Jueves, 17 de mayo de 2007
Presentaci?n del Cardenal Jorge M Bergoglio en la V Conferencia General del Episcopado de Latino Am?rica y el Caribe.

Argentina: una mirada general


El marco social

Lo primero que cabe se?alar es que nuestro pa?s y por lo tanto nuestra Iglesia entra, en mayor o en menor medida, dentro de las generales de la ley de lo que vive nuestro continente latinoamericano. Estamos dejando atr?s una ?poca y comenzando una nueva en la historia de la humanidad. Este cambio epocal se ha generado por los enormes saltos cualitativos, cuantitativos, acelerados y acumulativos que se dan en el desarrollo cient?fico, en las innovaciones tecnol?gicas y en sus aplicaciones muy r?pidas y variadas en distintos campos de la naturaleza y de la vida. Estamos en la era del conocimiento y la informaci?n. Quien posea y maneje estos dos elementos es due?o del poder.

Esta nueva realidad de las ciencias y tecnolog?as de informaci?n e intercomunicaci?n cibern?tica favorece el desarrollo globalizado del universo financiero, de la econom?a, de la producci?n y del mercado, principalmente dentro del nuevo orden econ?mico mundial, de perfil neoliberal, de mercado libre y abierto. Esta globalizaci?n, como ideolog?a econ?mica y social, ha afectado negativamente a nuestros sectores m?s pobres. Las injusticias y desigualdades son cada vez mayores y m?s profundas. Todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del m?s fuerte, en el que el poderoso se come al m?s d?bil. Como consecuencia de esta situaci?n grandes masas de la poblaci?n se ven excluidas y marginadas.

Ya no se trata simplemente del fen?meno de la explotaci?n y opresi?n, sino de algo nuevo: con la exclusi?n queda afectada en su misma ra?z la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se est? en ella abajo, en la periferia o sin poder, sino que se est? fuera. Los excluidos no son ?explotados? sino ?sobrantes?.

Se ha generado una cultura dualista donde lo que parece m?s moderno y progresista convive al lado de lo m?s antiguo y miserable. Esta cultura tiene como horizonte una visi?n individualista y un af?n consumista en el que predomina una preocupaci?n econ?mica. Por consiguiente, somos testigos de una profunda crisis de valores y de las instituciones tradicionales. Esto trae como consecuencia el hecho de que en estos ?ltimos a?os observamos un fortalecimiento de algunas expresiones de sub culturas minoritarias que, copiando modelos del primer mundo, reclaman p?blicamente el reconocimiento de sus derechos.

En la cultura predominante de corte neoliberal, lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo r?pido, lo superficial ocupan el primer lugar y lo real cede el lugar a la apariencia.

La globalizaci?n ha significado un acelerado deterioro de las ra?ces culturales con la invasi?n de las tendencias pertenecientes a otros ethos culturales manifestada en el tipo m?sica, negocios de comida, centros comerciales, medios de comunicaci?n, etc.

Por todo esto, con dolor no dejamos de preguntarnos si de verdad a?n existe una identidad y solidaridad como pueblo que vaya m?s all? de ciertas ideolog?as ?ocasionalistas?.

Tambi?n resulta preocupante la ausencia de ideas, ya que se busca m?s bien una asimilaci?n de lo ya establecido globalmente y ajeno a la propia idiosincrasia para superar la falta de creatividad y de visiones.

La situaci?n de la Iglesia en nuestro pa?s


El substrato cat?lico de nuestra cultura es una realidad viva. Encontramos en amplios sectores de nuestro pueblo, sobre todo en los m?s necesitados, una reserva moral que guarda valores de aut?ntico humanismo manifestados en la solidaridad, la reciprocidad, la participaci?n ofreciendo verdaderos espacios de vida comunitaria. No podemos sin embargo desconocer tambi?n sus debilidades: el machismo, el alcoholismo, el excesivo temor al castigo divino, la superstici?n, la creencia en la mala suerte y en el fatalismo que incluso hace recurrir a la brujer?a.

