Domingo, 27 de mayo de 2007
Carta pastoral del episcopado guatemalteco con el t?tulo ?La Gloria de Dios es la vida del hombre?.

I - Introducci?n

1. El valor de la vida humana ha sido reconocido y defendido ardientemente por la Iglesia desde los primeros a?os del cristianismo. Hace cerca de 2000 a?os, San Ireneo, uno de los Padres de la Iglesia, escribi?: "La gloria de Dios es la vida del hombre" (Adv., haer. IV, 20, 7). Y llegaba a esta conclusi?n, despu?s de reflexionar que la vida humana es como una participaci?n de la vida de Dios que, por amor, ha querido compartir con el ser humano.

2. La cultura de la muerte en la que estamos hundidos los guatemaltecos, desde hace ya mucho tiempo, es una forma pecaminosa de negarle a Dios la gloria que ?l merece. Nos sentimos por eso urgidos a invitar a nuestros fieles cat?licos y a todas las personas de buena voluntad a una reflexi?n profunda sobre el valor de la vida humana y as? enfrentar unidos uno de los desaf?os m?s graves del siglo XXI.


II - La Dignidad de la Vida Humana y su Car?cter Sagrado

3. La Iglesia siempre ha anunciado el evangelio de la vida, proclamando la creaci?n del hombre a imagen y semejanza de Dios para un destino de vida plena y perfecta (EV 7). Ha defendido que la vida pertenece s?lo a Dios y solamente a ?l corresponde darla o quitarla (Sal 32; EV 9). La vida de cada ser humano es "sagrada" porque Dios es quien la ha creado, ?l es su origen y su destino, su fuente y su meta. Es sagrada tambi?n porque cada uno de nosotros somos una imagen peque?a y sencilla, pero ciertamente veraz, de Dios, quien no s?lo nos cre? al insuflar su "aliento vital" en nosotros (Gn 2, 7) sino que nos hizo tambi?n a su imagen (Gn 1, 27). Al darnos la vida, Dios se ha entregado a s? mismo. Esta es la raz?n b?sica del car?cter inviolable de toda vida humana. La hemos recibido de parte de Dios. Tenemos, por eso mismo, que respetarla y cuidarla como el m?s grande bien que el Creador nos ha dado.

4. Por si esto fuera poco, el Hijo de Dios, al encarnarse, acentu? a?n m?s claramente el car?cter sagrado de la vida humana. "La palabra se hizo carne y habit? entre nosotros" (Jn 1, 14). En ?l, que es tambi?n ser humano hist?rico y concreto, brilla la plenitud de la vida, que trasciende nuestra realidad temporal y nos lanza hasta la vida eterna.

5. El centro del mensaje y de la misi?n de Jes?s es el Reino de Dios. En sus palabras y en sus hechos se revela c?mo el Reino de Dios es un Reino de vida para la dignificaci?n de todos los seres humanos. Con su muerte en la cruz sella con su propia vida el rescate de la nuestra de las garras del pecado y, con su resurrecci?n, plasma la victoria de la vida sobre la muerte: "?d?nde est?, muerte, tu victoria?" (1Cor 15, 56). Por eso, con toda raz?n, el Se?or, al defender la vida humana y ofrecer la vida sobrenatural y divina, nos dijo: "He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10).

6. En la defensa que Jes?s hace de la vida, descubrimos una opci?n preferencial por los m?s d?biles. En su ?poca -como hoy- hab?a grupos de personas que sufr?an las mayores violencias contra la vida humana: los pobres, los enfermos, los pecadores, las mujeres, los hu?rfanos y los extranjeros. La marginaci?n que sufren esas personas toca su coraz?n y suscita en ?l una profunda compasi?n. El amor compasivo es la respuesta de Jes?s ante la vida amenazada y disminuida. Jes?s dio siempre vida, opt? a favor de la vida.


III - La cultura de la muerte: Violencia contra la vida humana

7. Suele definirse la violencia como el uso injusto de la fuerza que maltrata, hace da?o y causa muerte. La moral cristiana entiende por violencia todo aquello que amenaza, rompe o atenta contra la dignidad de la vida humana, impidiendo que ?sta se afirme y se realice en su plenitud. En nuestra patria las distintas formas de violencia y los atentados que se cometen contra la vida humana son diversos y m?ltiples, pero a todos los unifica una misma l?gica destructiva, una misma maldad, que atenta contra la vida de much?simos guatemaltecos y degrada a los que la promueven. Sin tratar de ser exhaustivos, quisi?ramos se?alar las manifestaciones m?s palpables de esta cultura de la muerte:

8. A nivel socio-econ?mico, la primera amenaza a nuestra dignidad se expresa en la hiriente pobreza que atenaza a la mayor?a de la poblaci?n en un marco de enorme desigualdad social. Se?alamos algunos datos:

9. De acuerdo con estudios de organismos internacionales, el 5% m?s rico de la poblaci?n concentra 63 veces m?s riqueza que el 5% m?s pobre, figurando nuestro pa?s como uno de los m?s asim?tricos del mundo, en donde el 20% de la poblaci?n percibe menos del 2% de los ingresos nacionales. As? el 56% de la poblaci?n malvive por debajo de la l?nea de pobreza, cifra que equivale a 7.3 millones de personas, concentr?ndose dicha miseria principalmente en las ?reas rurales aprisionadas entre el latifundio y el minifundio y ensa??ndose sobre todo en mujeres, ind?genas, ancianos y ni?os. No es de extra?ar, entonces, que el ?ndice del Desarrollo Humano de Naciones Unidas ubique a Guatemala en el ?ltimo lugar del istmo centroamericano y en el puesto 117 a nivel mundial.

10. De acuerdo a UNICEF, en Guatemala, el 49.3% de los ni?os menores de 5 a?os padece desnutrici?n cr?nica, es decir, 1,018,383. Guatemala ocupa el primer lugar en Am?rica Latina en el ?rea de desnutrici?n cr?nica y el sexto lugar a nivel mundial sigui?ndole a Nepal y Etiop?a. Es importante recordar la relaci?n existente entre la nutrici?n y el desarrollo cerebral del ni?o, ya que un ni?o desnutrido puede perder hasta un 40% de sus neuronas potenciales. Y todo ni?o que ha padecido de desnutrici?n cr?nica pierde hasta 11 puntos de su coeficiente intelectual y as? se les dificulta el desarrollo de su capacidad de aprendizaje en la escuela.

11. En este contexto, la participaci?n del sector p?blico en inversi?n social es absolutamente insuficiente. De la carga tributaria apenas se destina el 2.9 % a educaci?n, ciencia y cultura; el 1.8 % a salud y asistencia social y el 0.8 % a los principales fondos sociales. Todo esto empa?a la real consideraci?n de las personas que son afectadas por dichas situaciones como ciudadanos y niega el criterio ?tico social del "bien com?n".

12. Es cierto que el Gobierno de la Rep?blica ha estado apostando a influir en el crecimiento econ?mico mediante la inversi?n p?blica en los denominados megaproyectos, la apertura comercial asociada con el Tratado de Libre Comercio, el aumento del turismo y la atracci?n de la inversi?n privada nacional o extranjera, hacia media docena de los denominados "clusters" o conglomerados productivos, como parte de la agenda nacional de competitividad. Pero en este af?n, el gobierno ha suscitado rechazo de sectores importantes de la poblaci?n, al no haber consultado apropiadamente con los pueblos localizados en las ?reas de inversi?n, especialmente en el campo de la miner?a a cielo abierto. En la construcci?n de represas para generar energ?a el?ctrica la informaci?n ha sido deficiente, lo cual ha propiciado reacciones muy negativas en algunos municipios del pa?s. El gobierno tampoco ha logrado implementar una estrategia nacional que frene eficazmente el deterioro ambiental y logre la recuperaci?n de los ecosistemas afectados.

13. Aunque ha sido ratificado y puesto en marcha un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, es significativo el rechazo o, al menos, el escepticismo de amplios sectores sociales, dada la incertidumbre sobre sus efectos en el aparato productivo del pa?s, especialmente en el sector agropecuario y en los micro o peque?os empresarios y comerciantes.

14. La poblaci?n de nuestro pa?s es joven, ya que la mitad de los guatemaltecos no llega a la mayor?a de edad, pero, entre otros males, las condiciones econ?micas no generan oportunidades de empleo suficientes para absorber a quienes llegan a la edad adulta y desean obtener un empleo. Alrededor de 140 mil j?venes buscan empleo cada a?o, pero muy pocos lo encuentran. Esta situaci?n alimenta no s?lo la migraci?n cada d?a m?s numerosa, sino tambi?n la econom?a informal que supera actualmente los 2/3 de la econom?a nacional. Pero el fruto m?s terrible y doloroso es el crecimiento de las pandillas juveniles -llamadas en Guatemala "maras"- que se han convertido en un problema casi irresoluble.

