Domingo, 20 de mayo de 2007
Consejos para usuarios de los medios de comunicaci?n?, en particular de la prensa, el cine la radio, y la televisi?n, publicados por el secretariado de la Comisi?n de Medios de Comunicaci?n Social de la Conferencia Episcopal Espa?ola (CEMCS).

PRENSA
PARA LEER UN PERI?DICO


1. Lo ideal es leer dos o m?s peri?dicos de tendencias contrarias, para poder contrastar y discernir con m?s elementos de juicio. Pero si usted s?lo es lector de un peri?dico, elija habitualmente el mismo; aquel cuyo ideario le sea m?s af?n y le agrade m?s el proyecto informativo que desarrolla. Esto es, el estilo, la selecci?n y valoraci?n de informaciones, la manera de titularlas, c?mo las destaca, etc?tera.

2. Tenga presente que la objetividad pura no existe. Id?nticos hechos son publicados por cada peri?dico en funci?n del ideario y presentados seg?n el proyecto o estilo propio del peri?dico.

3. Aceptando esa objetividad tendenciosa (dicho sea sin ?nimo peyorativo) hay que distinguir qu? es informaci?n y qu? es opini?n. Aquella debe ser s?lo eso, mera noticia, y hay que exigirle que ni oculte datos ni los desvirt?e. Cuando la informaci?n va acompa?ada de opini?n, inf?rmese de quien la firma, porque a la dif?cil objetividad hay que a?adir la subjetividad de quien la escribe.

4. Un peri?dico bien hecho es aquel cuyo contenido puede captarse durante los diez minutos del desayuno. Haga esa primera observaci?n mientras va seleccionando aquellos temas que leer? despu?s con m?s detenimiento.

5. No se deje deslumbrar por los titulares de una noticia, pues no siempre reflejan sumariamente su contenido. Hay que leerla ?ntegramente antes de emitir un juicio. Si lo hace con esp?ritu cr?tico, podr? darse idea de la desinformaci?n que puede padecer aquel que s?lo es lector de titulares.

6. No olvide nunca que la letra impresa no es dogma de fe ni siquiera signo de veracidad. Los hechos han podido ocurrir de manera diferente a como se cuentan. Gu?rdese, por tanto, de toda informaci?n que no vea debidamente contrastada o no recoja la versi?n de todas las partes. Las noticias suelen ser incompletas en el momento de su publicaci?n. Es necesario, pues, un seguimiento de las mismas en d?as sucesivos para disponer de m?s datos.

7. Los columnistas no son infalibles en sus observaciones. L?alos con esp?ritu cr?tico, con la intenci?n de encontrar discrepancias con su propio criterio. Es un buen ejercicio para desarrollar la capacidad de an?lisis.

8. No desde?e la lectura de los editoriales. Si se identifica de alguna manera con el ideario de su peri?dico, los editoriales le ayudar?n en la formaci?n de un criterio serio y fundamentado.

9. En los contenidos relativos a la religi?n o a la vida de la Iglesia, conviene acudir a las publicaciones o revistas especializadas, ya que, por lo general, salvo algunas excepciones, estas informaciones suelen ser en los peri?dicos menos objetivas que las dem?s, bien sea por ignorancia, ligereza o prejuicios.

10. Si en lo esencial est? de acuerdo con su peri?dico, escr?bale al director cuando encuentre algo que razonablemente ?l deber?a evitar. Muchos directores suelen ser muy sensibles a las cr?ticas razonadas, sobre todo si son constructivas y afectuosas.

Uni?n Cat?lica de Informadores y Periodistas de Espa?a (UCIP-E)

CINE
PISTAS PARA UN ESPECTADOR AVISADO


1. Elige tu pel?cula a trav?s de una orientaci?n previa, ajena, por supuesto, a los reclamos publicitarios.

2. Procura verla el d?a, a la hora y con el estado de ?nimo m?s propicio para su degustaci?n.

3. Trata de ampliar cada vez m?s tus gustos por los diversos g?neros, estilos y nacionalidades contra la inercia de lo ya conocido.

4. No digas nunca esa tonter?a de que "Yo voy al Cine a pasarlo bien y distraerme porque bastantes problemas tiene ya la vida".

5. Mientras contemplas la pel?cula, trata de descubrir sus valores argumentales, est?ticos, interpretativos y humanos.

6. Si puedes, cuando est?s realizando tu propia rumia de la pel?cula -no antes-, trata de leer una cr?tica solvente que te ayude, en di?logo silencioso, a descubrir sus valores.

7. Mejor a?n, comenta, si puedes, la pel?cula con los amigos, con la esposa, con los hijos, enriqueciendo y contrastando tu opini?n con la de los otros.

