Domingo, 13 de mayo de 2007
ZENIT publica el saludo que Benedicto XVI dirigi? el s?bado, 12 de Myo de 2007, a las hermanas Clarisas en la iglesia de la Hacienda de la Esperanza, comunidad para la recuperaci?n de j?venes toxic?manos y alcoh?licos.



?Alabado seas, mi Se?or, por todas tu criaturas? - Con esta salutaci?n al Omnipotente y Buen Se?or, el santo Pobre de As?s reconoc?a la bondad ?nica del Dios Creador y la dulzura, la fuerza y la belleza que serenamente se esparcen en todas las criaturas, haciendo de ellas espejo de la omnipotencia del Creador.

Este nuestro encuentro, queridas hermanas Clarisas, en esta Hacienda de la Esperanza, quiere ser la manifestaci?n de un gesto de cari?o del sucesor de Pedro a las hermanas de clausura y tambi?n un sereno murmullo de amor que resuena por estas colinas y valles de la Sierra de la Mantiqueira y resuene en toda la tierra: "No son discursos ni frases o palabras, ni son voces que puedan ser o?das; su sonido resuena y se esparce por toda la tierra, llega a los confines del universo su voz" (Sal 18,4-5). De aqu? las hijas de Santa Clara proclaman; "?Alabado seas, mi Se?or, por todas tus criaturas! ".

All? donde la sociedad no ve m?s futuro o esperanza, los cristianos est?n llamados a anunciar la fuerza de la Resurrecci?n: justamente aqu? en esta Hacienda de la Esperanza, donde se encuentran tantas personas, principalmente j?venes, que buscan superar el problema de las drogas, del alcohol y de la dependencia qu?mica, se testimonia el Evangelio de Cristo en medio de una sociedad consumista alejada de Dios. ?Qu? diversa es la perspectiva del Creador en su obra! Las hermanas Clarisas y otros religiosos de clausura - que, en la vida contemplativa, escrutan la grandeza de Dios y descubren tambi?n la belleza de las criaturas - pueden, con el autor sagrado, contemplar el propio Dios, arrobado, maravillado delante de Su obra, de Su criatura amada: "?Dios contempl? todo lo que hab?a hecho y todo estaba muy bien!" (Gen 1, 31).

Cuando el pecado entr? en el mundo y, con ?l, la muerte, la criatura amada de Dios - aunque herida - no perdi? totalmente su belleza: al contrario, recibi? un amor mayor: "Oh feliz culpa que nos mereci? un tan grande Redentor" - proclama la Iglesia en la noche misteriosa y clara de la Pascua (Exultet). Es el Cristo resucitado que cura las heridas y salva a los hijos e hijas de Dios, salva a la humanidad de la muerte, del pecado y de la esclavitud de las pasiones. La Pascua de Cristo une la tierra y el cielo. En esta Hacienda de la Esperanza se unen las oraciones de las Clarisas y el trabajo arduo de la medicina y de la laborterapia para vencer las prisiones y romper los grilletes de las drogas que hacen sufrir a los hijos amados de Dios.

Se recompone, as?, la belleza de las criaturas que encanta y maravilla su Creador. ?ste es el Padre todopoderoso, el ?nico cuyo ser es el amor y cuya gloria es el ser humano vivo ? como lo dijo San Irineo. ?l "tanto am? el mundo, que envi? a su Hijo" (Jn 3,16) para recoger al ca?do en el camino, asaltado y herido por los ladrones en el camino de Jerusal?n a Jeric?. En los caminos del mundo, Jes?s es "la mano que el Padre extiende a los pecadores; es el camino por el cual nos llega la paz" (an?fora eucar?stica). S?, aqu? descubrimos que la belleza de las criaturas y el amor de Dios son inseparables. Francisco y Clara de As?s tambi?n descubren este secreto y proponen a sus hijos e hijas una sola cosa - y muy simple: vivir el Evangelio. ?sta es su norma de conducta y su regla de vida. Clara lo expres? muy bien, cuando dice a sus hermanas: "Tened entre vosotros, hijas m?as, el mismo amor con el cual Cristo os am?" (Testamento).

Es en este amor que Fray Hans las invit? a ser la retaguardia de todo el trabajo desarrollado en la Hacienda de la Esperanza. En la fuerza de la oraci?n silenciosa, en los ayunos y penitencias, las hijas de Santa Clara viven el mandamiento del amor a Dios y al pr?jimo, en el gesto supremo de amar hasta el fin.

?Esto significa jam?s perder la esperanza! Por eso el nombre de esta obra de Fray Hans: "Hacienda de la Esperanza". Pues es necesario edificar, construir la esperanza, tejiendo el tejido de una sociedad que, en el extenderse de los hilos de la vida, pierde el propio sentimiento de esperanza. Esta p?rdida ? como dijo San Pablo - es como una maldici?n que la persona humana impone a s? misma: "personas sin afecto" (Rm 1,31).

Querid?simas hermanas, sed las anunciadoras de que "la esperanza no decepciona" (Rm 5,5). El dolor del Crucificado, que atraves? el alma de Mar?a al pie de la cruz, consuela tantos corazones maternos y paternos que lloran de dolor por sus hijos a?n dependientes de las drogas. Anunciad por el silencio oferente de la oraci?n, silencio grandilocuente que el Padre escucha; anunciad el mensaje del amor que vence al dolor, las drogas y la muerte. Anunciad a Jesucristo, humano c?mo nosotros, ?sufridor c?mo nosotros, que tom? sobre s? nuestros pecados para de ellos liberarnos!

Estamos por iniciar la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, en el Santuario de Aparecida - tan cerca de esta Hacienda de la Esperanza. Conf?o tambi?n en sus oraciones, para que nuestros pueblos tengan vida en Jesucristo y todos nosotros seamos sus disc?pulos y misioneros. Ruego a Mar?a - la Madre Aparecida, la Virgen de Nazaret - quien, en el seguimiento de su Hijo, guardaba todas las cosas en su coraz?n, que las guarde en el silencio fecundo de la oraci?n.

A todas las hermanas de clausura, de manera especial a las Clarisas presentes en esta obra, mi bendici?n y afecto.

[Traducci?n distribuida por el Consejo Episcopal Latinoamericano
? Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 20:18
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