Jueves, 03 de mayo de 2007
MENSAJE DE LOS OBISPOS DE CUBA A LOS SACERDOTES


Queridos sacerdotes:

Cada a?o la celebraci?n del IV Domingo de Pascua en el que se lleva a cabo la Jornada Mundial de Oraci?n por
las Vocaciones nos invita a poner la atenci?n y el afecto en Jes?s, Buen Pastor, gu?a y modelo de los pastores de la
Iglesia. Nuestra mirada de Obispos de la Iglesia que vive en Cuba quiere en esta ocasi?n extenderse a trav?s de este
mensaje, de manera especial a nuestros queridos sacerdotes y, por medio de ellos, a todos los miembros de las
comunidades cat?licas.

La puesta en marcha del Plan Global de Pastoral, nos pide a todos una mayor atenci?n a la vida espiritual ?centrada en el encuentro con Jesucristo, que ilumine la vida en todas sus dimensiones y posibilite un estilo de vida comprometido, generador de esperanza y coherente con nuestra identidad cristiana?. (1)

Los Obispos de Cuba queremos animar la deseada renovaci?n espiritual de los sacerdotes, con sus consecuentes
beneficios en la obra evangelizadora, por lo que les ofrecemos algunas de nuestras reflexiones:

1. Espiritualidad cimentada en la sacramentalidad del sacerdocio recibido.
Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, nos ha elegido y nos ha llamado a ustedes, queridos sacerdotes, y a nosotros obispos, ?para estar con ?l y enviarnos a predicar el Evangelio? (Mc 3, 13). Por nuestra propia experiencia
sacerdotal sabemos que estar con Jes?s es m?s que una mera proximidad f?sica, se trata de una amistad ?ntima y
profunda, vivida como vocaci?n abarcadora de la totalidad de nuestra persona, en su ser y en su quehacer. S?lo as?
podremos desarrollar las capacidades que Dios nos ha dado para que sean ejercidas desde la peculiar consagraci?n que
nos configura e identifica con Jes?s el Buen Pastor que ha puesto su vida al servicio de los hermanos (Juan 10, 1-18)
Por nuestra especial participaci?n del sacerdocio de Cristo somos como creados de nuevo y constituidos con una
identidad definida y exaltante, seg?n la contemplamos en Aquel que, de manera personal, nos llama amigos. Dice Jes?s
?les he dado a conocer todo lo que he o?do a mi Padre? (Jn 15,15) y los he elegido y enviado para que ?vayan y den fruto y ese fruto permanezca? (Jn 15,10), siendo testigos de un amor sacrificado y, al mismo tiempo, dispensadores de los
misterios de la salvaci?n.

?Cu?nto dignifica y recompensa al sacerdote saber que nuestro ser sacerdotal y nuestro ministerio prolonga a
Cristo en su ofrenda salvadora y lo hace cercano a todas las personas con quienes nos relacionamos! Los efectos de su
sacrificio en la cruz y la victoria de su resurrecci?n ser?n m?s patentes si evidencian que el sacerdote ha hecho una
opci?n por Cristo y por su Evangelio y toda su vida es un reflejo di?fano de una vocaci?n que cada d?a asume con
renovado entusiasmo y generosidad.

A los sacerdotes, Jesucristo les ha confiado su Cuerpo en la Eucarist?a y en la Iglesia. Por su participaci?n en el
sacerdocio de Cristo han sido constituidos ?en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y
sacrificios por los pecados? (Heb 5,1) y ?para apacentar la grey de Dios que nos ha sido encomendada no por mezquino
af?n de ganancias, sino de coraz?n... y siendo modelos de la grey? (I Ped 5,2-3).

Este ideal, ejemplarmente vivido por tantos sacerdotes que trabajan en Cuba motiva la gratitud del Pueblo de Dios
y, de manera muy sentida, la experimentamos nosotros obispos. Por todos es conocida la entrega abnegada y fiel de
numerosos sacerdotes que realizan muchas veces, en condiciones adversas, su ministerio pastoral, sobreponi?ndose al cansancio f?sico y psicol?gico impuesto por las carencias materiales y dificultades de otro orden que tanto tiempo les
ocupan, a lo que se a?aden los problemas morales y espirituales que los fieles les conf?an y la preocupaci?n por extender el Reino de Dios en medio de nuestro pueblo.
En este exigente quehacer el sacerdote descubre vivencialmente que Cristo se hizo semejante a los hombres
para llegar a ser Sumo Sacerdote; y para esto tuvo que experimentar el sufrimiento humano a fin de ?poder ayudar a los que se ven probados? (Heb 2, 16ss). Es parte esencial de nuestra opci?n por Cristo Sacerdote estar cercano al pueblo y
sus dolores, as? vamos creciendo en misericordia y comprensi?n.

