S?bado, 26 de mayo de 2007
Madrid (Agencia Fides) - el Arzobispo Mons. Henryk Hoser, Secretario Adjunto de la Congregaci?n para la Evangelizaci?n de los Pueblos y Presidente de las Obras Misionales Pontificias (OMP), realiz? un recorrido de la enc?clica Fidei Donum de P?o XII, de la que este a?o se cumple el 50 aniversario, en su intervenci?n el d?a 22 durante las Jornadas Nacionales de Delegados de Misiones y la Asamblea General de los directores diocesanos de las Obras Misionales Pontificias de Espa?a


JORNADAS NACIONALES DE DELEGADOS DIOCESANOS DE MISIONES
ASAMBLEA GENERAL DE DIRECTORES DIOCESANOS DE OMP

(Madrid, 22-24 de mayo de 2007)
S. Ecc. Mons. Henryk Hoser SAC
Presidente de las Obras Misionales Pontificias


En el a?o 1990, a los veinticinco a?os de la conclusi?n del Concilio Vaticano II y de la publicaci?n del decreto sobre la actividad misionera Ad gentes, quince a?os despu?s de la Exhortaci?n Apost?lica Evangelii Nuntiandi de Pablo VI, su sucesor, Juan Pablo II, ha afirmado: ?Quiero invitar a la Iglesia a un renovado compromiso misionero, siguiendo al respecto el Magisterio de mis predecesores. El presente Documento se propone una finalidad interna: la renovaci?n de la fe y de la vida cristiana. En efecto, la misi?n ? contin?a el Papa - renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ?La fe se fortalece d?ndola! La nueva evangelizaci?n de los pueblos cristianos hallar? inspiraci?n y apoyo en el compromiso por la misi?n universal? .
El d?a de Pascua de 1957, P?o XII dirigi? a todos los obispos del mundo, un llamamiento serio y apremiante a favor de las misiones en ?frica, en un momento hist?rico en el que se preve?a una inminente descolonizaci?n. Esta enc?clica, que en su momento fue muy conocida, hoy, sin embargo, lo es menos y ha sido casi sustituida por los documentos y las f?rmulas posteriores. Ser? ?til presentar brevemente su contenido.
Tras el pre?mbulo (sobre el don de la fe que irradia), siguen cuatro partes. La primera se concentra sobre la situaci?n de la Iglesia en ?frica, con algunos aspectos particulares: los resultados de la misi?n en el pasado, las tareas a realizar, el an?lisis de la situaci?n existencial del continente, los desaf?os que afrontar y la escasez de trabajadores en la mies.
La segunda parte trata las apremiantes necesidades, a las que debe concurrir toda la Iglesia, con el fin de encontrar soluciones adem?s de asegurar el desarrollo espiritual y material de los pueblos de ?frica.
La tercera parte se detiene sobre la importancia del triple compromiso hacia las misiones que interpela a todos los cat?licos: la oraci?n, la generosidad y el don de uno mismo.
La parte final, breve, es una exhortaci?n dirigida a todos los misioneros.
No es mi intenci?n agotar la riqueza tem?tica de la enc?clica, sino simplemente presentar algunas observaciones y consideraciones que prueban la actualidad, en ocasiones sorprendente, del texto pontificio.
Cincuenta a?os despu?s de su publicaci?n, es necesario volver una vez m?s a la din?mica de la enc?clica Fidei Donum del Papa P?o XII. Esta din?mica se desarrolla internamente entre dos polos, dos puntos de referencia y de motivaci?n, quedando siempre como motivo conductor el don de la fe. El Catecismo de la Iglesia Cat?lica recuerda que: La fe es una adhesi?n personal del hombre entero a Dios que se revela. Comprende una adhesi?n de la inteligencia y de la voluntad a la Revelaci?n que Dios ha hecho de s? mismo mediante sus obras y sus palabras. "Creer" entra?a, pues, una doble referencia: a la persona y a la verdad; a la verdad por confianza en la persona que la atestigua. No debemos creer en ning?n otro que no sea Dios, Padre, Hijo, y Esp?ritu Santo .
Por tanto, la fe es siempre la base del ser misionero, una evidencia que permanece sin comentarios y que, conforme avanzan los debates entre los mision?logos, cada vez se olvida m?s. El di?logo entre las culturas y las religiones, la inculturaci?n, los ejercicios sem?nticos, entendidos como m?todo de la actividad misionera, por una parte, y, por otra, la proclamaci?n del Reino de Dios, considerado como fin prefijado de la acci?n, han hecho perder de vista que el verdadero protagonista de la evangelizaci?n es la persona creyente que, inspirada por el Esp?ritu Santo, da testimonio sobre todo de su propia fe.
El primer polo, por lo tanto, es la fe. En la actividad misionera de la Iglesia, incluso en el compromiso de un misionero en particular y en lo concreto de su vida cotidiana, la motivaci?n es una fuera motriz y causal. Su carencia tiene como origen un decaimiento del sentido de ser y del actuar como misionero, expuesto siempre a una larga serie de contrariedades.
El texto de la enc?clica Fidei Donum ofrece esta doble visi?n, es decir, la motivaci?n que proviene de la consciencia teol?gica, y la que deriva del conocimiento contextual del tiempo y el ?mbito del compromiso del misionero; en otras palabras, de su lectura de la situaci?n ofrecida, encontrada y encomendada, por la Providencia Divina.
La menci?n de la Providencia Divina nos recuerda siempre que no existe jam?s la evangelizaci?n sin fe. ?El don de la fe, al cual siguen en las almas por gracia de Dios tan incomparables riquezas, exige que sin cesar mostremos nuestra gratitud al Se?or, su divino Autor. (...) ?Qu? ofreceremos, pues, al Se?or a cambio de este don divino, adem?s del homenaje de la mente, si no es nuestro celo en difundir cada vez m?s entre los hombres el esplendor de la verdad divina??
Queda claro, por tanto, que, como primer motivo del actuar del misionero, se presenta la actitud de gratitud, por respeto a Dios y a su prodigalidad, por la efusi?n del don recibido en abundancia (la gratitud es una actitud en la Escritura: ex. Tb 12,6; S.; Col 3,15 ss.). La fe, el inestimable don, condiciona ?en cierto modo la primera respuesta de nuestra gratitud para con Dios, al comunicar a nuestros hermanos la fe que nosotros hemos recibido? . La estructura dial?gica de la motivaci?n misionera, vista como respuesta, como reacci?n a los dones recibidos, encuentra un desarrollo posterior en el Decreto Conciliar Ad Gentes: ?El hombre debe responder al llamamiento de Dios, de suerte que no asintiendo a la carne ni a la sangre, se entregue totalmente a la obra del Evangelio, pero no puede dar esta respuesta, si no le mueve y fortalece el Esp?ritu Santo? .
Es muy importante insistir hoy en la motivaci?n de fe del misionero, sin la cual los dem?s elementos constitutivos de la vocaci?n misionera pierden su fundamento. Sin la fe, resulta ilusoria la adhesi?n vital y comunitaria a las verdades reveladas por el Se?or, como pide la Evangelii Nuntiandi, como tambi?n la adhesi?n ?al reino, es decir, al ?mundo nuevo?, al nuevo estado de cosas, a la nueva manera de ser, de vivir juntos, que inaugura el Evangelio? .
Sin la fe, la docilidad al Esp?ritu Santo, protagonista principal de la evangelizaci?n, se convierte en problem?tica. De hecho, tras el Concilio Vaticano II, el Magisterio de la Iglesia recuerda peri?dicamente el papel decisivo de la fe como primer paso hacia la misi?n. Refiri?ndonos a la pregunta de Juan Pablo II, sobre el ??para qu? la misi?n??, podemos dar una respuesta que surge de nuestra fe y de nuestra experiencia de la Iglesia, ?abrirse al amor de Dios es la verdadera liberaci?n. (...) La misi?n es un problema de fe, es el ?ndice exacto de nuestra fe en Cristo y en su amor por nosotros? . Con esta afirmaci?n el Papa vuelve a lo esencial.
La misi?n es sobre todo una necesidad del coraz?n y un deber, en ocasiones pesado, de la caridad.
Otro importante motivo del compromiso misionero es la visi?n y la consciencia de la Iglesia, como las desarrolla el autor de la enc?clica ?Mystici Corporis?: ?Como en nuestro organismo mortal, cuando un miembro sufre, todos los dem?s sufren con ?l, aportando los miembros sanos su ayuda a los que est?n enfermo, de igual forma en la Iglesia cada miembro no vive ?nicamente para s?, sino que ayuda a los dem?s y todos se ayudan rec?procamente para su consolaci?n mutua, como tambi?n para un mejor desarrollo de todo el cuerpo?
El Papa P?o XII se dirige as? a los obispos del mundo y, a trav?s de ellos, a todos los potenciales misioneros, subrayando que la solidaridad en la Iglesia se basa en la caridad estimulante de Cristo. Se pueden encontrar afirmaciones parecidas tambi?n en las ense?anzas del actual Papa Benedicto XVI; especialmente en la ?Deus Caritas est?.
Una Iglesia solidaria, descrita como ?Fratenidad de Cristo? en la primera carta de Pedro (1 Pd 2,17 y 5,9), como ?Iglesia-hermana? seg?n la tradici?n patr?stica , tambi?n era vivida en los primeros siglos como ?Ecclesia Mater?, una denominaci?n amorosa de la que dan testimonio tambi?n los mosaicos del siglo IV en el ?frica Proconsular.
La Iglesia es inseparable de Cristo. Quien ama a Cristo es sensible a su mandato dirigido a Pedro: ?Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas? (Jn 21, 16-18). La misi?n universal personalizada por el sucesor de Pedro implica a todos aquellos a los que se han transmitido las palabras del Se?or: ?Como el Padre me envi?, as? os env?o yo? (Jn 20,21) . ?Existe, por tanto, un nexo ?ntimo entre Cristo, la Iglesia y la evangelizaci?n. Mientras dure este tiempo de la Iglesia, es ella la que tiene a su cargo la tarea de evangelizar. Una tarea que no se cumple sin ella, ni mucho menos contra ella? .
Otra raz?n de motivaci?n del misionero, que pertenece al polo teol?gico, es la catolicidad de la Iglesia como afirma uno de los art?culos de nuestro Credo. ?El esp?ritu misional y el esp?ritu cat?lico, dec?amos hace ya alg?n tiempo, son una misma cosa. La catolicidad es una nota esencial de la verdadera Iglesia: hasta tal punto que un cristiano no es verdaderamente afecto y devoto a la Iglesia si no se siente igualmente apegado y devoto de su universalidad, deseando que eche ra?ces y florezca en todos los lugares de la tierra? .
Nos llega, por tanto, una advertencia contra el individualismo que domina la cultura contempor?nea. ?Cuando se habla de la Iglesia, Nada, pues, es m?s extra?o a la Iglesia de Jesucristo que la divisi?n; nada es m?s nocivo para su vida que el aislamiento, que el concentrarse en s? misma?
El Papa Pablo VI, 18 a?os despu?s, volv?a a retomar esta advertencia en la Evangelii Nuntiandi, en la que el Papa advierte que ?como demuestra la historia, cada vez que tal o cual Iglesia particular, a veces con las mejores intenciones, con argumentos teol?gicos, sociol?gicos, pol?ticos o pastorales, o tambi?n con el deseo de una cierta libertad de movimiento o de acci?n, se ha desgajado de la Iglesia universal y de su centro viviente y visible, muy dif?cilmente ha escapado ?si es que lo ha logrado? a dos peligros igualmente graves: peligro, por una parte, de aislamiento esterilizador y tambi?n, a corto plazo, de desmoronamiento (?) y, por otra parte, peligro de perder su libertad? desgajada del centro (?) quedando sola frente a las fuerzas m?s diversas de servilismo y explotaci?n?. Adem?s ?los cristianos m?s sencillos, m?s evang?licos, m?s abiertos al verdadero sentido de la Iglesia, - contin?a Pablo VI- tienen una sensibilidad espont?nea con respecto a esta dimensi?n universal (?) y sufren en lo m?s hondo de s? mismos cuando, en nombre de teor?as que ellos no comprenden, se les quiere imponer una iglesia desprovista de esta universalidad, iglesia regionalista, sin horizontes? .
