Lunes, 11 de junio de 2007
1. La liturgia hoy nos habla de bendici?n. Jes?s, tomando los cinco panes y los dos peces, (que le hab?a ofrecido aquel ni?o quiz? vendedor ambulante) alz? la mirada al cielo, pronunci? la bendici?n sobre ellos, los parti? y se los dio a los disc?pulos para que se los sirvieran a la gente. Esta bendici?n, esta palabra buena tuvo un efecto multiplicador: el pan bendito alcanz? para todos. Tiempo despu?s, en la primera Eucarist?a, la misma bendici?n del Se?or sobre el pan y el vino tendr?a un efecto transformador. Desde aquella noche, el pan y el vino consagrados son el Cuerpo y la Sangre de Cristo, Pan de vida y C?liz de bendici?n que compartimos (Cfr. 1 Cor 10, 16).

2. El Antiguo Testamento nos cuenta que la bendici?n de Dios viene de lejos: Melquisedec bendijo a Abraham, compartiendo el pan y el vino. La escena de Melquisedec bendiciendo a Abraham es muy linda; nos recuerda que en Abraham ser?an ?bendecidas todas las naciones. Todos los que viven de la fe son bendecidos con Abraham el creyente? (Gal 3, 8-9), como nos dice Pablo. Esta bendici?n la compartimos con todos los creyentes, con todas las personas de fe y con toda la gente de buena voluntad, que cree en Dios (a quien no vemos) y cree en el pr?jimo (a quien s? vemos) y lo demuestra con actitudes de oraci?n, de apertura al misterio de lo trascendente y con obras de respeto, de justicia, de paz, de solidaridad y de di?logo. La bendici?n en Abraham nos une a la inmensa mayor?a de la humanidad y nos divide de los pocos que, en vez de bendecir, maldicen con palabras y con gestos de violencia, de exclusi?n, de injusticia y de mentira.

3. Bendecir se compone de dos palabras: ?bien? y ?decir?: Decir bien a otro. La bendici?n es tanto Palabra como Don. Es decir bien dando de verdad; las dos cosas juntas. La bendici?n no es ?palabras lindas?. Es una palabra que se dice con amor, a veces imponiendo las manos sobre la cabeza, signando la frente con la cruz, dando un bien. La bendici?n transforma las cosas y nos abre los ojos al sentido profundo que tienen: cuando uno bendice el pan se da cuenta de que no es s?lo un producto de consumo, es el fruto del trabajo que se comparte con cari?o de familia, tanto en la mesa de la cocina o en el comedor, como en la mesa del altar cuando se convierte en el Cuerpo de Cristo.

La bendici?n es palabra llena de buenos deseos para el otro y tambi?n para adelante y para atr?s: palabra llena de buenos deseos para el futuro y de agradecimiento por lo recibido y compartido. Por eso bendice el que da, para que el don le llegue al otro multiplicado y transfigurado por ese buen deseo que llena de amor lo que se dona. Por eso bendice el que recibe, expresando su agradecimiento por el don recibido y compartido. Palabra y don van juntas. Se pueden decir macanas y dar cosas truchas pero, cuando nos animamos a poner una bendici?n de por medio, el Esp?ritu se adue?a de las situaciones y les da su sello de autenticidad. Por ello es tan lindo el gesto de bendecir. Nuestro pueblo fiel ama las bendiciones. Las bendiciones grandes y duraderas como la del Bautismo y la de los anillos matrimoniales? y las bendiciones ?peque?as? si se las puede llamar as?, para el agua, el rosario, las im?genes y las estampitas.

4. Bendecir es algo que nos anda haciendo falta en nuestra vida como comunidad. Decirnos bien las cosas buenas que nos damos. El no decirnos bien las cosas en p?blico es quiz?s uno de nuestros defectos. Porque en ?mbitos m?s personales o m?s de amistad y de familia, solemos tener buen di?logo. En cambio nos cuesta el di?logo p?blico: el decirnos bien las cosas institucionalmente, delante de todos, para bien de todos.

Tambi?n nos hace falta decirnos bien las cosas que nos dieron nuestros mayores: bendecir nuestro pasado, no maldecirlo. Lo que fue pecado e injusticia tambi?n necesita ser bendecido con el perd?n, el arrepentimiento y la reparaci?n. Y lo que fue bueno, necesita ser bendecido con el reconocimiento y la acci?n de gracias que sabe valorar la vida que se nos dio, la tierra que recibimos. Bendecir el pasado es hablar bien de Dios, de nuestros padres y de nuestros abuelos. Agradecer lo que nos dieron aun con sus imperfecciones y pecados es ser bien nacidos. Pero es mucho lo recibido. El que maldice para atr?s es porque seguramente est? planeando sacar una ventaja en el presente o en el futuro, una ventaja que no ser? bendici?n para otros.

Nos hace falta tambi?n bendecir el presente, hablar bien unos de otros. No para adularnos, sino buscando lo que construye, lo que une, lo bueno que compartimos y que supera las distintas perspectivas y es bien com?n.

Nos hace falta bendecir el futuro, bendecirlo con gestos de trabajo cuyo fruto no ser? para nosotros, sino para nuestros hijos. Eso fue lo que hizo nuestro padre Abraham que supo saludar las promesas desde lejos y se alegr? pensando en el d?a de Jes?s, el Bendito que centrar?a en s? todas las bendiciones antiguas y se convertir?a en la fuente de todas las bendiciones nuevas.

5. Miremos a la Virgen Mar?a. Es Madre y dice bien las cosas tanto a su Hijo como a nosotros, sus otros hijos, su pueblo fiel. A Jes?s le dice bien nuestras necesidades, que no tenemos vino, como en Can?; a nosotros nos dice bien que hagamos todo lo que Jes?s nos diga. Y as?, por sus labios bendecidores, crece nuestra uni?n con Jes?s y el Se?or hace milagros con las cosas, transforma el agua en vino y multiplica el pan. Le rogamos hoy a nuestra Se?ora que est? presente en esta Eucarist?a del Corpus, ayudando en ese di?logo bendito entre Jes?s y su pueblo para que entremos en comuni?n y en ?l tengamos Vida. Y que esta comuni?n con ?l y esta Vida que ?l nos da nos impulse a abrir el coraz?n para heredar la bendici?n de Dios, nuestro Padre, y para poder ?a su vez- bendecirnos mutuamente como hermanos.

Buenos Aires, 9 de junio de 2007

Card. Jorge Mario Bergoglio s.j.
Publicado por verdenaranja @ 23:05  | Hablan los obispos
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