Jueves, 17 de mayo de 2007
Conferencia ?"Deus caritas est", un mensaje prof?tico? que pronunci? el arzobispo Paul Josef Cordes, presidente del Consejo Pontificio ?Cor Unum? por sugerencia de Benedicto XVI a los participantes en la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano el 12 de mayo.



1- Introducci?n
Desde su elecci?n, el Papa Benedicto XVI ha hablado frecuentemente de los problemas y de las necesidades con los que la humanidad se ve confrontada en la actualidad. Por ejemplo, ante los participantes de la 33? Conferencia de las Organizaciones de Alimentaci?n y Agricultura de las Naciones Unidas (FAO) en noviembre del 2005, el Papa lamentaba el contraste parad?jico entre los nuevos avances econ?micos, cient?ficos y tecnol?gicos y el constante aumento, por otro lado, de la pobreza. Critic? sin contemplaciones las instancias pol?ticas, las instituciones econ?micas y a los poderosos de la sociedad.

Con estas cr?ticas, el Papa se sit?a en la l?nea de una conocida e importante tradici?n en la Iglesia. A mediados del siglo XIX, a causa de la industrializaci?n, la miseria amenazaba con dominar al hombre en el mundo occidental. Ante tal panorama la Iglesia se hizo portavoz de los necesitados. El magisterio de la Iglesia reaccion? a trav?s de declaraciones vinculantes. Tanto Le?n XIII como P?o XI apelaron a la conciencia de sus contempor?neos a trav?s de enc?clicas, con el fin de ayudar a poner fin a tal situaci?n. As? surgi? la Doctrina Social de la Iglesia. Los siguientes pont?fices, los Papas Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II no quisieron tampoco guardar silencio frente a la constante miseria. Elevaron, por ello, su voz, interviniendo en la evoluci?n social de los pueblos. De la misma forma que las precedentes, la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano se integra con sus decisiones perfectamente en esta misi?n de la Iglesia universal. La ?S?ntesis de los aportes recibidos?, formulada como preparaci?n a este gran encuentro, anota con raz?n que el empe?o de la Iglesia por los pobres tendr?a que transformarse ?en una actitud permanente que se manifieste en opciones y gestos concretos? (nr. 224).

La denuncia de la miseria y la injusticia corresponde a la definici?n cient?fica que la nueva disciplina hace de s? misma, trascendiendo as? la dimensi?n estrictamente personal e individual. Tal denuncia apunta a mejorar las estructuras de la convivencia social. Sustancialmente se trata de corregir leyes insuficientes, problem?ticas o injustas. La Doctrina Social no se sirve tanto de llamadas al amor o de la petici?n de benevolencia y de misericordia, sino del derecho como medio de obtener m?s justicia, libertad y respeto por la dignidad humana.

Los cristianos ya practicaban el amor al pr?jimo mucho antes de la aparici?n de la Doctrina Social de la Iglesia y de su aplicaci?n concreta. El Hijo de Dios lo instituy? como el mandamiento principal de comportamiento entre los suyos, siendo ?l mismo testimonio de este amor. La Iglesia primitiva ve a Cristo como el Buen Samaritano de la par?bola, que asume todos los tipos de heridas y explotaci?n en todos los tiempos y lugares. En los Hechos de los Ap?stoles se dice de ?l: ?anduvo haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con ?l?. (Hch 10, 38) ?sta es la descripci?n inconfundible de Jes?s. Por eso la joven comunidad cristiana hizo tambi?n suyos el ejemplo y la misi?n de Jes?s. El Nuevo Testamento relata en diferentes lugares las formas concretas de ayuda espiritual y material. Los escritos posteriores al mismo reflejan de igual modo la continuidad de esta pr?ctica. As? la Didascalia exhorta al Obispo: ?Piensa en los pobres, t?malos de la mano y alim?ntalos?. Se encuentran indicios de dicha pr?ctica desde Justino, m?rtir, hasta Tertuliano. El amor al pr?jimo de los primeros cristianos era hasta tal punto provocador que los paganos se escandalizaban. Del Emperador Juliano El Ap?stata, nos llega el siguiente dicho: ?Esos galileos ateos no s?lo alimentan a sus propios pobres, sino tambi?n a los nuestros?.

A lo largo de los siglos, hombres y mujeres han conservado y vivido esta herencia del Se?or. Son los que llamamos santos. No nacieron con una aureola. La fascinaci?n que provocan se deb?a al hecho de que se consumieron hasta el final de sus vidas en un admirable y altruista amor al pr?jimo. Ellos podr?an constituir un aut?ntico y atractivo punto de referencia para la narraci?n de la historia de la Iglesia. Entre los que han sido elevados a los altares se encuentran fundadores y fundadoras de ordenes religiosas que se dejaron entusiasmar por el amor de Dios y llevados por un celo impresionante, reunieron en torno a s? hombres y mujeres con el mismo esp?ritu, trasmiti?ndoles su intenci?n de ganar almas para Dios.

2- El testimonio concreto de la caridad
Esta oleada de empe?o cristiano dej? sus huellas en la sociedad, aunque frecuentemente el mundo no haya comprendido que el amor cristiano ten?a su fundamento en Cristo. Algunas veces me parece que ninguno de los mandamientos del Se?or ha tenido un eco tan profundo en la Modernidad como el compromiso por ayudar a los necesitados. En el mundo occidental la aceptaci?n de este principio, al menos te?ricamente, se ha integrado en la cultura. S?lo en el a?o 2005, Caritas Internationalis tuvo a su disposici?n m?s de 245 millones de d?lares como ayuda para las cat?strofes, sobre todo a causa del Tsunami. ?C?mo no alegrarse por este hecho, aunque el dinero nunca sea suficiente?

Es llamativo que en el pasado la Iglesia muy raramente expusiera de manera detallada la obligaci?n de ayudar a los necesitados. El amor al pr?jimo no necesitaba de una justificaci?n especial. En la predicaci?n de la Iglesia, el imperativo del amor se reconoc?a directamente en el indicativo de la fe. El amor a Dios y al pr?jimo formaban una unidad en cuanto mandamiento doble, constituy?ndose a su vez para el cristiano en exigencia. Por otro lado, la feliz coyuntura de la filantrop?a en nuestros d?as ha tra?do consigo que sus ra?ces cristianas fueran olvidadas.

Un segundo cambio de situaci?n atrae nuestra atenci?n.

Hoy, en muchos pa?ses del ?Primer Mundo?, la acci?n caritativa llega a todos los campos y capas de la sociedad. Se relaciona con el derecho civil, con las obligaciones sociales, con la responsabilidad del estado. Desde la guarder?a hasta el asilo de ancianos la vida del hombre va acompa?ada de una asistencia organizada. As? en algunos pa?ses de Occidente, la Confederaci?n C?ritas creci? hasta llegar a ser una impresionante empresa de servicios. Aunque sea dif?cil de creer, C?ritas Alemana emplea 500.000 trabajadores profesionales, constituyendo as? la segunda mayor entidad patronal en Alemania despu?s del estado. El peso y la influencia de las instituciones caritativas cat?licas es considerable: C?ritas en Estados Unidos dispone anualmente, para asistencia a proyectos en pa?ses subdesarrollados, el as? llamado CRS (?Catholic Relief Services?), de un presupuesto de aproximadamente 400 millones de d?lares.

Por consiguiente, ?qui?n se admirar?a del hecho de que hoy el trabajo de C?ritas no sea concebible sin un elevado grado de profesionalidad? La utilizaci?n del dinero p?blico obliga a una exactitud burocr?tica, afectando tanto a la fundaci?n como al funcionamiento de todas las organizaciones caritativas. Los contratos y la ejecuci?n del trabajo, incluso la concesi?n de subsidios y su aplicaci?n, requieren de un particular seguimiento administrativo. Todo esto no es lamentable, sino que potencia la oportunidad de una ayuda efectiva.

