Martes, 26 de junio de 2007
Declaraci?n com?n que firmaron el 16 de junio de 2007 Su santidad Benedicto xvi y Su Beatitud Cris?stomos II.

DECLARACI?N COM?N


"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Se?or Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo" (Ef 1, 3).

1. Nosotros, Benedicto XVI, Papa y Obispo de Roma, y Cris?stomos II, arzobispo de Nueva Justiniana y de todo Chipre, con alegr?a damos gracias a Dios por este encuentro fraterno, en la fe com?n en Cristo resucitado, llenos de esperanza para el futuro de las relaciones entre nuestras Iglesias. Esta visita nos ha permitido constatar que han progresado esas relaciones, tanto a nivel local como en el ?mbito del di?logo teol?gico entre la Iglesia cat?lica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto. La delegaci?n de la Iglesia de Chipre siempre ha dado una aportaci?n positiva a este di?logo, entre otras maneras, acogiendo en 1983 al Comit? de coordinaci?n de la Comisi?n mixta internacional para el di?logo teol?gico, de modo que los miembros cat?licos y ortodoxos, adem?s de llevar a cabo el arduo trabajo preparatorio, pudieran visitar y admirar las grandes riquezas art?sticas y espirituales de la Iglesia de Chipre.

2. En la feliz circunstancia de nuestro encuentro fraterno junto a las tumbas de san Pedro y san Pablo, los corifeos de los Ap?stoles como indica la tradici?n lit?rgica, queremos declarar de com?n acuerdo nuestro sincero y firme deseo, en obediencia a la voluntad de nuestro Se?or Jesucristo, de intensificar la b?squeda de la unidad plena entre todos los cristianos, realizando todos los esfuerzos posibles y que consideremos ?tiles para la vida de nuestras comunidades. Deseamos que los fieles cat?licos y ortodoxos de Chipre vivan fraternamente y con plena solidaridad, fundada en la fe com?n en Cristo resucitado. Asimismo, queremos sostener y promover el di?logo teol?gico, que a trav?s de la competente Comisi?n internacional se dispone a afrontar las cuestiones m?s arduas que han marcado las vicisitudes hist?ricas de la divisi?n. Es necesario alcanzar un acuerdo sustancial para la plena comuni?n en la fe, en la vida sacramental y en el ejercicio del ministerio pastoral. Con este fin aseguramos nuestra ferviente oraci?n de pastores en la Iglesia y pedimos a nuestros fieles que se unan a nosotros en una invocaci?n coral para "que todos sean uno, a fin de que el mundo crea" (Jn 17, 21).

3. En nuestro encuentro hemos considerado las contingencias hist?ricas en que viven nuestras Iglesias. En particular, hemos examinado la situaci?n de divisi?n y de tensiones que caracterizan desde hace m?s de treinta a?os la isla de Chipre, con los tr?gicos problemas diarios que afectan tambi?n a la vida de nuestras comunidades y de las familias. Desde una perspectiva m?s amplia, hemos considerado la situaci?n de Oriente Pr?ximo, donde la guerra y los enfrentamientos entre los pueblos corren el riesgo de extenderse, con consecuencias desastrosas. Hemos invocado la paz "que viene de lo alto". Nuestras Iglesias quieren desempe?ar un papel de pacificaci?n en la justicia y en la solidaridad, y para que todo eso se realice deseamos promover las relaciones fraternas entre todos los cristianos y un di?logo leal entre las diversas religiones presentes y operantes en la regi?n. Que la fe en el ?nico Dios ayude a los hombres de estas antiguas e ilustres tierras a recuperar una convivencia amistosa, con respeto rec?proco y una colaboraci?n constructiva.

4. Por consiguiente, dirigimos este llamamiento a todos los que, en cualquier parte del mundo, alzan la mano contra sus mismos hermanos, exhort?ndolos con firmeza a deponer las armas y a esforzarse por cicatrizar las heridas causadas por la guerra. Adem?s, los invitamos a trabajar para que se defiendan siempre, en todas las naciones, los derechos humanos: respetar al hombre, imagen de Dios, es un deber fundamental para todos. Asimismo, entre los derechos humanos que hay que defender se debe incluir el derecho primario de la libertad de religi?n. No respetarlo constituye una ofensa grav?sima a la dignidad del hombre, que es herido en lo m?s ?ntimo de su coraz?n, donde habita Dios. As?, profanar, destruir y saquear los lugares de culto de cualquier religi?n es un acto contra la humanidad y la civilizaci?n de los pueblos.