Sabemos que el ministerio sacerdotal es realizado hoy con no pocas dificultades, que van desde el
desplazamiento en condiciones precarias para atender las iglesias, capillas y casas de misi?n, hasta el esfuerzo, nunca
acabado, por reparar el templo y dotar a las comunidades de las condiciones m?nimas para el culto y la ense?anza de la
fe y poder llegar con el servicio de la caridad a los m?s necesitados.

Es motivo de acci?n de gracias saber que ustedes, queridos sacerdotes, como buenos pastores, trabajan fielmente por mantener viva la fe y la esperanza de sus comunidades, haciendo de ellas una escuela de oraci?n y comuni?n y una casa de todos, promoviendo el amor cristiano como motivaci?n y forma de vida del pueblo al que sirven, con una creatividad siempre nueva que supera muchas dificultades. Promover el amor es un modo concreto de procurar una sana convivencia social.

En el ?mbito de la evangelizaci?n somos conscientes que un valor a cultivar ser? siempre la comuni?n, en el esp?ritu y en la acci?n, entre los presb?teros, di?conos, religiosas, religiosos y laicos.

Los Obispos sabemos que la raz?n profunda y el secreto de la fecundidad apost?lica de ustedes, queridos sacerdotes, est? en la caridad pastoral, a trav?s de la cual act?a el mismo Cristo Buen Pastor compadeciendo y sanando, perdonando y ense?ando a todos aquellos a quienes podemos llegar.

Con respecto a esto el Santo Padre Juan Pablo II nos dice en la Carta apost?lica Novo Millennio Ineuente que ?el
camino en el que debe situarse la pastoral es el de la santidad... haciendo hincapi? en que la santidad es m?s que nunca una urgencia pastoral? (2). El Concilio Vaticano II, por su parte, nos recuerda que ?los presb?teros conseguir?n de manera propia la santidad ejerciendo sincera e incansablemente sus ministerios en el Esp?ritu de Cristo? (3)
Por ello queremos animar a los sacerdotes a cultivar la propia vocaci?n a la santidad, alimentando la caridad
pastoral como fuente primera de santificaci?n, mediante una vida eucar?stica que tenga la misa diaria como centro de
inspiraci?n y fortaleza, fuente de paciencia y alegr?a. ?Qu? hermoso es que todos podamos decir con el Siervo de Dios
Juan Pablo II: ?Nunca he dejado de celebrar la misa, todos los d?as, desde mi ordenaci?n sacerdotal?! Vida eucar?stica que se prolonga en la adoraci?n de la presencia real de Cristo en el Sant?simo Sacramento.

Los sacerdotes no deben olvidar que la oraci?n es tambi?n un momento privilegiado, y misteriosamente eficaz, de
evangelizaci?n. Nuestra santidad personal y la de las personas a quienes servimos, as? como la fecundidad de nuestro
ministerio, depender?, en buena parte, del tiempo y la asiduidad que dediquemos a la oraci?n. La atenci?n sacerdotal que ustedes dan a los fieles, en los m?ltiples servicios propios de su ministerio, tendr? en la oraci?n su alma y su fuerza. El contacto diario, meditativo y de estudio, con la Palabra de Dios es una condici?n insustituible en la vivencia de su sacerdocio que los hace servidores de la misma Palabra para sus fieles. La recitaci?n atenta de la Liturgia de las Horas debe ser un momento privilegiado que los una a la oraci?n de la Iglesia Universal.

Queremos recordar a los sacerdotes que en el camino de la santidad sacerdotal no puede faltar la confesi?n frecuente. El Sacramento de la Reconciliaci?n es un encuentro con Cristo que perdona, que nos da la paz y que nos devuelve la alegr?a y la lucidez que siempre son afectadas por el pecado.
Ser? tambi?n de gran provecho para la propia santidad y la de los fieles encomendados a ustedes, que los sacerdotes no pierdan, o recuperen, la pr?ctica de la direcci?n espiritual. Ya desde el tiempo de seminario, aprendieron a amar y valorar la vocaci?n sacerdotal y a avanzar en el camino de la perfecci?n cristiana, gracias al Director Espiritual
que los ayud?, comunic?ndoles sabidur?a y entusiasmo para responder con generosidad y fidelidad a la llamada que Dios
les hab?a hecho. Siempre, no importa la edad o la condici?n, los sacerdotes est?n necesitados de esa ayuda.

El sacerdote debe sentirse dichoso y venerar con coraz?n agradecido a la Virgen Mar?a, presencia femenina y
maternal que nos cuida y acompa?a, a la vez que desde su ?nica e ?ntima relaci?n con su Hijo nos gu?a y confirma para
ser felices en nuestro sacerdocio. En el rezo frecuente del Santo Rosario encontrar? el sacerdote, un espacio espiritual
para descansar sus inquietudes en nuestra Madre del cielo y, junto con ella, ejercer su misi?n de intercesor en favor de
nuestro pueblo.

2. El ministerio sacerdotal en el contexto de nuestra realidad eclesial y social

Los obispos de Cuba, al reflexionar sobre la vida de nuestros sacerdotes inmersos en la realidad cultural que nos
circunda y que, a veces, parece imponerse, nos damos cuenta de la variedad e intensidad de los retos que provienen de
los cambios que en profundidad afectan a nuestra ?poca y a nuestra sociedad.

Queridos p?rrocos, rectores de iglesias, queridos sacerdotes: tambi?n nosotros obispos nos vemos a menudo envueltos en m?ltiples y dif?ciles responsabilidades y constatamos con pena que no hemos llegado a ofrecerles el necesario apoyo de una cercan?a m?s c?lida y efectiva ante las dificultades mencionadas y ante los embates del neopaganismo que hoy invade al mundo, y que lleva consigo una p?rdida de los valores trascendentes y permanentes que dan consistencia a la persona para articular de modo adecuado su quehacer en la vida y sana convivencia social.

Esta realidad afecta al sacerdote como a cualquier otro ser humano. Contempor?neamente constatamos que uno de los ?mbitos en que m?s se resiente el equilibrio y el desarrollo
armonioso de toda persona es la afectividad. La erotizaci?n creciente, inducida y potenciada a trav?s de los medios de
comunicaci?n, la desenfrenada p?rdida del pudor, junto con la enga?osa subjetividad que se erige a s? misma como ley
definidora del bien y del mal, est? conduciendo a las personas y a la sociedad a una peligrosa confusi?n y desorientaci?n que conlleva la p?rdida de certezas y de sentido con respecto al sexo, a la familia, al amor.

A pesar de esto vemos que tambi?n en este ambiente surgen las vocaciones al sacerdocio, que Dios no deja de llamar a j?venes de nuestro tiempo. Pero con estos condicionamientos se afronta la formaci?n en el seminario. Se hace
necesario esclarecer criterios, educar la voluntad y poner bases s?lidas en la identidad sacerdotal con las debidas
motivaciones evang?licas. Es, al mismo tiempo, en este entorno, con frecuencia moralmente empobrecido, donde los
sacerdotes ejercen su ministerio.

Ante esta situaci?n cultural, m?s que antes, se nos impone una m?stica integradora de toda la persona, as? como
la necesaria ascesis que las exigencias evang?licas reclaman y que ayudan al sacerdote a ser lo que es y a vivir con firme
decisi?n el llamamiento que ha recibido del Se?or. Esto incluye la consagraci?n de los afectos a Cristo y la pasi?n por la evangelizaci?n, que se expresa no s?lo por el llamamiento a ser c?libes sino a ser castos, asumiendo con alegr?a y generosidad la entrega al Se?or de todo nuestro ser.
El ser sacerdotal debe proyectarse en toda situaci?n y circunstancia, pues en el sacerdote ?no queda nada de lo
que ?l pueda disponer como si no fuese sacerdote y, menos todav?a, como si estuviese en contraste con tal dignidad. A?n
cuando realiza acciones que, por naturaleza son de orden temporal, el sacerdote siempre es ministro de Dios?. (4)
Por vocaci?n y consagraci?n, los sacerdotes est?n llamados a ser testigos de lo trascendente, de una vida que no
se agota en la materialidad de las cosas ni se reduce al limitado tiempo humano. Particularmente actuales siguen siendo
las palabras del texto conciliar, ya citado, cuando afirma que ?los presb?teros conviven, como hermanos, con otros
hombres. . . pero no podr?an ser ministros de Cristo si no fueran testigos dispensadores de una vida distinta a la terrena??(5).

Desde esta convicci?n mucho ayudar? a la fidelidad sacerdotal el cultivar un estilo de vida que tiene en cuenta el
lenguaje, los gestos, el vestuario y el comportamiento, todo debe evidenciar la identidad sacerdotal y la capacidad serena
y responsable de estar en el mundo sin ser del mundo (Jn 17, 15-16), como quienes se rigen por una regla que no puede
ser otra que el Evangelio. En tal sentido conviene que tengamos presente las recomendaciones dadas por la
Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica acerca de la formaci?n espiritual: ?La ausencia de una regla concreta y cumplida es para el sacerdote fuente de much?simos males: p?rdida de tiempo, p?rdida de la conciencia de su propia misi?n y de las renuncias que ?sta impone, vulnerabilidad progresiva a los ataques del sentimiento... Un sacerdote no puede verlo todo, o?rlo todo, decirlo todo, gustarlo todo. El seminario debe haberlo hecho capaz, en libertad interior, de sacrificio y de una disciplina personal inteligente?. (6)

3. Pastores al estilo de Jes?s

Con renovada confianza en Aquel que ?nos ha llamado y nos ha revestido de fortaleza... que nos consider? dignos
de confianza al colocarnos en el ministerio sacerdotal? (ITim 1,12) queremos exhortar a nuestros sacerdotes a a?adir a la
probada abnegaci?n con que viven su vocaci?n la entusiasmante ilusi?n que entra?a nuestra consagraci?n.

Hacemos nuestras las palabras del Santo Padre Benedicto XVI y les decimos que ?la Iglesia necesita presb?teros
que sepan conformar siempre su conducta con el modelo del Buen Pastor, dej?ndose guiar con docilidad por el Esp?ritu
Santo, en plena comuni?n con los obispos? (7)

Que el cansancio de la hora presente no les impida la felicidad de ser ?otros Cristos? para nuestros hermanos. No
ahorren esfuerzos por prolongar la presencia y la acci?n de Cristo como ?l quiere que lo hagamos.

Que el amor a la Iglesia, madre que nos ha engendrado a la fe y a la que filialmente debemos cuidar, los conserve
a todos en una afectiva y creciente comuni?n sacerdotal en la que los j?venes sacerdotes beneficien con su dinamismo y
creatividad pastoral a los que ya acumulan a?os de trabajo en la vi?a del Se?or. Que los sacerdotes mayores puedan
enriquecer con su sabidur?a y experiencia a los m?s j?venes, siendo todos miembros de un mismo presbiterio que m?s
que una realidad jur?dica es un hecho de Gracia y santificaci?n, en el que mutuamente se ayuden con una c?lida amistad sacerdotal en el seguimiento de Cristo.

Nos complace dirigir una palabra de cari?o y est?mulo a los sacerdotes ordenados en fecha reciente, a aquellos
que en los ?ltimos a?os han recibido la unci?n del Esp?ritu Santo para consagrase, por Su poder, al servicio de Dios y de
su Iglesia para bien de nuestro pueblo. El don de perseverancia que pedimos al Se?or para todos reclama de cada
sacerdote una fidelidad absoluta que pueda honrar su alianza incondicional con Dios en Jesucristo, Sumo y Eterno
Sacerdote, y que no defraude jam?s la confianza y la esperanza depositada por nuestros fieles a favor nuestro.
Queremos dirigir de modo especial este mensaje, con profundo afecto y gratitud, a los sacerdotes que dejando
su patria, su familia y sus iglesias locales, han venido a colaborar con nosotros en la obra evangelizadora. Son incontables y elocuentes los testimonios de generosidad y entrega con los que ustedes enriquecen la vida de la Iglesia en Cuba, sirviendo a nuestro pueblo. Dios recompense sus esfuerzos y sacrificios. Unimos nuestros sentimientos a los de los fieles de las comunidades a las que ustedes sirven y que con cari?o los aprecian y agradecen.

En la liturgia de los d?as de Pascua estamos escuchando repetidamente que el Se?or Resucitado anuncia a los
disc?pulos que ?l ir? delante de ellos a Galilea y les manda a que vayan all? pues ah? lo ver?n (Mc 16,7). Hoy queremos
invitarles a volver con el coraz?n a la Galilea del primer encuentro con Jes?s, la del inicio de la amistad y del llamamiento a seguirle. Estamos persuadidos de que ?l ir? siempre delante de ustedes y junto a ustedes. Imploramos que la Gracia de la Pascua de Resurrecci?n obre en ustedes, queridos sacerdotes, y en nosotros, el avivamiento y la maduraci?n de aquel ?primer amor? (Ap 2,4), que nos motive y sostenga en la gozosa fidelidad a Dios, a la Iglesia y a nuestros hermanos.

Al bendecirlos con paternal afecto encomendamos la vida y el ministerio de todos ustedes, queridos sacerdotes de Cuba, a la Virgen Madre de la Caridad

Los Obispos de Cuba
29 de abril de 2007
IV Domingo de Pascua,
Domingo del Buen Pastor.

Notas

1. Plan Global de Pastoral 2006 ? 2010. Objetivos espec?ficos 1.
2. Novo Milennio Ineunte n? 30
3. Presbyterorum Ordinis n? 13
4. Juan Pablo II Homil?a en R?o de Janeiro. 2. VII. 1980
5. Presbyterorum Ordinis n? 3
6. Carta circular sobre algunos aspectos m?s urgentes de la formaci?n espiritual en los seminarios. 6.I.1980
7. Mensaje a los Obispos italianos 10.XI.2005
Se autorizada la reproducci?n parcial o total de las informaciones publicadas en esta revista, citando la fuente.
Servicio de Noticias - Revista Palabra Nueva. ? 2007
Publicado por verdenaranja @ 23:10  | Hablan los obispos
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