Lunes, 25 de junio de 2007
Art?culo publicado en la revista de la Di?cesis de Canarias "Iglesia al D?a", Mayo de 2007, n?mero 204.


?CU?NTO CUESTA UNA PRIMERA COMUNI?N?


por: Jos? Alonso Morales

Este es el t?tulo de alg?n art?culo en peri?dicos y revistas. Dicho as? aparece como uno de los pecados a a?adir en la lista contra la iglesia, que obliga a hacer esos gastos. Ah? est?n los escaparates con los modelos para ni?os y ni?as y el surtido de todos los posibles complementos: zapatos, diademas, lazos, calcetines e incluso, insignias de almirante o de marinero. Se anuncian restaurantes con men?s para primeras comuniones y los almacenes de regalos se especializan para esta ocasi?n. Las madres recorren las butiques a la b?squeda de alg?n traje y una vez pasada la fiesta la familia se queda pagando los plazos hasta el inicio del a?o. Han peleado con el cura para el n?mero de fotos, en qu? momentos y desde qu? perspectivas. Las ni?as, peque?as novias, y los ni?os, de gala rigurosa, se deslizaron por la pasarela del presbiterio para leer, para la ofrenda, para las peticiones. El comentario general es que "estaban mon?s imos/a s".

?No es verdad que todo esto se nos ha ido de las manos? Los que marcan el ritmo y estilo de las primeras comuniones son los que arbitran el comercio y los niveles del consumo. Ya lo hacen en las bodas. Conozco a m?s de una pareja que no se ha casado esperando a tener dinero para el traje y el convite. Lo inician en los bautizos y t?midamente comienzan en las confirmaciones. Asist? a una confirmaci?n que cuando el grupo entr? hacia los lugares reservados parec?a un pase de modas de caluroso vera-no por la poca cantidad de tela y la transparencia de su calidad. Me pareci? una fiesta de fin de a?o.

Los comercios no ofertar?an los trajes si no se compraran, ni se llenar?an los escaparates de complementos si se les quedaran de un a?o para otro y los restaurantes no ofrecer?an men?s si se quedaran con los v?veres en las neveras y congeladores. Esto suceder?a si los creyentes nos dedic?ramos a fondo a preparar el sacramento m?s que el boato, a vivir la celebraci?n m?s que la fiesta social. Si tuvi?ramos unos criterios comunes de cara a la celebraci?n y sus repercusiones sociales. La labor benem?rita de tantos y tantas catequistas se est? quedando s?lo como un recuerdo de muchas primeras y ?ltimas comuniones. Por la dignidad de los sacramentos y por respeto a los pobres, a quienes les obligamos a quedar fuera, o, a encadenarse con los plazos, o hacer el rid?culo de ir "sin el vestido de fiesta", esto tiene que preocuparnos.

Es una pena que haya que preguntar ret?ricamente cu?nto cuesta una primera comuni?n que es el regalo gratuito de Dios a todos sus hijos en la mesa com?n de la fraternidad. Es lamentable que los ni?os en la tarde de su comuni?n s?lo hablen de sus regalos, cada vez m?s sofisticados, y queden anestesiados para no sentir el gran regalo que les lleg? sin papeles de colores ni entrelazados art?sticos.
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