S?bado, 19 de mayo de 2007
V CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO


Intervenci?n de Mons. Stanislaw Rylko - Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos

Mis m?s cordiales saludos a los Se?ores Cardenales Presidentes de esta Conferencia, a todos los hermanos en el episcopado, a todos los participantes! Me siento muy honrado, como Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, de compartir la vida y los trabajos de este importante evento eclesial. Perm?tanme que dirija un saludo muy especial a los laicos presentes en la Conferencia. En cierto modo son representantes y protagonistas de esa fuerte corriente de mayor conciencia, responsabilidad y participaci?n de los fieles laicos en la vida y misi?n de la Iglesia de la renovaci?n promovida por el Concilio Vaticano II.
Para comprender la situaci?n actual del laicado latinoamericano no se puede no evocar las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano pues constituyen los pilares fundamentales en la vida de la Iglesia en este continente. La Conferencia en Medell?n (1968) busc? las v?as de la aplicaci?n del Magisterio conciliar a la realidad latinoamericana. Lejos de una ?hermen?utica de la discontinuidad y de la ruptura?1, se experiment? siempre una continuidad renovada que reflexiona ante los nuevos desaf?os que se presentan. Con especial novedad y dinamismo emergen lo temas de los ?pobres?, de la ?liberaci?n?, de la ?comunidades eclesiales de base?, de las consecuencias sociales del seguimiento de Cristo y del compromiso pol?tico en transformaciones que se consideran urgentes y profundas. No faltaron interpretaciones y desviaciones posteriores con un reduccionismo soteriol?gico a la clave ?tico-social o pol?tica o la primac?a de la misma sobre el acontecimiento salv?fico.
El giro especialmente significativo fue que la mirada y la solicitud pastorales de la Iglesia no se concentraron s?lo en las minor?as laicales "comprometidas", en las ?lites de los "militantes", sino que se tom? conciencia de la responsabilidad ante un multitud de bautizados donde la tradici?n cat?lica estaba muy arraigada pero poco cultivada. Se revaloriz? la piedad popular como acervo de valores que responde con sabidur?a cristiana a los grandes interrogantes de la existencia. ?sta se redescubri? como una modalidad de inculturaci?n de la fe cat?lica y de un laicado que expresa su fe comunitariamente a trav?s de gestos, s?mbolos, palabras, criterios. La cuesti?n crucial resulta, pues, la de custodiar, reformular y revitalizar el patrimonio de la fe, esa mayor riqueza de los pueblos latinoamericano, que se expresa en casi el 90% de sus bautizados, que son poco menos de la mitad de los bautizados en toda la Iglesia cat?lica.
Vienen los tiempos de la Conferencia en Puebla 1979) y despu?s en Santo Domingo (1992), bajo la gu?a del pontificado de S.S. Juan Pablo II. Los Pastores saben bien que el patrimonio de este "continente de la esperanza" se ve asediado por causa de fuertes corrientes de descristianizaci?n inducida por una cultura dominante a nivel global cada vez m?s lejana y hostil a la tradici?n cat?lica. Al mismo tiempo constatan la expansi?n y proliferaci?n de comunidades evang?licas y la catequesis y la de superar el deslizamiento reductor del cristianismo hacia un moralismo exacerbado, un mesianismo pol?tico, un sincretismo ideol?gico. Puebla y Santo Domingo expresan el anhelo de reafirmar la identidad cristiana y la misi?n de la Iglesia para suscitar una nueva evangelizaci?n que haga de la presencia de Cristo una realidad m?s evidente, persuasiva e influyente en la vida de las personas, las familias y los pueblos.
La Conferencia de Aparecida (2007) en cambio, quiere ser un llamado fuerte a un regreso a lo esencial del ser cristianos. ?Qu? importante es en nuestro mundo lleno de falsos maestros que seducen y enga?an con tantas falsas promesas de felicidad y de "salvaci?n" a bajo preciso, que los fieles laicos sepan descubrir en Cristo al ?nico verdadero Maestro y Se?or que "tiene palabras de vida eterna" ( cfr. Jn. 6, 56) y de descubrirse a s? mismos como sus disc?pulos! El disc?pulo es aqu?l que entra en comuni?n de vida con Cristo-Maestro. Benedicto XVI en la Enc?clica Deus caritas est nos ense?a: "No se comienza a ser cristiano por una decisi?n ?tica o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientaci?n decisiva" (n. 1).
1. Sabemos bien que hoy existe una ingente y capilar generosidad en el laicado cat?lico latinoamericano. Se destaca en muchas familias, en el empe?o de numeros?simos catequistas, en la viva participaci?n en las parroquias, en las comunidades cristianas, en redes de solidaridad junto a los m?s pobres. Parece de suma importancia tener presente la necesidad y exigencia de una renovada, m?s coherente e incisiva presencia de los fieles laicos en los are?pagos culturales y escenarios pol?ticos en los que se desarrolla la vida de las naciones. Al mismo tiempo, Latinoam?rica habiendo ya vivido el encuentro de diversas culturas con el Evangelio, tiene un rol hist?rico fundamental en el proceso de globalizaci?n en el cual vivimos. Hay enormes tareas pendientes, que Ustedes, Pastores de los pueblos latinoamericanos, conocen mucho mejor que yo, en pos de una cultura de la vida, de un aut?ntico desarrollo, de una lucha contra la pobreza y una mayor equidad, de procesos de inclusi?n social, consolidaci?n democr?tica e integraci?n latinoamericana. Dala impresi?n en vuestras tierras que existen no pocos dirigentes pol?ticos que se declaran "cat?licos", m?s por la b?squeda de consenso o como tributo a la tradici?n de las naciones que como verdadera asunci?n de responsabilidad y coherencia a la luz de la fe y de la doctrina social de la Iglesia. Tampoco ofrecen s?lidos fundamentos de construcci?n los sub-productos hiper-individualistas de la sociedad de consumo, con su relativismo pol?tico y moral. Hoy m?s que nunca se requiere una atenta formaci?n cristiana, un fuerte arraigo y alimento comunitario, un agudo discernimiento a la luz de la fe y un compromiso coherente, competente y valiente en la vida p?blica por parte de nuevos sectores laicales. En este sentido, el Compendio de la doctrina social de la Iglesia es un instrumento de gran valor. Sostenidos por sus Pastores, el testimonio de los laicos ha de brillas en escuelas y universidades, en los ambientes de trabajo, en los medios de comunicaci?n, en los movimientos sociales y en la pol?tica mostrando la fuerza transformadora de la fe y de la caridad al servicio del bien com?n.
2. Am?rica Latina vive con grande intensidad de nueva estaci?n agregativa de los fieles laicos con transformaciones significativas2. La Acci?n Cat?lica sufri? una p?rdida de vitalidad y en muchos pa?ses se extingui?. Las comunidades eclesiales de base, despu?s de una fuerte experiencia participativa all? donde la presencia institucional y social de la Iglesia resultaba escasa o ausente, tambi?n han ido perdiendo vitalidad, sobre todo cuando ha prevalecido el inter?s pol?tico y se han ido abriendo los cauces de renovadas formas de participaci?n en procesos de democratizaci?n. Desde los a?os ochenta tambi?n se difunden con vigor en Am?rica Latina los nuevos y muy diversos movimientos y comunidades eclesiales, con los "Cursillos de Cristiandad" como precursores. Sea Juan Pablo II como Benedicto XVI los consideran "providenciales" en cuanto riqueza carism?tica, educativa y misionera para bien de la Iglesia y los pueblos. Al considerarlos tambi?n "providenciales" en esta hora de Am?rica Latina, le import? mucho al Consejo Pontificio para los Laicos y al CELAM realizar en Bogot? en marzo del 2006, el Primer Congreso latinoamericano de movimientos eclesiales y nuevas comunidades como contribuci?n importante en el camino de preparaci?n a esta Conferencia. Estamos muy contentos que entre las categor?as de participantes a esta Conferencia se encuentre por primera vez la de los representantes de estar realidades tan importantes. De ellos mucho se puede aprender en cuando m?todos, caminos y escuelas de formaci?n y acompa?amiento de disc?pulos y misioneros del Se?or. Considero que los movimientos y nuevas comunidades que han surgido bajo el influjo del Esp?ritu Santo en estas tierras latinoamericanas son un verdadero signo de esperanza. ?stos han ofrecido a Latinoam?rica un fuerte impulso misionero y una gran fantas?a misionera en la presentaci?n del anuncio de Cristo y en la formaci?n en la fe , cooperando con fidelidad a la misi?n de la Iglesia no s?lo en Am?rica Latina sino en el mundo entero. En el providencial designo de salvaci?n hoy diversas comunidades surgidas en Latinoam?rica se encuentran en lugares descristianizados como Europa y Norte Am?rica, ofreciendo con su testimonio y anuncio aquella fe que a su vez recibieron desde la evangelizaci?n constituyente, expresi?n de la ley de la traditio y redditio. Al "cristianismo cansado" y desalentado responden con una fe llena de alegr?a, entusiasmo y valent?a. Frente a un cristianismo cerrado en s? mismo, pasivo y lleno de miedo, responden con una fe propositiva, misionera y sin falsos complejos de inferioridad frente al mundo. Los movimientos por lo tanto, no son un "problema" - como a veces se escucha repetidamente -, sino m?s bien un don y como don ha de ser acogido en las Iglesias locales. El Papa Benedicto XVI insiste que "las Iglesias locales y los movimientos no son opuestos entre s?, sino que constituyen la estructura viva de la Iglesia"3 y por tanto exhorta a los pastores a "salir al encuentro de los movimientos con mucho amor"4.
