S?bado, 12 de mayo de 2007
Discurso de S.S. Benedicto XVI en el encuentro con los Obispos de Brasil, Catedral da S?, S?o Paulo

Amados hermanos en el Episcopado,

?El Hijo de Dios con lo que padeci? aprendi? la obediencia; y llegado a la perfecci?n, se convirti? en causa de salvaci?n eterna para todos los que le obedecen? (cf. Hb 5,8-9).

1. El texto que acabamos de o?r en la Lectura Breve de las V?speras de hoy contiene una ense?anza profunda. Tambi?n en este caso constatamos como la Palabra de Dios es viva y m?s penetrante que una espada de dos filos, llega hasta la juntura del alma, reconfort?ndola, estimulando a sus fieles servidores (cf. Hb 4,12).

Agradezco a Dios por haber permitido encontrarme con un Episcopado prestigioso, que est? al frente de una de las m?s numerosas poblaciones cat?licas del mundo. Yo os saludo con sentimientos de profunda comuni?n y de afecto sincero, conociendo bien la dedicaci?n con que seguis las comunidades que os fueron confiadas. La calurosa acogida del Se?or P?rroco de la Catedral de la S? y de todos los presentes me hizo sentir en casa, en esta grande Casa com?n que es nuestra Santa Madre la Iglesia Cat?lica.



Dirijo un especial saludo a la nueva Presidencia de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil y, al agradecer las palabras de su Presidente, Mons. Geraldo Lyrio Rocha, hago votos por un provechoso desempe?o en la tarea de consolidar siempre m?s la comuni?n entre los obispos y de promover la acci?n pastoral com?n en un territorio de dimensiones continentales.

2. Brasil est? acogiendo a los participantes de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano con su tradicional hospitalidad. Expreso mi agradecimiento por la atenta recepci?n de sus miembros y mi profundo apre?io por las oraciones del pueblo brasile?o, formuladas especialmente en pro del buen ?xito del encuentro de los obispos en Aparecida.

Es un gran evento eclesial que se sit?a en el ?mbito del esfuerzo misionero que Am?rica Latina deber? proponerse, precisamente a partir de aqu?, del suelo brasile?o. Fue por eso que quise dirigirme inicialmente a vosotros, Obispos del Brasil, evocando aquellas palabras densas de contenido de la Carta a los Hebreos: ?El Hijo de Dios con lo que padeci? aprendi? la obediencia; y llegado a la perfecci?n, se convirti? en causa de salvaci?n eterna para todos los que le obedecen? (Hb 5, 8-9). Exuberante en su significado, este vers?culo habla de la compasi?n de Dios para con nosotros, concretada en la pasi?n de su Hijo; y habla de su obediencia, de su adhesi?n libre y consciente a los des?gnios del Padre, explicitada especialmente en la oraci?n en el monte de los Olivos: ?No se haga mi voluntad, sino la tuya? (Lc 22,42). As?, es el propio Jes?s quien nos ense?a que la verdadera v?a de salvaci?n consiste en conformar nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Es exactamente lo que pedimos en la tercera invocaci?n de la oraci?n del Padre Nuestro: que sea hecha la voluntad de Dios, as? en la tierra como en el cielo, porque donde reina la voluntad de Dios, ah? est? presente el reino de Dios. Jes?s nos atrae hacia su voluntad, la voluntad del Hijo, y de este modo nos gu?a hacia la salvaci?n. Yendo al encuentro de la voluntad de Dios, con Jesucristo, abrimos el mundo al reino de Dios.

Nosotros los Obispos, somos convocados para manifestar esa verdad central, pues estamos vinculados directamente a Cristo, Buen Pastor. La misi?n que nos es confiada, como Maestros de la fe, consiste en recordar, como el mismo Ap?stol de los Gentiles escrib?a, que nuestro Salvador ?quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad? (1Tm 2, 4-6). ?sta es la finalidad, y no otra, la finalidad de la Iglesia, la salvaci?n de las almas, una a una. Por eso el Padre envi? a su Hijo, y ?como el Padre me envi?, tambi?n yo os env?o? (Jn 20,21). De aqu?, el mandato de evangelizar: ?Id, pues, ense?ad a todas las naciones; bautizadlas en nombre del Padre y del Hijo y del Esp?ritu Santo. ense?adles a observar todo lo que os mand?. He aqu? que estoy con vosotros todos los d?as, hasta el fin del mundo? (Mt 28,19-20). Son palabras simples y sublimes en las cuales est?n indicadas el deber de predicar la verdad de la fe, la urgencia de la vida sacramental, la promesa de la continuada asistencia de Cristo a su Iglesia. ?stas son realidades fundamentales y se refieren a la instrucci?n en la fe y en la moral cristiana, y a la pr?ctica de los sacramentos. Donde Dios y su voluntad no son conocidos, donde no existe la fe en Jesucristo ni su presencia en las celebraciones sacramentales, falta lo esencial tambi?n para la soluci?n de los urgentes problemas sociales y pol?ticos. La fidelidad al primado de Dios y de su voluntad, conocida y vivida en comuni?n con Jesucristo, es el don esencial, que nosotros Obispos y sacerdotes debemos ofrecer a nuestro pueblo (cf. Populorum progressio 21).

3. El ministerio episcopal nos impele al discernimiento de la voluntad salv?fica, en la b?squeda de una pastoral que eduque el Pueblo de Dios a reconocer y acoger los valores trascendentes, en la fidelidad al Se?or y al Evangelio.

Es verdad que los tiempos de hoy son dif?ciles para la Iglesia y muchos de sus hijos est?n atribulados. La vida social est? atravesando momentos de confusi?n desorientadora. Se ataca impunemente la santidad del matrimonio y de la familia, comenzando por hacer concesiones delante de presiones capaces de incidir negativamente sobre los procesos legislativos; se justifican algunos cr?menes contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual; se atenta contra la dignidad del ser humano; se extiende la herida del divorcio y de las uniones libres. A?n m?s: en el seno de la Iglesia, cuando el valor del compromiso sacerdotal es cuestionado como entrega total a Dios a trav?s del celibato apost?lico y como disponibilidad total para servir a las almas, d?ndose preferencia a las cuestiones ideol?gicas y pol?ticas, incluso partidarias, la estructura de la consagraci?n total a Dios empieza a perder su significado m?s profundo. ?C?mo no sentir tristeza en nuestra alma? Pero tened confianza: la Iglesia es santa e incorruptible (cf. Ef 5,27). Dec?a San Agust?n: ??Titubear? la Iglesia si titubea su fundamento, pero podr? quiz? Cristo titubear? Visto que Cristo no titubea, la Iglesia permanecer? intacta hasta el fin de los tiempos? (Enarrationes in Psalmos, 103,2,5; PL, 37, 1353.)

Entre los problemas que abruman vuestra solicitud pastoral est?, sin duda, la cuesti?n de los cat?licos que abandonan la vida eclesial. Parece claro que la causa principal, entre otras, de este problema, pueda ser atribuida a la falta de una evangelizaci?n en la que Cristo y su Iglesia est?n en el centro de toda explicaci?n. Las personas m?s vulnerables al proselitismo agresivo de las sectas - que es motivo de justa preocupaci?n ? e incapaces de resistir a las embestidas del agnosticismo, del relativismo y del laicismo son generalmente los bautizados no suficientemente evangelizados, f?cilmente influenciabais porque poseen una fe fragilizada y, a veces, confusa, vacilante e ingenua, aunque conserven una religiosidad innata. En la Enc?clica Deus caritas est record? que ?Al inicio del ser cristiano, no hay una decisi?n ?tica o una gran idea, mas el encuentro con un acontecimiento, con una Persona que da a la vida un nuevo horizonte y, de esta forma, el rumbo decisivo? (N. 1). Es necesario, por tanto, encaminar la actividad apost?lica como una verdadera misi?n dentro del reba?o que constituye la Iglesia Cat?lica en Brasil, promoviendo una evangelizaci?n met?dica y capilar en vista de una adhesi?n personal y comunitaria a Cristo. se trata efectivamente de no ahorrar esfuerzos en la b?squeda de los cat?licos apartados y de aqu?llos que poco o nada conocen sobre Jesucristo, a trav?s de una pastoral de la acogida que les ayude a sentir a la Iglesia como lugar privilegiado del encuentro con Dios y mediante un itinerario catequ?tico permanente.

Una misi?n evangelizadora que convoque todas las fuerzas vivas de este inmenso reba?o. Mi pensamiento se dirige, por tanto, a los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que se prodigan, muchas veces con inmensas dificultades, para la difusi?n de la verdad evang?lica. Entre ellos, muchos colaboran o participan activamente en las Asociaciones, en los Movimientos y en otras nuevas realidades eclesiales que, en comuni?n con sus Pastores y de acuerdo con las orientaciones diocesanas, llevan su riqueza espiritual, educativa y misionera al coraz?n de la Iglesia, como preciosa experiencia y propuesta de vida cristiana.

En este esfuerzo evangelizador, la comunidad eclesial se destaca por las iniciativas pastorales, al enviar, sobretodo entre las casas de las periferias urbanas y del interior, sus misioneros, laicos o religiosos, buscando dialogar con todos en esp?ritu de comprensi?n y de delicada caridad. Pero si las personas encontradas est?n en una situaci?n de pobreza, es necesario ayudarlas, como hac?an las primeras comunidades cristianas, practicando la solidaridad, para que se sientan amadas de verdad. El pueblo pobre de las periferias urbanas o del campo necesita sentir la proximidad de la Iglesia, sea en el socorro de sus necesidades m?s urgentes, como tambi?n en la defensa de sus derechos y en la promoci?n com?n de una sociedad fundamentada en la justicia y en la paz. Los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio y un Obispo, modelado seg?n la imagen del Buen Pastor, debe estar particularmente atento en ofrecer el divino b?lsamo de la fe, sin descuidar del ?pan material?. Como pude evidenciar en la Enc?clica Deus caritas est, ?La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra? (N. 22).

La vivencia sacramental, especialmente a trav?s de la Confesi?n y de la Eucarist?a, adquiere aqu? una importancia de primera grandeza. A vosotros Pastores les cabe la principal tarea de asegurar la participaci?n de los fieles en la vida eucar?stica y en el Sacramento de la Reconciliaci?n; deb?is estar vigilantes para que la confesi?n y la absoluci?n de los pecados sean, de modo ordinario, individual, tal como el pecado es un hecho hondamente personal (cf. Exort. ap. post-sinodal Reconciliatio et penitentia, N. 31, III). Solamente la imposibilidad f?sica o moral excusa al fiel de esta forma de confesi?n, pudiendo en este caso conseguir la reconciliaci?n por otros medios (C?n. 960; cf. Compendio del Catecismo de la Iglesia Cat?lica, N. 311). Por eso, conviene infundir en los sacerdotes la pr?ctica de la generosa disponibilidad para atender a los fieles que recurren al Sacramento de la misericordia de Dios (Carta ap. Misericordia Dei, 2).

4. Recomenzar desde Cristo en todos los ?mbitos de la misi?n. Redescubrir en Jes?s el amor y la salvaci?n que el Padre nos da, por el Esp?ritu Santo. ?sta es la substancia, la ra?z, de la misi?n episcopal que hace del Obispo el primero responsable por la catequesis diocesana. En efecto, tiene la direcci?n superior de la catequesis, rode?ndose de colaboradores competentes y merecedores de confianza. Es obvio, por tanto, que sus catequistas no son simples comunicadores de experiencias de fe, sino que deben ser aut?nticos transmisores, bajo la gu?a de su Pastor, de las verdades reveladas. La fe es una caminata conducida por el Esp?ritu Santo que se condensa en dos palabras: conversi?n y seguimiento. ?sas dos palabras-llave de la tradici?n cristiana indican con claridad, que la fe en Cristo implica una pr?xis de vida basada en el doble mandamiento del amor, a Dios y al pr?jimo, y expresan tambi?n la dimensi?n social de la vida cristiana.

La verdad supone un conocimiento claro del mensaje de Jes?s, transmitida gracias a un comprensible lenguaje inculturado, pero necesariamente fiel a la propuesta del Evangelio. En los tiempos actuales es urgente un conocimiento adecuado de la fe, como est? bien sintetizada en el Catecismo de la Iglesia Cat?lica con su Compendio. Hace parte de la catequesis esencial tambi?n la educaci?n a las virtudes personales y sociales del cristiano, como tambi?n la educaci?n a la responsabilidad social. Exactamente porque fe, vida y celebraci?n de la sagrada liturgia como fuente de fe y de vida, son inseparables, es necesaria una aplicaci?n m?s correcta de los principios indicados por el Concilio Vaticano II en lo que respecta a la Liturgia de la Iglesia, incluyendo las disposiciones contenidas en el Directorio para los Obispos (nn.145-151), con el prop?sito de devolver a la Liturgia su car?cter sagrado. Es con esta finalidad que mi Venerable predecesor en la C?tedra de Pedro, Juan Pablo II, quiso renovar ?un vehemente apelo para que las normas lit?rgicas sean observadas, con gran fidelidad, en la celebraci?n eucar?stica? (...) ?La liturgia jam?s es propiedad privada de alguien, ni del celebrante, ni de la comunidad donde son celebrados los santos misterios? (Carta encl. Ecclesia de Eucharistia, N. 52). Redescubrir y valorar la obediencia a las normas lit?rgicas por parte de los Obispos, como ?moderadores de la vida lit?rgica de la Iglesia?, significa dar testimonio de la misma Iglesia, una y universal, que preside en la caridad.

5. Es necesario un salto de calidad en la vivencia cristiana del pueblo, para que pueda testimoniar su fe de forma l?mpida y elucidada. Esa fe, celebrada y participada en la liturgia y en la caridad, nutre y fortifica la comunidad de los disc?pulos del Se?or y los edifica como Iglesia misionera y prof?tica. El Episcopado brasile?o posee una estructura de gran envergadura, cuyos Estatutos fueron hace poco revisados para su mejor desempe?o y una dedicaci?n m?s exclusiva al bien de la Iglesia. El Papa vino a Brasil para pediros que, en el seguimiento de la Palabra de Dios, todos los Venerables Hermanos en el episcopado sepan ser portadores de eterna salvaci?n para todos los que le obedecen (cf. Hb 5,10). Nosotros, pastores, en la l?nea del compromiso asumido como sucesores de los Ap?stoles, debemos ser fieles servidores de la Palabra, sin visiones reductivas y confusiones en la misi?n que nos es confiada. No basta observar la realidad desde la fe; es necesario trabajar con el Evangelio en las manos y fundamentados en la correcta herencia de la Tradici?n Apost?lica, sin interpretaciones movidas por ideolog?as racionalistas.

Es as? que, ?en las Iglesias particulares compete al Obispo conservar e interpretar la Palabra de Dios y juzgar con autoridad aquello que est? o no de acuerdo con ella? (Congr. para la Doctrina de la Fe, Instr. sobre la vocaci?n eclesial del te?logo, N. 19). ?l, como Maestro de fe y de doctrina, podr? contar con la colaboraci?n del te?logo que ?en su dedicaci?n al servicio de la verdad, deber?, para permanecer fiel a su funci?n, llevar en cuenta la misi?n propia del Magisterio y colaborar con ?l? (ib. 20). El deber de conservar el dep?sito de la fe y de mantener su unidad exige estrecha vigilancia, de modo que ?ste sea ?conservado y transmitido fielmente y que las posiciones particulares sean unificadas en la integridad del Evangelio de Cristo? (Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos, N. 126).

He aqu? entonces la enorme responsabilidad que asum?s como formadores del pueblo, mayormente de vuestros sacerdotes y religiosos. Son ellos vuestros fieles colaboradores. Conozco el empe?o con que busc?is formar las nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas. La formaci?n teol?gica y en las disciplinas eclesi?sticas exige una constante actualizaci?n, pero siempre de acuerdo con el Magisterio aut?ntico de la Iglesia.

Apelo a vuestro celo sacerdotal y al sentido de discernimiento de las vocaciones, tambi?n para saber complementar la dimensi?n espiritual, psico-afectiva, intelectual y pastoral en j?venes maduros y disponibles al servicio de la Iglesia. Un buen y asiduo acompa?amiento espiritual es indispensable para favorecer la maduraci?n humana y evita el riesgo de desv?os en el campo de la sexualidad. Tened siempre presente que el celibato sacerdotal es un don ?que la Iglesia recibi? y quiere guardar, convencida de que ?l es un bien para ella y para el mundo? (Directorio para el ministerio y la vida de los presb?teros, N. 57).

Me gustar?a encomendar a vuestra solicitud tambi?n las Comunidades religiosas que se insertan en la vida de la propia Di?cesis. Es una contribuci?n preciosa que ofrecen, pues, a pesar de la ?diversidad de dones, el Esp?ritu es el mismo? (1 Color 12,4). La Iglesia no puede sino manifestar alegr?a y aprecio por todo aquello que los Religiosos vienen realizando mediante Universidades, escuelas, hospitales y otras obras e instituciones.

6. Conozco la din?mica de vuestras Asambleas y el esfuerzo por definir los diverso planes pastorales, que den prioridad a la formaci?n del clero y de los agentes de la pastoral. Algunos entre vosotros fomentasteis movimientos de evangelizaci?n para facilitar la agrupaci?n de los fieles en una l?nea de acci?n. El Sucesor de Pedro cuenta con vosotros para que vuestra preparaci?n se apoye siempre en aquella espiritualidad de comuni?n y de fidelidad a la Sede de Pedro, a fin de garantizar que la acci?n del Esp?ritu no sea vana. Con efecto, la integridad de la fe, junto a la disciplina eclesial, es, y ser? siempre, tema que exigir? atenci?n y desvelo por parte de todos vosotros, sobretodo cuando se trata de sacar las consecuencias del hecho que existe ?una sola fe y un solo bautismo?.

Como sab?is, entre los varios documentos que se ocupan de la unidad de los cristianos est? el Directorio para el ecumenismo publicado por el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos. El Ecumenismo, o sea, la b?squeda de la unidad de los cristianos se vuelve en ?se nuestro tiempo, en el cual se verifica el encuentro de las culturas y el desaf?o del secularismo, una tarea siempre m?s urgente de la Iglesia cat?lica. Con la multiplicaci?n, sin embargo, de cada vez nuevas denominaciones cristianas y, sobretodo delante de ciertas formas de proselitismo, frecuentemente agresivo, el empe?o ecum?nico se vuelve una tarea compleja. En tal contexto es indispensable una buena formaci?n hist?rica y doctrinal, que posibilite el necesario discernimiento y ayude a entender la identidad espec?fica de cada una de las comunidades, los elementos que dividen y aquellos que ayudan en el camino de construcci?n de la unidad. El gran campo com?n de colaboraci?n deber?a ser la defensa de los fundamentales valores morales, transmitidos por la tradici?n b?blica, contra su destrucci?n en una cultura relativista y consumista; m?s a?n, la fe en Dios creador y en Jesucristo, su Hijo encarnado. Adem?s vale siempre el principio del amor fraterno y de la b?squeda de comprensi?n y de proximidad mutuas; pero tambi?n la defensa de la fe de nuestro pueblo, confirm?ndolo en la feliz certeza, de que la ?unica Christi Ecclesia... subsistit in Ecclesia catholica, a successore Petri et Episcopis in eius communione gubernata? (?la ?nica Iglesia de Cristo... subsiste en la Iglesia Cat?lica gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comuni?n con ?l?) (Lumen gentium 8).

En este sentido se proceder? a un franco di?logo ecum?nico, a trav?s del Consejo Nacional de las Iglesias Cristianas, celando por el pleno respeto de las dem?s confesiones religiosas, deseosas de mantenerse en contacto con la Iglesia Cat?lica en Brasil.

7. No es ninguna novedad la constataci?n de que vuestro pa?s convive con un d?ficit hist?rico de desarrollo social, cuyos rasgos extremos son el inmenso contingente de brasile?os viviendo en situaci?n de indigencia y una desigualdad en la distribuci?n de la renta que alcanza niveles muy elevados. A vosotros, venerables Hermanos, como jerarqu?a del pueblo de Dios, os compete promover la b?squeda de soluciones nuevas y llenas de esp?ritu cristiano. Una visi?n de la econom?a y de los problemas sociales, desde la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia, lleva a considerar las cosas siempre desde el punto de vista de la dignidad del hombre, que trasciende el simple juego de los factores econ?micos. Se debe, por eso, trabajar incansablemente por la formaci?n de los pol?ticos, de los brasile?os que tienen alg?n poder decisivo, grande o peque?o y, en general, de todos los miembros de la sociedad, de modo que asuman plenamente las propias responsabilidades y sepan dar un rostro humano y solidario a la econom?a.
Ocurre formar en las clases pol?ticas y empresariales un aut?ntico esp?ritu de veracidad y de honestidad. Quien asuma un liderazgo en la sociedad, debe buscar prever las consecuencias sociales, directas e indirectas, a corto y a largo plazo, de las propias decisiones, actuando seg?n criterios de maximizaci?n del bien com?n, en vez de buscar ganancias personales.

8. Queridos hermanos, si Dios quiere, encontraremos otras oportunidades para profundizar las cuestiones que interpelan nuestra solicitud pastoral conjunta. Esta vez, quise exponer, ciertamente de manera no exhaustiva, los temas m?s relevantes que se imponen a mi consideraci?n de Pastor de la Iglesia universal. Os transmito mi afectuoso ?nimo que es, al mismo tiempo, una fraterna y sentida plegaria: para que proced?is y trabaj?is siempre, como ven?s haciendo, en concordia, teniendo como vuestro fundamento una comuni?n que en la Eucarist?a encuentra su momento c?lmen y su manantial inagotable. Conf?o todos vosotros a Mar?a Sant?sima, Madre de Cristo y Madre de la Iglesia, mientras que de todo coraz?n os concedo, a cada uno de vosotros y a vuestras respectivas Comunidades, la Bendici?n Apost?lica.
?Gracias!
Publicado por verdenaranja @ 16:05  | Habla el Papa
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