S?bado, 23 de junio de 2007
D?a 24 Domingo
Solemnidad: Natividad de San Juan Bautista



Gracia divina y correspondencia humana



Juan el Bautista, cuyo nacimiento hoy celebramos, es un ejemplo, entre tantos, de correspondencia a las gracias de Dios, fiel a su vocaci?n: a lo que, incluso antes de nacer, esperaba de ?l la Trinidad Beat?sima. Recordemos, como afirma san Pablo, que Dios nos ha escogido, antes de la constituci?n del mundo, para que seamos santos y sin mancha en su presencia, por el amor.

El designio divino de la Redenci?n del hombre preve?a un precursor que anunciase la llegada del Hijo de Dios encarnado. El evangelista San Marcos recoge la profec?a: conforme est? escrito en Isa?as el profeta: "Mira, env?o mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino".
"Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Se?or, enderezad sus sendas".


La aparici?n de Juan, el "Precursor", era se?al inequ?voca de la inminente llegada del Mes?as. Ten?an, en efecto, raz?n en sus presentimientos ?por inconcretos que fueran? los paisanos de Zacar?as e Isabel, padres de Juan:
??Qu? va a ser, entonces, este ni?o?, dec?an.
Porque la mano del Se?or estaba con ?l.

Y es que nuestro Dios siempre asiste con Gracia poderosa a sus elegidos, para que puedan cumplir lo que de ellos espera. Su nacimiento hab?a sido anunciado prof?ticamente desde antiguo, y al propio Zacar?as, su padre, un ?ngel le advirti? de su nacimiento. Y esto, a pesar de su incredulidad, pues no era razonable ?pensaba Zacar?as? que tuvieran un hijo con edad tan avanzada, ser? para ti gozo ?le insist?a el ?ngel?; y muchos se alegrar?n con su nacimiento, porque ser? grande ante el Se?or. No beber? vino ni licor, estar? lleno del Esp?ritu Santo ya desde el vientre de su madre y convertir? a muchos de los hijos de Israel al Se?or su Dios; e ir? delante de ?l con el esp?ritu y el poder de El?as para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes a la prudencia de los justos, a fin de preparar al Se?or un pueblo perfecto.

No le faltar?an a Juan la luz ni la energ?a necesaria para cumplir su misi?n. Dios mismo se hac?a garante de su capacidad: quedar?a lleno del Esp?ritu Santo desde antes de nacer, y as? ser?a poderoso e infalible como El?as, que ?bien lo sab?an todos los jud?os?, unido a Dios, hab?a salido siempre victorioso y de modo espectacular, incluso, frente a los mayores poderes de su tiempo que se opon?an al ?nico verdadero Dios.

En su Providencia, Dios hab?a cubierto de gracias muy singulares, a quien habr?a de cumplir una misi?n ?nica y decisiva en orden a la Redenci?n humana. El nacimiento de Juan fue acompa?ado de fen?menos del todo extraordinarios. El Bautista ven?a as? al mundo ?lleno del Esp?ritu Santo? con el importante bagaje sobrenatural que lo capacitaba para una gran misi?n. Pero consideremos, en todo caso, que, guardando la debida proporci?n, as? act?a siempre Dios con todos los hombres. Lo que espera de cada uno depende de las circunstancias personales ?de la capacidad nuestra? que tenemos, como todo lo dem?s, recibida de Dios. No es injusto, pues, Dios ni arbitrario, y el amor con obras que le debemos no debe ser sino el desarrollo de los talentos que nos ha concedido. Esas par?bolas de Jes?s del se?or, que se marcha y distribuye antes sus bienes entre unos criados, y reclama a su regreso el fruto correspondiente, deben estar de modo habitual presentes en nuestra mente.

No se trata, sin embargo, de vivir como atemorizados, con el pensamiento de que nos pedir?n cuentas y de que hay que exigirse, no nos vayan a castigar. Nos pedir?n cuentas, por supuesto; pero no es Dios, Nuestro Padre, una autoridad amenazante, como si s?lo le importara el resultado f?ctico de nuestra conducta. Imagin?monos, m?s bien, a un padre que, con toda ilusi?n, concede a su hijo lo necesario para el trabajo que le encomienda y que s?lo espera ponerse contento de d?a en d?a viendo el progreso del hijo. Viendo que logra las metas que se propone y que se propone lo que es su verdadero bien, es decir, lo que el padre le ha sugerido ?porque lo quiere y lo conoce?, de acuerdo con su capacidad: un padre que piensa s?lo en el hijo, en lo que le producir? m?s bien y felicidad.

Contemplando a Juan el Bautista, resalta de inmediato la idea de vocaci?n: la llamada de Dios a cada persona, que cada uno debemos responder. No ha surgido entre el los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista, declar? Jes?s. Son las palabras que, aparte de resaltar las cualidades objetivas concedidas al "Precursor", ponen de manifiesto su libre y fiel correspondencia al designio divino. No parece que Jes?s pudiera alabar, y menos de modo tan solemne, a quien ?nicamente hubiera recibido muchos talentos, sin m?rito alguno de su parte. Cristo alaba asimismo la correspondencia de Juan; que hubiera respondido a la gracia recibida con libre generosidad, dando el fruto que Dios esperaba, correspondiendo de modo heroico a su vocaci?n.

Encomendemos nuestros buenos deseos de fidelidad a lo que el Se?or nos pide en nuestra vida, y cada ma?ana y cada tarde, a la Madre de Dios, que es Madre nuestra del Cielo, como quiso Jesucristo. Responder a la vocaci?n es entrega, servicio, docilidad y, como es respuesta a Dios, grandeza, plenitud de vida. As?, Mar?a es la esclava del Se?or y la Reina del mundo.


Publicado por verdenaranja @ 23:28  | Espiritualidad
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