15. En el caso de la migraci?n debe tenerse en cuenta que, a causa de la desesperaci?n y la incertidumbre, as? como del enorme d?ficit que nuestro pa?s tiene en la creaci?n de nuevos empleos, alrededor de un mill?n doscientos mil connacionales se han lanzado a buscar nuevas oportunidades fuera del pa?s. La mayor?a est? laborando en Norte Am?rica y, con sus remesas mensuales, contribuyen a sostener a sus familiares que quedaron atr?s. Todos conocemos que estas remesas representan la fuente m?s importante de divisas del pa?s por encima de los dem?s rubros de exportaci?n, llegando a superar los tres mil millones de d?lares anuales. As? ayudan al crecimiento econ?mico nacional. Los guatemaltecos migrantes han demostrado un gran esp?ritu emprendedor y valent?a superando los graves peligros que entra?a la odisea del viaje y buscando c?mo subsistir en otro pa?s que no es el suyo. Pero han pagado un alto precio: el desarraigo y la lejan?a de sus familias, cuya integraci?n se resiente seriamente, llega en no pocos casos a la desintegraci?n. Nos preocupa grandemente que, en el momento actual, el futuro de los migrantes guatemaltecos indocumentados en Estados Unidos es incierto, y sabemos tambi?n que el n?mero de deportados est? creciendo.

IV - El hermano mata a su hermano

16. A pesar de la gravedad de los datos se?alados en la secci?n anterior, el flagelo m?s doloroso para la poblaci?n es la violencia inmisericorde que est? afectando dram?ticamente al pa?s. Seg?n datos de la Polic?a Nacional Civil, entre los a?os 2000 y 2005, hubo en Guatemala m?s de 23,000 muertes violentas. Aunque la mayor?a de estas v?ctimas son varones ? y muchos muy j?venes ? hay un n?mero significativo de mujeres, contra las cuales se manifiesta especial sa?a. Es muy doloroso constatar que muchos de los asesinados son ni?os. La zozobra prevaleciente en las calles de los centros urbanos o en ?reas rurales hace que la poblaci?n est? desesperada y empiece a tergiversar los valores, llegando a tomarse la justicia por sus propias manos. La incapacidad de las fuerzas de orden, la inoperancia de los Tribunales de Justicia y un marco jur?dico abiertamente desbordado manifiestan la debilidad de un Estado incapaz de salvaguardar el orden y la vida de los habitantes.

17. Una consecuencia grav?sima de esta situaci?n es que nos hemos acostumbrado como sociedad a ver con indiferencia los hechos violentos que atentan contra la vida digna y el macabro espect?culo cotidiano de cad?veres tirados en las calles de la ciudad o en lugares descampados y a suponer irreflexivamente que detr?s de la mayor?a de cr?menes hay v?ctimas no inocentes. Guatemala es un pa?s de ampl?sima mayor?a cristiana. Por ello es un esc?ndalo para todos los creyentes en Jesucristo que tanto crimen se cometa con tanta impunidad. Eso nos cuestiona abiertamente desde los fundamentos de nuestra fe y nos llama a una profunda conversi?n.

18. La tendencia al consumo de estupefacientes ha venido aumentando en distintos estratos de la sociedad. Adolescentes y j?venes de todas las clases sociales se ven esclavizados por las drogas, deteriorando ostensiblemente las relaciones familiares, escolares y sociales.

19. La profunda pobreza en que viven trabajadores rurales y sus familias no solamente plantea la necesidad de reformas profundas en lo referente al uso y tenencia de tierras sino que exige un desarrollo rural integral. Esa pobreza constituye una gran tentaci?n para que en muchos sectores rurales se dediquen a la siembra de amapola y marihuana o se pongan al servicio de los narcotraficantes, por los beneficios econ?micos que estas il?citas actividades comportan.

20. El deterioro institucional, causado por la corrupci?n y la impunidad que se ha dado durante los ?ltimos a?os, ha logrado que muchos ciudadanos desconf?en de las autoridades y no crean en el sistema de administraci?n de justicia. El 97% de los homicidios cometidos en Guatemala quedan impunes. Eso genera un ambiente de creciente desaliento y hace que se pretendan volver justificables opiniones ajenas a toda ?tica tales como la aprobaci?n de la "limpieza social" y de los linchamientos entre numerosos sectores de la sociedad.

21. Licitaciones o cotizaciones ama?adas, cuotas de obras con ejecutores predeterminados, tr?fico de influencias, enriquecimiento il?cito de funcionarios y contratistas que se quejan de las comisiones que deben pagar. Todos estos son se?alamientos que se hacen a funcionarios tanto electos como nombrados, tanto de gobiernos locales como de instancias nacionales. Las pocas acciones il?citas que han sido comunicadas por la prensa, posteriormente se diluyen o desaparecen porque los casos no llegan a juicio o los se?alados de cometer actos il?citos salen libres por "falta de pruebas" o anomal?as en los procesos.

22. A las amenazas econ?micas, ecol?gicas, sociales y pol?ticas que atentan contra la dignidad de la vida de los guatemaltecos, se suman las provenientes del ?mbito cultural. Los cambios culturales propiciados por los peores aspectos de la globalizaci?n, conducen a una variaci?n en la conducta de amplios sectores de la poblaci?n, en especial de las nuevas generaciones que se evidencia en no poca apat?a y d?bil compromiso solidario y espont?neo. La vida, corta de aspiraciones o sin ellas, sin rumbo fijo y sin apego a tradiciones, carece de sentido. Se vive de emociones moment?neas y poco reflexivas; prevalece el materialismo y el hedonismo que provocan como consecuencia la poca autoestima y mucha desesperanza ante el futuro. Todo esto incide negativamente en la escala de los valores de los j?venes y en la convivencia familiar y social.

V - Una idea perversa de libertad

23. Entre los efectos negativos de esta transformaci?n cultural est?, en muchos j?venes, el concepto y la pr?ctica deformados de la sexualidad. En efecto, la sexualidad ya no es entendida como la expresi?n m?s profunda del amor humano que exige estabilidad y fidelidad, sino que es considerada solamente bajo la dimensi?n de placer y se defiende como un derecho absoluto sin ning?n freno o l?mite moral.

24. Los atentados contra la vida digna del pueblo guatemalteco -producto de una sociedad consumista y de una cultura de la muerte- ponen totalmente en entredicho los criterios ?ticos del bien com?n, de la solidaridad, de la honradez y del acceso equitativo y justo a los bienes ofrecidos por la naturaleza o producidos por el trabajo humano. Una r?pida mirada a los aspectos interpersonales y a las fases de la vida misma, evidencia la complejidad y peligrosidad de estas situaciones.

25. En el Congreso de la Rep?blica se aprob?, con un solo voto en contra la llamada "Ley de acceso Universal y equitativo de servicios de planificaci?n familiar", buscando con ella regular el crecimiento poblacional. A nuestro juicio, es una ley ambigua y, en algunos de sus art?culos, inicua, que no toma en cuenta la dignidad de la persona humana ni las normas morales que, precisamente, defienden esta dignidad.

26. Esa ley se?ala que la formaci?n del adolescente debe ser integral (Art. 10). Sin embargo no se hace ninguna referencia a la formaci?n moral que es esencial en la formaci?n de todo ser humano y especialmente del adolescente. Por eso nos preocupa seriamente el que se pretenda solucionar el problema social con leyes que comprometen el sentido humano y cristiano del amor, de la sexualidad y la transmisi?n responsable de la vida. El riesgo de traspasar los l?mites morales en nombre del ego?smo, del placer desordenado y el libertinaje en las costumbres, -aunque se trate de esconder todo este mal bajo el aspecto de un bien social y sanitario- se ve aumentado por el influjo negativo de muchos medios de comunicaci?n social. Reafirmamos la necesidad de ejercitar una paternidad responsable compaginada con un respeto absoluto a la vida humana. (GS 50, 2).

27. Aunque anticoncepci?n y aborto como eliminaci?n deliberada de un ser humano inocente, querida como fin o como medio, son de diversa naturaleza y peso moral, est?n sin embargo ?ntimamente relacionados y en no pocos casos responden a una misma mentalidad. Juan Pablo II escrib?a: "As?, la vida que podr?a brotar del encuentro sexual se convierte en enemigo a evitar absolutamente y el aborto es la ?nica respuesta posible frente a una concepci?n frustrada" (EV. 13).

28. El no-nacido es expresi?n m?xima de la indefensi?n, quiz?s solo equiparable a la de la fase terminal de la vida, sobre todo en situaci?n de precariedad e irreversible enfermedad. A uno se le elimina de antemano y al otro se le anticipa la muerte. No debe olvidarse que ambos ?aborto y eutanasia- son considerados por la Iglesia como graves des?rdenes morales pues violan el mandamiento divino de "no matar?s". Es ?sta una doctrina fundamentada en la ley natural y escrita en la palabra de Dios, transmitida por la tradici?n de la Iglesia y ense?ada por el magisterio ordinario y universal.

29. Con nuestras anteriores aseveraciones, algunos podr?an pensar que estamos cuestionando la legitimidad de las leyes civiles y socavando el esp?ritu democr?tico. Est? muy lejos de nosotros el pretender obstaculizar el avance hacia la democracia y propiciar el irrespeto a la autonom?a de lo civil y lo pol?tico. No podemos olvidar sin embargo lo dicho por el beato Juan XXIII cuando afirmaba que "la autoridad es postulada por el orden moral y deriva de Dios. Por lo tanto si las leyes estuvieran en contradicci?n con aquel orden,?no tendr?an fuerza para obligar en conciencia" (PT 273). Por ello las leyes civiles tienen el deber de asegurar el bien com?n mediante el reconocimiento y la defensa de los derechos fundamentales de la persona humana, el primero de los cuales es el derecho a la vida. Las leyes que autorizan o favorecen el aborto y la eutanasia se oponen radicalmente no s?lo al bien del individuo sino tambi?n al bien com?n y por consiguiente deber?an considerarse como privadas de validez jur?dica. Por esa raz?n las leyes civiles deben reconocer el deber y el derecho de cada uno a rechazar cualquier cooperaci?n con el mal. Y no hay que olvidar que esta buena nueva de la vida no es exclusivamente para los creyentes; es para todos. Todo ser racional, si no est? obnubilado por el ego?smo, los intereses personales o el odio irracional, comprende que trabajar a favor de la vida es contribuir a la renovaci?n de la sociedad, a la construcci?n de la aut?ntica democracia y al alcance de la paz duradera.

VI - Defensa de la vida humana

30. Hemos dicho que la Iglesia siempre ha anunciado el Evangelio de la vida. Y es que en Jes?s se anuncia y se comunica la vida divina y eterna (EV 30). ?l nos dijo que vino "para que tuvi?ramos vida, y vida en abundancia" (Jn 10, 10). Por eso la misi?n de la Iglesia -que es la de Jes?s- debe ser siempre una obra a favor de la vida y de una vida plena. Cada cristiano, cada miembro de la Iglesia Cat?lica deber?a ser un defensor de la vida en cualquier ?mbito social que se encuentre, sea el pol?tico, el acad?mico o el laboral.

31. En los diversos pueblos siempre se ha reconocido que la vida humana es un valor en s? misma. A pesar de las m?ltiples paradojas, contrastes y experiencias dolorosas que acompa?an nuestro diario vivir, sentimos y sabemos que vivir es algo valioso, algo que vale la pena, algo que hay que respetar en nosotros mismos y en los dem?s. Vivir es un bien personal y un bien com?n que hay que posibilitar y garantizar. En el art?culo tercero de la Declaraci?n Universal de los Derechos Humanos, se recoge esta valoraci?n de la vida al afirmar que "todo individuo tiene derecho a la vida". Este derecho se ha ido desplegando y concretando en las as? llamadas tres generaciones de Derechos Humanos: derechos civiles y ciudadanos -derechos econ?micos, sociales y pol?ticos- derechos culturales y ecol?gicos. Por eso no dudamos en proclamar que el derecho a la vida debe prevalecer frente a todas las situaciones que la nieguen o que la erosionen.

32. Por el hecho de vivir, podemos entrar en relaci?n con Dios. La llamada a la vida llega a su plenitud con la llamada que Dios nos hace en Jesucristo a ser sus hijos adoptivos y, al donarse ?l a nosotros, nos hace as? part?cipes de su vida divina. "La vida que el Hijo de Dios ha venido a dar a los hombres no se reduce a la mera existencia en el tiempo. La vida que, desde siempre est? en ?l, consiste en ser engendrados por Dios y participar de la plenitud de su amor" (EV 37). La vida es entonces un don de Dios, un regalo inmerecido e inesperado, que nos ha hecho a trav?s de nuestros padres y, por lo tanto, debemos acoger con gratitud.

33. Recibir este regalo con entusiasmo y con ?nimo de responder a esa llamada de Dios, es lo que nos pone en amistad con ?l, ya que, como afirma el libro de Sabidur?a "Dios es amigo de la vida" (Sab 11, 6) pero, todav?a m?s: en Jesucristo Dios se viene a "vivir" con nosotros, pone su casa en medio de todos nuestros avatares, relaciones, situaciones y proyectos. Dios ha puesto su "tienda" en medio de la vida misma, pues el lugar donde ?l decide habitar ser? el mismo que el nuestro, a fin de anticipar en esta fase de la vida, "la fase terrenal", lo que ser? plenitud en el futuro, en la "fase eterna": la plena comuni?n con ?l.

34. El Reino de Dios -tema central del mensaje y la misi?n de Jes?s- se manifiesta en los signos de la actuaci?n de Dios hecho Hombre en nuestra vida y en nuestra historia: cura a los enfermos (Lc 17, 11-14) da de comer a los hambrientos (Mt 14, 13-21), consuela a los afligidos (Mt 5, 4; Lc 13, 10-13), perdona a los pecadores (Mt 9, 1-8), libera a los endemoniados (Mt 8, 28-34) integra a los rechazados (Lc. 19, 1.10), defiende a los d?biles (Mt 7, 36.50) rehace a los deshechos (Lc. 9, 37-42) bendice a los considerados indignos de relacionarse con Dios (Mt 19, 13-15). Bastan estos ejemplos para ense?arnos que la misi?n de Jes?s es repartir vida y a ello precisamente nos invita. Seguir a Jes?s es dar vida como ?l la dio.

