S?bado, 19 de mayo de 2007
Intervenci?n del cardenal Peter Erdo, arzobispo de Esztergom-Budapest, presidente del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), pronunciada en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.


Eminencias, Excelencias, Querid?simos hermanos en el episcopado, sacerdotes, religiosas, religiosos, hermanos todos en Cristo:

Como presidente del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa transmito de coraz?n el saludo cordial de todos los obispos del continente europeo a nuestros hermanos que viven y trabajan en la obra misionera del Se?or en Am?rica Latina y en el Caribe. Aprovecho la ocasi?n para expresar nuestra profunda solidaridad con la Iglesia de este continente. Una solidaridad que brota de nuestra fe y amor hacia la persona de Jesucristo. Pero hay otro motivo tambi?n para nuestra especial solidaridad. Desde la ca?da del comunismo en el este de Europa hemos tenido una experiencia humanamente muy profunda de la Providencia Divina y del cambio de nuestro continente. Por una parte, la Uni?n Europea se ampl?a e intenta modernizar la vida, la econom?a y la sociedad del continente en un sentido que en ocasiones resulta incluso superficial; debemos constatar tambi?n que los valores humanos, y especialmente los valores cristianos, se encuentran ante un particular desaf?o.

Muchos en Europa no quieren saber nada de las ra?ces cristianas y religiosas de nuestra cultura, cuando es precisamente ?sta la cultura que une de manera especial Europa con Am?rica Latina, y que ha unido hist?ricamente ?y sigue haci?ndolo hoy? a la Iglesia de estas grandes regiones del mundo. Culturalmente hablando, la herencia cristiana est? presente en todo nuestro continente europeo; es m?s, en toda el ?rea cultural europea, del Atl?ntico al Pac?fico, hasta Siberia, hasta Vladivostok. Por otra parte, en la sociedad y en la vida p?blica algunos conceptos, incluso algunos derechos humanos esclarecidos en la ?poca del iluminismo, parecen perder su significado original y en ocasiones quieren ser sustituidos por los llamados ?derechos humanos de tercera generaci?n?. Por eso, numerosas instituciones de la sociedad que pertenecen al orden natural, querido por el Creador mismo, parecen perder importancia o son rechazadas por parte de no pocos europeos.


Al mismo tiempo, el cambio pol?tico de hace 17-18 a?os, la superaci?n de la divisi?n artificial del continente europeo en dos partes, en dos mundos, en dos sistemas, ha posibilitado una serie de experiencias muy profundas, en especial para los cristianos, para los fieles del centro-este europeo. Sab?amos desde siempre que el centro-este europeo constituye una de las periferias del mundo occidental, del ?rea cultural occidental. En este sentido, muchos historiadores, tanto latinoamericanos como europeos, han resaltado la similitud entre la situaci?n social y cultural de las dos periferias del mundo occidental es decir, el centro-este europeo y Latinoamerica. Estas regiones se caracterizaban desde principios del siglo XX por una cierta secularizaci?n que ha cobrado un peso particular en el libre mercado, situaci?n que tantas veces ha empobrecido algunos pueblos y algunas regiones, impidiendo el desarrollo de la econom?a y destruyendo el medio ambiente, aunque sea de forma desigual. En el siglo XX surgi? de manera nueva el problema de la justicia social, para cuya soluci?n se plantearon en Europa dos propuestas, ambas de tipo violento, dos propuestas ideol?gicas. Primero el nazismo y luego, en paralelo, el comunismo, o sea, el tantas veces llamado ir?nicamente ?socialismo real?. Seg?n revela la experiencia de estos pueblos, ninguna de las dos soluciones propuestas consigui? liberar al hombre de s? mismo, liberar al hombre de las consecuencias del pecado, de su ego?smo y por tanto de la explotaci?n y de la opresi?n. Es cierto que en algunos pa?ses socialistas, por ejemplo, pod?a alcanzarse cierta igualdad en la distribuci?n de algunos bienes, pero ??como bien sabemos? la igualdad no coincide necesariamente con la justicia. Y ni siquiera cierta tranquilidad mantenida a base de una presi?n evidente consigue hacer que se olvide la falta de libertad. Y as? llegamos al llamado ?cambio del sistema?. Aunque este cambio no vino acompa?ado de la restituci?n de los bienes a nadie.

Cuando leemos en el Evangelio la historia del buen samaritano, tenemos el modelo de c?mo debe comportarse el cristiano frente a las injusticias que ocurren en el mundo. La primera tarea es ayudar en lo que podamos, cuando podamos, en la medida en la que podamos. La Iglesia en Europa, sobre todo en los pa?ses occidentales, tiene medios propios para conseguir que se pongan en marcha instituciones sociales importantes y tambi?n, a trav?s de donaciones, puede expresar su solidaridad con el resto del mundo. La otra parte del continente ha tenido una historia diferente y la Iglesia todav?a no tiene medios econ?micos para contribuir seriamente a la asistencia social o a la ayuda social en los problemas de su propia sociedad. Lo que s? que podemos y debemos hacer siempre es prestar una ayuda personal, directa, concreta, la ayuda que puede prestar cualquier cristiano mediante su presencia personal, mediante la apertura de su coraz?n a los dem?s, a los ancianos, a los enfermos, a las familias con muchos hijos y a todos los que est?n decepcionados o son maltratados en este periodo de la historia. Estamos volviendo a la ense?anza, a la doctrina social de la Iglesia, aunque algunos piensen en nuestro continente que es dif?cil de realizar, porque parecen pocos y no lo suficientemente fuertes los miembros de la sociedad dispuestos verdaderamente a seguir esta doctrina, a intentar poner en pr?ctica lo que la Iglesia ense?a sobre la justicia, la producci?n, la solidaridad o la libertad de la persona.

Actualmente Europa atraviesa una crisis demogr?fica. Juan Pablo II habl? m?s de una vez de la cultura de la muerte. En Europa muchos miran con esperanza y respeto al mundo latinoamericano, con respeto por un continente joven, un continente con valores religiosos ancestrales muy fuertes. Por eso es un consuelo para todos nosotros conocer la fe de los hermanos y de las hermanas, conocer sus esfuerzos, conocer su experiencia a la hora de afrontar las dificultades y desaf?os del mundo actual en el aut?ntico esp?ritu del cristianismo. Pidamos al Se?or que podamos permanecer fieles a la herencia cat?lica recibida, a la persona de Jesucristo y a la riqueza de todo su legado de gracia y tradici?n, que a la luz del Esp?ritu Santo podamos encontrar v?as para disminuir de manera cristiana las dificultades del mundo actual. En este empe?o, pidamos al Se?or que nos ayude a vivir la verdadera solidaridad, que crezca el conocimiento rec?proco, que el Se?or nos enriquezca y nos sostenga a trav?s de nuestros hermanos en la fe. Por eso en estos d?as en Europa rezamos de modo especial por esta asamblea plenaria del CELAM y por toda la Iglesia de Am?rica Latina.

Aprovecho la ocasi?n para invitar al Se?or Presidente y al Se?or Secretario del CELAM a la Asamblea Plenaria del Consejo de la Conferencias Episcopales Europeas que tendr? lugar en F?tima del cuatro al siete del pr?ximo mes de octubre.

Muchas gracias. Obrigado.
Publicado por verdenaranja @ 22:46  | Hablan los obispos
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