La tradici?n cat?lica de nuestro pueblo se enfrenta hoy con el desaf?o del pluralismo religioso y de la proliferaci?n de movimientos religiosos. La multiplicaci?n de estos movimientos es, por una parte el resultado de una reacci?n del sentimiento religioso frente a la sociedad materialista, consumista e individualista; y por otra parte un aprovechamiento de las carencias de la poblaci?n que vive en las periferias y zonas empobrecidas, de aquellos que se encuentran en medio de dolores humanos grandes y buscan soluciones inmediatas para estas necesidades. Estos movimientos religiosos se caracterizan por su sutil penetraci?n viniendo a llenar, dentro del individualismo imperante, un vac?o dejado por el racionalismo secularista. Esta ?espiritualidad? est? centrada en la b?squeda de un bienestar individual, que niega el sufrimiento como parte de la vida, recurre a la autoayuda o al seudo milagro para alcanzar sus metas, sin un ulterior compromiso con la sociedad.

En necesario que reconozcamos que si parte de nuestro pueblo bautizado no experimenta su pertenencia a la Iglesia se debe, en muchos casos, a una evangelizaci?n superficial de gran parte de la poblaci?n, un catolicismo de tradici?n sin catequesis ni vida sacramental; y tambi?n por la existencia de estructuras y clima poco acogedor en algunas de nuestras parroquias y comunidades; y, en algunos sitios, de una liturgia eminentemente intelectual y verbal y una actitud burocr?tica para dar respuesta a los problemas complejos de la vida de los hombres de nuestro pueblo.

La secularizaci?n

El proceso de secularizaci?n tiende a reducir a la fe y a la Iglesia Cat?lica al ?mbito de lo privado y de lo ?ntimo. El secularismo, al negar toda trascendencia ha producido una creciente deformaci?n ?tica, un debilitamiento del sentido de pecado personal y social, un progresivo aumento del relativismo moral que ocasionan una desorientaci?n generalizada, especialmente en la etapa de la adolescencia y juventud tan vulnerable a los cambios.

Los obispos en el a?o 1990 en el documento ?L?neas pastorales para la nueva Evangelizaci?n? se?al?bamos dos grandes desaf?os: ?el secularismo como un fen?meno que ?afecta directamente a la fe y a la religi?n al dejar de lado a Dios? y ?una justicia largamente esperada?. Esto tiene una consecuencia para la vida social: ?Al prescindir de Dios se despoja al hombre de su referente ?ltimo y los valores pierden su car?cter de tales, convirti?ndose en ?dolos que terminan degrad?ndolo y esclaviz?ndolo?. En el segundo, el tema central era la justicia: ?a los argentinos se nos presenta el desaf?o de superar la injusticia, construyendo una patria de hermanos mediante la solidaridad y el sacrificio compartidos?.

Trece a?os despu?s la situaci?n se torn? m?s grave y los obispos presentamos en el documento ?Navega mar adentro? un solo desaf?o: la crisis de la civilizaci?n y la cultura. De ?ste se siguen otros cuatro relacionados con dicha crisis: ?la b?squeda de Dios?, ?el esc?ndalo de la pobreza y la exclusi?n social?, ?la crisis del matrimonio y la familia? y ?la necesidad de una mayor comuni?n?.

Para los obispos esto no significa que los desaf?os anteriores hayan desaparecido. En efecto, ?el secularismo? est? planteado en el punto ?la b?squeda de Dios?; y la ?justicia largamente esperada? est? presente en ?el esc?ndalo de la pobreza y la exclusi?n?. El desaf?o radical y englobante que se nos presenta es la profunda crisis de valores de la cultura?.

A pesar de toda esta corriente secularista en nuestra patria, la Iglesia Cat?lica goza ante la opini?n p?blica de ser una instituci?n cre?ble, confiable en lo que respecta al ?mbito de la solidaridad y de la preocupaci?n por los m?s carenciados de todo tipo.

Son esperanzadoras las experiencias de dialogo y labor ecum?nicas con las Iglesias hist?ricas y las comunidades evang?licas serias, en vistas al sost?n y acompa?amiento del pueblo en momentos cr?ticos que, partiendo del plano econ?mico, han tenido repercusiones en el social y en la convivencia ciudadana. Durante la crisis que afect? al pa?s a partir del a?o 2001 la Iglesia Cat?lica tuvo gran importancia como creadora y moderadora del dialogo ciudadano. Esto pone de manifiesto la confiabilidad que muestra, fruto de la libertad frente a todo tipo de partidismo o ideolog?a.

En los ?ltimos a?os se han implementado mayores estructuras de comuni?n y participaci?n mediante los planes pastorales de conjunto, asambleas pastorales y s?nodos diocesanos. A pesar de la irreligiosidad reinante las parroquias, las capillas en las zonas perif?ricas, las comunidades eclesiales de base atendidas por di?conos permanentes, religiosas y religiosos o laicos siguen manteni?ndose como espacio de comuni?n, participaci?n, socializaci?n, aut?ntica evangelizaci?n y catequesis, y pr?ctica de los ministerios laicales.

Los laicos

Sin lugar a dudas ha crecido la conciencia de la identidad y la misi?n del laico en la Iglesia. Se cuenta con un numeroso laicado, aunque no suficiente, con arraigado sentido de comunidad y una gran fidelidad en el compromiso de la caridad, la misi?n, la catequesis y el apostolado. Pero, la toma de conciencia de esta responsabilidad laical que arranca del bautismo no se manifiesta de la misma manera en todas partes; en algunos casos porque no se encuentran debidamente preparados para asumir responsabilidades; en otros porque no encuentran espacio en sus Iglesias particulares para poder expresarse y actuar a ra?z de un excesivo clericalismo que los mantiene al margen de las decisiones y de una participaci?n m?s activa.

Si bien es cierto que hay una mayor participaci?n de muchos laicos en los ministerios laicales, este compromiso no se refleja en la penetraci?n de los valores cristianos en el mundo social, pol?tico y econ?mico, sino que se limita muchas veces a las tareas intraeclesiales sin un compromiso real por la aplicaci?n del Evangelio a la vida y transformaci?n de la sociedad.

La formaci?n de laicos y la evangelizaci?n de los grupos profesionales e intelectuales constituyen un verdadero desaf?o pastoral prioritario y urgente. La evangelizaci?n de los nuevos grupos emergentes de la modernidad y en situaci?n urbana presentan un contexto novedoso porque la gran parte de ellos no han cambiado ni abandonado a la Iglesia sino nacieron fuera de ella.

La pastoral juvenil

La pastoral juvenil, tal como est?bamos acostumbrados a llevarla adelante ha sufrido el embate de los cambios sociales, y los j?venes, en las estructuras habituales, muchas veces no encuentran respuestas a sus inquietudes, necesidades, problem?tica y heridas. La proliferaci?n y crecimiento de asociaciones y movimientos con caracter?sticas predominantemente juveniles pueden ser interpretados como una acci?n del Esp?ritu que abre caminos nuevos acordes a sus expectativas y b?squedas de espiritualidad profunda y de sentido de pertenencia m?s concreto. Se hace necesario, sin embargo, ahondar en la participaci?n de ?stos en la pastoral de conjunto de la Iglesia, as? como a una mayor comuni?n entre ellos y una mayor coordinaci?n de la acci?n.

Si bien es dif?cil abordar a los j?venes, se est? creciendo en dos aspectos: la conciencia de que es toda la comunidad la que los evangeliza y la urgencia de que ellos tengan un protagonismo mayor que les permita valorar y descubrir el sentido de sus vidas.

Prueba de ello es la participaci?n que tienen los j?venes en grupos de servicio y de misi?n y en diversas experiencias misioneras en las di?cesis propias como tambi?n de colaboraci?n con otras di?cesis.

Las vocaciones

Las vocaciones sacerdotales han decrecido y las que hay son, a veces, s?ntoma de una sociedad cambiante y superficial. Tambi?n influye la falta de espacio interior de muchos j?venes para buscar la propia vocaci?n por la necesidad de encontrar salidas inmediatas que los lleven a solucionar problemas econ?micos apremiantes. En otros casos la ausencia de fervor apost?lico en las comunidades no siempre entusiasman para suscitar vocaciones.

Pero, a pesar de la escasez vocacional, se tiene m?s clara conciencia de la necesidad de una mejor selecci?n de los candidatos al sacerdocio. Se han creado instancias eclesiales para la promoci?n, acompa?amiento y formaci?n de las vocaciones, como as? tambi?n para el sostenimiento espiritual y la formaci?n permanente durante los primero a?os del ministerio. En las ?ltimas generaciones se comprueba una fragilidad y una falta de consistencia, que lleva en algunos casos a la deserci?n del ministerio al poco tiempo de ordenados.

