estamos en la Iglesia es porque ?Dios nos am? primero? (1 Jn. 4,10).

Dentro de la comunidad eclesial van surgiendo las diversas vocaciones espec?ficas (al matrimonio, al sacerdocio, a la vida consagrada, a la misi?n?). La Iglesia es la mediaci?n que alienta y promueve toda la variedad de vocaciones que la configuran.

Seg?n sea la vitalidad eclesial de una comunidad surgen espont?neamente en ella todo tipo de vocaciones que la embellecen y hacen fecunda. Y en particular, las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

S?lo de una comunidad viva, que siente en propia carne la urgencia de la misi?n, la solicitud por todas las Iglesias, la caridad universal, brotan normalmente vocaciones misioneras. Es el principal indicador del crecimiento de una comunidad de reciente implantaci?n.

?La Iglesia agradece con inmenso gozo el don inestimable de la vocaci?n sacerdotal que Dios ha concedido a tantos j?venes entre los pueblos convertidos recientemente a Cristo. Porque la Iglesia echa ra?ces cada vez m?s firmes en cada grupo humano cuando las varias comunidades de fieles tienen de entre sus miembros los propios ministros de la salvaci?n?
(Ad gentes, 16).


Toda vocaci?n
madura en comunidad



Es obvio que Dios puede hacer florecer su gracia cuando quiere y como quiere, y que ?l es soberanamente libre y no est? constre?ido por ninguna circunstancia.

No obstante, su plan normal, establecido y querido por ?l, es que sea la comunidad cristiana el h?bitat natural donde cada vocaci?n crece y se desarrolla hasta alcanzar su plenitud.

Es una responsabilidad de toda comunidad el poner los medios para que las vocaciones que el Esp?ritu suscite maduren adecuadamente.

En particular, una vocaci?n misionera es un don inmenso para la comunidad en que surge y para la Iglesia entera. Y lo mismo toda vocaci?n sacerdotal y consagrada, que han de ser cultivadas con especial esmero. As? lo recordaban Pablo VI y Juan Pablo II en los mensajes del DOMUND 1973 y 1989:

?El florecimiento del clero aut?ctono redunda en honor de los misioneros mismos que, con empe?o paciente y perseverante, a veces hasta el martirio, han trabajado y sufrido para formar las nuevas comunidades cristianas, esforz?ndose en hacer brotar de las familias el precioso fruto de las vocaciones al sacerdocio, a la vida religiosa y misionera. Y ahora sienten el gozo de trabajar en comuni?n y de colaborar con los sacerdotes y obispos locales, convencidos de que ?la causa com?n del Reino de Dios asocia ?ntimamente una y otra milicia de los mensajeros evang?licos para una colaboraci?n siempre necesaria e indudablemente fructuosa... y su arm?nica coordinaci?n que es tambi?n, y aun debe ser, ejemplar expresi?n de la comuni?n eclesial??
(Pablo VI, mensaje para el DOMUND 1973).



Toda vocaci?n es para
servir a la comunidad


Nacida y madurada en la comunidad, toda vocaci?n est? destinada al servicio de la comunidad. Ninguna vocaci?n es fin de s? misma. Ciertamente, el llamado es inmensamente beneficiado y bendecido con su propia vocaci?n. Pero ?sta es siempre para la Iglesia, para el Reino de Dios, para el servicio.

A) Al estilo de Jes?s

El planteamiento de Jes?s es claro y rotundo: ?El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por todos? (Mc. 10,45); ?Yo estoy en medio de vosotros como quien sirve? (Lc. 22,27).

Por tanto, toda vocaci?n cristiana no puede ser m?s que para servir. El disc?pulo, llamado a seguir a Jes?s, a imitarle y a configurarse con ?l, no tiene otro camino v?lido m?s que el del servicio (cf. Mc. 10,43-44). Benedicto XVI lo dice con claridad:

??ste es un modo de servir que hace humilde al que sirve. No adopta una posici?n de superioridad ante el otro, por miserable que sea moment?neamente su situaci?n. Cristo ocup? el ?ltimo puesto en el mundo ?la cruz?, y precisamente con esta humildad radical nos ha redimido y nos ayuda constantemente. Quien es capaz de ayudar reconoce que, precisamente de este modo, tambi?n ?l es ayudado; el poder ayudar no es m?rito suyo ni motivo de orgullo. Esto es gracia? (Deus caritas est, 35).


B) Al estilo de los ap?stoles

As? lo entendieron y vivieron los ap?stoles desde el principio. ??Qu? es Apolo? ?Qu? es Pablo? Servidores por medio de los cuales vosotros cre?steis? (1Cor. 3,5). ?No nos predicamos a nosotros mismos, sino que proclamamos a Cristo Jes?s como Se?or y nosotros somos siervos vuestros por Jes?s? (2Cor. 4,5).

Como Jes?s, tambi?n ellos se sintieron llamados a servir a las comunidades a las que eran enviados o que incluso ellos mismos hab?an fundado, de las que en ning?n momento se sent?an ?se?ores? (cf. 2Cor. 1,24). Buen ejemplo de esta entrega son los misioneros a los que se refiere Juan Pablo II en el mensaje del DOMUND 1989:

?Los misioneros se consumen anunciando el Evangelio en las avanzadas de la misi?n que, tambi?n en nuestros d?as, encuentra dificultades y pruebas y exige no pocas veces el testimonio supremo del don de la propia vida. Por eso, en nombre de toda la Iglesia les dirijo mi palabra de afectuoso aliento para que, en su apostolado, se sientan acompa?ados y sostenidos por la presencia del Se?or Resucitado, por la potencia de su Esp?ritu y por la solidaridad de la comunidad creyente? (Juan Pablo II).