35. La vida -bien lo sabemos los cristianos- no se reduce a su fase terrenal; habr? una "vida eterna". Entraremos en esa otra fase de la relaci?n de comuni?n con Dios, en la medida en que nos convirtamos en defensores de la vida frente a sus actuales amenazas. El precepto "no matar?s", asumido y llevado a plenitud en la Nueva Ley, es condici?n irrenunciable para poder "entrar en la vida" (Cf. Mt 19, 16-19), (EV 54). Sobre todo lo lograremos cuando aprendamos a compartir lo que somos y tenemos, seg?n las ense?anzas del Se?or que nos relata San Lucas en los cap?tulos 18 y 20 de su evangelio. En efecto, la vida eterna, objeto de nuestra esperanza, ser? la manifestaci?n plena de lo que en esta fase terrenal hemos buscado y que apenas vislumbramos y saboreamos. Cristo nos dijo: "dichosos los limpios de coraz?n, porque ellos ver?n a Dios" (Mt 5, 8). "Ver" a Dios ser? la infinita novedad que nos aportar? la fase eterna de la vida. Pero ser? posible s?lo si tenemos limpio el coraz?n. Limpio el centro de nuestro yo donde se dan cita y purifican nuestros pensamientos e im?genes, nuestros sentimientos y emociones, nuestras decisiones y deseos. Un coraz?n limpio posee, como opci?n fundamental, el cuidado y la defensa de la vida, al igual que hizo Nuestro Se?or Jesucristo.

36. No podemos quedar indiferentes cuando vemos el ejemplo de Cristo que se conmov?a ante la marginaci?n de los m?s d?biles: le removieron las entra?as las multitudes que le segu?an y que no ten?an qu? comer (Mc 8, 1-10), sinti? dolor al ver a la gente afectada de enfermedades f?sicas y psicol?gicas y los cur? (Mt 14, 14), sinti? compasi?n ante la vida lastimada de m?ltiples maneras de gente que sufr?a y que era d?bil y volc? su coraz?n hacia ellos. Con raz?n el libro de los Hechos de los Ap?stoles nos dice que ?l "pas? haciendo el bien" (Hch 10, 37).

37. En las actuales circunstancias la defensa de la vida es un apremiante desaf?o que s?lo podr? afrontarse victoriosamente, si se realiza desde un profundo sentido de fe. Se debe luchar contra la cultura de la muerte y de la violencia que, como bien lo sabemos, es una realidad cotidiana en nuestro pa?s y existe precisamente porque, al interior de las personas y al interior de las maneras de relacionarse, han prevalecido y predominado las fuerzas del mal que arrastran por caminos de pecado y de rechazo a Dios. El Siervo de Dios Juan Pablo II nos dec?a en su Enc?clica el Evangelio de la Vida que "los medios es ciertamente enorme la desproporci?n que existe entre, numerosos y potentes, con que cuentan quienes trabajan al servicio de la "cultura de la muerte" y los de que disponen los promotores de una "cultura de la vida y del amor". (EV 100?) Pero nosotros sabemos que podemos confiar en la ayuda de Dios para quien nada es imposible (cf. Mt 19, 26).

38. Recorrer este camino atra?dos e impulsados por el esp?ritu, es vivir la espiritualidad cristiana. Dejarse llevar y conducir d?a a d?a por esa fuerza divina y hacerlo desde todo lo que somos, poseemos y so?amos, es lo que nos convierte en personas aut?nticamente espirituales. Para cuidar y defender la vida es imprescindible conocer y cumplir los principios ?ticos. Pero ese cuidado s?lo se mantendr? s?lido, constante y creativo, si tiene como alimento interno la vivencia y la pr?ctica espiritual. S?lo quien asume la vida desde la fe, es capaz de acogerla, transmitirla, promoverla y ofrendarla.

39. El Santo Evangelio nos presenta una forma de vida asentada en la fe y orientada por la esperanza, que se consuma en el amor. El amor es el centro del estilo de vida propiamente cristiano como nos lo ha recordado su Santidad Benedicto XVI en su primera enc?clica "Dios es amor". Amor, ante todo a Dios, que nos lleva a adorarle, reconocerle, dejarnos colmar de su ternura y hacerlo con todo el coraz?n, con toda nuestra mente y con todo nuestro ser. Quien se deja envolver por ese amor y le corresponde con sinceridad es quien ir? reconstruyendo en ?l los lazos vitales de comuni?n. Es la acci?n del Esp?ritu de amor en nosotros la que nos "aproxima" a los dem?s, la que nos hace pr?jimos, cercanos, solidarios.

40.Ser aut?nticos pr?jimos unos de otros posee varios rostros: el rostro de la amistad, de desear el bien del otro y realiz?rselo en la lealtad; el rostro de la paternidad y maternidad cari?osa y responsable, para la que ning?n desvelo, esfuerzo o sacrificio por los hijos se escatima o se niega para generar un ambiente familiar sano y formativo; el rostro de la fraternidad, muy ligado al anterior, en el que los hermanos se apoyan, respaldan, ayudan y perdonan; el rostro del enamoramiento y del cari?o conyugal, en el que la intimidad y la fidelidad hacen crecer a ambos y los realiza como personas y como pareja; y, finalmente, el rostro de la solidaridad, que va m?s all? de la tolerancia y de la coexistencia pac?fica, volc?ndonos al reconocimiento mutuo, al com?n esfuerzo por compartir y construir un pa?s distinto y con iguales oportunidades y compromisos para todos, sin perder de vista el auxilio a los que est?n en condiciones de mayor precariedad.

41. Esta acci?n del Esp?ritu provoca en nuestro coraz?n una profunda alegr?a, diametralmente opuesta a la cultura de muerte y de violencia que es compatible con la diversi?n comercial que con tanto ah?nco se difunde y se vende. Lo nuestro es algo muy distinto: se trata del gozo interior que se experimenta al poseer un sentido de vida centrado, aut?ntico, que expresa lo mejor de nosotros mismos como seres humanos y como creyentes. Es compatible este gozo con las dificultades y las penas, pues "recibieron el mensaje con gozo que el Esp?ritu Santo les daba en medio de tantas tribulaciones" (1Tes 1, 6). Se trata de un gozo que nadie nos puede arrebatar (Jn 16, 22) porque su fuente es el encuentro entre Dios y la intimidad de nuestro coraz?n, un gozo que, seg?n la promesa que hemos recibido, llegar? a ser "pleno" (Jn 16, 24) y definitivo, cuando el Se?or nos presente ante el Padre.


VII - Orientaciones Pastorales

42. Este gozo interior se desvanecer? como algo ilusorio, si no nos anima a actuar decididamente a favor de la vida. Pero para defender la vida se requiere un diagn?stico claro de las amenazas que la acechan y una aceptaci?n firme de principios morales para afrontar esas amenazas desde la fe cristiana; se necesita realizar proyectos y programas espec?ficos, asumidos por grupos sensibles a diversas problem?ticas. Urge, por eso, la promoci?n de "estilos de vida", de formas personales de vivir y el fortalecimiento del modelo de vida familiar, que pongan en primer plano la importancia humana y cristiana de la vida.

43. La defensa de la vida debe comenzar en la familia, resaltando que precisamente la familia es el "santuario de la vida", "el lugar primario de la humanizaci?n de la persona y de la sociedad" y "cuna de la vida y del amor" (Christifideles laici, 40). Requiere tambi?n el ejercicio responsable y de acuerdo a criterios morales de la sexualidad, don de Dios para transmitir la vida. La fidelidad, la comprensi?n, el di?logo continuo y amoroso, el respeto a cada una de las personas, son elementos indispensables para que la vida florezca fortalecida en el seno de cada familia con proyecci?n ben?fica hacia la sociedad.

44. La defensa de la vida tiene car?cter de urgencia en Guatemala. Por eso la Iglesia no debe cesar en la proclamaci?n del Evangelio de la vida. Es necesario que los cristianos nos convirtamos en amantes y defensores de la vida. Tenemos que anunciar "el n?cleo de este Evangelio de la vida que es anuncio de un Dios vivo y cercano, que nos llama a una profunda comuni?n con ?l" (EV 81). "Al anunciar este Evangelio no debemos temer la hostilidad y la impopularidad, rechazando todo compromiso y ambig?edad que nos conformar?a a la mentalidad de este mundo" (cf. Rom 12, 2), (EV 82 b).

45. La convivencia social se expresa en los tiempos modernos en la existencia del Estado y en las obligaciones que ?ste tiene. La primera de todas es otorgarle un marco de seguridad a todos los ciudadanos. Por ello es fundamental que el Gobierno incremente sus esfuerzos para dar seguridad a toda la poblaci?n. Es urgente que el Congreso de la Rep?blica legisle a favor de la vida y no imponga m?s leyes que atenten contra ella. Es necesario que los jueces, con justicia pronta y cumplida, apliquen la ley contra quienes act?en al margen de la misma, defiendan a los inocentes injustamente encarcelados y a cualquier persona victimizada.