El clero diocesano y los religiosos

En la formaci?n sacerdotal inicial, y en la permanente, se est? haciendo mayor hincapi? en el campo afectivo para que, con la madurez humana y cristiana, se viva con equilibrio, alegr?a y con un sentido de donaci?n el celibato sacerdotal. Advertimos como una luz en esta realidad, entre los miembros del clero diocesano y de la vida religiosa, el deseo de vivir una espiritualidad m?s radical en el servicio pastoral, y tambi?n generosidad para la inserci?n y la elecci?n de trabajos en situaciones pobres o dif?ciles.

La escasez de ministros ordenados en amplias zonas de nuestro pa?s pone de manifiesto la generosidad y el trabajo arduo y abnegado de muchos sacerdotes y religiosos.

Es de valorar el celo evangelizador, caracterizado por la creatividad pastoral, el esp?ritu misionero y la cercan?a a los m?s alejados. Se crece en la valoraci?n de la fraternidad sacerdotal, de la vida en austeridad y la preocupaci?n por los m?s pobres. A diferencia de otros momentos de nuestra historia, no hay excesivas acentuaciones ideol?gicas ya sea de izquierda como de derecha y existe un extendido respeto y fidelidad al Magisterio de la Iglesia.

Las sombras se manifiestan en el aislamiento en el que muchos se envuelven, en la b?squeda de realizaciones personales a trav?s de la Iglesia y en el sedentarismo y aburguesamiento de otros. Si bien no es lo m?s general, en algunos lugares hay pocos que hacen mucho y muchos que hacen poco.

La inestabilidad y falta de permanencia de muchos religiosos y religiosas tiende a constituir un problema pastoral. Tambi?n se ve la necesidad de una mejor articulaci?n con los institutos y congregaciones dedicados a la educaci?n en el trabajo pastoral diocesano.

Esto nos llama a seguir trabajando para lograr la colaboraci?n de todos en la pastoral de conjunto que supere protagonismos, individualismos y los efectos de la falta de estabilidad. El diaconado permanente es una realidad en constante expansi?n en algunas di?cesis y se estima su significativa contribuci?n, aunque se reconocen todav?a algunas dificultades para una adecuada y equilibrada ubicaci?n pastoral en el quehacer de la Iglesia.

La conferencia Episcopal

Con una extensi?n territorial tan vasta como la que posee la Argentina con tipos culturales tan diversos no resulta f?cil la implementaci?n de pol?ticas pastorales que concilien lo diverso. Sin embargo la Conferencia Episcopal ha ido creciendo como referente real y promotora concreta de la pastoral a nivel nacional a trav?s de grandes l?neas evangelizadoras. Tambi?n ha acentuado su presencia desde una labor de iluminaci?n y orientaci?n en los problemas sociales y morales por los que atraviesa nuestra sociedad. En repetidas ocasiones ha servido de mediadora en favor de la soluci?n de problemas que afectan la paz, la concordia, la tierra, la defensa de la vida, los derechos humanos, los derechos c?vicos etc..

La parroquia

La parroquia, sigue siendo la referencia pastoral concreta y actual. Se descubre su necesidad de organicidad y comuni?n en la labor pastoral junto con otras instancias pastorales. En las parroquias se observa una b?squeda de la vivencia del sentido comunitario de la Iglesia. La organizaci?n de las regiones pastorales, vicar?as, decanatos han ayudado mucho para llevar adelante planes org?nicos de pastoral. Pero no se puede dejar de reconocer que, en algunos casos en el ?mbito parroquial, se sigue dando el predominio de lo administrativo sobre lo pastoral, as? como la sacramentalizaci?n sin evangelizaci?n.

Pastoral familiar

La familia atraviesa una crisis profunda y la respuesta de la pastoral familiar, conyugal y prematrimonial, resulta insuficiente. En la sociedad el matrimonio como sacramento ha perdido mucho valor. Un desaf?o para los pastores y los agentes de pastoral es el de algunas situaciones matrimoniales impedidas de recibir el sacramento del matrimonio y de la Eucarist?a: ayudarlos participar de la vida de la Iglesia. Otras veces, que pudiendo recibirlo y no lo han recibido, animarlos y acogerlos en la parroquia para que puedan hacerlo. La catequesis familiar ha sido un aporte muy importante en la vinculaci?n de las familias a la vida de la Iglesia, pero est? en crisis.

