Lunes, 18 de junio de 2007
Aunque tengamos sabido que la muerte tiene que llegar, cuando hace acto de presencia en un ser querido, y aunque se la vea venir por una de las grandes avenidas como es una grave enfermedad, (es el caso de N.) nos produce siempre pena y sorpresa.
Pena, porque vais a sentir su ausencia los que la hab?is conocido y tratado, sobre todo, vosotros, sus hijos y hermanos. Y sorpresa porque por m?s que lo sepamos, nos parece que el final que no va a llegar nunca. Pero as? lo marca la ley natural: todo lo que nace, muere. Y todo lo que empieza, termina. Ojal? esta realidad la asumamos todos con paz interior.
Si la vida fuese un viaje en avi?n, la muerte ser?a como aterrizar en el aero?puerto. Si la vida fuese un crucero en barco la muerte ser?a como la llegada al puerto. Si la vida fuese un viaje en tren, m?s o menos largo, la muerte ser?a como llegar a la Estaci?n terminal.
Cualquiera de nosotros, ante los acontecimientos de la vida, nos hacemos preguntas. Y menos mal que nos preguntamos y que nos quejamos, porque eso quiere decir que tenemos sentimientos, que no somos de bronce. Eso es una riqueza.
Casi todos los libros est?n llenos de preguntas, de interrogantes. Tambi?n este libro que manejamos en la Iglesia y que conocemos como "la Biblia" contiene muchas quejas y preguntas. Y gracias a que nos hacemos preguntas podemos encontrar respuestas. Cuando no hay preguntas, no hay respuestas.
As? la la lectura que hemos escuchado est? llena de lamentaciones. "Me han arrancado la paz, se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Se?or". Y en la ?ltima l?nea dice: " Traigo a la memoria algo que me da esperanza: que la misericordia del Se?or no termina. El Se?or es la parte de mi heredad y espero en El".
Seguramente todos hab?is tenido en la mano ese juguete que lleva un peso en su interior, algo macizo en su base. Se lo han puesto all? para que se mantenga siempre de pi?. Lo pongas como lo pongas, hagas con ?l lo que hagas, siempre se pone tieso, nunca se queda tumbado.
Pues mirad: Nuestra vida se parece a ese juguete. Somos zarandeados por distintos acontecimientos. Somos llevados de ac? para all?; sometidos a muchas pruebas y dificultades. Nuestras limitaciones humanas nos hacen tambalear. Nos llegan sufrimientos, desenga?os. Somos fr?giles y a veces andamos por terrenos movedizos...
Pero tenemos una base fuerte. Es el esp?ritu de superaci?n, el deseo de seguir viviendo. El empuje de seguir adelante. Esto es muy bueno. Si adem?s nos acompa?a la FE, lo tenemos todo: La FE nos da la seguridad de sabernos amados por el Se?or, nos lleva a descansar en su Amor.
"Su fidelidad dura siempre", canta el Salmo. "El Se?or es mi fuerza. Qu? po?dr? apartarnos del amor de Dios?", se pregunta San Pablo. Nada ni nadie, porque El nos sostiene. El es nuestra Salvaci?n.
En este momento, los m?s allegados a N. est?is sacudidos por esta pena, pe-ro a pesar de todo, surge de nuevo un rayo de esperanza, como nos dec?a la la Lectura: "La parte de m? herencia es el Se?or y espero en El". Lo que nos hace volver al equilibrio y a la paz es la base que tenemos puesta en el amor de Dios, la FE en ?l.
N. lo sab?a muy bien esto. Por eso, estoy seguro de que en el secreto del silencio, cuando nadie la ve?a, rezaba y volv?a a la serenidad en medio de su angustia. Dice la Escritura que:
"Es bueno esperar en silencio la salvaci?n del Se?or". N. ha esperado en silencio esta Salvaci?n. Por eso su muerte nos tiene que llenar de esperanza. Porque ella tambi?n est? proclamando ahora: "La parte de mi herencia es el Se?or".
Cuando nos dejamos guiar por la Luz de la Fe todo se llena de sentido. Todo se ilumina. El coraz?n lleno de bondad de N. ahora tiene que florecer. Fijaos qu? distinto es decir de una persona: "?qu? mezquina, qu? taca?a es" que decir: " Qu? persona m?s buena es!" Le puedes pedir cualquier favor que seguro que te lo hace? Y lo decimos de muchas personas Por eso os digo que todas las obras buenas de N. tienen que florecer.
Estoy seguro de que N. ha vivido muchos momentos de su vida ayudando, amando, sirviendo, entreg?ndose a los suyos... y el Padre del cielo que no olvida ni siquiera el vaso de agua que se da a uno, extender? sus brazos y le dar? una Nueva Vida estupenda, maravillosa. Me gustar?a que creyerais esto.
Ah? arranca la Esperanza. ?Hay una vida Nueva! ?Hay horizonte! ?Hay futuro!. Y esta Esperanza nos estimula sirve a ser ahora un poco m?s justos, generosos, servidores, fraternales y as? dar sentido a la vida.
Al celebrar la despedida de N., sentimos que se haya ido, pero somos cons?cientes de que la muerte es como una semilla que se entierra, que nos recuerda que hay que morir, pero sobre todo, hay que vivir. Y siempre nos queda el recuerdo de lo bueno, lo noble, lo positivo ...
Pues con esta esperanza seguimos pidiendo por ella, como pedimos por cada uno de nosotros, que somos d?biles y pecadores. Termino con esta oraci?n puesta en boca de N.
"Cond?ceme, Padre bueno, a trav?s de las tinieblas que me envuelven, a tu Luz Admirable. La noche es oscura y estoy lejos del hogar. Guarda mis pasos. Cond?ceme al Banquete de tu Reino, donde todo es Paz y alegr?a sin fin. O como rezaba Unamuno: " M?teme, Padre Eterno en tu pecho, misterio hogar, ll?vame contigo, pues vengo cansado/a del duro bregar"
Publicado por verdenaranja @ 10:51  | Homil?as
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