8. Recomienda la pel?cula que a ti te ha gustado. No hay publicidad m?s eficaz que la de "boca a o?do".

9. Tampoco te importe volver a ver una pel?cula, cuando te haya gustado mucho y veas que no la has abarcado.

10. Y, por fin, valora y agradece la capacidad creativa de los buenos directores, guionistas e int?rpretes, que te han hecho disfrutar y te han enriquecido y hecho crecer como persona.

Santiago Gil del Muro



RADIO
PARA ESCUCHAR LA RADIO



Decimos "escuchar", que no es lo mismo que "o?r". Hay que escuchar la radio. Hay que escuchar una radio que cada vez se plantee nuevos g?neros con unas mayores exigencias de preparaci?n t?cnica y planificaci?n econ?mica. De la radio de transistores hamos pasado ya al RDS y a la radio digital. Esto nos abre el abanico no solamente de ofertas sino de posibilidades de o?r, mejor dicho, de escuchar lo que queremos y en el momento que queremos. Los periodistas deben persuadirse de que no hay noticias donde no haya un hecho comprobable. Por su parte, el oyente tiene el derecho a ser correctamente informado, una prioridad que debe existir sobre el deseo de una u otra emisora a ser la primera en dar una informaci?n. Hechas estas consideraciones y aparte de tener el aparato de radio que a cada uno le permita su econom?a, los diez consejos que dar?amos son los siguientes:

1. Encontrar la hora adecuada. Cada oyente debe saber cuando puede estar mejor o peor informado. No todas las horas son las mismas para todos.

2. Buscar la sinton?a amiga. Cada uno debe intentar "sintonizar" con la emisora que responda a sus inquietudes o preferencias pol?ticas, econ?micas, religiosas, etc.

3. Diversificar la audiencia. Pero a pesar de lo dicho en el anterior apartado, es conveniente que se oigan varias emisoras para poder encontrar el punto medio de influencia y de credibilidad.

4. Discrepar a menudo. Conviene no asentir a todo lo que se dice por el medio radio. De ah? la necesidad de diversificar las preferencias y de discutir, aunque sea mentalmente, con lo que se est? diciendo en las distintas emisoras.

5. Huir de los santones. Los tertulianos son los nuevos santones de las emisoras de radio, son los que hablan y saben de "todo" sin conocer "todo". Pueden ayudar a completar la informaci?n, pero nunca a dirigir nuestra opini?n personal.

6. Huir del sensacionalismo. Aquellas emisoras que hacen del sensacionalismo su primera premisa informativa, no son aconsejables para el oyente. Hay que buscar la informaci?n sin alharacas.

7. Huir del personalismo. Aquellos que hacen informaci?n muy personalizada transmiten sus propias sensaciones a los oyentes. Sensaciones que en la mayor?a de los casos no responden a la realidad ni a las se?as de identidad de la emisora escuchada.

8. Ser muy cr?tico. Tenemos que escuchar la radio con criterios propios y, por tanto, no tener miedo a criticar a aquello o aquellos que nos parece que no est?n acertados en sus apreciaciones sobre informaciones y comentarios. Es conveniente hac?rselo saber a la emisora a trav?s de cartas o de llamadas telef?nicas.

9. La informaci?n es lo primero. La noticia debe ser el catecismo de la emisora. Tenemos que aprender a distinguir noticias de opini?n. Tenemos que saber seleccionar lo que es noticia. La noticia m?s relevante no puede ser el hecho de que sea un acontecimiento interesante o espectacular, sino su importancia o significado.

10. Escuchar, no o?r. Retomamos el inicio del escrito. Tenemos que aprender escuchar la radio y no solamente a o?r. Escuchar una transmisi?n de noticias y valorar que tengan siempre en cuenta las peculiaridades, posibilidades y limitaciones del medio radiof?nico.

Rafael Ortega
Presidente de la Uni?n Cat?lica de Informadores y Periodistas de Espa?a (UCIP-E)


TELEVISI?N
DIEZ PALABRAS AL PRINCIPIO



Se pone usted ante el televisor y de entrada no se da cuenta ?quiz?s no lo advierte- que est? usted ante la gran pitonisa de nuestro tiempo. Ella, a poco que usted se descuide, se puede convertir en el gran compulsor de sus emociones y aun en el gran devorador de sus decisiones de conciencia. Opina uno que no ser?a malo tomar, previamente al hecho televisivo, una serie de precauciones que se me ha ocurrido fijar exactamente en diez. Son ?stas.

1?. Conozca usted la televisi?n.
No es el aparato ante el que se pone usted. Es m?s bien el producto pl?stico y sonoro que ha requerido para su factura muchos esfuerzos personales y econ?micos, m?s de un quebradero de cabeza y hasta es posible que alg?n acomodamiento de la conciencia. Dec?a Francois Truffaut que un simple movimiento de c?mara es de por s? un problema moral.

