S?bado, 12 de mayo de 2007
Homil?a de S.S. Benedicto XVI en la Santa Misa de Canonizaci?n del Beato Frei Galv?o


Se?ores Cardenales
Se?or Arzobispo de S?o Paulo
y Obispos de Brasil y de Am?rica Latina
Distinguidas autoridades
Hermanas y Hermanos en Cristo,

?Bendecir? continuamente al Se?or / su alabanza no dejar? mis labios? (Sal 33,2)

1. Alegr?monos en el Se?or, en este d?a en el que contemplamos otra de las maravillas de Dios que, por su admirable providencia, nos permite saborear un vestigio de su presencia, en este acto de entrega de Amor representado en el Santo Sacrificio del Altar.

S?, no dejemos de alabar a nuestro Dios. Alabemos todos nosotros, pueblos de Brasil y de Am?rica, cantemos al Se?or sus maravillas, porque hizo en nosotros grandes cosas. Hoy, la Divina sabidur?a permite que nos encontremos alrededor de su altar en acci?n de alabanza y de agradecimiento por habernos concedido la gracia de la Canonizaci?n de Fray Antonio de Sant?Anna Galv?o.


Quiero agradecer las cari?osas palabras del Arzobispo de S?o Paulo, que fue la voz de todos vosotros. Agradezco la presencia de cada uno y de cada una, quiera que sean moradores de esta gran ciudad o venidos de otras ciudades y naciones. Me alegro de que a trav?s de los medios de comunicaci?n, mis palabras y las expresiones de mi afecto puedan entrar en cada casa y en cada coraz?n. Tengan certeza: el Papa os ama, y os ama porque Jesucristo os ama.

En esta solemne celebraci?n eucar?stica fue proclamado el Evangelio en el cual Cristo, en actitud de gran arrobamiento, proclama: ?Yo tebendigo, Padre, Se?or del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos y las revelaste a los peque?os? (MT 11,25). Por eso, me siento feliz porque la elevaci?n de Fray Galv?o a los altares quedar? para siempre enmarcada en la liturgia que hoy a Iglesia nos ofrece.

Saludo con afecto, a toda la comunidad franciscana y, de modo especial a las monjas concepcionistas que, desde el Monasterio de la Luz, de la capital paulista, irradian la espiritualidad y el carisma del primer brasile?o elevado a la gloria de los altares.

2. Dimos gracias a Dios por los cont?nuos beneficios alcanzados por el poderoso influjo evangelizador que el Esp?ritu Santo imprimi? en tantas almas a trav?s de Fray Galv?o. El carisma franciscano, evang?licamente vivido, produjo frutos significativos a trav?s de su testimonio de fervoroso adorador de la Eucarist?a, de prudente y sabio orientador de las almas que lo buscaban y de gran devoto de la Inmaculada Concepci?n de Mar?a, de quien ?l se consideraba ?hijo y perpetuo esclavo?.

Dios viene a nuestro encuentro, ?busca conquistarnos - hasta la ?ltima cena, hasta al Coraz?n traspasado en la cruz, hasta las apariciones y las grandes obras por las cuales ?l, a trav?s de la acci?n de los Ap?stoles, gui? el camino de la Iglesia naciente? (Carta encl. Deus caritas est, 17). ?l se revela a trav?s de su Palabra, en los Sacramentos, especialmente de la Eucarist?a. Por eso, la vida de la Iglesia es esencialmente eucar?stica. El Se?or, en su amorosa providencia nos dej? una se?al visible de su presencia.

