Domingo, 27 de mayo de 2007
Comentario al Domingo de la Ascensi?n (7? Pascua) 20.05.07, de Monse?or Jes?s Sanz Montes, ofm, Obispo de Huesca y de Jaca

El adi?s de quien est?
(Lucas 14,46-53)


Ha habido alguien en la historia que ha realizado el sue?o de Dios sobre el hombre, alguien que no ha cambiado este sue?o en pesadilla, alguien que ha sido feliz en la ?nica dependencia que hace libres: la de Dios. Toda la historia precedente estaba demasiado henchida de otras alternativas de dicha a las ofrecidas por Dios: las fru?tas prohibidas del Ed?n, las torres confusas de Babel, los ?dolos de dioses falsos. Jes?s ha inaugurado un modo nuevo de ser y de estar ante Dios, ante los hombres y ante el mundo. Con el cumplimiento de la vida terrestre del Se?or no termina aqu? su misi?n. Porque esa novedad de un pueblo, por ?l inaugurada, no termina con su ascensi?n al Padre. Jes?s entrando en el cielo abre la puerta hasta entonces cerrada por todos los pecados y pesadillas humanas.

Lucas, que comienza su Evangelio en el Templo, cuando es presentado Jes?s ni?o, tambi?n lo concluye en el Templo con los disc?pu?los de ese Jes?s como portadores de su Presencia y portavoces de su Palabra. Han de esperar a?n la llegada del Esp?ritu prometido, hasta que sean revestidos de la fuerza de lo alto. Aquellos disc?pulos quedaron embo?bados ante el trance de esta despedida, ante el adi?s menos deseado y m?s temido, el adi?s de quien m?s amaron y amar?n los hombres que han amado de veras. Por eso, los ?ngeles arrancar?n a los disc?pulos de su inmovilismo, para de?cirles lo mismo que les dijo Jes?s: no os qued?is mirando al cielo. Hay mucho que hacer.

No era una despedida la de Jes?s, para provocar nostalgias rom?nticas ni tristes sentimentalismos. Era un adi?s para un nuevo encuentro con quien prometi? estar de otro modo entre ellos ?hasta el fin del mundo?. Por eso ?se volvieron a Jerusal?n con gran alegr?a?, con una actitud tan distinta a d?as atr?s cuando se encerraron a cal y canto por miedo a los jud?os. Como el Padre envi? a Jes?s, ahora ?l env?a a los suyos. Ahora ten?dr?n que contar a todos, lo que han visto y o?do, lo que palparon sus manos, su convivencia con el Hijo de Dios. Y Jerusal?n se llenar? de alegr?a, de la de estos disc?pulos, la que Jes?s puso en sus corazones y nada ni nadie podr? arrebatar.

+ Jes?s Sanz Montes, ofm

Obispo de Huesca y de Jaca
Publicado por verdenaranja @ 20:47  | Hablan los obispos
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