La afirmaci?n de P?o XII: ?Una comunidad cristiana que dona a sus hijos y a sus hijas a la Iglesia no puede morir?.
El esp?ritu misionero se basa en las virtudes teologales , que abren al cristiano al soplo del Esp?ritu Santo, en el que se fundamenta la Iglesia. As?, la vocaci?n misionera y el mismo misionero, son el don de la fe ? Fidei Donum.
Por analog?a, podemos decir, sin riesgo a equivocarnos, que el ?triple deber misionero?, desarrollado ampliamente por el autor de la enc?clica , es el fruto del Esp?ritu y se presenta como una manifestaci?n, una exteriorizaci?n personalizada de la dilataci?n del coraz?n humano. Este triple deber est? constituido por la oraci?n, la generosidad y el don de uno mismo. Es necesario precisar que la animaci?n misionera ofrecida en la Iglesia a trav?s de las Obras Misionales se suele articular en estos tres dones, orientaciones y l?neas de crecimiento comunitario y personal. El t?rmino ?ad quo? de la acci?n misionera, a nivel operativo, es precisamente el don de uno mismo, que expresa el deseo ardiente del Se?or: ?Nadie tiene un amor m?s grande que este: dar la vida por sus amigos? (Jn 15,13). Este don es lo m?s grande, m?s grande que todo. ?Sal de tu pa?s, de tu familia y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostrar? (Gn 12,1). En pocas palabras, se trata de una vocaci?n muy antigua, que se remonta a Abraham, el Padre de los creyentes.
El don del misionero no pierde su actualidad y necesidad en el mundo de hoy, incluso ocurre lo contrario: cuando ?una libre circulaci?n de personas y de bienes? se ha convertido en la regla de la mundializaci?n, los contactos se muestran como una nueva apertura a la catolicidad de la Iglesia. La capacidad de ser corresponsable de toda la Iglesia, se considera como un signo y una prueba de la madurez de las Iglesias particulares, cuando el Cuerpo M?stico, edificado de esta forma, alcanza la plenitud de su madurez en Cristo (cf. Ef 4,13). ?Si quieres amar a Cristo, dec?a San Agust?n, difunde la caridad por toda la tierra, porque los miembros de Cristo est?n en el mundo entero? .
El segundo polo, antropol?gico este, fuente tambi?n de motivaci?n, es el estado del mundo. Esta mirada siempre compasiva del Se?or la encontramos con frecuencia en el Evangelio: ?Entonces Jes?s llam? a sus disc?pulos y les dijo: ?Siento compasi?n por esta multitud: me siguen desde hace tres d?as y no tienen nada que comer. No les quiero despedir en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino?? (Mt 15, 32).
?Y dec?a a las multitudes: ?Cuando veis una nube aparecer en el horizonte pronto dec?s: va a llover, y as? ocurre. Y cuando sopla el viento del desierto, dec?s: har? calor, y asi ocurre. ?Hip?critas! ?Sab?is juzgar el aspecto del cielo y de la tierra, y no sab?is juzgar este tiempo??.
De igual forma, la lectura de diversos textos del Magisterio de la Iglesia ofrece un an?lisis de las situaciones de la humanidad entera, de las gentes de cada continente, pa?s y regi?n.
En ocasiones se habla de las situaciones existenciales de diversas categor?as de personas: enfermos, ni?os, mujeres, profesionales, juventud, etc.
De igual forma la metodolog?a de la Constituci?n sobre la Iglesia en el mundo actual, Gaudium et Spes, Luctus et Angor, que desarrolla una doble visi?n: las luces y las sombras de la situaci?n que se vive.
La primera exigencia que el Se?or pone a sus disc?pulos es la de mirar y saber valorar el ambiente de vida, las fuerzas disponibles, la de estar despiertos y vigilantes y saber leer con inteligencia los signos de los tiempos.