46. La Iglesia, con su presencia ben?fica en todos los estratos de la sociedad, no puede renunciar a su clara misi?n de ser, a ejemplo de su fundador Jesucristo, fiel defensora de la vida. Sus escuelas, colegios y universidades tienen que ser reductos de defensa de la vida. Nuestra predicaci?n, constantemente, debe tocar los aspectos que formen a los feligreses y los conviertan en aut?nticos defensores de la vida humana. Los numerosos movimientos de apostolado laical deben ser centros de difusi?n de la doctrina cristiana que ense?a el valor trascendente y sagrado de la vida. El siervo de Dios Juan Pablo II nos urg?a a los obispos a recordar siempre que "somos los primeros a quienes se pide ser anunciadores incansables del Evangelio de la vida; a nosotros se nos conf?a tambi?n la misi?n de vigilar sobre la transmisi?n ?ntegra y fiel de la ense?anza propuesta en esta Enc?clica" (EV 82 b).


VIII - Conclusi?n

47. Al terminar esta carta pastoral escrita con preocupaci?n por la realidad dolorosa en que vivimos, pero, al mismo tiempo con esperanza en la fuerza de Dios y en la bondad de nuestro pueblo, volvemos la mirada a Mar?a que, como disc?pula perfecta de su hijo Jes?s, nos da un magn?fico ejemplo a imitar en el tema de la vida. Ella acoge con generosidad la vida cuando acepta ser la madre de Jes?s; en uni?n con el patriarca San Jos?, la defendi? con inusitada valent?a cuando Herodes pretend?a asesinar al ni?o; se preocuparon de la vida espiritual de su Hijo present?ndolo en el templo y cumpliendo para ?l las prescripciones de la ley; luego ella acompa?? a su hijo en los momentos terribles de su pasi?n, cuando era llevado a la muerte y estuvo presente de pie junto a la cruz, ense??ndonos a no claudicar en nuestra responsabilidad cuando la vida de cualquier ser humano est? en peligro.

48. Confiando en la protecci?n poderosa de la Madre de Dios, a la que amamos bajo el nombre de Nuestra Se?ora del Rosario, tenemos la certeza de que el pueblo fiel y todos los hombres y mujeres de buena voluntad, uniremos nuestras fuerzas y trabajaremos decididamente para erradicar las ra?ces del mal y ofrendar a Dios nuestro Se?or y Padre amoroso una naci?n donde florezcan la vida, la paz y el amor verdadero entre hermanos.

Guatemala de la Asunci?n, 20 de abril de 2007.

+ Mons. ?lvaro Leonel Ramazzini Imeri
Obispo de San Marcos
Presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala

+ Rodolfo Ignacio Cardenal Quezada Toru?o
Arzobispo de Santiago de Guatemala

+ Mons. ?scar Julio Vian Morales, SDB
Arzobispo Electo de Los Altos,
Quetzaltenango-Totonicap?n y
Administrador del Vicariato de Pet?n

+ Mons. V?ctor Hugo Mart?nez Contreras
Arzobispo dimisionario de Los Altos,
Quetzaltenango-Totonicap?n

+ Mons. Julio Edgar Cabrera Ovalle
Obispo de Jalapa
Vicepresidente de la Conferencia Episcopal

+ Mons. Jorge Mario ?vila del ?guila, CM
Obispo Em?rito de Jalapa
Tesorero de la Conferencia Episcopal

+ Mons. Rodolfo Francisco Bobadilla Mata, CM
Obispo de Huehuetenango
+ Mons. Pablo Vizca?no Prado
Obispo de Suchitep?quez ? Retalhuleu

+ Mons. Ra?l Antonio Mart?nez Paredes
Obispo de Solol? - Chimaltenango

+ Mons. Rodolfo Valenzuela N??ez
Obispo de la Verapaz

+ Mons. V?ctor Hugo Palma Pa?l
Obispo de Escuintla


+ Mons. Jos? An?bal Casasola Sosa
Obispo de Zacapa
y Prelado de Esquipulas

+ Mons.Gabriel Pe?ate Rodr?guez
Obispo Vicario Apost?lico de Izabal

+ Mons. Mario Alberto Molina Palma
Obispo de Quich?

+ Mons. Jos? Ramiro Pellecer Samayoa
Obispo Auxiliar de Guatemala

+ Mons. Mario Enrique R?os, CM
Obispo Auxiliar de Guatemala
Administrador Apost?lico de Santa Rosa de Lima

+ Mons. Gustavo Rodolfo Mendoza Hern?ndez
Obispo Auxiliar de Guatemala

+ Mons. Gerardo Flores Reyes
Obispo Em?rito de La Verapaz

+ Mons. Gonzalo de Villa y V?squez, SJ
Obispo Auxiliar de Guatemala
Secretario General de la CEG
Publicado por verdenaranja @ 20:35  | Hablan los obispos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios