S?bado, 23 de junio de 2007
D?a 11 de Junio
Memoria Obligatoria: San Bernab?, ap?stol



Desprendimiento y celo por las almas



San Bernab?, compa?ero de correr?as apost?licas de San Pablo, durante buena parte de sus idas y venidas, estableciendo, adoctrinando y confirmando en la fe las primeras comunidades de cristianos, se hab?a destacado pronto como un disc?pulo generoso y de celo ardiente. Se narra en el libro de los Hechos que Jos?, a quien los ap?stoles dieron el sobrenombre de Bernab? ?que significa ?Hijo de la consolaci?n??, levita y chipriota de nacimiento, ten?a un campo, lo vendi?, trajo el dinero y lo puso a los pies de los ap?stoles. Desde los primeros d?as, pues, de andadura de la Iglesia, Bernab? se manifest? como un cristiano comprometido, que no s?lo asent?a a la ense?anza de Jes?s trasmitida por los Ap?stoles, sino que, en coherencia con su fe y con la nueva vida en Dios que hab?a descubierto ?el Evangelio de Jesucristo? pone todo lo propio al servicio de ese ideal.

Aquel campo vendido y entregado, para aliviar la vida de los m?s necesitados, fue s?lo el comienzo de su entrega por el Reino de Dios. Enseguida se pone de manifiesto en el nuevo disc?pulo, que estaba del todo disponible, no s?lo en sus cosas, sino con toda su vida, si se trataba de la propagaci?n del Evangelio. Y goza as? de la total confianza de los Ap?stoles. Lo demuestra el hecho de que, habiendo sabido de la conversi?n de Pablo ?antes incluso que los que hab?an sido los Ap?stoles de Jes?s? ?l se encarga personalmente de introducirlo en la actividad evangelizadora en comuni?n con la Iglesia. De hecho, en la primera comunidad de Jerusal?n no se fiaban de quien pretend?a ser ap?stol, despu?s de haber perseguido atrozmente a los disc?pulos, hasta hacernos encarcelar. Todos le tem?an porque no cre?an que fuera disc?pulo. Sin embargo, Bernab? se lo llev? con ?l, lo condujo a los ap?stoles y les cont? c?mo en el camino hab?a visto al Se?or, y que le hab?a hablado, y c?mo en Damasco hab?a predicado abiertamente en el nombre de Jes?s. Entonces entraba y sal?a con ellos en Jerusal?n, hablando claramente en el nombre del Se?or.

El resto de la vida de Bernab?, cargada de una intens?sima actividad y de mucho fruto, seg?n nos cuenta san Lucas con detalle en Los Hechos de los Ap?stoles, ser? una permanente aventura, con toda la garant?a de Dios que bendec?a cada uno de sus pasos, y con todo el abandono humano posible; pues no hubo en este hombre ning?n objetivo para s?. Como los dem?s que han comprometido del todo y de modo exclusivo su vida en el Evangelio, la ilusi?n ?nica de Bernab? era ver a Dios m?s glorificado por la gente mediante el reconocimiento de Jesucristo como Salvador. La confianza en Dios y el olvido de s? son, de hecho, los soportes que mantienen la vida del ap?stol. Podr?an parecer, en una primera observaci?n, insuficientes motivos y con pocas las garant?as de estabilidad. Pero la vida cristiana: una vida entregada por la salvaci?n de las almas, no puede ser sino sobrenatural; tanto en su origen como en su fin; en los medios y en los objetivos.

Recordada el Santo Padre Juan Pablo II, con ocasi?n de la canonizaci?n de san Josemar?a Escriv?, un punto de Camino: Primero, oraci?n; despu?s, expiaci?n; en tercer lugar, muy en "tercer lugar", acci?n. As? van los medios del ap?stol de Jesucristo. Y, por si no quedara claro ?y por desconcertante que parezca?, insiste san Josemar?a: Yo te voy a decir cu?les son los tesoros del hombre en la tierra para que no los desperdicies: hambre, sed, calor, fr?o, dolor, deshonra, pobreza, soledad, traici?n, calumnia, c?rcel..., La historia de san Bernab?, en compa??a de san Pablo, est? cargada de "tesoros" as?, que podemos conocer con cierto detalle leyendo la cr?nica de san Lucas ya citada.

Nos quedamos ante todo con su ejemplo de disponibilidad. Y le pedimos a Dios que sepamos redescubrir, como san Bernab?, esa perla de gran valor, que nos lleve a empe?ar cualquier otra riqueza por conseguirla. Le pedimos, asimismo, constancia en la adversidad, pues, no nos faltar? la Cruz aunque vivamos por un ideal excelso. Es m?s, ser? la se?al segura de que seguimos a Cristo: tome su cruz y s?game, dijo al que quisiera ser su disc?pulo. Sin medios humanos, con dolor y con toda la fuerza, que s?lo Dios puede conceder y nunca abandona, se construye el Reino de Dios en la tierra. Como lo hizo este ap?stol y como debemos hacerlo cada uno.

Contamos, adem?s, con el auxilio de nuestra Madre del Cielo, Reina de los Ap?stoles. En san Juan nos la concede su Hijo desde la Cruz, para que no nos abandone nunca.


Publicado por verdenaranja @ 9:02  | Espiritualidad
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