S?bado, 23 de junio de 2007
Autor: Mons. Alejandro Goic Karmelic
Fecha: 25/09/2006
Pa?s: Chile
Ciudad: Santiago
Ref. Cech: 354/2006

Hacia un Bicentenario libre del flagelo de la droga>


?Qu?date con nosotros Se?or,
atiende nuestro grito de auxilio.
Porque nosotros tambi?n deseamos tener vida
y vida en abundancia?(Jn 10, 10).



Hablo en nombre del Comit? Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile, que en su ?ltima sesi?n me encomend? especialmente dirigir este mensaje a ustedes y a todos los cristianos y personas de buena voluntad en nuestra patria.

1.- Nuestra Madre Iglesia chilena por muchos a?os ha querido tener una actitud de escucha cercana, atenta y cari?osa con sus hijos que m?s sufren las consecuencias de la ?persistente y escandalosa desigualdad?. Ha buscado asumir la mirada evang?lica de ir al encuentro del desvalido, de ser pr?jimo y pr?ximo al que va herido por el camino, y una actitud de acogida incondicional acerc?ndose a sus diversas realidades de dolor como lo hizo Jes?s en la figura del Buen Samaritano, y en su encuentro con los peregrinos de Ema?s. En este encuentro respetuoso y cari?oso, donde no hubo muchas preguntas, s?lo escuch? y acompa?? a aquellos hombres que ven?an tristes desde Jerusal?n. Sin el acompa?amiento de Jes?s los peregrinos habr?an perdido la esperanza, sucumbido ante la tristeza y desechado la oportunidad de mirar al futuro, porque estaban enceguecidos por la pena. Sin esa presencia cercana es imposible darnos cuenta de lo que estamos viviendo, tomar conciencia de la presencia del Se?or en nuestra vida y de las continuas delicadezas que ?l tiene con nosotros.

2.- De la misma forma nuestra Iglesia, que por ser Madre es esencialmente acogedora y cercana, se siente interpelada por la situaci?n que viven miles de ni?os, j?venes y adultos, hombres y mujeres, que sufren las consecuencias del consumo o, mejor dicho, del uso problem?tico de drogas.

En el Chile de hoy, el problema de las drogas afecta a much?simas personas, familias y barrios. Esta situaci?n, que se nos ha instalado casi sin darnos cuenta, nos desaf?a a buscar respuestas m?s efectivas, teniendo siempre como norte y fin ?ltimo a la persona. Sin embargo, no podemos entender el sufrimiento producido por el consumo de drogas s?lo como un problema individual. Es un fen?meno social que se expresa en personas concretas, y por tanto debemos hacer el esfuerzo de entender las condiciones sociales y comunitarias en las que estas personas se encuentran insertas; buscando entender y hacernos cargo de todas estas manifestaciones de las ?nuevas pobrezas? de las que se nos habla en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (N? 5).

3.- La persona que se hace adicta, que pierde su libertad por el abuso en el consumo de drogas, sufre profundamente y se ve obligada a desarrollar lo que es su gran capacidad: la de ?Aprender a disimular el dolor?. Si a esta terrible capacidad desarrollada se la ubica en un contexto de pobreza y exclusi?n permanente el panorama se vuelve a?n m?s desolador.

Por ello necesitamos miradas amables y humanizantes a las situaciones que viven miles de personas de nuestras poblaciones; requerimos propuestas de soluci?n para ellos que hagan hincapi? en las condiciones de exclusi?n, de calidad de vida y de falta de oportunidades de crecimiento.

Requerimos de la inversi?n del Estado, de los privados y de toda la sociedad para aumentar los recursos dirigidos a los sectores de mayor pobreza, mejorar la calidad de la educaci?n, generar canales reales de participaci?n en las comunidades y brindar viviendas dignas y de calidad a nuestros hermanos.

4.- Con dolor hemos visto c?mo en los ?ltimos a?os el problema del abuso en las drogas se expresa -con m?s fuerza que antes- en las mujeres y los ni?os que deambulan y viven en las calles. Algunas poblaciones viven todas las noches el constante ir y venir de sus j?venes en busca de la pasta base, de coca?na o a la espera de que alguien le regale una moneda para comprar su sue?o. Con frecuencia estas personas o sus familias acuden a nuestras parroquias a pedir ayuda para salir de su adicci?n. La ?perversa droga? se est? llevando especialmente a muchos de nuestros j?venes. Ante este panorama, la Iglesia est? llamada a jugar un papel importante como puente que conecte a quienes sufren situaciones de exclusi?n con el resto de la poblaci?n del pa?s.

5.- Distintas opiniones se repiten con frecuencia frente a la cuesti?n de las drogas: desde quienes promueven seguir endureciendo la mano hasta quienes sostienen que es una batalla perdida. Existen quienes afirman que los adictos son enfermos y quienes, no menos, les convierten en delincuentes. Ambos planteamientos ?que no dan cuenta de las causas- son los que han iluminado predominantemente las decisiones a trav?s de las cuales los chilenos hemos abordado estas situaciones en los ?ltimos a?os.

Sin desconocer los avances que se han dado en el abordaje de los temas ligados al narcotr?fico, invitamos a poner una atenci?n especial en los ligados al llamado ?microtr?fico?, pues en este ambiente muchas veces hay personas que, m?s que traficantes, son v?ctimas de su propia adicci?n.

6.- La Iglesia, a trav?s de distintas personas, grupos e instituciones, ha desarrollado iniciativas de orden acad?mico y de acompa?amiento a personas, familias y comunidades afectadas por este flagelo desde hace d?cadas y con importantes ?xitos, y tambi?n con dolorosos fracasos. Nuestros esfuerzos se han centrado en la prevenci?n y en la rehabilitaci?n, pero tambi?n han explorado en la b?squeda de nuevas y mejores pr?cticas de intervenci?n -t?cnicas y pastorales- que ayuden a atender, apoyar y fortalecer los procesos de trabajo y los abordajes de estos problemas, incorporando la perspectiva de la reducci?n de da?os, especialmente relacionado con aquellas personas m?s excluidas. Sin embargo, estas acciones, que son de alto costo, tienen dificultades para mantenerse, e incluso algunas se han visto obligadas a dejar la gratuidad de sus atenciones, lo que nos preocupa much?simo.

7.- ?Prevenir? sugiere la capacidad de anticiparse, identificando causas reales y atendiendo antes que la situaci?n se produzca. En nuestra sociedad, esto debe significar atender a todas las personas en sus derechos y necesidades b?sicas desde la infancia hasta la vejez; y traducirse en educaci?n de calidad, alimento y abrigo. Tambi?n en el apoyo a todas las iniciativas que promuevan el fortalecimiento de las familias como primeras formadoras de los hijos, y en la creaci?n y recuperaci?n de ambientes comunitarios atractivos, creativos y promotores de actitudes cr?ticas y aut?nomas.

De esta manera podremos potenciar la existencia de barrios amables donde, en un clima de confianza, se pueda compartir la vida. La confianza es ?tambi?n- la piedra angular para la rehabilitaci?n y la reinserci?n social, proceso en el cual las oportunidades de trabajo digno y decente son esenciales.

8.- Con dolor vemos que muchas veces las medidas punitivas y de control social con los j?venes y en los barrios han sido las estrategias privilegiadas, en desmedro de pol?ticas que apunten a la respuesta cercana -como las casas de acogida- y estructurales -como el decidido apoyo a los centros de rehabilitaci?n sin fines de lucro y la generaci?n de espacios de participaci?n real.