3- La identidad cristiana de las organizaciones.
Naturalmente, el car?cter profesional del empe?o caritativo implica tambi?n su objetivaci?n, que por su parte puede tener como consecuencia en algunos un cambio de la motivaci?n. Si lo que cuenta es la acci?n en s? misma, se puede olvidar que esa acci?n tambi?n deber?a tener un significado m?s profundo: querer ser un signo de la bondad de Dios. El car?cter simb?lico de la ayuda se desvanece o se hace invisible. Pero si dicho car?cter de la buena acci?n se debilita o desaparece totalmente, se perder?a la dimensi?n fundamental de las obras sociales de la Iglesia. Las agencias cat?licas ser?an equivalentes a la Cruz Roja, a UNICEF: perder?an incluso su identidad cristiana.

Lamentablemente estos temores no han sido fruto de especulaciones de despacho, sino que se dan de manera contundente en la realidad. Para no perdernos en la multitud de posibles reparos, nos limitaremos a dos ejemplos concretos:

3.1.- Una de las mayores organizaciones caritativas del mundo cre? filiales en los pa?ses m?s pobres con personal propio, constituyendo ?stas en muchos de los casos un obst?culo al trabajo de la Iglesia local, m?s que su fortalecimiento. As?, por ejemplo, en los Balcanes, el Cardenal Puljić, Arzobispo de Sarajevo, en Bosnia, me hizo saber que diez de once colaboradores de una agencia cat?lica eran musulmanes. Su actividad refleja la estrategia de su religi?n de islamizar el pa?s. Con sus acciones persegu?an una intenci?n secundaria, la represi?n de los cristianos del pa?s.

3.2.- En el balance oficial de las peticiones de proyectos enviados a la C?ritas de un peque?o pa?s europeo constaba la entrada de una solicitud de subsidio para el ?V Congreso de feministas lesbianas de Am?rica Latina y el Caribe?. A?n cuando no pueda asegurar si dicha subvenci?n fue aprobada o no, el hecho de que se haya tratado en una agencia cat?lica es sorprendente.

Estos hechos problem?ticos no deben llevarnos a olvidar todo lo bueno de las Organizaciones caritativas de la Iglesia, sino que tan s?lo muestran el porqu? una exposici?n teol?gica precisa y vinculativa del papel de C?ritas en la Iglesia no es superflua.

La situaci?n descrita requiere, desde hace mucho tiempo, un posicionamiento cualificado, con el fin de que las organizaciones eclesiales de ayuda conserven sus ra?ces cristianas. A?n cuando la beneficencia aparente sea un factor de la cultura occidental, no por ello los cristianos deben bajar la guardia. Los creyentes tendr?n que ocuparse de la especificidad de la C?ritas cristiana, es decir, en cierto sentido de preservar su identidad, de modo que ?sta se presente y siga present?ndose con su perfil t?pico de forma reconocible en medio de la pluralidad de agencias de ayuda humanitaria.

4- Martyria, Leiturgia y Diakonia
?Cuales son los datos eclesiol?gicos que deben ser considerados de manera prioritaria?

En la visi?n eclesial, la teolog?a articula la misi?n fundamental de la Iglesia en: Martyria, Leiturgia y Diakonia. La teolog?a explica que aunque estos campos sean diversos, en la vida eclesial concreta no pueden presentarse aislados, sino que deben estar ?ntimamente relacionados. Martyria, Leiturgia y Diakonia muestran la faz visible de la misi?n eclesial, su triple rostro. ?stas necesitan de una ?smosis, tanto en lo que concierne a la misi?n de la Iglesia en su conjunto, como a la vida de cada enviado, a?n cuando el cuerpo de Cristo tenga muchos miembros y los servicios de la Iglesia sean diversos. Pues s?lo la predicaci?n que se puede explicitar en el servicio al pr?jimo y celebrar en el culto divino transmitir? al hombre la salvaci?n plena. Esta ?smosis no significa que la caridad se pierda en el empe?o por la justicia en el mundo. Diacon?a y Pastoral Social deben diferenciarse ya que poseen diversos fines. Ambas meten sus ra?ces en el amor que viene de Dios, pero mientras la Pastoral Social est? inspirada en la Doctrina Social de la Iglesia, la caridad encarna todo el patrimonio de la Escritura y de la historia de la salvaci?n sobre el amor divino.

Al ocuparse nuestro Dicasterio Cor Unum de la praxis del amor al pr?jimo como misi?n de la Iglesia, Juan Pablo II me hab?a pedido que le proporcionara un trabajo preparatorio para un escrito magisterial acerca del amor al pr?jimo. En un primer esbozo pens? en una presentaci?n inductiva del tema: la referencia al humanismo aceptado en toda la cultura occidental, las muchas iniciativas de Estado e Iglesia, el fundamento del amor al pr?jimo en Dios. Pero en la fase final del pontificado del Papa Wojtyla la elaboraci?n del texto se retras?. As?, me dirig? al Cardinal Ratzinger, que ley? y corrigi? los trabajos preparatorios. Una vez ya elegido Papa me pregunt? en uno de nuestros primeros encuentros: ??Y qu? suceder? con la enc?clica??. Poco tiempo despu?s, me hizo saber que se hab?a decidido por el tema de la ?Caritas?. Ahora bien, no se limit? a mi borrador, sino que cambi? todo radicalmente. Todo aquel que conozca la forma de escribir del Santo Padre, descubre que todo el texto es inconfundiblemente ?estilo Ratzinger?. La enc?clica comienza con una formulaci?n teol?gica de peso empleando la afirmaci?n principal: ?Dios es Amor?. De este modo, manifiesta tanto en el orden temporal, como en la escala de valores, el primado absoluto de aquel ?que nos am? primero?.

5- ?Deus caritas est ? Dios es amor?
Ahora bien, se podr?a interpretar el mencionado cambio de los an?lisis magisteriales llevados a cabo por el Papa, de una forma puramente met?dica: en efecto, el te?logo Ratzinger prefiere el m?todo deductivo de explicaci?n al inductivo. Pero esta interpretaci?n desconoce el impulso b?sico del nuevo Papa. Sus homil?as y catequesis son una demostraci?n del apremio de estar situado constantemente rumbo a Dios. Su perspectiva est? determinada por el teocentrismo. No se cansa de hablar acerca del Padre celestial, de su Hijo Jesucristo y de la fuerza creativa del Esp?ritu Santo.

Queridos hermanos: doy gracias a Dios de poder hoy, con vosotros, en esta ocasi?n ?nica, dar un nuevo impulso a la primera enc?clica de nuestro Papa. No era ?como pod?is imaginaros- f?cil obtener este momento de reflexi?n. He tenido que luchar un poco. Pero me confirmaba el mismo Santo Padre, el cual desea fervientemente la difusi?n de este documento ?Deus Caritas est?. Recientemente ?hace cosa de un mes- durante su visita apost?lica a la tumba de San Agust?n, en Pav?a, afirmaba: ?...aqu?, ante la tumba de san Agust?n, quisiera volver a entregar idealmente a la Iglesia y al mundo mi primera enc?clica, que contiene precisamente este mensaje central del Evangelio: Deus caritas est, "Dios es amor" (1 Jn 4, 8. 16). Esta enc?clica, y sobre todo su primera parte, debe mucho al pensamiento de san Agust?n, que fue un enamorado del amor de Dios, y lo cant?, medit?, predic? en todos sus escritos, y sobre todo lo testimoni? en su ministerio pastoral .../... Estoy convencido de que la humanidad contempor?nea necesita este mensaje esencial, encarnado en Cristo Jes?s: Dios es amor. Todo debe partir de esto y todo debe llevar a esto: toda actividad pastoral, todo tratado teol?gico. Como dice san Pablo: "Si no tengo caridad, nada me aprovecha" (cf. 1 Co 13, 3). Todos los carismas carecen de sentido y de valor sin el amor; en cambio, gracias al amor todos ellos contribuyen a edificar el Cuerpo m?stico de Cristo?.

Es realmente sorprendente que esta es la noticia que quiere ser escuchada por los hombres de hoy. El eco al documento papal fue inesperadamente positivo produciendo casi siempre una gran acogida. As? nos lo recuerdan al menos dos citas de la prensa:

En uno de los peri?dicos m?s importantes de Alemania, se pod?a leer: ?Nunca antes un Papa hab?a escrito una extensa instrucci?n sobre el amor humano de forma tan sensible y po?tica al mismo tiempo que teol?gica como lo ha hecho Benedicto XVI, al definir el amor como un ?hundirse en la embriaguez de la felicidad??

Jan Ross, del semanario ?Die Zeit ?, delimit? escandalosamente los desaf?os eclesiales contra la enc?clica cuando escribe: ?Joseph Ratzinger es conservador, pero en el fondo no es ning?n predicador moralista: le interesa una visi?n global, el n?cleo esencial del cristianismo?. (26.01.06)

Incluso en la ?Front-Page? del ?New York Times? ?peri?dico no precisamente benigno con la Iglesia Cat?lica? escribi? un comentario decididamente positivo. Cuando preparaba esta conferencia, me alegr? al encontrar tambi?n en el documento de ?S?ntesis? preparatorio de este encuentro, diversas referencias a la enc?clica.

Quien a la luz de la enc?clica del Papa reflexione sobre la causa de la enfatizaci?n que el Papa hace de las ra?ces creyentes del amor al pr?jimo, descubrir? en todo ello, m?s que una directiva pastoral. El Papa se acerca, de esta forma, en el ?mbito de la ayuda a una problem?tica que hasta ahora todav?a no hab?a sido articulada. ?l va m?s all? de iniciativas y programas, pues, juntamente a la ayuda, pretende ocuparse tambi?n de la persona que ayuda. Aqu? encontramos una fuerza motriz que no debe ser ignorada, al abrir ?sta una nueva forma de ver la lucha contra la miseria. Hasta ahora, en el campo del compromiso cristiano, los objetivos de la diacon?a eclesial pose?an una formulaci?n objetiva como normas e imperativos pr?cticos. El Papa Benedicto se dirige ahora de una forma m?s calculada y detallada de lo que ha sido costumbre, a los sujetos de las actividades.

6- L?mites de la obligaci?n jur?dica
La Doctrina Social de la Iglesia sirve ? como se dijo al inicio ? a la propagaci?n de leyes estatales, para que llegue a darse un orden social justo. La doctrina social quiere motivar el cambio de opini?n en aquellos a los que les ha sido confiada la toma de decisiones. ?sta se muestra orientada a lo ajeno, pudiendo por ello causar el malentendido, de que sean los otros los que deban cambiar. Existen algunos representantes de la Iglesia que aspiran con ansia a la multiplicaci?n de su poder social y se inmiscuyen en la responsabilidad pol?tica, para poder as? exigir a otros sus propios objetivos.

El Papa Benedicto hace constar en su enc?clica que no es tarea de la Iglesia imponer pol?ticamente la doctrina social.

En una correcta Teolog?a de la caridad, no est? presente esa tentaci?n de la precedente orientaci?n a algo que se encuentra fuera de mi persona. Instrucciones sobre C?ritas valen tanto para la espiritualidad como para el actuar de los empleados. ?stas son en primer lugar una exigencia al propio yo, en tanto que provienen directamente de una adhesi?n personal a Dios y buscan a menudo la uni?n comunitaria o la asociaci?n.

De manera inequ?voca se da una diferencia entre el car?cter obligatorio de la doctrina social y la instrucci?n caritativa de la Iglesia. La primera tiene en cuenta las estructuras que hacen posible y exigen la conducta moral, la ?ltima se refiere al coraz?n de cada cristiano, para que ?ste constituy?ndose en fuerza motriz impulse tanto a los individuos como a la comunidad de fe hacia las buenas obras con los necesitados.

La diferencia expuesta no disminuye de ninguna manera el car?cter vinculante del empe?o social. Benedicto XVI en su reciente y famoso libro ?Jes?s de Nazaret? pone en guardia de los fieles ?piadosos? que pretenden huir de la defensa de los derechos, haciendo obras de caridad. Escribe en el mencionado libro: ?La gu?a social es una gu?a teol?gica y la gu?a teol?gica tiene un car?cter social. El amor a Dios y el amor al pr?jimo, no se pueden escindir?. Por otra parte, no se pueden identificar los deberes pedidos por la Doctrina Social de la Iglesia con el rico patrimonio b?blico vivido por los testigos de la Caridad y no distinguir las propias caracter?sticas de ambos.

7- Para una espiritualidad diaconal
Una lectura atenta del texto papal hace constar que el Papa Benedicto pretend?a algo m?s que a?adir una nueva enc?clica a las ya existentes para mejorar la justicia en el mundo. Ciertamente busca este fin, pero proporciona algunas indicaciones, que van dirigidas especialmente a los colaboradores de las grandes agencias cat?licas de ayuda. Merecen ser tomadas en consideraci?n para su educaci?n previa y asimismo para los voluntarios del servicio eclesial. ?stas introducen medidas inspiradas por el tema ?amor?. Por una parte, se dirigen a la persona del pr?jimo desfavorecido. ?ste necesita, con palabras de la Enc?clica, ?siempre algo m?s que una atenci?n s?lo t?cnicamente correcta?. Adem?s, necesitar?a de ?humanidad?, de ?atenci?n cordial? (31a). Para el encuentro con ?l, se requieren tambi?n arraigo en la fe e intimidad con Dios. Muchas veces al desvalido le falta algo m?s que comida y bebida, habitaci?n y salud, porque ?la ra?z m?s profunda de su sufrimiento es precisamente la ausencia de Dios? (31c).

A continuaci?n, el Papa delimita algunas palabras claves, que son esenciales a la espiritualidad diaconal, que desgraciadamente por falta de tiempo, no puedo tratar. Sin embargo, ?stas constituyen el punto de referencia para algo fundamentalmente nuevo en la doctrina de la ayuda humanitaria, que yo quisiera calificar como cambio de paradigmas.

A trav?s de los siglos, un gran n?mero de ?rdenes religiosas se han sentido obligadas a combatir en algunos pa?ses del mundo occidental contra la pobreza y la miseria. Hombres y mujeres compasivos hicieron suyo el sufrimiento de sus contempor?neos en diversos pa?ses de Europa. En Alemania, en el a?o 1910, 700.000 hombres y mujeres se encontraban al servicio de Cristo en obras de car?cter caritativo. ?stos se beneficiaban de una cercana direcci?n espiritual, tanto a lo largo de su preparaci?n con el fin de ingresar en la orden religiosa, como despu?s durante el acompa?amiento continuo recibido como miembros de la misma. De esta forma, se encontraban dotados de las armas necesarias para no caer en la tentaci?n de tratar su trabajo desde un punto de vista exclusivamente t?cnico-administrativo. Los cristianos que no pertenec?an a una orden religiosa, pero que se un?an a ?stas como voluntarios, eran inspirados tanto por aquellos que aparec?an como verdaderos testigos de la fe, como por la influyente vida comunitaria y por las correspondientes asociaciones.

Hoy la superaci?n de la miseria humana se presenta esencialmente m?s complicada que en tiempos pasados. Abordarla significa dedicarse a diferentes tareas pol?ticas, ecol?gicas, sanitarias, antropol?gicas. Todo eso exige una gesti?n correcta, con una formaci?n adecuada, que implica tambi?n la elaboraci?n de los cursos y ex?menes correspondientes.

Sin embargo, en nuestros d?as no se puede renunciar ni simplemente suponer ?a priori? el fundamento de la fe o el testimonio cristiano de los actores de la filantrop?a eclesial. Al constituir la diakonia una de las tres misiones fundamentales de la Iglesia y al encontrarnos hoy inmersos en una cultura donde la filantrop?a ha sido admitida de modo general, nos vemos ante la obligaci?n de ponernos nuevamente en marcha.