2?. ?mela en lo que vale. No crea usted que la mejor soluci?n a los problemas que puede plantear la televisi?n en casa es la de dejarla afuera. La de no tener televisi?n. La televisi?n, tan aparentemente apisonadora, es sumisa y es modesta. Es sencilla y no avasalla a nadie. Se sabe en manos del destinatario y respeta las decisiones del mismo. La televisi?n, sencillamente, oferta su producto. Y hay que amarla porque ese producto es m?ltiple y respetuoso. Usted tiene en la mano el mando a distancia. Y puede hacer con ?l lo que le parezca m?s oportuno. Y la televisi?n no se va a quejar a nadie.

3?. No hay que verla solos. La televisi?n no tiene que ser la sacudida del aburrimiento en esas largas horas en que no hacemos nada porque nada se nos ocurre. El espectador de la televisi?n tiene que ser generoso consigo mismo y con los dem?s. Y, hasta donde pueda, debe convocar a los dem?s a un espect?culo que enriquecer? a todos en la misma medida en que sepan compartirlo. El destinatario verdadero de la televisi?n no es el individuo, sino el grupo familiar. Entre dos o cuatro o cinco puede ver m?s y mejor que lo que es capaz de ver una persona sola... y solitaria.

4?. No exija a la tele lo que la tele no puede dar. Se le pide cultura. Una cultura uniforme. Se le pide que edifique virtudes en los ciudadanos, como si la moral fuera unitaria y catequ?tica. Se le pide que no nos aburra. Se le pide que d? a nuestros ocios el divertimento que m?s vaya con nuestra capacidad de distracci?n. Hay que convencerse: la televisi?n no est? para suplir las carencias de algo o de alguien. La televisi?n, sencillamente, se?ala caminos. Para eso no hay que pedirle, adem?s, que nos empuje por ellos.

5?. Seleccione los programas. Echen lo que echen, no se lo trague todo. Si usted es un consumidor a esgaya, acabar? por hastiarse de la televisi?n y llegar? imprudentemente a la conclusi?n de que no hay en ella nada que valga la pena. Yo le digo a usted que s?: que a diario hay en la televisi?n (en las muchas televisiones que tenemos), bastantes programas apetecibles. Inevitables, incluso. Hay que buscarlos, claro est?. Y hay que hacer de entre ellos el men? de cada jornada.

6?. Busque usted la almendra de cada programa. Ya est? hecha la selecci?n. Ya nos sentamos a desmenuzar el men? que hemos preparado. Y bien: se va a dar cuenta de que cada programa tiene su exigencia: de tema, de realizaci?n, de compromiso. Reexamine usted la calidad de estos elementos. Comprom?tase con ellos. Retire la paja que pueda encontrar. Qu?dese con el grano, con la almendra. Es decir: convi?rtase de espectador pasivo en espectador inteligente.

7?. Cambiar de canal es cosa sabia. Le pedir?n a usted que no cambie. Le pedir?n que aguarde un poquito mientras le tiran encima la red de la publicidad. No haga caso de esas instancias. Si a usted le gusta el programa que est? viendo, siga usted con ?l pero sin que nadie le empuje. Pero si el programa no le gusta, sepa usted por qu? lo abandona, pero aband?nelo.

8?. Rechace la violencia. Toda la violencia. La que viene en las pel?culas con series contadas a prop?sito y conveniencia de la misma ?la violencia- o la que se filtra en los documentos de la guerra abierta o de las facciones revolucionarias. La juventud que puede haber en la casa acabar? por no distinguir la violencia de verdad ?documental- de la violencia construida. Y, violencia por violencia las im?genes son las mismas.

9?. Hay que hablar de lo que se ha visto. Los programas no deben morir una vez que han pasado por televisi?n. Los programas buenos tienen derecho a que se los discuta y a que se llegue con ellos a conclusiones est?ticas o morales. O a las dos a la vez. Y el espectador inteligente har? bien en llevar sus ideas ?las que se le hayan promovido por un programa- a la conversaci?n de la casa o de la calle o de las reuniones de amigos. La escasa imaginaci?n que padecen algunos para acercarse a determinados temas, puede ser aliviada generosamente por la televisi?n.

10?. No todos los programas son iguales. Ni son iguales sus formulaciones. Ni son iguales los destinatarios. Hay programas en diferido y hay programas en directo. Los ?en directo? son la televisi?n m?s verdadera y habr? que tenerlo en cuenta. Los montados en estudio o los que van en diferido con posibilidad de manipulaci?n de sus im?genes, siempre ofrecen sospechas. El espectador inteligente deber? tener en cuenta esas condiciones inevitables. Y esto y poco m?s se puede sugerir al actual o futuro espectador de esa maravilla de la cultura de hoy llamada Televisi?n. Digital o de la otra.

Eduardo T. Gil de Muro
Publicado por verdenaranja @ 23:43  | Hablan los obispos
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