Es necesario poner el acento en la demanda y preguntarnos entonces porqu? tantas personas recurren al consumo de alcohol y drogas, qu? buscan o qu? nos quieren mostrar. Es necesario y urgente escucharlas, considerar sus opiniones y acercarse a sus inquietudes, alegr?as y dolores para que al igual que aquellos peregrinos de Ema?s lleguen interiormente a decir ?Qu?date con nosotros Se?or, porque se hace tarde? (Lc 24, 13-35). ?Qu?date con nosotros Se?or y atiende nuestro grito de auxilio. Porque nosotros tambi?n deseamos ?tener vida y vida en abundancia?(Jn 10, 10).

Especialmente hacemos un imperioso llamado a escuchar a los j?venes. Recordamos, a un a?o del centenario de su nacimiento, las palabras de nuestro querido Cardenal Ra?l Silva Henr?quez cuando en su Sue?o de Chile se?alaba: ?Pido y ruego que se escuche a los j?venes y se les responda como ellos se merecen. La juventud es nuestra fuerza m?s hermosa. Ellos tienen el derecho a ser amados. Y tienen la responsabilidad de aprender a amar de un modo limpio y abierto. Pido y ruego que la sociedad entera ponga su atenci?n en los j?venes?.

9.- La drogadicci?n es un problema que nos interroga como sociedad y como Iglesia. Desaf?a nuestra caridad pastoral: ?acaso es en verdad la persona lo m?s importante en nuestra sociedad y a la que queremos atender y ayudar a desarrollar?

Especial atenci?n debemos tener por los ni?os y las ni?as m?s pobres. En ellos el drama se vuelve casi un grito de auxilio y dolor. Nosotros les estamos escuchando y queremos que nuestras autoridades les escuchen.

El drama de las drogas es un reto, un gran desaf?o que no admite vacilaciones. O se est? por una vida sin drogas, por una relaci?n social sin dependencias y un abordaje social y comunitario del tema, asentado en el valor central de la dignidad humana, o terminaremos construyendo m?s c?rceles y permitiendo la evasi?n de la realidad y las respuestas f?ciles para situaciones mucho m?s profundas.

Sabemos que hay muchas personas e instituciones comprometidas en este esfuerzo y que hoy d?a nos acompa?an algunas de ellas. Quisiera agradecer y estimular el trabajo de CONACE, de organismos de Iglesia, como el Hogar de Cristo, la Fundaci?n Don Bosco, nuestros anfitriones de la Pastoral Nacional de Alcohol y Drogas y muchos otros, as? como diversas ONG que, desde distintos niveles y ?ngulos buscan dar respuesta a esta realidad que nos golpea. A ellos nuestro agradecimiento y nuestra compa??a en su caminar.

10.- En este mes dedicado a la Patria, deseamos escuchar de parte de la sociedad chilena la voluntad de avanzar en medidas integrales y de fondo que den cuenta real de la enorme dimensi?n que est? teniendo el consumo de drogas para los ni?os y j?venes en nuestro pa?s y abran caminos de esperanza e integraci?n.

Creemos que el esfuerzo conjunto de la Caritas Alemana y la Escuela Nacional de Formaci?n en Abordaje de Adicciones en la realizaci?n de este IV Encuentro Internacional de Expertos ser? un aporte a una mirada inclusiva para tantas personas que viven y sufren en las fronteras de la sociedad.

Estamos todos preparando con gran entusiasmo las celebraciones con ocasi?n del Bicentenario, deseamos que estos preparativos no s?lo se traduzcan en mejoras en infraestructura, grandes monumentos e inversi?n p?blica. Qu? hermoso ser?a que fuera tambi?n una de las metas el terminar con el flagelo de la droga y con la enorme brecha de desigualdad que afecta de manera tan dram?tica a tantos hermanos nuestros.

Esa es nuestra invitaci?n y esa es nuestra oraci?n ante el Padre de la Misericordia por la intercesi?n de Nuestra Se?ora del Carmen, Patrona y Madre de Chile.

Por el Comit? Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile,

? Alejandro Goic Karmelic
Obispo de Rancagua
Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile

Santiago, 25 de Septiembre de 2006
Publicado por verdenaranja @ 0:33  | Hablan los obispos
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