Esta inteligencia caracteriza todo el documento magisterial escrito hace 50 a?os. En el pre?mbulo encontramos una mirada l?cida al mundo a evangelizar. Hablando del ?fervor apost?lico de los cristianos?, el Papa indica las direcciones de su aplicaci?n, tambi?n hoy, siempre de actualidad ?Ori?ntese este fervor hacia las regiones descristianizadas de Europa y hacia las vastas regiones de Am?rica del Sur, donde sabemos que las necesidades son grandes; p?ngase al servicio de tantas importantes misiones de Asia y Ocean?a, all? sobre todo donde el campo de lucha sea dif?cil; sostenga fraternalmente a los miles de cristianos, particularmente amados por nuestro coraz?n, que son honor a la Iglesia porque conocen la bienaventuranza evang?lica de los que sufren persecuci?n por la justicia (Mt 5,10)? .
La atenci?n del documento sobrepasa la noci?n de misi?n ligada al territorio o al espacio ?can?nico? tan conocido de las Iglesias orientales. P?o XII se refiere as? a la gente descristianizada, a los que carecen de la justicia y de su dignidad humana, etc., aspecto ?ste que ha desarrollado despu?s Juan Pablo II . El criterio territorial sigue siendo v?lido. Afirma el Papa: ?el criterio geogr?fico, aunque no muy preciso y siempre provisional, sigue siendo v?lido todav?a para indicar las fronteras hacia las que debe dirigirse la actividad misionera?. Existen mundos y fen?menos sociales nuevos, existen ?reas culturales y are?pagos modernos . La Enc?clica Fidei Donum alude a este nuevo desarrollo de la conciencia misiol?gica y a la tendencia al cambio del mundo.
El an?lisis de la ?situaci?n de la Iglesia en ?frica? que nos ofrece la enc?clica, si bien hist?rica, no es por ello menos perspicaz. El Pont?fice observa el progreso del Evangelio en el continente, el r?pido aumento del n?mero de cat?licos, la multiplicaci?n de las circunscripciones eclesi?sticas y la africanizaci?n de los obispos y sacerdotes. ?Legiones de ap?stoles, sacerdotes, religiosos y religiosas, catequistas y colaboradores seglares, han conseguido tan consoladores resultados? . El Papa no esconde, sin embargo, las dif?ciles condiciones generales en las que se desarrolla la obra de la Iglesia en ?frica. Sorprende que 50 a?os despu?s estemos de acuerdo con sus valoraciones: ?La mayor parte de esos territorios est? pasando por una fase de evoluci?n social, econ?mica y pol?tica, que est? saturada de consecuencias para su porvenir? . Atribuye al materialismo ateo presente en ?frica ?su virus de divisi?n, atizando las pasiones, enfrentando a pueblos y razas unos contra otros, aprovechando aut?nticas dificultades para seducir los esp?ritus con f?ciles espejismos o para sembrar la rebeli?n en los corazones? . Los ?ltimos a?os han confirmado plenamente su diagn?stico. C?mo no condividir su parecer cuando afirma que ?varias, por otro lado, son las causas de ello: a menudo se trata de causas hist?ricas recientes, y no siempre le ha sido ajena la actitud de naciones que, sin embargo, se glor?an de su pasado cristiano? .
Hoy los cristianos del mundo entero se enfrentan a la nueva situaci?n global creada, en su mayor parte, en los pa?ses materialmente desarrollados del ?primer mundo? que impone los paradigmas y los valores de la ?tica global, el nuevo sistema ?tico, esencialmente anticristianos y neopaganos .
El Papa P?o XII escribe al final: ?Invocando, pues, sobre las misiones cat?licas el doble patrocinio de San Francisco Javier y de Santa Teresita del Ni?o Jes?s, la protecci?n de todos los santos m?rtires y, sobre todo, la poderosa y maternal intercesi?n de Mar?a, Reina de los Ap?stoles, dirigimos nuevamente a la Iglesia la imperiosa y victoriosa invitaci?n de su Divino Fundador: Duc in altum! (Lc 5,4)?.
Su sucesor, el siervo de Dios Juan Pablo II, nos introduce en el Tercer Milenio con el mismo llamamiento.
Roma, 19 de mayo de 2007, Fiesta de Mar?a, Reina de los Ap?stoles.
Publicado por verdenaranja @ 0:04  | Hablan los obispos
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