Mi?rcoles, 20 de junio de 2007
D?a 16 de Junio S?bado
Inmaculado Coraz?n de Mar?a


Mar?a nos quiere con coraz?n de madre



Hoy celebra la Iglesia el amor que nos tiene la Madre de Dios y Madre nuestra representado en su Inmaculado Coraz?n. Quiz? de nada estamos tan seguros como del amor que nos tiene nuestra propia madre. ?Cu?nto m?s seguros estaremos y c?mo ser? de inmenso su amor, trat?ndose de Mar?a Sant?sima, la Madre que Jes?s nos entreg? desde la Cruz.

Decimos en este d?a que Mar?a nos quiere con un coraz?n inmaculado, sin mancha. Nos ama con un coraz?n que jam?s ha querido algo desordenadamente, porque, en todo momento, dirige sus afectos a trav?s de Dios. Siendo Mar?a la llena de Gracia, hay en Ella una sinton?a m?xima con Dios. Por el singular privilegio de su concepci?n sin pecado, no padece las consecuencias del apartamiento de Dios y en todo momento goza de una visi?n clara de la verdad, con la que descubre de modo inmediato el atractivo y el bien de amar a Dios.

Mar?a siempre ama. Cada instante de su existencia es para nuestra Madre una clara ocasi?n de intimidad con su Creador, que va concretando al actualizar la conducta que m?s agrada a Dios. De un modo o de otro, las suyas son de continuo actitudes maternales, actitudes, por tanto, de servicio, entregada a su Hijo Jesucristo y a todos los dem?s hombres ?sus hijos adoptivos?, destinados por la Encarnaci?n y la Redenci?n a la Vida Eterna.

El Coraz?n de Mar?a no tiene experiencia sino de amar. No hay en Ella relaci?n con el diablo, padre de la mentira, por eso su coraz?n no est? viciado de egoismo. Mar?a no es como nosotros, que con frecuencia ?enga?ados? preferimos un inter?s particular ?no lo que Dios espera? antes que amar a nuestro Creador.

La singular claridad de inteligencia de Mar?a le permit?a reconocer a Dios junto a s?, que aguardaba a cada paso su amor. Nada aparec?a como indiferente para la Llena de Gracia. Hasta lo que resultaba m?s insignificante para sus contempor?neos, era para Ella una valiosa ocasi?n de entregarse generosamente y agradecida a su Creador.

As?, no ve?a Mar?a con desagrado el esfuerzo de buscar una y otra vez lo m?s perfecto en el trabajo, lo m?s generoso en el servicio, la perseverancia cotidiana y continua en la oraci?n ?todo es oraci?n para Mar?a, que no pierde la presencia actual de Dios?; por el contrario, contempla a su Se?or m?s cercano a cada instante, por eso, cada vez ?a cada instante? es m?s feliz aunque le cueste.

Confiando en este amor que ha puesto totalmente en Dios y por ?l en la humanidad, nos acogemos a su maternal cari?o. No puede defraudarnos, ya que nos ama con el mismo coraz?n inmaculado con el que quiere a Dios como nadie m?s le ha querido ni le puede querer. Su gran amor al Creador, de quien quiso ser esclava y a quien se entreg? deseosa de que se cumpliera en Ella su palabra, manifiesta ?por la calidad de su entrega? la perfecci?n y generosidad de su coraz?n lleno de Gracia.

Animada de esas mismas disposiciones acogi? la petici?n de su Hijo al pie de la Cruz de ser Madre nuestra. Por eso, aunque la Sagrada Escritura narre pocos detalles de la entrega maternal de Mar?a a los disc?pulos de su Hijo, estamos seguros de su desvelo por los Ap?stoles y de la eficacia de su intercesi?n en favor de la Iglesia naciente. Su amor por los hombres brota del mismo amor con que sirvi? a Dios como corredentora en los d?as de su vida mortal. Y ahora, como siempre, prodiga su protecci?n sobre la Iglesia Universal. Se hace m?s patente, en todo caso, para quienes se acogen acogen de modo especial a su protecci?n, y confiados acuden como ni?os buscando su auxilio, persuadidos de que ser? por los siglos apoyo infalible de los hombres en el camino hasta la eterna bienaventuranza.

Tampoco faltar?n en la historia futura de la humanidad esas intervenciones extraordinarias de la Madre de Dios y Madre nuestra, de las que tenemos ya repetida experiencia. ?Cu?ntos santuarios de la Virgen conmemoran por el mundo su maternal protecci?n a lo largo de los siglos! El suyo es un coraz?n permanentemente a nuestro favor; que nos ama, aunque, demasiado pendientes de nuestras cosas, casi no nos acordemos de Ella. Tambi?n entonces vigilar? Mar?a. Querr? salir al paso de las penas y dolores de sus hijos, y f?cilmente notaremos su cari?o a poco que fomentemos su devoci?n.

Del mismo modo que se adelant?, aliviando el problema que por un descuido iban a tener los j?venes esposos de Can? de Galilea ?seg?n narra san Juan?, tambi?n sale al paso de los hombres de hoy. Hasta el final de los tiempos, adem?s del amor que siente por la humanidad, siendo Llena de Gracia, Mar?a tiene asumido el encargo de su Hijo, que quiso que nos hici?ramos ni?os y que no nos faltara nunca una protecci?n maternal.

Acudir, en fin, a Santa Mar?a, es se?al infalible de gloriosa predestinaci?n. Con su coraz?n de Madre, no s?lo nos quiere bienaventurados en el Cielo, sino tambi?n ?como lo fueron los santos? felices en la tierra.


Publicado por verdenaranja @ 21:36  | Espiritualidad
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