Lunes, 25 de junio de 2007
Art?culo publicado en la revista de la Di?cesis de Tenerife "Iglesia Nivariense" MAYO 2007, n?mero 75.

Sana Laicidad



Cuando lean nuestra revista ya se habr? celebrado en Tenerife un curso titulado Espa?a: entre la Aconfesionalidad, el Laicismo y la Laicidad. Por ello, consideramos interesante acercarles a algunas de las cosas dichas al respecto por el presidente de la Conferencia Episcopal Espa?ola en la apertura de su ?ltima Plenaria.

El Papa, se?ala Monse?or Ricardo Bl?zquez, propugna lo que llama "sana laicidad" que "implica la autonom?a efectiva de las realidades terrena-les respecto a la esfera eclesi?stica, no as? frente al orden moral". Consiguientemente, a la Iglesia no corresponde indicar qu? ordenamiento pol?tico y social es preferible: es el pueblo el que libremente determina las formas m?s adecuadas de organizar la vida pol?tica; toda intervenci?n directa de la Iglesia en este campo constituir?a una injerencia indebida. Pero la misma "sana laicidad" comporta tambi?n que "el Estado no considere la religi?n como puro sentimiento individual, susceptible de relegarse al ?mbito privado. Al contrario, la religi?n al estar organizada tambi?n en estructuras visibles, como es el caso de la Iglesia, debe ser reconocida como presencia comunitaria p?blica". En este marco de "sana laicidad" con las actitudes y conductas que le son coherentes, se comprende que sea garantizado el ejercicio de las actividades de culto, y tambi?n culturales, educativas y carita?tivas, de la comunidad de los creyentes; que dentro de la laicidad, que no degenera en laicismo, sean respetados los s?mbolos religiosos en las instituciones p?blicas. Entran en una "sana laicidad" que los representantes leg?timos de la Iglesia se pronuncien sobre los problemas morales que se plantean a la conciencia de todos los hombres; la Iglesia debe defender y promover los grandes valores que dan sentido a la vida de la persona y salva-guardan su dignidad.

Nuestro Estado es aconfesional, ya que "ninguna confesi?n tendr? car?cter estatal" (Constituci?n Espa?ola, art. 16,3); y los ciudadanos ser?n lo que juzguen en conciencia. El Estado es acon?fesional para que cada persona, seg?n su libre de-cisi?n, pueda ser creyente o no creyente, de esta religi?n o de la otra, respetando el orden p?blico y no oponi?ndose al orden moral. La Iglesia, que contribuy? eficazmente al consenso fundamental que estableci? la democracia en los a?os de la llamada transici?n pol?tica, de que podemos estar orgullosos los espa?oles y que ha merecido elogios de otros pa?ses, se siente institucionalmente bien en estas coordenadas. Fundados en aquel acuerdo reconciliador, podemos y debemos continuar construyendo entre todos y para todos el futuro de nuestra sociedad.

En un Estado aconfesional y en una sociedad donde la pluralidad tiene gran calado, en orden a asegurar una convivencia fecunda y promover un ordenamiento jur?dico democr?tico, es importante la b?squeda y la afirmaci?n de unas bases morales comunes pre-pol?ticas o meta-pol?ticas, por parte de quienes profesan una "laicidad sana", sean creyentes o no creyentes. ?Por qu? v?as promover esa com?n base moral? La siguiente pers?pectiva es fundamental e insustituible; en este contexto afirmamos con el Papa "la necesidad de reflexionar sobre el tema de la ley natural y de recuperar su verdad, com?n a todos los hombres. Dicha ley est? inscrita en el coraz?n del hombre y, por consiguiente, sigue resultando hoy no puramente inaccesible" (Discurso en el Congreso Internacional sobre Derecho Natural, 12 de febrero de 2007). La ley natural est? abierta a la raz?n en su permanente b?squeda de la verdad del ser humano, y es como el norte de su camino en la historia. La ley, escrita por Dios en el coraz?n (cf. Ron) 2,15-16), une a los cristianos con los dem?s hombres para buscar la verdad y re?solver los problemas morales que se plantean al individuo, a la sociedad y a la humanidad entera (cf. Gaudium et .spes, 16).

L?cidamente conecta el Papa la verdad del hombre con la libertad de todos: "Como la libertad humana es siempre libertad compartida con los dem?s, resulta patente que la armon?a de las libertades s?lo puede hallarse en lo que es com?n a todos: la verdad del ser humano, el mensaje fundamental del propio ser, es decir, la lex naturalis". De esta fuente fluyen los derechos fundamentales y sus correspondientes obligaciones. Todo ordenamiento jur?dico "halla en ?ltima instancia legitimidad en su arraigo en la ley natural, en el mensaje ?tico inscrito en el propio ser humano. La ley natural es, en definitiva, el ?nico baluarte v?lido contra la arbitrariedad del poder o contra los enga?os de la manipulaci?n ideol?gica". La dignidad del ser humano, percibida por la conciencia que es el n?cleo m?s secreto y como el sagrario del hombre, se rebela frente a sus humillaciones.

A la luz de la conexi?n ?ntima entre libertad y verdad, puesta de relieve habitualmente por el Papa, podemos preguntar: ?No necesitamos una reflexi?n honda y abierta sobre la libertad tanto en su concepci?n te?rica como en su realizaci?n hist?rica en la vida personal y social'? (...) La libertad humana, la verdad, la justicia, la solidaridad, el amor y el respeto de las personas se comprenden y realizan en mutua interacci?n. Todas estas realidades son como astros de una constelaci?n con cuyos movimientos coordenados se sal?vaguarda y madura armoniosamente la dignidad humana. La libertad debe ser educada para que no pierda el rumbo ni se convierta en ego?sta e insolidaria.
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