Mi?rcoles, 06 de junio de 2007
Carta semanal del Arzobispo de Valencia Don Agust?n Garc?a-Gasco Vicente Arzobispo

El aprecio por la Libertad religiosa


Publicada en ?Paraula-Iglesia en Valencia? el 3 de junio de 2007


Un Estado laico es verdaderamente democr?tico si valora la libertad religiosa como un elemento fundamental del bien com?n, plenamente digno de respeto y de protecci?n. El bienestar de los ciudadanos exige que puedan profesar y practicar la religi?n que en conciencia les parezca m?s conveniente, o bien dejar de practicarla. El Estado no ha de intervenir ni a favor ni en contra de las posibles opciones, salvo que bajo la apariencia de religi?n se est? actuando en contra de las leyes justas y de las exigencias de orden p?blico.
La aconfesionalidad del Estado implica aprecio por la libertad religiosa, protecci?n y favorecimiento de su ejercicio como parte primordial del bien com?n y de los derechos civiles de los ciudadanos. El aprecio a la libertad religiosa implica extender esta valoraci?n positiva a las instituciones religiosas presentes en la sociedad, al derecho de los padres a que sus hijos se eduquen de acuerdo con sus convicciones religiosas y morales, a la leg?tima aspiraci?n de los creyentes por disfrutar de unos medios de comunicaci?n respetuosos con los contenidos de su fe.

La pol?tica democr?tica s?lo es verdaderamente aconfesional cuando considera que la presencia y la influencia de la religi?n en la vida de los ciudadanos y en el patrimonio cultural de la sociedad contribuye al bien y a la felicidad de las personas, a la consistencia moral y a la estabilidad de la sociedad. Por el contrario, si se gobierna desde el prejuicio antirreligioso, si se act?a pol?ticamente desde la fobia hacia las expresiones religiosas del catolicismo y de otras religiones, no se practica la aconfesionalidad sino su contrario: el adoctrinamiento m?s o menos sutil en el ate?smo y en el laicismo.

Si hay aprecio por la libertad religiosa, la laicidad del Estado permite totalmente apoyar con dinero p?blico el ejercicio de la libertad religiosa y subvencionar a las instituciones religiosas de forma proporcionada a su implantaci?n en la sociedad y a su correspondiente significaci?n en la historia y cultura del pueblo. Es justo que el dinero de los contribuyentes se administre con respeto a sus convicciones y nunca en contra de ellas.

En nuestros d?as, los Obispos vemos con preocupaci?n c?mo en Espa?a se busca generar menosprecio e intolerancia hacia la libertad religiosa de los cat?licos. Hay formaciones pol?ticas, partidos y medios de comunicaci?n que act?an de modo expreso y declarado en contra de la religi?n cat?lica.

Por mucho que se presenten como pensamientos ?ticos rigurosos, y como informadores objetivos, no les importa nada que sus ofensivas ataquen a personas concretas, a sus derechos fundamentales, al respeto a su trabajo, a su buen nombre e incluso a su honorabilidad. Parecen reconfortarse con aquello de ?calumnia, que algo queda? y vulneran el c?digo m?s elemental de civilizaci?n humana: trata a los dem?s como te gustar?a ser tratado.

El aprecio a la libertad religiosa implica tambi?n favorecer la colaboraci?n c?vica. ?Cu?nto se adelanta cuando los gobiernos en lugar de zaherir las convicciones de los cat?licos y de los dem?s creyentes, hacen causa com?n con ellos para favorecer la dignidad humana, el futuro y la calidad de vida de los j?venes, la defensa de la vida de los m?s d?biles y vulnerables, la mejora de los centros educativos y de las universidades, el respeto hacia las mujeres y la plena igualdad de sus derechos, el rechazo de la violencia en todos sus ?mbitos, la erradicaci?n del terrorismo y del belicismo, la humanizaci?n y la eficacia de los centros sanitarios y hospitalarios, la integraci?n de los emigrantes y de las familias con econom?as m?s precarias?!

Sin educaci?n moral de los ciudadanos, la democracia se hace imposible. La Iglesia Cat?lica favorece la educaci?n moral porque no se queda en discusiones abstractas sobre las obligaciones con respecto a los dem?s, sino que cuenta con la ayuda de Dios y de la fraternidad que ?l crea entre sus hijos e hijas, para hacer crecer a las personas en el amor, tanto conyugal y familiar, como al pr?jimo y al necesitado.

Es urgente la colaboraci?n de todas las instituciones, incluidas las familias, las escuelas y las universidades, para mejorar la calidad de la ense?anza y de la educaci?n moral de la juventud. Pero, el poder pol?tico no es fuente de la moral. Cuando pretende serlo, se convierte en tiran?a. El poder pol?tico ha de respetar los principios morales basados en la raz?n. El mejor gobierno aprecia lo mucho que contribuye la libertad religiosa a la verdadera felicidad de las personas y al bien com?n.

Con mi bendici?n y afecto,
Agust?n Garc?a-Gasco Vicente
Arzobispo
Publicado por verdenaranja @ 22:54  | Hablan los obispos
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