Martes, 01 de mayo de 2007
Art?culo publicado en REVISTA SEMANAL DE EL D?A. S?BADO, 7 DE ABRIL DE 2007

La Semana Santa
de Santa Cruz de La Palma
en el siglo XVII


J.J. RODR?GUEZ- LEWIS*


CON el siglo XVII, y al socaire del Concilio de Trento y el Barroco, la Semana Santa de Santa Cruz de La Palma experimenta un desarrollo inusitado. Se incorporan tres nuevas procesiones a la misma (hasta ese momento s?lo desfilaba la procesi?n de la Veracruz o de la sangre la noche del Jueves Santo), aunque de aquellas im?genes pr?cticamente no quede rastro en nuestra ciudad, se consolidan los monumentos y ya era costumbre el Oficio de tinieblas durante los d?as del Triduo y la enigm?tica ceremonia de la Se?a, de origen sevillano. Durante esta centuria se pasa a procesionar ya casi todos los d?as de la Semana Mayor, con la excepci?n del denominado, por San Isidoro de Sevilla en el siglo VII, Domingo de Ramos y el Martes Santo. Las a?n austeras procesiones mantendr?n la visita a todas las iglesias y conventos de la capital, incluido el nuevo convento de Santa Clara que se erige junto a la ermita de Santa ?gueda (hoy iglesia del Hospital de Dolores), lo que con el tiempo se convertir? en una tradici?n que ha durado casi hasta nuestros d?as y que, parcialmente, intenta mantener hoy la procesi?n del Nazareno del Mi?rcoles Santo.

La primera procesi?n probable-mente haya sido la del Santo Entierro auspiciada, como en otras localidades (La Laguna, v.gr.), por la Cofrad?a de la Soledad, establecida en el convento dominico (se trataba de un tema muy querido por la orden de predicadores) desde fina-les de la centuria anterior, cuya denominaci?n fue tambi?n la de Soledad y Santo Entierro de Cristo. En 1609 don Juan del Valle (m.1609), capit?n, regidor y alguacil del Santo Oficio instituy? capellan?a de catorce misas cantadas y otras doce con procesi?n alrededor de la iglesia. Las im?genes (Virgen de la Soledad y un Cristo yacente, y luego otras im?genes secundarias), ya desaparecidas, procesionar?an el Viernes Santo al caer la tarde, y el Cristo yacente, iconograf?a que surge en esta ?poca, pasa a ocupar la reci?n fundada capilla de San Juan Bautista. La Cofrad?a de la Soledad, tambi?n de disciplina como la Veracruz, decae antes del segundo tercio de este siglo. A partir de entonces es, primero, el maestre de campo de Infanter?a y regidor don Pedro de Sotomayor Topete (m. 1655) y su primera descendencia, y luego la Cofrad?a del Sant?simo Sacramento (continua-dora en el culto a la devoci?n de la Virgen de la Soledad y a acompa?arla en el entierro de su Hijo) los que se ocupan de esta procesi?n.

En 1637 tiene lugar la fundaci?n especial que al Se?or del Huerto hizo el regidor decano del Cabildo de La Palma don Mat?as Escobar Pereyra dotando la celebraci?n, que inclu?a misa solemne y procesi?n de la imagen por los atrios del convento franciscano. Lo que no est? suficientemente claro es si la efigie fue donada por su fundador o por su hermano, don Pedro Escobar Pereyra, arcediano de Canarias y visitador general de la isla. La imagen del Cristo, ya desaparecida, fue obra de un casi desconocido escultor pero renombrado carpintero Sebasti?n Rodr?guez de las Vacas (1636-1681), art?fice tambi?n de una Virgen de la Soledad que procesionar?a en la Procesi?n de la Veracruz. Como en otras poblaciones canarias, esta devoci?n fue confiada a los hermanos seglares de la Venerable Orden Tercera (V.O.T.) de San Francisco, fundada en el siglo XIII y establecida en La Palma probablemente con anterioridad a 1600. La imagen pasa a presidir su capilla, construida en tomo a 1633. No obstante, la procesi?n no comienza a recorrer nuestras calles en Lunes Santo hasta 1675.

La ?ltima procesi?n en hacer su aparici?n en la Semana Mayor de Santa Cruz de la Palma en esta centuria fue la del Nazareno, de especial culto en los cenobios dominicos. Esta estaci?n de penitencia se remonta al a?o de 1666, tambi?n con imaginer?a distinta a la actual. La manifestaci?n solemne de su funci?n comprend?a una procesi?n de Jes?s Nazareno en Mi?rcoles Santo y fue promovida por don Gaspar de Olivares y Maldonado, capit?n y alguacil mayor del Santo Oficio en el convento de la Orden de Predicadores, que se convertir?a en su patrono. No obstante, tuvo su propia hermandad (1667), la cofrad?a del mismo nombre, que colaboraba en los cultos, adscrita al mismo convento dominico, y una de las hermandades de mayor arraigo y de m?s larga trayectoria. No fue otra que la de evitar coincidir con la procesi?n de la Veracruz la raz?n por la que la estaci?n de penitencia de Jes?s Nazareno se desarrolle el Mi?rcoles Santo. Precisamente en esta procesi?n va a tener lugar un suceso curioso y reprochable que, sin embargo, posibilitar? en la centuria siguiente la llegada de una de nuestras mejores im?genes de pasi?n (El Cristo de la Ca?da de Hita y Castillo). En 1679, al paso de la procesi?n por la calle del "Estanco", hoy Vandale, una demente arroj? un recipiente de excrementos a la imagen nazarena. Los disciplinantes de las cofrad?as de Jes?s Nazareno no se autoflagelaban como los de las otras cofrad?as de disciplina, sino que portaban pesadas cruces sobre sus hombros. Hoy el nombre que recib?an sus miembros, nazarenos, se ha generalizado, lo que pone de manifiesto la importancia que ostentaron estas hermandades penitenciales.

Como en otros lugares de Espa?a, las primeras hermandades pasionistas sur-gen, pues, ligadas al clero regular, al amparo de hospitales y conventos, y no a las parroquias, poco necesitadas de nuevos ingresos, ante el generalizado diezmo y las jugosas rentas provenientes de los bienes propios. Asimismo, las primeras procesiones se articularon en torno a las tres cl?sicas cofrad?as que existieron en Espa?a: la Veracruz, la Soledad y la de Jes?s Nazareno.

Pese a que no procesiona durante la Semana Santa, tambi?n es del siglo XVII el Crucificado que preside la ermita de El Planto (del mismo siglo), "extramuros" de Santa Cruz de La Palma. Se trata de una singular escultura mexicana (hueca) de pasta de ma?z de la primera mitad del siglo, probablemente de talleres populares. Del mismo siglo es una peque?a Magdalena (personaje que hasta entonces apenas hab?a aparecido en los cultos de la Pasi?n) que lo acompa?a, que es obra an?nima de candelero con reminiscencias flamencas.

J.J. Rodr?guez-Lewis es autor del
libro Apuntes sobre la Semana Santa
de Santa Cruz de La Palma (2005)
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