5. Tambi?n reflexionamos sobre una nueva oportunidad que se abre para un intenso contacto y una colaboraci?n m?s concreta entre nuestras Iglesias. En efecto, avanza la construcci?n de la Uni?n europea, y cat?licos y ortodoxos est?n llamados a contribuir a crear un clima de amistad y cooperaci?n. En un tiempo de creciente secularizaci?n y relativismo, los cat?licos y ortodoxos en Europa est?n llamados a dar un renovado testimonio com?n de los valores ?ticos, siempre dispuestos a dar raz?n de su fe en Jesucristo, Se?or y Salvador. La Uni?n europea, que no podr? limitarse a una cooperaci?n meramente econ?mica, necesita s?lidas bases culturales, referencias ?ticas compartidas y apertura a la dimensi?n religiosa. Es preciso vivificar las ra?ces cristianas de Europa, que han hecho grande su civilizaci?n en el decurso de los siglos, y reconocer que las tradiciones cristianas occidental y oriental tienen, en este sentido, una importante tarea com?n que realizar.

6. En nuestro encuentro consideramos asimismo el largo camino de nuestras Iglesias y la gran tradici?n que, partiendo del anuncio de los primeros disc?pulos que llegaron a Chipre desde Jerusal?n, despu?s de la persecuci?n contra san Esteban y siguiendo el mismo itinerario de san Pablo desde las costas de Chipre hasta Roma, como nos narran los Hechos de los Ap?stoles (cf. Hch 11, 19; 27, 4 ss), llega hasta nuestros d?as. El rico patrimonio de fe y la s?lida tradici?n cristiana de nuestras tierras, deben estimular a cat?licos y ortodoxos a dar un renovado impulso al anuncio del Evangelio en nuestro tiempo, para ser fieles a nuestra vocaci?n cristiana y responder a las exigencias del mundo de hoy.

7. Suscita seria preocupaci?n el modo como se afrontan las cuestiones concernientes a la bio?tica. En efecto, existe el peligro de que ciertas t?cnicas aplicadas a la gen?tica, concebidas con el fin de salir al paso de necesidades leg?timas, de hecho ofenden la dignidad del hombre, creado a imagen de Dios. La explotaci?n del ser humano, las experimentaciones abusivas, los experimentos de una gen?tica que no respeta los valores ?ticos, constituyen una ofensa a la vida, atentan contra la incolumidad y la dignidad de toda persona humana y no pueden ni deben justificarse o permitirse en ning?n momento de su existencia.

8. Al mismo tiempo, estas consideraciones ?ticas y la preocupaci?n com?n por la vida humana nos llevan a invitar a las naciones que con la gracia de Dios han conseguido significativos progresos en el campo de la econom?a y de la tecnolog?a a no olvidar a sus hermanos que habitan en los pa?ses azotados por la pobreza, el hambre y las enfermedades. Por tanto, invitamos a los responsables de las naciones a favorecer y promover una justa repartici?n de los recursos de la tierra, con esp?ritu de solidaridad con los pobres y con todos los indigentes del mundo.

9. Tambi?n han sido concordes nuestras preocupaciones por el peligro de destrucci?n de la creaci?n. El hombre la ha recibido para poder realizar con ella el plan de Dios. Pero, poni?ndose a s? mismo como centro del universo, olvidando el mandato del Creador y encerr?ndose en una b?squeda ego?sta de su propio bienestar, el ser humano ha gestionado el medio ambiente en que vive realizando opciones que ponen en peligro su misma existencia, mientras que el medio ambiente ha de ser respetado y protegido por parte de todos los que lo habitan.

10. Juntos elevamos nuestra oraci?n al Se?or de la historia para que fortalezca el testimonio de nuestras Iglesias a fin de que el anuncio de salvaci?n del Evangelio llegue a las nuevas generaciones y sea luz para todos los hombres. Con esta finalidad, encomendamos nuestros deseos y compromisos a la Theotokos, la Madre de Dios Odigitria, que indica el camino hacia nuestro Se?or Jesucristo.

Vaticano, 16 de junio de 2007
Publicado por verdenaranja @ 23:30  | Habla el Papa
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