Catequesis

La pastoral de catequesis sigue siendo un medio privilegiado para transmitir y vigorizar la fe de la comunidad. La catequesis en nuestro pa?s es uno de los pilares de la acci?n pastoral y se experimenta como momento esencial del proceso evangelizador. Los intentos y trabajos de los ?ltimos a?os tratan de no limitarse a fomentar el modelo tradicional del ?buen cristiano? o del ?fiel practicante?, sino que van en la b?squeda de la promoci?n de verdaderos creyentes, de fe personalizada, suscitando la opci?n por el Evangelio, evangelizados y evangelizadores. En este proceso se le ha dado a la acci?n y vinculaci?n con la familia un lugar preponderante. Hoy se tiende a una catequesis que est? vitalmente inserta en la globalidad del proyecto pastoral de la comunidad cristiana.

Se notan esfuerzos por una catequesis m?s b?blica, vivencial y comprometida, aunque hace falta mejor y mayor preparaci?n b?blica y teol?gica tanto en los agentes de pastoral como en los catequistas.

La pastoral b?blica est? abriendo espacios para una amplia formaci?n y crecimiento espiritual del pueblo de Dios.

La pastoral social

Muchos cristianos viven a?n una separaci?n entre fe y vida que se manifiesta particularmente en la falta de un claro testimonio de los valores evang?licos en su vida personal, familiar y social. Si bien en la misma sociedad y entre los fieles de la Iglesia existe una brecha grande entre pobres y ricos que tiende a aumentar, hay que notar el crecimiento de la solidaridad y de la conciencia del deber de la caridad. Esto queda de manifiesto en que, si bien en muchos ?mbitos ha crecido la pobreza y la miseria, tambi?n se han multiplicado las iniciativas, muchas de ellas laicales, de solidaridad y ayuda generosa.

La pastoral social se encuentra en todo el contexto eclesial como animadora de una dimensi?n de la fe que no es solamente un servicio asistencial, que siempre ser? necesario, sino tambi?n en acciones de promoci?n y en la formaci?n de una conciencia solidaria. En los ?ltimos a?os han crecido en variedad e intensidad gestos y signos solidarios concretos.

En algunos colegios cat?licos se da un franco descuido de la formaci?n de la fe y su incidencia en lo social.

Piedad popular

La piedad popular est? arraigada en el coraz?n y en la vida del pueblo, a tal punto que muchas de las tradiciones religiosas que perviven dan identidad al pueblo en sitios y situaciones concretas. Los Santuarios en nuestro pa?s adem?s de ser los grandes lugares de expresi?n de la fe popular se han convertido en lugares privilegiados de conversi?n y evangelizaci?n. Tambi?n es cierto que muchas veces el acento se ha puesto m?s en las formas exteriores de tradiciones y devociones que en los contenidos de la fe de las mismas. Descubrimos en esta piedad popular un punto de anclaje que necesitamos comprender, respetar y evangelizar. Si bien por una parte aparece a veces un cristianismo de devociones, junto a una vivencia individual de la fe, sentimental; tambi?n encontramos valores que pueden ser el punto fuerte para construir una sociedad m?s justa: la solidaridad con la persona que sufre, la sensibilidad social por el necesitado, el querer ayudar a quien no tiene, la fortaleza de la fe que se expresa sobre todo en los momentos de crisis y de desesperaci?n recurriendo a Dios para encontrar consuelo y esperanza, la acogida al extra?o, y la capacidad de compartir. Es urgente una fuerte catequesis en la piedad popular.

Conclusi?n

Iniciado en el documento del episcopado argentino mencionado al comienzo: ?L?neas pastorales para la nueva evangelizaci?n? del a?o 1990 y continuando en el documento ?Navega Mar adentro? nuestra Iglesia en Argentina se encuentra transitando un camino de conversi?n pastoral en clave evangelizadora que implica una din?mica profundamente eclesial, misionera e inculturada con el intento de llegar a los bautizados alejados y no bautizados. La dimensi?n misionera hoy no se concibe como una actividad al margen o paralela a las otras actividades pastorales, sino que est? en el coraz?n de su misma vitalidad evangelizadora.

Haciendo un apretado resumen desde la ?ptica del Documento de S?ntesis podemos decir: Los tres macrodesaf?os que se interpenetran rec?procamente, asumen de forma sint?tica los cambios epocales descriptos en la S?ntesis de Aportes recibidos (DSIN 49-79) y los cinco desaf?os que la Conferencia Episcopal Argentina expres? en ?Navega mar adentro? (NMA 21-48). El primero se refiere a la relaci?n de la persona y del pueblo de Dios en la Iglesia (religi?n); el segundo a la relaci?n de los hombres entre s? en la sociedad (justicia); el tercero afecta de forma transversal a las distintas comunidades sociales y los diversos ?rdenes de la cultura (comuni?n)

En el orden religioso: la ruptura en la transmisi?n generacional de la fe cristiana en el pueblo cat?lico. Afirmamos la vigencia de la piedad popular cat?lica como forma viva de la inculturaci?n y la comunicaci?n de la fe, pero en la ?ltimas d?cadas notamos un cierta desidentificaci?n con la tradici?n cat?lica, la falta de su trasmisi?n a las nuevas generaciones y el ?xodo hacia otras comunidades (en los m?s pobres hacia el evangelismo pentecostal y algunas sectas nuevas) y experiencias (en las clases medias y altas hacia vivencias espirituales alternativas) ajenas al sentido de la Iglesia y su compromiso social. Algunas causas son la crisis del dialogo familiar, la influencia de los medios de comunicaci?n, el subjetivismo relativista, el consumismo del mercado, la falta de acompa?amiento pastoral a los m?s pobres y nuestra dificultad para recrear la adhesi?n m?stica de la fe en un escenario religioso plural: Se agrava el diagn?stico de Puebla: la fe y la religi?n popular est?n en una ?situaci?n de urgencia? sometidas a una ?crisis decisiva? (DP 460). Hay que generar un mayor fervor discipular y apost?lico que asuma nuestra sensibilidad religiosa y encuentre nuevos caminos para comunicar la fe.


2. En la dimensi?n social: Una inequidad escandalosa que lesiona la dignidad personal y la justicia social. Participamos en general de la situaci?n de Am?rica Latina. Entre los a?os 2002 y 2006 en Argentina crecieron al 8,7 % los ?ndices de medici?n de la indigencia; hay un 26,9 % en el nivel de la pobreza y estamos en la regi?n aparentemente m?s desigual de mundo, la que m?s creci? y menos redujo la miseria. Persiste la injusta distribuci?n de los bienes, lo cual configura una situaci?n de pecado social que clama al cielo y que excluye de las posibilidades de una vida m?s plena a muchos hermanos. Poderes pol?ticos y planes econ?micos de diversos signos no dan muestras de producir modificaciones significativas para ?eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la econom?a mundial? (Bnedicto XVI, Discurso al Cuerpo Diplom?tico, 8/1/2207). En Argentina urge animar una conducta justa, coherente con la fe que promueva la dignidad humana, el bien com?n, la inclusi?n integral, la ciudadan?a plena y los derechos de los pobres.


3. En toda la cultura: La crisis de los v?nculos familiares y sociales fundantes de los pueblos. Hay una reserva de valores religiosos, ?ticos y culturales de nuestro pueblo pero el individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los v?nculos entre las personas que forman comunidades y las comunidades formadas por personas. Se notan en los conflictos de la familia, los desgarramientos de la Naci?n y la desintegraci?n del continente.

La acci?n pastoral debe mostrar que la relaci?n con nuestro Padre exige el desarrollo de la uni?n entre los hermanos. En esta l?nea el n?cleo del contenido evangelizador (NMA 50-51) busca fortalecer una mayor comuni?n con la Trinidad en el Esp?ritu de Cristo que sane, promueva y afiance los v?nculos personales en las nuevas expresiones de amor, amistad y comuni?n a nivel familiar, social y eclesial. Aqu? se sit?an tanto la necesidad de una intensa comuni?n eclesial ad intra que aliente la renovada pastoral org?nica diocesana y nacional, como la exigencia de un servicio ad extra para que la comuni?n de la Iglesia anime una mayor integraci?n latinoamericana.

Aparecida, mayo 2007.

Card. Jorge Mario Bergoglio s.j.
Publicado por verdenaranja @ 22:47  | Hablan los obispos
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