Viernes, 18 de mayo de 2007
Art?culo publicado en "Iglesia Nivariense" AB RIL 2007, n?mero 74.

?UN HIJO SACERDOTE?
?QUE ALEGRIA!


Salvador Fern?ndez


Esta frase la ha pronunciado mi esposa en bastantes ocasiones. La dec?a con cierto desconsuelo ya que de entre nuestra numerosa prole, ninguno ha sido llamado para ese hermoso ministerio.

Hace unos d?as le? la carta pastoral de nuestro Obispo con motivo del D?a del Seminario, que titul? "Lo que cuesta hacer un sacerdote". No tiene desperdicio.

Dice bien cuando nos recuerda que al Seminario, donde se "hacen sacerdo?tes", se le da el t?tulo de "coraz?n de la Di?cesis" ya que es el ?rgano vital del cual depende el buen funcionamiento del cuerpo eclesial.

Comenta las dificultades por las que pasa nuestra di?cesis, con 312 parroquias que son atendidas por solo 166 sacerdotes ?algunos bastante mayores?, a las que hay que a?adir hospitales, cl?nicas, movimientos apost?licos y otros servicios, record?ndonos que "la mies es mucha y los operarios pocos" y que recemos por las vocaciones que, generalmente, surgen del seno de una familia cristiana.

Nuestra di?cesis, nuestro Seminario necesita nuestra oraci?n, vocaciones y tambi?n medios econ?micos, fruto tal vez de la ?poca en que vivimos, donde lo que importa es lo mate?rial, lo c?modo, lo placentero, lo que deja dinero.

No es de extra?ar que, con esa mentalidad, cuando un hijo manifiesta su prop?sito de entrar en una Orden religiosa o en el Seminario la reacci?n de algunos padres sea contraria y que, en lugar de apoyar la decisi?n, se manifiesten contra ella.

No suele ocurrir as? cuando el hijo vive en un hogar cristiano, donde se conoce y valora el hacer de una vocaci?n

Hermosa "profesi?n"
que requiere una
muy s?lida
y buena formaci?n,
labor que realiza nuestro
Seminario "haciendo
al sacerdote"


consagrada. Se recibe esa decisi?n como una Gracia especial de Dios, del que procede la llamada a ese ministerio. Ya se sabe que su entrega vocacional priva a la familia de su cercan?a, que adem?s ha de compartir con el servicio a Dios y a la comunidad parroquial.

Pero se respeta y apoya su decisi?n, confortado con la oraci?n, con el servicio, anunciador de la Palabra de Dios, consolando a enfermos, moribundos. solitarios, orientando, ilusionando, siendo instrumento de paz, de perd?n y concordia.

Hermosa "profesi?n" que requiere una muy s?lida y buena formaci?n, labor que realiza nuestro Seminario "haciendo al sacerdote", valorando por nuestra parte el paso generoso de nuestros seminaristas.

Esta celebraci?n, el D?a del Semina?rio, requiere el que cada uno de nosotros nos preguntemos si valoramos su hacer, si fomentamos vocaciones, si rezamos para que el Esp?ritu ilumine su labor, si somos generosos a la hora de prestarle nuestro apoyo econ?mico o acallamos nuestra conciencia con un euro en la cestita, si prestamos gustosos nuestra colaboraci?n en el hacer parroquial o nos limitamos a "cumplir" con la misa dominical ?que ya es algo- pero no todo lo que debemos.

Hoy un seminarista nos habl? en la eucarist?a ?ilusionado? de su vocaci?n, nacida del testimonio de sus padres, de un sacerdote y de otros laicos, gracias a los cuales pr?ximamente espera recibir el diaconado.

Es tiempo de que en lugar de estar predispuestos a criticar el hacer sacerdotal, nos dediquemos a valorarlo y a pedirle al Due?o de la mies "que env?e obreros, que la mies es mucha y los operarios pocos".
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