Mi?rcoles, 06 de junio de 2007
Art?culo semanal del Padre Fernando Lorente, o.h., publicado el mi?rcoles 6 de Junio en EL D?A, en la secci?n CRITERIOS bajo el ep?grafe "Luz en el Camino".

Luz en el Camino Fernando Lorente, o.h. *


Participar en la vida de Dios


TODO ACTO aut?ntico y profundamente religioso, implica comunidad. Esto no s?lo supone que tal acto de una persona haya de ser compartido o sugerido, de una manera u otra, por los dem?s elementos religiosos de la comunidad (familia, asociaci?n, parroquia, etc.). Es bastante m?s. Es, ante todo, a un sentido m?s profundo y esencial, a la comunidad con el Dios vivo. Una persona que vive de verdad la religi?n, supone salirse del anonimato de la vida corriente y aparece con una personalidad que le destaca de la masa. Y, sin embargo, esto no le es causa de aislamiento; todo lo contrario, es fuente del di?logo vital, puesto que le dona la feliz y conmovedora conciencia de sentirse interpelado y regalado por Dios e impelido a una respuesta y entrega personales.

La vivencia religiosa, como meta fundamental, el encuentro con Dios que regala y exige la comunidad, lleva al hombre plenamente hacia s? mismo. Es aqu?, cuando experimenta, lo pueda expresar o no, que su propio ser est? ligado al Ser divino, que no deja de ser enteramente ?l mismo, al hacerse uno con Dios. Ya, en el simple hecho de descubrir la religi?n, se anuncia uno de los temas fundamentales de la sociolog?a religiosa, que es la religi?n entre persona y comunidad

Personalismo y comunidad, dos conceptos que no son contradictorios, ni est?n tampoco desligados el uno del otro. Persona y comunidad son dos polos que se complementan. Por la inteligencia cristiana de la vida religiosa, sabe el hombre que cuanto es y cuanto tiene, todo lo ha recibido de la comunidad con Dios. El hombre no es primero una persona, y luego, como algo postizo, un ser relacionado con Dios. Todo lo contrario. El hombre adquiere su plenitud solamente cuando es llamado con su propio nombre por Dios, y cuando toma conciencia de ser objeto del amor personal divino. Su salvaci?n est? en la comunicaci?n con Dios. M?s a?n. La revelaci?n cristiana nos dice que la personalidad de Dios ya significa comunidad en s? misma, la ?ntima comunicaci?n de vida de la Sant?sima Trinidad. El Padre es enteramente ?l mismo al entregar todo cuanto ?l es al Verbo. El Padre y el Hijo -Palabra del Padre- son tambi?n enteramente ellos mismos al aspirar al Esp?ritu Santo, en quien resplandece toda la magnificencia de su amor, y en cuya Persona vuelven a encontrarse en la entrega total.

La Sant?sima Trinidad es el principio primero de toda vida comunitaria. En ella est? prefigurada toda verdadera comunidad entre personas; pero no s?lo la espec?ficamente religiosa, sino, adem?s, todo g?nero de comunidad, como la familia, el c?rculo de amistades, el parentesco, vecindario o naci?n y, en general, aquella que corresponda a un fin concreto y racionalmente sano y honesto. De esta manera, donde quiera que haya una comunidad aut?ntica, vivir? ?sta de la participaci?n, de alguna manera, en las riquezas de la vida de Dios.

El ser humano religioso, por raz?n de su plena personalidad -plenitud que le viene ante todo de la comunicaci?n con Dios, y en segundo lugar, de su uni?n con las comunidades creadas-, tiene una ordenaci?n esencial a las dem?s colectividades humanas. Y la raz?n de ello es, precisamente, porque tambi?n ?stas tienen su causa primera en la vida comunitaria de Dios, en la que el hombre se abisma al vivir la religi?n.

Terminamos la reflexi?n sobre la participaci?n en la vida de Dios afirmando: s?lo la vivencia religiosa verdadera puede dar a las personas la feliz y unificadora consciencia de que se aman en Dios y con Dios, porque ?l las am? y despert? en ellas el amor rec?proco permanentemente.

* Capell?n de la Cl?nica San Juan de Dios
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