Martes, 29 de mayo de 2007
Discurso que pronunci? ante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano el rector mayor de los Salesianos, el padre Pascual Ch?vez Villanueva, presidente de la Uni?n de Superiores Generales.


Agradecimiento
Quiero agradecer, en primer lugar, la oportunidad que se me ha dado para participar y para tomar la palabra en esta V? Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribe?o.

Hablo a nombre de la Vida Religiosa como Presidente de la Uni?n de Superiores Generales, y ? en este caso ? tambi?n de la Uni?n Internacional de las Superioras Generales, en cuanto representante de las dos Superioras Generales aqu? presentes.

En un continente o sub-continente, como el que en ning?n otro, la comunicaci?n de la fe y el compromiso por la promoci?n humana han estado tan vinculados a la Vida Religiosa, la Iglesia no se entender?a sin ella, como justamente lo ha reconocido el Santo Padre en su discurso de apertura de esta Conferencia.

Cuanto afirma la Lumen Gentium en el n. 44 sobre los Religiosos y Religiosas, que ?sin pertenecer a la estructura jer?rquica de la Iglesia constituyen parte indiscutible de su vida y de su santidad?, se ha verificado en Am?rica Latina y el Caribe en estos m?s de 500 a?os del encuentro del Evangelio con los pueblos amerindios.

La Vida Consagrada hoy
Pocas instituciones eclesiales han puesto un empe?o tan grande en la invitaci?n del Concilio Vaticano II ? a la renovaci?n como la Vida Consagrada. Con todo, despu?s de 40 a?os y despu?s de tantos cambios realizados, nos encontramos todav?a en un proceso de transici?n. Esto nos ense?a ? me parece ? que hoy la vida consagrada debe aceptar que el ?nico modo de ser actual es la de estar en transformaci?n continua, como sucede con la vida que jam?s es est?tica, y, al mismo tiempo, que nada debe anteponerse a Dios, de modo que sea realmente consagrada, y permanezca fiel a Cristo, a la Iglesia, a los propios fundadores, al hombre y a la mujer de hoy.

Escuchando las relaciones de los Presidentes de las Conferencias Episcopales y de los Prefectos de Dicasterios del Vaticano o de otras dimensiones al servicio de la Iglesia, debo confesar que nos sentimos en profunda sinton?a ? porque ante todo somos Iglesia ? y compartimos con Uds. la escucha de Dios en su Palabra y el paso del Esp?ritu por la historia buscando descifrar lo que Dios quiere en este mundo de comunicaci?n y globalizaci?n, de secularismo y materialismo, de hedonismo y relativismo, en que vivimos y testimoniamos nuestra fe y realizamos nuestra misi?n.

Al servicio de esta fidelidad creativa de la Vida Consagrada fueron creadas las dos Uniones de Superiores y Superioras Generales (USG en 1952 y aprobada su constituci?n en 1962) y han renovado su voluntad de servirla. Por supuesto necesitamos lograr un di?logo m?s efectivo con la Santa Sede (Santo Padre y CIVCSVA) y con las Conferencias de Obispos, y reforzar la colaboraci?n entre las dos Uniones y con las Conferencias Nacionales, Regionales y Continentales de Religiosos y Religiosas.

No me entretengo en describir su organizaci?n y funcionamiento, las comisiones que la dinamizan y otras estructuras de colaboraci?n eclesial (informaci?n ?sta que se encuentra en el portal vidimusdominum.org), y s?, en cambio, en la b?squeda de la grandes l?neas de orientaci?n para responder a los desaf?os del mundo de hoy (cf. Temas de las Asambleas desde 1968 hasta nuestros d?as), y, por tanto, lo que hoy le est? m?s a pecho, esto es, su identidad y especificidad, esa que le hace encontrar mejor su lugar en la Iglesia.

El Congreso internacional de la Vida Consagrada , que se realiz? en Roma al final de noviembre del a?o 2004, ha tomado como inspiraci?n un doble icono: el de la Samaritana (Jn 4) y el del Buen Samaritano (Lc 10). Estas dos figuras son signo de la profunda de sed Dios y de la inmensa compasi?n que deben caracterizar a los consagrados y a las consagradas. El mensaje es claro: en el mundo la vida consagrada tiene la misi?n espec?fica de cultivar una fuerte experiencia de Dios y acercar a Dios al Hombre herido y abandonado al margen del camino.

Definir la vida consagrada como una vida ?samaritana' implica no s?lo contemplar el itinerario recorrido por estas dos figuras evang?licas, sino tambi?n asumir y hacer propia la condici?n social de un grupo, como lo eran los samaritanos en los tiempos de Jes?s, que vive ?a los m?rgenes? de la sociedad y de la Iglesia.

Hacerse ?samaritanos', desde esta perspectiva, quiere decir aceptar el rechazo del mundo y de la sociedad; comporta renunciar a los privilegios de los que como consagrados hemos gozado hasta hace pocos a?os, y no solamente en el ?mbito social sino tambi?n eclesial.

Por siglos la vida consagrada ha sido la pupila de los ojos de la Iglesia y de la Sociedad ; su servicio en la evangelizaci?n y en las tierras de misi?n, as? como su funci?n social en la promoci?n humana ha sido insustituible en los diversos campos de la agricultura, de la educaci?n y de la cultura, de la salud, de la comunicaci?n social, de la atenci?n a los m?s pobres, a los ind?genas, a los afro americanos, a los chicos y chicas de la calle, a quienes son explotados en el mal llamado turismo sexual, etc., como sigue si?ndolo en Am?rica Latina y Caribe?a, Asia, Ocean?a y ?frica. Hasta tal punto que, sin la vida consagrada en estos espacios, la misma Iglesia estar?a ausente. Su presencia en el campo social, a veces teniendo que suplir a los estados, ha sido tan grande que ha corrido el riesgo de adulterar su misi?n, que no es simplemente la de realizar obras con eficacia y gratuidad, sino la de ser un signo de la presencia de Dios tierna y salvadora en el mundo.

Hoy como ayer la vida consagrada est? llamada a ser un signo de la cercan?a de Dios, de su aut?ntica encarnaci?n, de su radical solidaridad con la humanidad hasta la muerte en cruz. Pero hoy, a diferencia de ayer, la vida consagrada se encuentra con el desaf?o y la oportunidad de renovarse cambiando el acento del funcionalismo a la autenticidad de la caridad, interior y cristiana, esa que transforma la obra social en revelaci?n, en el mejor sentido de la palabra, que es la de donar a Dios al mundo.

Hoy la vida consagrada resultar?a irrelevante, su testimonio ser?a invisible e infecundo, si no tomase seriamente el mandato de hacerse pr?jimo de los pobres, abandonados y en peligro. Si la vida consagrada quiere sobrevivir en un mundo donde hay un ?eclipse de Dios? ( Martin Buber), deber? encontrar a Dios en el ?nico icono viviente de ?l, el hombre (cf. Gn 1,26). Hoy como ayer el hombre es el camino de la Vida Consagrada.

La sed de Dios y la solidaridad con la humanidad son inseparables y son acogidos y vividos como gracia en unidad. La experiencia de Dios sin la misi?n es espiritualismo, como lo es el amor a Dios sin el amor al pr?jimo. Y la misi?n sin la experiencia de Dios es filantrop?a o trabajo social.

Es necesario recuperar la pasi?n por la gloria de Dios y la salvaci?n del hombre, que encuentra su fuente en el coraz?n de Cristo, Ap?stol del Padre, y su alimento en la Palabra y en la eucarist?a. Esta pasi?n habla s? de capacidad de sufrir, de esa pasi?n que es sufrimiento de amor como el de Jes?s en la Cruz, pero tambi?n del dinamismo del amor, de esa pasi?n que es enamoramiento y fascinaci?n.

Estoy convencido de que la vida consagrada representa una verdadera terapia para nuestra sociedad y un don para la Iglesia, con tal que ella sea un signo visible y cre?ble de la presencia y del amor de Dios (?m?stica?), que sea una instancia cr?tica en relaci?n a todo lo que atenta contra la persona humana entendida seg?n el designio de Dios (?profec?a?), y que sea solidaria con la humanidad, especialmente la m?s pobre, necesitada, excluida (?diacon?a?).

Conclusi?n
Nuestra presencia hoy en esta magna Asamblea Episcopal de Am?rica Latina y del Caribe representa para nosotros la oportunidad de renovar nuestra vocaci?n de ?ser y formar disc?pulos y misioneros de Cristo? y de exponer tambi?n nuestras expectativas, que se reducen a dos:

1. ser m?s apreciados y tomados en cuenta
2. ser valorados no s?lo por lo que hacemos sino por lo que somos.

No obstante nuestras limitaciones, la Vida Consagrada est? llamada a continuar prestando a la Iglesia el servicio insustituible de ?ser parte indiscutible de su vida y de su santidad? (LG 44), a trav?s de una acci?n pastoral que sea m?s expl?citamente evangelizadora, que toque los nervios de la cultura imperante y que madure vocaciones.
Publicado por verdenaranja @ 22:58  | Hablan los obispos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios