S?bado, 19 de mayo de 2007
D?a 20 de Mayo
Solemnidad: La Ascensi?n del Se?or


Esperando la Fuerza de lo Alto


Hoy celebramos la Ascensi?n de Jes?s a los cielos. Despu?s de vivir entre los hombres y una vez cumplida hasta el final la misi?n para la que el Hijo de Dios tom? carne de Mar?a, la Virgen, se elev? al Cielo en presencia de sus disc?pulos. Concluye as? la presencia visible de Jesucristo entre los hombres, aunque no, desde luego, su acci?n en el mundo, como bien se desprende de sus palabras, que hoy ofrece la Iglesia a nuestra consideraci?n.

Aquel d?a el Se?or, antes de abandonar f?sicamente a los disc?pulos, hizo un breve resumen de lo que hab?a sido su tarea durante su vida terrena, recordando los momentos m?s decisivos para nuestra salvaci?n. Con gran concisi?n, pero con toda exactitud, manifiesta lo que espera de ellos, el sentido de la misi?n que les encomienda y la fuerza que est?n a punto de recibir para ser capaces de llevarla a cabo.

Se hab?a cumplido ya, con su muerte y resurrecci?n, la profec?a anunciada por el mismo Dios inmediatamente despu?s del primer pecado: que para lo que hab?a sido el ?nico verdadero mal de los hombres vendr?a un Salvador, el Mes?as. Pues quiso Dios que el hombre, creado a su imagen y semejanza y con capacidad de amarle, pudiera salvar el inmenso abismo que, al haber pecado, lo alejaba de ?l y del Para?so de su intimidad que le ten?a reservado. Ese primer pecado y los dem?s que son consecuencia de nuestra acci?n libre y de la debilidad causada por aqu?l, eran el verdadero mal que pesaba sobre la humanidad, muy superior a todas las dem?s desgracias humanas. Pero ya estaban abiertas las puertas del Cielo; pues, al hacerse hombre el Hijo de Dios, pudo merecer de modo infinito y reparar, por su Pasi?n y muerte, el pecado. As?, pues, aunque ofendemos a Dios y lo perdemos, siendo nuestro ?nico verdadero bien, gracias al amor divino manifestado en Jesucristo, podemos ser perdonados si, arrepentidos, aceptamos la conversi?n que nos ofrece.

No comprendieron los jud?os la Salvaci?n que Dios brinda a los hombres. Esperaban s?lo un remedio a sus males terrenos. Ten?an puesta la esperanza en un libertador que los sacara de la opresi?n pol?tica que padec?an y les diera un gran bienestar material. Tendr?a que ser, en ese caso, un gran guerrero, un rey revestido de poder?o y riquezas... De un mes?as as? se sentir?an orgullosos, le seguir?an seguros, pues en poco tiempo ?pensaban? se ver?an libres, por ?l, de tantas desgracias materiales que les oprim?an y consideraban indignas para el pueblo elegido por Dios. M?s de una vez le echaron, por ejemplo, en cara ?sin fundamento, por otra parte? la bajeza de su linaje: ?no es este el hijo de Jos??... Pensaban que de la familia de un artesano no cab?a esperar gran cosa.

Tuvo que hacer milagros sin cuento para mostrar su naturaleza divina, probando as? que era superior a cuantos profetas le precedieron: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan sanos y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se anuncia el Evangelio. De esta manera respondi? a los que le preguntaron de parte del Bautista si era ?l al que esperaban. Y, m?s tarde: las obras que me ha dado mi Padre para que las lleve a cabo, las mismas obras que yo hago, dan testimonio acerca de m?, de que el Padre me ha enviado. (...) Si no hago las obras de mi Padre, no me cre?is; pero si las hago, creed en las obras, aunque no me cre?is a m?, para que conozc?is y sep?is que el Padre est? en m? y yo en el Padre. (...) Y, por fin: Si no hubiera hecho ante ellos las obras que ning?n otro hizo, no tendr?an pecado; sin embargo, ahora las han visto y me han odiado a m?, y tambi?n a mi Padre.
Seamos nosotros francos. A poco sinceros que somos reconocemos la maldad de nuestra vida. ?Cu?ntas veces vemos a diario que deber?amos comportarnos mejor porque el Se?or lo espera!: en casa, en el trabajo, con los amigos, en nuestro trato con Dios...; y, sin embargo, dejamos pasar esas oportunidades cediendo al capricho y no amando a Dios. Hasta le ofendemos ?y nos damos cuenta? con frecuencia de modo expreso, tan pobre es nuestra condici?n. Nos sucede lo que a los que vieron los milagros y escucharon las palabras del mismo Cristo: nos consta que es Dios quien nos pide esa otra conducta m?s heroica; y, sin embargo, nuestras obras por el Se?or no se corresponden a las suyas por nosotros.

Quiz? nos sucede a estas alturas, con a?os ya de vida de fe, lo que a los disc?pulos del Se?or: que a?n despu?s de su muerte, despu?s de que les perdonara haberle abandonado, y habi?ndole visto gloriosamente resucitado, necesitan ser vitalizados con el mismo Esp?ritu de Dios, con el Esp?ritu Santo. Es preciso que sean revestidos de la fuerza de lo alto, seg?n su promesa, que hoy recordamos, para llevar a cabo lo que Dios ?que los env?a? espera de ellos.

Mientras aguardamos, pues, la Solemnidad de Pentecost?s, que Dios mediante celebraremos el pr?ximo domingo, nos encomendamos con m?s fuerza al Par?clito en los d?as de su Decenario que asimismo estamos celebrando.

Con la ayuda de nuestra Madre, Esposa de Dios Esp?ritu Santo, sabremos proponernos alguna invocaci?n como la del himno...: Infunde amorem cordibus!, ?llena de amor los corazones!, ?llena de Amor Tuyo mi coraz?n!


Publicado por verdenaranja @ 14:58  | Espiritualidad
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios