Mi?rcoles, 20 de junio de 2007
17 de Junio
XI Domingo del Tiempo Ordinario


Jes?s vino para amar



Nos ofrece hoy la Iglesia, Madre nuestra, uno de tantos episodios de la vida de Jes?s en el que resalta su amor por los hombres ?desea para cada uno siempre lo mejor?, aunque pudiera parecer que no es lo indicado.

En este caso, de acuerdo con la mentalidad de la ?poca, al menos de acuerdo con la opini?n de las personas tenidas por cultas e influyentes: los fariseos, la conocida pecadora que entr? en la casa de Sim?n, era por eso mismo una persona a evitar. Con mayor motivo a evitar por Jes?s, que deb?a ser ejemplo de conducta antes que maestro con palabras.

Pero todo se explica con la gran lecci?n de Jes?s, durante aquella comida en casa del fariseo: que s?lo el amor cuenta y que todo en nuestra vida debe ser amor. Que en modo alguno consiste el ideal de vida que Dios nos propone, en unas conductas mandadas porque est?n mandadas, sino en el amor a Dios con que se act?a. Y, por esto, hasta el gesto que parece m?s irrelevante, hasta la actitud m?s cr?ticada pueden ser muy gratos ante Dios.

?Es Dios, de modo habitual, la raz?n por la que me muevo, o es m?s bien mi inter?s, que me contemplan otros, o que he de responder ante una instancia humana la raz?n de lo que hago? Tengamos deseos de una sana libertad: que no nos condicione nada ni nadie m?s que Dios. Que no nos importe, como a la pecadora del Evangelio, ni el gasto, ni la honra, ni los hombres. Que sea Dios ante todo a quien vemos delante y a quien deseamos agradar, sea lo que sea que traigamos entre manos.

Pecadores, como somos, no es en modo alguno ins?lito que nos olvidemos de Dios, con la mejor intenci?n ?mejor ser?a decir: "sin apenas darnos cuenta"? cuando nos dedicamos a tareas que de suyo buenas: nuestro trabajo, nuestra familia, nuestros amigos, nuestro descanso, etc., que a Dios le agradar?an si estuvieran hechas en su presencia, ofrecidas a ?l, y no por un motivo meramente humano. ?Acaso no es la posibilidad de actuar por Dios, con Dios y para ?l, como hijos muy queridos del Creador y Se?or del mundo, la causa de nuestra humana dignidad?

Pero ese inapreciable talento, que poseemos por el designio divino de que seamos hombres ?a su imagen y semejanza? y por la Redenci?n sus hijos adoptivos, es para cada uno un punto de partida. Pues es con nuestro amor libre, correspondiendo al que Dios nos tiene, como alcanzamos la grandeza colmada a la que tiene de suyo aquella dignidad personal: el talento inapreciable de ser hombres.

Jes?s se fija en el amor de la mujer pecadora y el amor de Sim?n el fariseo. Es el amor de cada uno ?el amor a Dios? lo que los califica, como es el amor nuestro a Dios en nuestras obras quien habla de la categor?a de cada uno. Pregunt?monos, pues, y en concreto, qu? detalles en nuestra vida manifiestan que pensamos en Dios, en agradarle, mientras nos ocupamos de nuestros quehaceres habituales. As? como nuestro inter?s, nuestro amor por las personas y las cosas, se nota en formas, en modos de comportarnos, lo mismo nuestro amor a Dios. Nuestro inter?s por agradarle se notar? con claridad, como fue patente el de aquella mujer a los pies de Cristo.

Es frecuente vernos preocupados por ideales como la solidaridad, la generosidad, la cooperaci?n ...; y alentar otros como la laboriosidad o la alegr?a. Pero ?c?mo no decidimos poner m?s expresamente a Dios como fin de nuestras obras? ?No estar?an as? garantizadas adem?s todas esas actitudes nobles y tan necesarias que en ocasiones echamos de menos? El amor es fecundo; el amor conduce a poner lo mejor de uno mismo en favor de los dem?s. Ya de suyo engendra alegr?a en quien ama, aunque pueda ser costoso, incluso muy costoso en ocasiones. Y as? como el amor provoca amor en los otros, se aprecia tambien enseguida y gustosamente, la alegr?a de sentirse amado.

Bienaventurada porque has cre?do, escuch? Mar?a de labios de Isabel. No hay criatura m?s contenta que Mar?a: la que ha amado m?s, la que no se ha reservado nada.


Publicado por verdenaranja @ 21:32  | Espiritualidad
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