Mi?rcoles, 27 de junio de 2007
Texto motivo de reflexi?n en retiro sacerdotal de Zona Norte de la isla de Tenerife sacado de "El sacerdote. Espiritualidad y misi?n". n. 33. Congregaci?n para la Evangelizaci?n de los Pueblos / 1- 0 - 89

UNIDAD, ARMON?A Y CELO EN LA VIDA DEL PRESB?TERO


Las exigencias vinculadas a la vida del presb?tero son muchas, y urgentes. Se desprenden de los deberes relativos a la oraci?n, de aquellos relacionados con la vida apost?lica, de los que se refieren al estudio, al reposo, a los contactos con el pr?jimo. Dignos de alabanza son, pues, aquellos presb?teros que saben imponerse un programa de vida y se esfuerzan por permanecer fieles a ?l de cada d?a. Ese programa no deber? limitar la libertad y la espontaneidad, ni vincular a esquemas r?gidos que impedir?an el servicio pastoral; deber?, m?s bien, ayudar a trabajar con m?todo y evitar la improvisaci?n y el peligro de descuidar deberes importantes. Por lo tanto, habr? de ser un programa esencial, ordenado, y deber? contemplar la justa proporci?n entre las distintas obligaciones.

Sin embargo, para lograr la unidad y la armon?a en la vida del sacerdote, no es suficiente el orden meramente externo en el trabajo pastoral, ni la sola pr?ctica de la oraci?n, ni la constancia en el cumplimiento del propio deber. Hay que llegar a lo m?s profundo, a la fuente de la identidad del presb?tero que es la persona de Cristo, de quien ?l es ministro.

Para lograr la unidad y la armon?a de su vida, los presb?teros deber?n unirse "a Cristo en el conocimiento de la voluntad del Padre, y en el don de s? mismo por el reba?o que les ha sido confiado" (cf. Un 3,16)".

Del Sacrificio Eucar?stico, sobre todo, surge esa caridad pastoral que es capaz de realizar la unidad y la armon?a en la vida y en la actividad de los ministros sagrados, y de producir un celo irresistible. S?lo siendo "el hombre de lo sagrado", el presb?tero ser? tambi?n "el hombre para los dem?s".

El celo es consecuencia necesaria del car?cter sacerdotal y de la respuesta generosa a la gracia que ?ste implica. Como Pablo, tambi?n el sacerdote debe poder decir: "no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en m?" (Gal 2,20); "he sido yo quien, por el Evangelio, os engendr? en Cristo Jes?s" (1Cor 4,15); "me he hecho todo a todos" (1Cor 9,22); "?ay de m? si no predicara el Evangelio!" (ICor 9,16).

El celo, que es ardor interior, convicci?n profunda, y que se expresa en el compromiso misionero, en el servicio pastoral incansable, en la apertura a los que est?n lejos, en la atenci?n a Ios dem?s, en especial a los m?s pobres, es - en el presb?tero - una necesidad intr?nseca que se desprende de su consagraci?n. Es necesario, por consiguiente, que se realice en todos los presb?teros esa maravillosa unidad y armon?a entre la consagraci?n y la misi?n.

Los sacerdotes hallar?n un modelo sencillo y eficaz en la Virgen Mar?a, que ha sabido sintetizar y expresar toda su participaci?n personal en la misi?n de Jes?s mediante su amor maternal. "La Virgen fue en su vida modelo de aquel amor maternal con que es necesario que est?n animados todos aquellos que, en la misi?n apost?lica de la Iglesia, cooperan a la regeneraci?n de los hombres" (206). Mar?a, que acogi? con fe y amor (cf. Lc 1,38), contempl? en su coraz?n (cf. Lc 2,19.51) y dio a su Hijo Jes?s a los hombres, ser? fuente perenne de inspiraci?n y una ayuda eficaz para los sacerdotes, para que realicen en el mundo el ardiente deseo de Aquel que les llam? y les envi?: "He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ?cu?nto desear?a que ya estuviera encendido!" (Le. 12,49).
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