Como hasta ahora se ha venido haciendo, el Papa Benedicto XVI apremia a los miembros de la Iglesia tanto a comprometerse por la lucha contra la miseria en el mundo, as? como a formular objetivos eficaces y a desear su realizaci?n. Al mismo tiempo, con vistas al ayudar, se impone un cambio de paradigmas: frente a un mundo transformado tiene que a?adirse a estos programas y proyectos una segunda dimensi?n: las personas, que en el nombre de la Iglesia dan el testimonio del amor de Dios, tienen que ser formadas e impregnadas por la fe. En la orientaci?n a la fe de los voluntarios cristianos se decide lo espec?fico en la lucha contra la miseria, aquello que s?lo la Iglesia puede ofrecer a la humanidad. En el compromiso social de la Iglesia se presenta la necesidad de actuar. Por ello les corresponde a los pastores de la Iglesia la responsabilidad. A ellos se les sugiere una recepci?n favorable del impulso ofrecido por la enc?clica.

8- La tarea central del Obispo

Concluyendo:

En la enc?clica ?Deus caritas est? el Papa Benedicto ense?a sin rodeos la responsabilidad ?ltima del Obispo con la misi?n diaconal de la Iglesia. Naturalmente, el pastor de una di?cesis se debe dejar ayudar en esta tarea; pero no la puede confiar a trav?s de una delegaci?n, por muy capaces que sean sus colaboradores. Corresponder a dicha responsabilidad emana del ser de la ordenaci?n episcopal. El documento del Papa lo expresa literalmente: ?En las reflexiones precedentes se ha visto claro que el verdadero sujeto de las diversas organizaciones cat?licas que desempe?an un servicio de caridad es la Iglesia misma, y eso a todos los niveles, empezando por las parroquias, a trav?s de las Iglesias particulares, hasta llegar a la Iglesia universal... Adem?s, es propio de la estructura episcopal de la Iglesia que los Obispos, como sucesores de los Ap?stoles, tengan en las Iglesias particulares la primera responsabilidad de cumplir, tambi?n hoy, el programa expuesto en los Hechos de los Ap?stoles. (cf. 2, 42-44)? (nr. 32).

Cuando en noviembre del a?o pasado intentaba transmitir esta aclaraci?n del Papa a los obispos alemanes en su visita ad-limina, encontr? alguna oposici?n. Las Iglesias del llamado Primer Mundo, poseen asociaciones que se dedican a combatir la pobreza, las cuales muestran un cierto comportamiento aut?nomo. Los Obispos de las Di?cesis que reciben las ayudas, son llamados a mantener y desarrollar la comuni?n y el dialogo con los Obispos de los pa?ses donantes. A los Pastores les corresponde una funci?n de vigilancia, no siempre f?cil de realizar. Pero, ?c?mo se va a poder combatir la secularizaci?n global sin pastores valientes?

Con la acentuaci?n de la responsabilidad episcopal para la diacon?a no se pretende apoyar un nuevo clericalismo. Por el contrario, tomando como base la nueva enc?clica, se trata de ayudar a la recta teolog?a en todo el mundo ? tambi?n en lo referente a las grandes obras de caridad. Es el sacramento del orden, en el cual se pide y se confiere a trav?s de la imposici?n de manos al Obispo la plenitud del Esp?ritu Santo para la predicaci?n, el servicio divino y el gobierno de la Iglesia. As? adquiere ?l la ?ltima responsabilidad para las tres misiones de la Iglesia. De la misma manera, como no la puede delegar para la predicaci?n y la liturgia, tampoco para la diacon?a. Tal reorientaci?n teol?gica debe ser respetada en primer lugar por todos los que se ocupan de la diacon?a individualmente o en las instituciones: ?stos no pueden ponerse por encima de la ?ltima responsabilidad del Obispo.
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