C) Todo cristiano, un servidor

Por tanto, toda vocaci?n cristiana es para servir. Es el caso de los padres, servidores de sus hijos. Tambi?n ellos pueden y deben vivir en todo momento y circunstancia esas palabras de Jes?s: ?Yo estoy en medio de vosotros como quien sirve?. Ellos viven al servicio de esa comunidad cristiana o Iglesia dom?stica que es la familia. Desde esta experiencia de servicio a la familia se puede barruntar la urgente necesidad de la misi?n:

?Cien a?os despu?s de su fundaci?n, la Obra de San Pedro Ap?stol est? lejos de haber acabado su misi?n. Si las j?venes Iglesias ven aumentar felizmente el n?mero de las vocaciones sacerdotales y religiosas surgidas en su seno, el grito o?do por el Ap?stol Pablo: ?Pasa a Macedonia y ay?danos? (Hch. 16,9), no dejar? de resonar entre los ministros del Evangelio, de todas partes del mundo, mientras el n?mero de los bautizados no crezca al mismo ritmo que la poblaci?n del globo? (Juan Pablo II, 1989).

D) Vocaciones de especial servicio

Quien dentro de la comunidad recibe la llamada al ministerio sacerdotal o a la vida consagrada no elige un camino m?s c?modo o facil?n. Sabemos que ?ministerio? quiere decir servicio: el sacerdote es configurado con Cristo Siervo. Y consagraci?n quiere decir dedicaci?n, pertenencia a Cristo y en ?l y desde ?l a los hermanos. El sacerdote y el consagrado quedan ?expropiados? para el servicio de la comunidad.

Debe ser empe?o de todos que en las Iglesias j?venes surjan cada vez m?s vocaciones sacerdotales y consagradas al servicio de sus comunidades, para que esas Iglesias sean cada vez m?s maduras y necesiten cada vez menos apoyos desde el exterior. Este compromiso ha de concretarse en oraci?n que sostenga esas vocaciones y en ayuda econ?mica que haga posible su formaci?n y mantenimiento, que redundar? en la expansi?n misionera de toda la Iglesia:

?Otro signo estimulante que querr?a subrayar aqu? es la gran disponibilidad de muchas j?venes Iglesias, no s?lo por ocuparse de su propia vida pastoral gracias a los sacerdotes llamados de entre sus hijos, sino tambi?n para participar a su vez en la misi?n de evangelizaci?n en el exterior, puesto que no dudan en enviar a otras tierras sacerdotes y religiosos o religiosas aut?ctonos de las primeras generaciones? (Juan Pablo II, I Centenario SPA, 1989).

E) Hasta los confines de la tierra

De hecho, esta llamada a servir debe tener unas miras amplias. Estamos al servicio de una comunidad que se extiende por el mundo entero. La Iglesia es universal y todos en ella formamos una ?nica familia.

Por tanto, todos hemos de tener ese coraz?n universal, esa actitud misionera. Pero es normal que tambi?n haya miembros en cada comunidad que reciban la llamada ?al servicio de la comunidad? que es la Iglesia pero en pa?ses o continentes lejanos. Es la vocaci?n misionera, en la que el llamado es invitado a dejar familia, casa, patria, idioma, costumbres... para servir a comunidades en lugares distantes. A pesar del crecimiento de las vocaciones nativas, sigue siendo necesaria la cooperaci?n misionera entre las Iglesias:

?Queda a?n mucho camino por recorrer para que el conjunto de las di?cesis pueda disponer de suficientes sacerdotes aut?ctonos, y la presencia de los misioneros extranjeros es a?n indispensable. Pero yo s? que estos ?ltimos favorecen activamente la formaci?n de sacerdotes de origen local, cuyo desarrollo es la mejor recompensa de sus esfuerzos apost?licos? (Juan Pablo II, 1989).


F) Pero ?qu? quiere decir ?servir??

Es necesario profundizar en ello, pues es un t?rmino devaluado. En el lenguaje corriente un ?servicio? es un favor, una ayuda, echar una mano...

En el lenguaje del Nuevo Testamento, el siervo es el esclavo: alguien que no ten?a derechos, que no val?a nada, de quien se pod?a prescindir como si fuera una cosa. Y adem?s, en el Nuevo Testamento la palabra alude al Siervo de Yahveh retratado en Is. 53; por eso no extra?a que en el texto antes citado Jes?s identifique ?servir? y ?dar la vida en rescate por la multitud?.

Por tanto, servir es ?hacerse esclavo por amor? (Gal. 5,13), estar dispuesto a renunciar incluso a los propios derechos, aun los m?s sagrados (1Cor. 9,15.19), estar dispuesto a entregar la propia vida ?como Jes?s? para la salvaci?n de los hermanos..., especialmente a los m?s necesitados:

??Quien quiera ser el primero, que sea el ?ltimo de todos y el servidor de todos? (Mc. 9,35). No es casual que en el evangelio de Juan no se encuentre el relato de la instituci?n eucar?stica, pero s? el ?lavatorio de los pies? (cf. Jn 13,1-20): inclin?ndose para lavar los pies a sus disc?pulos, Jes?s explica de modo inequ?voco el sentido de la Eucarist?a. A su vez, San Pablo reitera con vigor que no es l?cita una celebraci?n eucar?stica en la cual no brille la caridad, corroborada al compartir efectivamente los bienes con los m?s pobres (cf. 1Cor. 11,17-22.27-34)?
(Mane nobiscum Domine, 28).


Por Julio Alonso Ampuero
Delegado Diocesano de Misiones de Toledo



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