Mi?rcoles, 16 de mayo de 2007
Los Obispos de Paraguay ante la situación de recrudecimiento de la violencia y de la inseguridad que vive el país, han emitido un comunicado titulado “Por la vida y por la paz”

Oficina de Prensa y Comunicación de la CEP

POR LA VIDA Y POR LA PAZ




La sociedad paraguaya vive en la actualidad un recrudecimiento de la violencia y de la inseguridad, traducidas en asaltos, secuestros, crímenes violentos y hechos de corrupción que evidencian la persistencia del grave deterioro del tejido social y moral de la nación, denunciada por los Obispos en diversos momentos de la historia de nuestro país.
Frente a esta situación, la Oficina de Prensa de la Conferencia Episcopal Paraguaya manifiesta su palabra de denuncia y de exhortación a respetar la vida de las personas y a construir las condiciones para una convivencia pacífica.

1. La corrupción profundiza la pobreza
Los hechos de corrupción denunciados en los últimos tiempos y que están relacionados con gestiones del Ministerio de Educación como el programa de la merienda escolar, así como la distribución de materiales de estudio; con el Ministerio de Agricultura y el programa algodonero; con el Ministerio de Salud y la distribución de los kits para el parto, entre otros, además de profundizar la desconfianza hacia la gestión de los organismos públicos, indignan y ofenden la conciencia ciudadana, pues distraen recursos vitales para el presente y el futuro de miles de niños, de las familias campesinas más pobres y de la atención adecuada a la salud materna.
Los hechos y las instituciones mencionadas son sólo un ejemplo de cómo la corrupción priva al país de los recursos necesarios para mejorar las condiciones de vida de nuestros compatriotas que, ante la falta de alternativas y el empobrecimiento creciente, abandonan el campo y la patria.
La corrupción es una violencia contra el país y contra su gente, más aún si no se castiga a los responsables y no se recupera lo robado.
La enseñanza social de la Iglesia sostiene que entre las causas que en mayor medida concurren a determinar el subdesarrollo y la pobreza de los países se encuentran el analfabetismo, las dificultades alimenticias, la ausencia de estructuras y de servicios, la carencia de medidas que garanticen la asistencia básica en el campo de la salud, la corrupción, la precariedad de las instituciones y de la misma vida política. (Compendio de la DSI, 447)

2. La convivencia pacífica es fruto del respeto a la vida y a la dignidad de las personas
A todo esto debemos agregar el aumento de la violencia criminal con los asaltos, secuestros y asesinatos violentos, con fuertes indicios que involucran a las propias instituciones de seguridad del Estado.
El Estado tiene la obligación de proteger la vida y los bienes de los ciudadanos en el marco del estricto respeto a la dignidad de las personas y a las garantías que confieren la Constitución y las leyes. En ningún caso se pueden admitir situaciones que podrían interpretarse como una posible extralimitación en las atribuciones de los organismos públicos de seguridad y de sus funcionarios.
La violencia genera más violencia. Es necesario construir la convivencia pacífica al amparo del Estado de Derecho.
La debilidad e ineficiencia de los poderes públicos y de los organismos de seguridad del Estado para proteger a sus ciudadanos mueve a la Iglesia a exhortar a las autoridades a adoptar todas las medidas para garantizar la vida de las personas.
Asimismo, todas las instituciones y organizaciones de la sociedad civil, así como los ciudadanos y ciudadanas, deben asumir su responsabilidad en la lucha contra la corrupción y contra la violencia, cualquiera sea su origen.

Finalmente, la Iglesia afirma que la paz es fruto de la justicia. La paz peligra cuando a las personas no se les reconoce aquello que les es debido en cuanto a su condición humana, cuando no se respeta su dignidad y cuando la convivencia no está orientada hacia el bien común. (Compendio de la DSI, 494)

Para vivir en una sociedad pacífica y lograr el desarrollo integral de los individuos y de la nación resulta esencial la defensa y la promoción de los derechos humanos y la puesta en práctica de una educación ciudadana que promueva la responsabilidad social y un compromiso firme con la construcción de una sociedad más justa.-

Asunción, 11 de mayo de 2007

Oficina de Prensa y Comunicación de la CEP
Oficina de Prensa y Comunicación de la CEP (2007-05-15)


Publicado por verdenaranja @ 0:22  | Hablan los obispos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios