Mi?rcoles, 16 de mayo de 2007
Palabras de Su Em. el Card. Giovanni Battista Re, Prefecto de la Congregaci?n para los Obispos y Presidente de la Pontificia Comisi?n para Am?rica Latina en la Santa Misa con la que inici? la primera jornada de los trabajo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, dedicada a la oraci?n y el recogimiento. (Fides).

Homil?a - Cardenal Giovanni Battista Re


(Hch 1,15-17.20-26 ? Jn 15,9-17)

1.Junto con el Santo Padre y bajo su gu?a hemos iniciado ayer nuestra Conferencia General y queremos que la primera parte de este d?a est? dedicada a la oraci?n y al recogimiento. Como responsables de la gu?a pastoral de las di?cesis de este continente, con plena conciencia de ser sucesores de los Ap?stoles, deseamos ante todo hacernos disc?pulos de Cristo. Deseamos dejarnos iluminar por su luz, deseamos seguirlo a ?l, que es la ?luz de las naciones?, el camino, la verdad y la vida. Pedimos en la oraci?n que sea su Palabra la que gu?e nuestras reflexiones y nuestros pasos.
A Nuestro Se?or Jesucristo, Dios de Dios, luz de luz, de la misma sustancia del Padre, ofrecemos nuestra adoraci?n.
A Cristo, Redentor del hombre, ?centro del cosmos y de la historia?, se dirija nuestro pensamiento hoy y en todos los d?as de nuestra Conferencia General en este Santuario Mariano.
A Cristo, Maestro de ayer, de hoy y de siempre, confirmamos nuestra f?rrea intenci?n de ser sus disc?pulos fieles, misioneros de su doctrina inmutable y portadores de su amor, de tal manera que nuestros pueblos ?en ?l tengan vida?.
A Cristo, Buen Pastor, Pastor de los pastores, que conoce los secretos del coraz?n, que nos llama por nuestro nombre y que nos ama con un amor infinito, expresamos desde el fondo de nuestro coraz?n todo el amor de que somos capaces.
A Cristo, que ha fundado la Iglesia para continuar en los siglos su obra, nuestras gracias por la fortuna y el gozo de ser sus disc?pulos y ap?stoles en su Iglesia.
A Cristo, crucificado, muerto y resucitado por nosotros, la profesi?n de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestro amor.
San Ambrosio afirma: ?Omnia nobis Christus?. ?Cristo es todo para nosotros! ?si tu quieres curar tus heridas, ?l es m?dico; si estas ardiendo de fiebre, ?l es fuente refrescante; si estas oprimido por la iniquidad, ?l es justicia; si tienes necesidad de ayuda, ?l es vigor; si temes la muerte, ?l es la vida; si deseas el cielo, ?l es el camino; si huyes de las tinieblas, ?l es la luz; si buscas comida, ?l es alimento? (San Ambrosio, De virginitate, 16,99).
Cristo nos es necesario porque ? como escrib?a el Papa Pablo VI cuando era Arzobispo de Mil?n ? ?Cristo es indispensable para nuestra relaci?n con Dios. Y puesto que de nuestra relaci?n con Dios depende nuestra salvaci?n eterna, depende nuestro juicio sobre la dignidad, sobre el destino de la vida y sobre la fraternidad del mundo, entonces Cristo es la clave de todo el sistema de pensamiento y de vida que en ?l se inspira? (Carta Pastoral para la cuaresma del 1995).
Cristo es el centro del plan divino de nuestra salvaci?n. Nosotros deseamos colocarlo en el centro de nuestra Conferencia para ser en verdad disc?pulos suyos y para llevarlo luego al coraz?n de los pueblos latinoamericanos.
En estos d?as trabajaremos juntos con la mirada puesta en Cristo, deseosos de hacer lo que ?l nos indique.
Esta Conferencia General desea servir a los hombres y a las mujeres que peregrinan en Am?rica Latina, sosteniendo a cada persona en su camino terreno e indicando al mismo tiempo la meta eterna, pues solo en ella se puede encontrar la plenitud del significado y del valor de los esfuerzos y las tribulaciones de nuestra vida cotidiana.
Deseamos trabajar por una revitalizaci?n religiosa de Am?rica Latina, convencidos que ella favorecer? la renovaci?n tambi?n en otros campos. De hecho, cuanto m?s vive el cristiano la propia fe, tanto m?s estar? en grado de cooperar con los otros hombres de buena voluntad en la promoci?n de un mundo m?s justo y humano.
La clave para afrontar con ?xito los desaf?os de hoy en Am?rica Latina est? en partir desde el coraz?n del cristianismo, es decir desde Cristo, rostro humano de Dios y rostro divino del hombre. Deseamos, por lo mismo, orientar el camino de nuestra vida siguiendo aquella estrella polar que se llama Jesucristo, Hijo de Dios y Redentor nuestro, buscando siempre ser fieles disc?pulos y testigos suyos. Deseamos actuar en plena comuni?n con el Vicario de Cristo y sucesor de Pedro.

2.La Liturgia de esta Misa hace memoria del Ap?stol San Mat?as
Como sabemos, Mat?as es el ?nico de los doce Ap?stoles no escogido directamente por Jes?s, sino por la primitiva comunidad cristiana para tomar el lugar del Ap?stol que hab?a traicionado al Se?or.
La primera lectura nos ha descrito c?mo sucedieron las cosas. Estamos inmediatamente despu?s de la Ascensi?n del Se?or al cielo, y antes de Pentecost?s. El procedimiento fue simple y bajo algunos aspectos fascinante.
El Ap?stol Pedro fija los criterios: es necesario ? dice Pedro ? escoger a uno que haya estado con nosotros todo el tiempo de la vida p?blica de Jes?s, de tal manera que pueda ser testigo de la resurrecci?n de Cristo (Hch 1,21-22).
En el grupo de los disc?pulos dos entraban en los criterios indicados por Pedro. Oraron al Se?or que conoce los secretos de los corazones, despu?s echaron a suerte y sali? elegido Mat?as, que fue agregado a los Once y se convirti? en el duod?cimo Ap?stol. ?l tambi?n dio testimonio del Se?or hasta derramar su sangre por ?l.

3.En el paso del Evangelio que ha sido proclamado recibimos de Cristo una doble invitaci?n que no nos puede dejar indiferentes. La primera invitaci?n es fuerte e incisiva en su formulaci?n: ?Manete in dilectione mea?, permaneced en mi amor.
Es la invitaci?n hecha por Cristo a sus Ap?stoles en el cen?culo, en aquella atm?sfera cargada de emotividad y de los sentimientos de la ?ltima cena.
La invitaci?n de Cristo a permanecer en su amor expresa la cumbre de las aspiraciones del Maestro Divino en relaci?n con sus Ap?stoles y con quienes a trav?s de los siglos continuar?an su obra.
Es la invitaci?n que Jes?s hace a cada uno de nosotros en esta ma?ana, mediante la feliz coincidencia de la liturgia de hoy.
Cultivar una profunda intimidad con Cristo, a trav?s de una aut?ntica relaci?n de amistad con ?l, alimentada por un verdadero esp?ritu de oraci?n y de escucha de su Palabra. ?sta es para todos nosotros la condici?n indispensable para ser realmente sus disc?pulos.
Es la respuesta l?gica al amor de Cristo por nosotros. Y es la actitud que debe ser caracter?stica no solo de quien ha sido llamado a ser Obispo, sacerdote, religioso o religiosa, sino tambi?n de cada uno de los verdaderos disc?pulos de Cristo.
El tiempo que dedicamos a Dios en la oraci?n es el tiempo mejor invertido.
La oraci?n es la condici?n primaria y m?s importante de nuestro empe?o en la gu?a pastoral espec?fica de nuestra misi?n por el bien de los dem?s y por el bien de la sociedad.
No debemos nunca pensar que el tiempo que dedicamos al di?logo con Cristo sea tiempo perdido para el servicio que debemos ofrecer a nuestros hermanos y hermanas. ?Aquello que se da a Dios ? dec?a Pablo VI ? no es nunca perdido para el hombre? (Ense?anzas, 1971, pag. 246).
La oraci?n es la fuente de la fecundidad de nuestras iniciativas pastorales y de nuestra entrega a los dem?s.
Mediante la oraci?n nosotros podemos obtener gracias y realizar aquello que con nuestras solas fuerzas ser?a imposible.
A este respecto, en una larga Quaestio sobre la oraci?n, Santo Tom?s explica que hay algunas cosas que podemos disponer y realizar porque entran en nuestras posibilidades, pero hay algunas otras que en cambio podemos realizar solamente si en la oraci?n lo pedimos a quien puede m?s que nosotros, es decir a Dios, para quien nada es imposible.

Blaise Pascal se preguntaba: ??por qu? Dios ha instituido la oraci?n?? y respond?a: ?Para permitir a sus criaturas la posibilidad de cooperar a sus obras? (Pensamientos, 513).
Dios no quiere actuar en las almas y en el mundo sin nuestra cooperaci?n: ?l desea con nosotros y a trav?s de nuestra oraci?n realizar aquello que va m?s all? de nuestra fuerza, de nuestra capacidad y de nuestra previsi?n humana.
?Manete in dilectione mea?, repite Jesucristo esta ma?ana a cada uno de nosotros. Permaneced en mi amor en el trabajo de estas semanas, sabiendo que yo os he amado primero y que ser?is reconocidos como mis disc?pulos si permanec?is en mi amor. Permaneced en mi amor en uni?n con la Iglesia, am?ndola en su realidad divina y humana, y teniendo confianza en ella.

4.La segunda invitaci?n que contiene el Evangelio que hemos escuchado es la del amor rec?proco. Es una invitaci?n expresada con palabras solemnes: ?Este es mi mandamiento: que os am?is los unos a los otros como yo os he amado? (Jn 15.12). Es un mandamiento exigente, pero es un amor inspirado y sostenido por el amor a Dios.
Son palabras que nos llevan al coraz?n mismo del cristianismo.
El amor es la fuerza capaz de cambiar el mundo. El amor es la energ?a constructora de un mundo mejor. Amor grande a nuestros sacerdotes como aquel de Cristo por los Ap?stoles. Amor a todos. Que nuestros corazones en estos d?as est?n abiertos a todos los hombres y a todas las mujeres, hermanas y hermanos nuestros, en particular a los m?s pobres y desvalidos, a los que m?s sufren. As? el disc?pulo de Cristo se convierte en constructor de la ?civilizaci?n del amor? inspirada en el mensaje del Evangelio y fundada en la justicia, la verdad, la libertad y la paz.

5.Que la Virgen Mar?a nos gu?e en este empe?o para que la fuerza de la fe y del amor se realicen efectivamente en la sociedad latinoamericana.
Hace algunos a?os visit? el Santuario Mariano de Monteberico, en Vicenza, Italia, y el Obispo de la di?cesis, quien me acompa?aba, me mostr? un fresco de un gran pintor Veneciano que representaba una escena sugestiva: los Ap?stoles que escuchan con atenci?n las ense?anzas de la Virgen y Ella que instruye y forma a los Ap?stoles. Aquel cuadro me llam? profundamente la atenci?n, m?s que por su grande valor art?stico, por la idea que expresaba: acudir a la escuela de la Virgen y ponerse a su escucha.
Queridos hermanos en el Episcopado, queridos hermanos y hermanas, realizamos nuestra V Conferencia General en este Santuario Mariano de Brasil. En estos d?as deseamos tambi?n nosotros, como los Ap?stoles, ponernos atentamente en disposici?n de escucha de la Sant?sima Virgen para aprender de ella a ser disc?pulos y misioneros de Cristo.
La Virgen Mar?a, que al inicio de la Iglesia, estaba con los Ap?stoles en oraci?n en el cen?culo, nos acompa?e tambi?n a nosotros en estos d?as benditos de nuestra Conferencia.
Que Nuestra Se?ora Aparecida, patrona de Brasil, sea tambi?n la patrona del trabajo de nuestra Conferencia que colocamos bajo su especial protecci?n.

Cardenal Giovanni Battista Re
Prefecto de la Congregaci?n para los Obispos
y Presidente de la Pontifica Comisi?n para Am?rica Latina
Cardenal Giovanni Battista Re (2007-05-15)
Publicado por verdenaranja @ 0:29  | Hablan los obispos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios