Jueves, 14 de junio de 2007
Art?culo extra?do del bolet?n "Misioneros Javerianos" ABRIL 2007, n?mero 432.
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LA INCULTURACION EN EUROPA (I)

P. Carlos Collantes


En todas las culturas ?creaciones humanas? hay luces y sombras, valores y l?mites, y las sombras (injusticia, violencia, opresi?n, hipocres?a, mentira...) son incompatibles con la fe cristiana. El evangelio es presencia cr?tica y purificadora, por eso levanta su voz prof?tica contra lo imperfecto o pecaminoso presente en toda cultura y act?a de modo contracultural al interior de cada cultura.

El evangelio va m?s all? de cualquier cultura, lo que impide ?y siempre impedir? la identificaci?n plena entre cultura y evangelio. En consecuencia, la Iglesia ?los cristianos? tendr? que actuar, con frecuencia, de modo contracultural para ser fiel a s? misma, al evangelio, al Reino, al proyecto de Dios.

Arraigo y transformaci?n

Pablo en sue?os ve a un macedonio que le pide que le anuncie y muestre ese gran tesoro que es Jesucristo: ?iPasa a Macedonia y ay?danos!? (Hch 16, 6-10). El Esp?ritu, que hab?a preparado desde siempre los corazones de los que iban a recibir a Cristo, llama desde la otra orilla, invitando a atravesar fronteras. De esta forma el evangelio pasa de un con?tinente (Asia) a otro (Europa).

Desde ese primer momento en que el evangelio comienza a arraigar en suelo europeo ha transcurrido una larga historia llena de luces y de sombras. El evangelio cuando es acogido de verdad transforma a la persona y a la comunidad humana con su cultura. Transformar una cultura significa transformar una sociedad para que el Reino de Dios se exprese en ella, se haga m?s presente. Tras un primer momento de escucha y acogida del evangelio llega la lenta penetraci?n del evangelio en el alma de un pueblo, en el coraz?n de una cultura. ?Qu? pueblo ha conseguido poner de verdad el mensaje de Jes?s en el coraz?n de s? mismo, de su cultura, de su visi?n del mundo, de sus valores, de sus criterios ?ticos? Ninguno. Por ello la inculturaci?n no acaba nunca, existe siempre la necesidad de una inculturaci?n m?s pro-funda y actualizada, m?s fiel y significativa.

Arraigo y sustituci?n

El cristianismo ha contribuido a formar y configurar rasgos de nuestra Europa. Durante siglos hemos vivido un proceso de arraigo m?s o menos profundo en el que el evangelio ha fecundado el humus cultural de los pueblos de Europa: tradiciones, fiestas, calendario, criterios ?ticos, sentido de la vida, referencias existenciales. Algunos de nuestros valores culturales tienen sus ra?ces en el evangelio, pero se han hecho aut?nomos, y al desgajarse se han hecho patrimonio de todos y nos alegramos por ello, porque han fecundado nuestro humus cultural. Aunque hay quienes quisieran verlos como ajenos al cristianismo. ?Cu?ntas veces la cultura llamada laica reproduce valores evang?licos! Pensemos en el m?s apreciado hoy, el de la solidaridad que tiene mucho que ver con ese dejarse afectar por la necesidad ajena, con ese mirar compasivo propio del buen samaritano, con esa identificaci?n de Jes?s con los ?ltimos: ?tuve hambre y me diste de comer....? Aunque la solidaridad no es exclusiva cristiana, existe en muchas culturas. ?Qui?n puede negar que el famoso tr?ptico de la revoluci?n francesa: ?libertad, igualdad, fraternidad? tiene mucho que ver con el esp?ritu evang?lico, aunque los cristianos no hayamos vivido siempre estos valores, y la Iglesia haya sido, en ciertos momentos hist?ricos, miope y lenta ? como los disc?pulos de Ema?s- para descubrir y unirse a ciertas luchas y conquistas sociales leg?timas? Asistimos a un proceso de sustituci?n de valores cristianos y tras la sustituci?n el desencuentro, nuestro humus cultural est? dejando de ser cristiano. Irrumpen otros valores o ?antivalores?. La fe cristiana pierde arraigo y fuerza en las conciencias, muchos no saben donde buscar o encontrar claves para orientar la propia existencia.

Fuerte ruptura

Es manifiesto el desencuentro entre valores cristianos y valores socioculturales dominantes que impregnan nuestro ambiente y que no siempre son evang?licos. La cultura nos permite ser y vivir, aunque a veces tiene rasgos contaminados. Por eso siempre podemos y debemos tomar una cierta distancia cr?tica frente a la propia cultura, frente al propio ambiente y al ?aire? que respiramos. Algunos de los rasgos socioculturales que nos envuelven y contaminan est?n vinculados a la filosof?a postmoderna, otros a corrientes ideol?gicas de marca-do car?cter econ?mico y que difunden ?valores? ligados al liberalismo econ?mico, al triunfo de los m?s fuertes, un ultraliberal?smo ?salvaje? e inhumano imperante en ciertos sectores sociales muy influyentes y que, a trav?s de poderosos medios de comunicaci?n, difunden su visi?n de la vida y una concepci?n muy particular del ser humano que muy poco tienen que ver con el evangelio. La ideolog?a neoliberal difunde sus propios valores haci?ndonos creer que son universales, pero en realidad lo que hace es difundir los pilares de su propia ideolog?a: el individualismo, la dura competitividad, el ?xito, la exasperaci?n del con-sumo, el beneficio y la rentabilidad por encima de todo, el rendimiento y la eficiencia laboral, mercantil, financiera. Siempre invocando el pretexto de la libertad. ?Qu? libertad? De esta forma crean e imponen modelos de comporta-miento, conductas de moda. Manda la l?gica del mercado. En su sociedad de fuertes y triunfadores ?sin compasi?n ni misericordia? no hay sitio para los d?biles. Vivir para consumir, para poseer, para triunfar. Quien no consume es como si no existiera: ?consumo luego existo?. Tenemos gran abundancia de medios, pero hay quienes no tienen razones para vivir.

Desde la filosof?a posmoderna se difunden otros valores convertidos en modelos de vida: el pasado o el futuro no interesan, s?lo existe el presente que hay que disfrutar al m?ximo. El disfrute inmediato, el hedonismo se convierte en ideal de vida. El triunfo de lo ef?mero y lo fugaz, de un estilo ligero ?descomprometido- de la vida y las relaciones. Realidades tan fundamentales como el amor, la familia, la religi?n, la ?tica, la pol?tica se banalizan y trivializan. El ?xito a corto plazo y a cualquier precio, la b?squeda del prestigio, el culto a la imagen, a la apariencia se convierten en ideolog?a popular. ?Para qu? complicarse la vida con compromisos exigentes, definitivos defendiendo grandes causas?

La inculturaci?n es un proceso que incumbe a toda comunidad que quiere vivir la fe en su universo cultural y se enfrenta al reto de vivir los valores evang?licos en el mundo. Ya hemos dicho que el evangelio es factor de transformaci?n sociocultural y nuestra pretensi?n y vocaci?n, como cristianos, es influenciar la sociedad ?compleja y pluralista? en la que vivimos con nuestra presencia y testimonio, invitados por el mismo Jes?s a ser ?sal de la tierra y luz del mundo?. Seguiremos reflexionando, descubriendo tambi?n valores positivos, siempre animados por la esperanza.

?En esta perspectiva surgen los intentos, repetidos tambi?n ?ltimamente, de presentar la cultura europea prescindiendo de la aportaci?n del cristianismo, que ha marcado su desarrollo hist?rico y su difusi?n universal. Asistimos al nacimiento de una nueva cultura, influenciada en gran parte por los medios de comunicaci?n social, con caracter?sticas y contenidos que a menudo contrastan con el Evangelio y con la dignidad de la persona humana. De esta cultura forma parte tambi?n un agnosticismo religioso cada vez m?s difuso, vinculado a un relativismo moral y jur?dico m?s profundo, que hunde sus ra?ces en la p?rdida de la verdad del hombre como fundamento de los derechos inalienables de cada uno?.
(Ec in E9 )


?En el Continente europeo no faltan ciertamente s?mbolos prestigiosos de la presencia cristiana, pero ?stos, con el lento y progresivo avance del laicismo, corren el riesgo de convertirse en mero vestigio del pasado. Muchos ya no lo-gran integrar el mensaje evang?lico en la experiencia cotidiana; aumenta la dificultad de vivir la propia fe en Jes?s en un contexto social y cultural en que el proyecto de vida cristiano se ve continuamente desde?ado y amenazado; en muchos ambientes p?blicos es m?s f?cil declararse agn?stico que creyente; se tiene la impresi?n de que lo obvio es no creer, mientras que creer requiere una legitimaci?n social que no es indiscutible ni puede darse por descontada?. (Ecclesia in Europa 7)
Publicado por verdenaranja @ 0:06  | Art?culos de inter?s
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