Mi?rcoles, 13 de junio de 2007
Queridos hijos de N. familiares, amigos que nos acompa??is y comunidad cristiana.

Una vez m?s la vida nos enfrenta a la muerte. El hombre, que ha sido creado para la inmortalidad, siente una repugnancia natural y una angustia muy marcada ante la muerte
Esta angustia la sinti? el mismo Cristo que lleg? a sudar sangre ante muerte. La misma angustia la sentimos t? y yo ante el solo pensamiento de muerte. La ha sentido nuestra hermana N.; la sienten los miles de seres humanos que mueren cada d?a. A luz de la Palabra de Dios nos podemos hacer esta pregunta . ?La muerte del justo es una desgracia o es una fortuna?

San Francisco Javier hizo a un bonzo esta misma pregunta, planteada de otro modo: ?Qu? es mejor: Ir de camino o llegar al punto de destino? Hoy d?a muchos responden que el camino es mejor. Sin duda responden as? porque parten de un supuesto falso. Piensan que la meta de la eternidad es estar como troncos o estatuas o como seres inertes: sin hacer nada en absoluto toda la eternidad.

Y sin embargo, la bienaventuranza del cielo, el Cielo mismo, consiste en entrar en la actividad trinitaria de Dios; en su conocer y amar; en su obrar y vivir pleno y total.
Es indudable que entendido as?, es mejor la posada que el camino; es mejor llegar al termino del viaje que nuestro fatigoso camino.

La muerte, pues, del hombre o de la mujer honrada, aunque sea prematura no es una desgracia, sino el comienzo de la suprema dicha.

Nuestro/a hermano/a N. ha sufrido mucho en su vida, acompa?ando a su es-poso difunto en su larga enfermedad. Su fe profunda y sencilla, alimentada con la devoci?n al Sagrado Coraz?n de Jes?s, le ha sostenido con el ?nimo en alto en las dificultades de la vida y el Se?or le ha llamado en este mes dedicado al Sagrado Coraz?n. Hizo suyas estas palabras de San Pablo: "Si se destruye esta tienda que es nuestra habitaci?n terrestre tenemos un s?lido edificio construido por Dios, una casa que no ha sido levantada por manos de hombre y tiene una duraci?n eterna en el Cielo".

Nuestro/a hermano/a se mantuvo en esta fe y en esta esperanza, apoyada en las mismas palabras de Jes?s: " Subo al Cielo a prepararos un lugar junto al Padre, para que donde est? El est? est?is tambi?n vosotros". Siempre la Palabra de Jes?s es asombrosamente nueva, cuando nos dice: "Yo soy la Resurrecci?n y la vida; el que cree en m?, aunque haya muerto, vivir? para siempre".

Jes?s une de tal manera su resurrecci?n a nuestra propia resurrecci?n, que San Pablo nos dir?: " Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucit?". As? es de tajante un hombre que ha dado la vida por defender esta verdad.
Queridos familiares de N., estamos celebrando la Eucarist?a. Todos os acompa?amos en estos momentos de dolor por la p?rdida de vuestro familiar y nos unimos a vosotros en esta acci?n de gracias por el regalo que el Se?or os ha hecho, conserv?ndolo/a tanto tiempo con vosotros .

En esta Eucarist?a unimos a la Muerte de Jesucristo la vida de N. con el deseo de que part?cipe tambi?n del triunfo de su Resurrecci?n.
Publicado por verdenaranja @ 23:31  | Homil?as
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