Lunes, 11 de junio de 2007
Desde la veterana feminista Ivonne Knibiehler a periodistas como Catherine Ellison, Elise Claeson, Eva Herman o Marianne Siegenthaler, las mujeres piden ayuda a la maternidad.


Jorge Enrique M?jica
AutoresCatolicos.org



Qu? duda cabe. Aquel glorioso d?a de 1948 dej? impreso su sello en la historia de la humanidad.

Con la firma de la Declaraci?n Universal de los Derechos Humanos se reconoc?an los derechos de la mujer.

No se le hacia una concesi?n dadivosa, no se le regalaba un gesto de benevolencia, no era un mero abr?rsele la puerta a lo hasta entonces inaccesible; no, era m?s, mucho m?s. Se hacia justicia, se recordaba su insustituible papel en la historia, el protagonismo de aquella que era sujeto de los mismos derechos y deberes que el hombre, su dignidad y su vocaci?n se revaloraban.

No es que antes nadie haya tenido presente lo reconocido ni que a partir de este momento, as?, de la nada, se iniciara el festejo. A?os de b?squedas, de levantar la voz, de pedir; a?os de silencio, de testimonio, de entrega continua, hab?an precedido al hecho.

Han pasado seis d?cadas desde entonces y, como suele suceder a todo lo revestido por el h?lito de lo novedoso, a lo que se toma en su accidentalidad y no en su esencia y sentido trascendente, se empieza a perder el sentido ?ltimo de aquel acto de justicia.

En un primer momento los grupos radicales feministas empezaron a hablar de igualdad para con el hombre. Nada menos cierto. El hombre y la mujer no eran, no son, ni ser?n iguales jam?s (que no significa que no tengan igualdad de derechos y responsabilidades).

La impronta f?sica del nacimiento, reflejo externo de lo m?s hondo que existe en cada hombre y mujer (su alma), nos lo hace evidente; el ser humano es un ser sexuado s?lo en dos modos posibles, hombre o mujer.

Pero aquella confusi?n primera (o quiz? interpretaci?n provocada) fue un empezar que ha desembocado, junto a otros males propios de nuestros d?as, en una negaci?n del primer valor, del m?s excelso don de la feminidad, del ser mujer: la maternidad.

Hoy en d?a las pol?ticas familiares de muchos pa?ses la han desprotegido; buena parte de la opini?n p?blica joven femenina la ha venido minusvalorando y tomando como muro de contenci?n que imposibilita el ulterior desarrollo profesional.

No se promueve en foros mundiales, vende poco en televisi?n, el cine la ha olvidado como argumento central, no se anuncia en centros comerciales ni es portada de diarios y revistas? Se ha tomado como un anti-valor, como una decisi?n poco moderna, como una condena.

Y sin embargo, poco a poco, parece encenderse otra vez la luz de la esperanza que no hace sino recordar que la mujer tambi?n tiene el derecho, el m?s noble, a que no se desvirt?e ni se ideologize la maternidad. Son peque?as sacudidas ?s?smicas? de voces femeninas con resonancia p?blica que quieren reivindicar el orgullo de serlo.

Ah? est? la octogenaria Ivonne Knibiehler, historiadora francesa y conocida figura del feminismo, quien en entrevista al diario Le Monde declaraba que ?La maternidad seguir? siendo una cuesti?n capital de la identidad femenina?. ?El feminismo debe en primer lugar repensar la maternidad; todo lo dem?s ser? por a?adidura?, ha precisado.

O ah? est? tambi?n la ex periodista premio Pulitzer y ahora escritora asistente para la universidad de Stanford, Catherine Ellison, quien aventurada en la barca de la maternidad ha escrito ?La inteligencia maternal?, un libro donde asegura que la maternidad hace a la mujer m?s capaz.

Otra mujer, Elise Claeson, periodista sueca de unos de los principales peri?dicos n?rdicos, el Svenska Dagbladet, ha alzado la voz en una de sus columnas al escribir: ?O?dnos, queremos ser madres?.

Eva Herman, durante 18 a?os reconocida presentadora del informativo m?s visto en la televisi?n alemana, ha salido de lo pol?ticamente correcto al escribir para la revista Cicero que abandonar el hogar no es un imperativo categ?rico.

A la par que en Alemania sal?a su libro ?El principio de Eva?, en Suiza aparec?a ?Ama de casa, el mejor trabajo del mundo?, de Marianne Siegenthaler, con buena acogida por parte de las ?managers dom?sticas?.

Perspectivas de mujeres como las mencionadas reivindican el papel de la maternidad en la sociedad; hacen recordar que el verdadero feminismo aboga por una revalorizaci?n de la dignidad, del papel y de la vocaci?n de la mujer.

Es cierto que la maternidad es tambi?n una vocaci?n que implica deberes, pero son esos deberes precisamente los que la hacen m?s noble, m?s loable, m?s ella. Y es que s?lo una mujer puede ser madre. S?lo ella es capaz de dar lo que dan las ?mam?s?. Con una finura hecha alabanza reconoce esto Tagore: ?Te alabo, mujer, porque con una mirada puedes robar al arpa toda su riqueza melodiosa, y ni siquiera escuchas sus canciones?.

Quienes m?s, quienes menos, todos hemos tenido la experiencia del amor delicado de una madre. Amor hecho verso de color local que Gabriel y Gal?n re?ne en una quintilla po?tica:

?Qu? dulzura tan ardiente
me daba su labio amante
cuando besaba mi frente
con ese amor delirante
que s?lo una madre siente!


No est? por dem?s recordar que la mujer tiene el derecho, por las v?as naturales, a no ser influenciada por quienes hacen ver el tesoro de la maternidad como una carga, una condena, una actitud poco moderna. Tal vez aquellos que as? piensan o que a esto encaminan, jam?s han sentido el beso ?nico y maravilloso de un hijo que es capaz de pronunciar por vez primera y con la ternura propia de los ni?os, la palabra ?mam?.


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