Cuando contemplemos en la Santa Misa al Se?or, levantado en el alto por el sacerdote, despu?s de la Consagraci?n del pan y del vino, o lo adoramos con devoci?n expuesto en la Custodia renovamos con profunda humildad nuestra fe, como hac?a Fray Galv?o en ?laus perennis?, en actitud constante de adoraci?n. En la Sagrada Eucarist?a est? contenido todo el bien espiritual de la Iglesia, o sea, el mismo Cristo, nuestra Pascua, el Pan vivo que baj? del Cielo vivificado por el Esp?ritu Santo y vivificante porque da Vida a los hombres. Esta misteriosa e inefable manifestaci?n del amor de Dios por la humanidad ocupa un lugar privilegiado en el coraz?n de los cristianos. Deben poder conocer la fe de la Iglesia, a trav?s de sus ministros ordenados, por la ejemplaridad con que ?stos cumplen los ritos prescritos que est?n siempre indicando en la liturgia eucar?stica el centro de toda obra de evangelizaci?n. Por su parte, los fieles deben buscar recibir y reverenciar el Santo Sacramento con piedad y devoci?n, queriendo acoger al Se?or Jes?s con fe y siempre, cuando fuese necesario, sabiendo recurrir a Sacramento de la reconciliaci?n para purificar el alma de todo pecado grave.

3. Significativo es el ejemplo de Fray Galv?o por su disponibilidad para servir el pueblo siempre que le era pedido. Consejero de fama, pacificador de las almas y de las familias, dispensador de la caridad especialmente de los pobres y de los enfermos. Muy buscado para las confesiones, pues era celoso, sabio y prudente. Una caracter?stica de quien ama de verdad es no querer que el Amado sea agraviado, por eso la conversi?n de los pecadores era la grande pasi?n de nuestro Santo. La Hermana Helena Mar?a, que fue la primera ?recogida? destinada a dar inicio al ?Recogimiento de Nuestra Se?ora de la Concepci?n?, testimoni? aquello que Fray Galv?o dijo: ?Rezad para que Dios Nuestro Se?or levante a los pecadores con su potente brazo del abismo miserable de las culpas en las que se encuentran?. Pueda esa delicada advertencia servirnos de est?mulo para reconocer en la misericordia divina el camino para la reconciliaci?n con Dios y con el pr?jimo y para la paz de nuestras conciencias.

4. Unidos en comuni?n suprema con el Se?or en la Eucarist?a y reconciliados con Dios y con nuestro pr?jimo, seremos portadores de aquella paz que el mundo no puede dar. ?Podr?n los hombres y las mujeres de este mundo encontrar la paz si no se concientizan acerca de la necesidad de reconciliarse con Dios, con el pr?jimo y consigo mismos? De elevado significado fue, en este sentido, aquello que la C?mara del Senado de S?o Paulo escribi? al Ministro Provincial de los Franciscanos al final del siglo XVIII, definiendo a Fray Galv?o c?mo ?hombre de paz y de caridad?. ?Qu? nos pide el Se?or?: ?amaos unos a otros como yo os amo?. Pero luego a continuaci?n a?ade: que ?deis fruto y vuestro fruto permanezca? (cf. Jn 15, 12.16). ?Y qu? fruto nos pide ?l, sino que sepamos amar, inspir?ndonos en el ejemplo del Santo de Guaratinguet??

La fama de su inmensa caridad no ten?a l?mites. Personas de todo la geograf?a nacional iban a ver a Fray Galv?o que a todos acog?a paternalmente. Eran pobres, enfermos en el cuerpo y en el esp?ritu que le imploraban ayuda.

Jes?s abre su coraz?n y nos revela el pilar de todo su mensaje redentor: ?Nadie tiene mayor amor que aqu?l que da la vida por sus amigos? (ib.v.13). ?l mismo am? hasta entregar su vida por nosotros sobre la Cruz. Tambi?n a acci?n de la Iglesia y de los cristianos en la sociedad debe poseer esta misma inspiraci?n. Las pastorales sociales si son orientadas para el bien de los pobres y de los enfermos, llevan en s? mismas este sello divino. El Se?or cuenta con nosotros y nos llama amigos, pues solo a los que se ama de esta manera, se es capaz de dar la vida proporcionada por Jes?s con su gracia.
Como sabemos la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano tendr? como tema b?sico: ?Disc?pulos y misioneros de Jesucristo, para que en ?l nuestros pueblos tengan vida?. ?C?mo no ver entonces la necesidad de acudir con renovado ardor a la llamada, a fin de contestar generosamente a los desaf?os qu? la Iglesia en Brasil y en Am?rica Latina est? llamada a enfrentar?

5. ?Venid a m?, os que est?is aflictos bajo el fardo, y yo os aligerar?, dice el Se?or en el Evangelio, (MT 11,28). ?sta es la recomendaci?n final que el Se?or nos dirige. C?mo no ver aqu? este sentimiento paterno y, al mismo tiempo materno, ?de Dios por todos sus hijos? Mar?a, la Madre de Dios y Madre nuestra, se encuentra particularmente ligada a nosotros en este momento. Fray Galv?o, asumi? con voz prof?tica la verdad de la Inmaculada Concepci?n. Ella, la Tota Pulchra, la Virgen Pur?sima que concibi? en su seno al Redentor de los hombres y fue preservada de toda mancha original, quiere ser el sello definitivo de nuestro encuentro con Dios, nuestro Salvador. No hay fruto de la gracia en la historia de la salvaci?n que no tenga como instrumento necesario la mediaci?n de Nuestra Se?ora.

De hecho, ?ste nuestro Santo se entreg? de modo irrevocable a la Madre de Jes?s desde su juventud, queriendo pertenecerle para siempre y escogiendo la Virgen Mar?a como Madre y Protectora de sus hijas espirituales.
?Queridos amigos y amigas, qu? bello ejemplo a continuaci?n nos dej? Fray Galv?o! Como son actuales para nosotros, que vivimos en una ?poca tan llena de hedonismo, las palabras que aparecen en la c?dula de consagraci?n de su castidad: ?quitadme antes la vida que ofender a tu bendito Hijo, mi Se?or?. Son palabras fuertes, de un alma apasionada, que deber?an hacer parte de la vida normal de cada cristiano, sea ?l consagrado o no, y que despiertan deseos de fidelidad a Dios dentro o fuera del matrimonio. El mundo necesita de vidas limpias, de almas claras, de inteligencias simples que rechacen ser consideradas criaturas objeto de placer. Es necesario decir no a aquellos medios de comunicaci?n social que ridiculizan la santidad del matrimonio y la virginidad antes del casamiento.

Es en este momento que tendremos en Nuestra Se?ora la mejor defensa contra los males que afligen la vida moderna; la devoci?n mariana es garant?a cierta de protecci?n maternal y de amparo en la hora de la tentaci?n. ?No ser? esta misteriosa presencia de la Virgen Pur?sima cu?ndo invoquemos protecci?n y auxilio a la Se?ora Aparecida? Vamos a depositar en sus manos sant?simas la vida de los sacerdotes y laicos consagrados, de los seminaristas y de todos los vocacionados para la vida religiosa.

6. Queridos amigos, permitidme concluir evocando la Vigilia de Oraci?n de Marienfeld en Alemania: delante de una multitud de j?venes, quise definir a los Santos de nuestra ?poca como verdaderos reformadores. Y a?ad?a: ?solo de los Santos, solo de Dios proviene la verdadera revoluci?n, el cambio decisivo del mundo? (Homil?a, 25/08/2005). ?sta es la invitaci?n que hago hoy a todos vosotros, del primero al ?ltimo, en esta inmensa Eucarist?a. Dios dijo: ?Sed santos, como Yo soy Santo? (Lv 11,44). Agradezcamos a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Esp?ritu Santo, de los cuales nos vienen, por intercesi?n de la Virgen Mar?a, todas las bendiciones del cielo; este don que, juntamente con la fe es la mayor gracia que el Se?or puede conceder a una criatura: el firme deseo de alcanzar la plenitud de la caridad, en la convicci?n de qu? no solo es posible, como tambi?n necesaria la santidad, cada cu?l en su estado de vida, para revelar al mundo el verdadero rostro de Cristo, nuestro amigo! ?Am?n!
Publicado por verdenaranja @ 16:02  | Habla el Papa
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