Jueves, 10 de mayo de 2007
VATICANO - AVE MAR?A, por D. Luciano Alimandi - La gloria de Dios brilla en Mar?a

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - En el mes de mayo la Iglesia se dispone a escuchar atentamente a la Madre de Jes?s, quien incansablemente dice a nosotros sus hijos: ?Haced lo que ?l os diga? (Jn 2,5). Son las ?ltimas palabras de Mar?a consignadas en el Evangelio de Juan, el ap?stol que m?s a recogido los secretos del conocimiento y del amor que la Madre ten?a por el Verbo Encarnado. ?Haced lo que ?l os diga? es su testamento de amor para nosotros.

Las numerosas apariciones marianas que en el curso de la historia se han ido sucediendo, incluso recientemente, no son otra cosa que la reactualizaci?n de esta urgente llamada. Cada vez que llega a faltar ?el vino? y se hace nuevamente necesario el milagro del Se?or, que vendr?a a ser la ?conversi?n de la humanidad?, inmediatamente la Madre se hace presente y, como en Can? de Galilea, intercede ante el Hijo invitando a sus siervos a hacer su voluntad. Con amargura hay que reconocer que las apariciones marianas no pocas veces se han terminado convirtiendo en algo para lo cual no hab?an sido concedidas: ocasi?n de disputas interminables, contrariedades y extremismos, en un sentido o en otro...

Cada aut?ntica aparici?n ha sido concedida esencialmente para invitar a la conversi?n; all? donde Mar?a est? presente se cumplen las palabras de Isa?as, aplicadas a Jes?s: ?Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegr?a. Alegr?a por tu presencia, cual la alegr?a en la siega, como se regocijan repartiendo bot?n? (Is 9,2). Ser?a impensable que la sola acci?n humana y, menos a?n la diab?lica, pudieran multiplicar alegr?a y gozo invocando permanentemente la conversi?n a Dios. Los lugares ?visitados? por Mar?a conservan una fascinaci?n sumamente especial, que no se puede describir con palabras ni medir con instrumentos humanos; y es precisamente esa fascinaci?n de la presencia de Mar?a la que atrae a tantos, vecinos o lejanos, impuls?ndolos a redescubrir a Jes?s.

En esos lugares la acci?n del Esp?ritu Santo verdaderamente se intensifica gracias a una oraci?n que no se puede experimentar en otros lugares. Mar?a intercede ante el Hijo para que, manifest?ndose su gloria, la fe en ?l aumente en el coraz?n de todos los hombres de buena voluntad. El amor de Mar?a es inconmensurable, su ?nico deseo es que se cumpla la voluntad del Hijo, y que cada una de sus palabras se vuelva realidad vivida, sin titubeos, dudas y, menos a?n, amarguras.
A veces se presenta la tentaci?n de creer que si seguimos el Evangelio al pie de la letra pasaremos a ser de los ?perdedores?, de los ?olvidados? o de los ?marginados?. Y para el ?mundo? ciertamente lo somos, porque el ?mundo? est? muy lejos de sentirse atraido por el testimonio de vida de los siervos de Cristo que ocupan los ?ltimos lugares. El pensamiento mundano, lamentablemente, cae en la trampa de buscar los primeros puestos, que esto no nos sorprenda: Jes?s nos ha puesto en guardia muchas veces frente a esta tentaci?n.

La sierva del Se?or, no lo olvidemos nunca, se hace mucho m?s presente en nuestra vida cuando crece en nosotros el deseo de la humildad, pues cuanto m?s nos hacemos peque?os, misteriosamente, m?s resplandece en nuestra vida la gloria Dios. Es como si en esos corazones se grabaran con caracteres cubitales aquellas magn?ficas palabras del salmo que dicen: ?Alaben, servidores del Se?or, alaben el nombre del Se?or? (Sal 113,1).

Es hermoso releer en este contexto un pasaje de la oraci?n que el Santo Padre Benedicto XVI dirigi? a Mar?a a su llegada a la ciudad de M?naco de Baviera: ?...Tu Hijo, poco antes de llegar la hora de la despedida dijo a sus disc?pulos: ?El que quiera llegar a ser grande entre vosotros ser? vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros ser? esclavo de todos? (Mc 10, 43). T?, en la hora decisiva de tu vida, dijiste: ?He aqu? la esclava del Se?or? (Lc 1, 38) y viviste toda tu existencia como servicio. Y lo sigues haciendo a lo largo de los siglos de la historia. Como en cierta ocasi?n, en Can?, intercediste silenciosamente y con discreci?n en favor de los esposos, as? lo haces siempre: cargas con todas las preocupaciones de los hombres y las llevas ante el Se?or, ante tu Hijo. Tu poder es la bondad. Tu poder es el servicio...? (Benedicto XVI, 9 settembre 2006).
?Quiera Dios que gracias a la presencia de Mar?a, se multiplique en el ?nimo de los fieles la alegr?a de dar al Se?or toda la gloria y la alabanza por siempre! (Agencia Fides 9/5/2007 - l?neas 52 palabras 773)


Publicado por verdenaranja @ 23:18  | Espiritualidad
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