3. Perm?tanme dejar planteado, a la conclusi?n de esta intervenci?n, tres prioridades que son muy importantes para el Papa Benedicto XVI. La primera es que se reconozca que la cuesti?n humana decisiva, en cualquier circunstancia, es la cuesti?n de Dios. En ese reconocimiento est? en juego el primado de Dios y la ?nica verdadera respuesta al drama de la existencia de la persona y los pueblos. No hay nada m?s real que Dios mismo, una realidad sin la cual nada puede ser bueno para el hombre. El Santo Padre Benedicto XVI dirigi?ndose a los obispos suizos se?al? que <>5. Tenemos siempre la tentaci?n de remover ese primado en funci?n de nuestras urgencias y proyectos humanos. Si se construye fuera de esa centralidad y primado se construye contra la persona y contra el bien de los pueblos. ?Primero Dios!... y todo lo dem?s se dar? por a?adidura.
La segunda prioridad es la de lograr ser testigos, comunicadores y educadores de la belleza de ser cristianos. ?A qu? otra cosa tiende la razonable persuasi?n de las ense?anzas de Benedicto XVI sino a ayudar a redescubrir a todo bautizado la dignidad, belleza y alegr?a de ser cristianos? Cuando un periodista pregunt? al Santo Padre antes de su viaje a Colonia, qu? es lo que quer?a comunicas en la Jornala Mundial de la Juventud del 2005, Benedicto XVI respondi? sint?ticamente: ?que ser cristiano es bello! Como lo dijo en la primera homil?a de su ministerio petrino: <>.6 S?lo desde la experiencia y certeza de esa belleza y alegr?a en la propia vida, brota la gratitud y el ?mpetu misionero de compartir con todos el don del encentro con Cristo.
La tercera prioridad es que sin identidad profunda y fuerte de personas y pueblos nada de bueno se construye. A los Pastores nos corresponde sobre todo alimentas la identidad cristiana, cat?lica, de los bautizados, para que se conviertan efectivamente en aut?nticos disc?pulos y, por eso, misioneros del Se?or. Los fieles laicos est?n llamados a ser lo que son desde su identidad sacramental. Es fundamental pues, que vivan toda su vida como vocaci?n. Bien afirma la exhortaci?n apost?lica post-sinodal Christifideles laici: "La inserci?n en Cristo por medio de la fe y de los sacramentos de iniciaci?n cristiana es la ra?z primera que origina la nueva condici?n del cristiano en el misterio de la Iglesia, que constituye su m?s profunda fisionom?a, que est? en la base de todas las vocaciones y del dinamismo de la vida cristiana de los fieles laico" (n.9). Por eso, "no es exagerado decir que toda la existencia del fiel laico tiene como objetivo el llevarlo a conocer la radical novedad cristiana que deriva del bautismo, sacramento de la fe, para que pueda vivir sus compromisos seg?n la vocaci?n recibida de Dios" (n.10). Hay que repensar y relanzar, pues, los itinerarios de iniciaci?n y reiniciaci?n cristiana, no s?lo para los ni?os sino tambi?n para los j?venes y adultos, que, en la comunidad cristiana y a la luz de la Palabra de Dios encuentran su fundamento en el bautismo, los dones del Esp?ritu Santo en el sacramento de la confirmaci?n y su culminaci?n en el sacramento de la Eucarist?a, fuente y v?rtice de toda la vida eclesial, de toda vida cristiana. Nada m?s importante que suplicar la misericordia de Dios, la gracia de su Esp?ritu y la compa??a del Se?or Jes?s, confi?ndonos a la intercesi?n de la Sant?sima Virgen Maria, para que todos nuestros trabajos y desvelos lleguen a buen fin.
Publicado por verdenaranja @ 0:22  | Hablan los obispos
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