Mi?rcoles, 27 de junio de 2007
Texto de ayuda a la reflexi?n en retiro sacerdotal de la Zona Norte de Tenerife, bajo el t??tulo "El misterio de la comuni?n en la vida y ministerio del presb?tero.

LA DISPERSI?N DENTRO DE NOSOTROS MISMOS


Se trata de la incapacidad de recogernos, precisamente porque estamos desgarrados por mil cosas, a veces incoherentes, dentro de nosotros: deseos, miedos, resentimientos, antipat?as, simpat?as que brotan precisamente cuando se intenta orar de manera silenciosa y contemplativa. A veces en la oraci?n com?n logramos olvidamos un poco de ellas, porque estamos sostenidos por el conjunto; pero cuando nos ponemos en silencio delante de Dios, nos asalta ese mont?n de cosas que nos dividen. Un examen sobre nosotros mismos en este sentido ser?a realmente importante.

Hablando del tema de la dispersi?n, el P. Ignacio Larra?aga (en su libro Mu?strame tu rostro, San Pablo, Madrid 1999) escribe: ?Este es el problema de los problemas para quien quiere internarse en la intimidad con Dios: la dispersi?n interior? (se trata de la conciencia atomizada vivida a nivel personal). ?Si conseguimos atravesar este verdadero Rubic?n sin ahogarnos, ya estamos metidos en el recinto sagrado de la oraci?n?. As? pues, el autor considera la dispersi?n como el obst?culo fundamental para vivir aquella profundidad de oraci?n a que estamos llamados como pastores y como responsables. Y contin?a: ?Nos sentimos ?ntimamente avasallados por tanto peso. Las preocupaciones nos dominan. Las ansiedades nos desasosiegan. Las frustraciones nos amargan. Hay por delante proyectos ambiciosos que turban la quietud. Llevamos sentimientos, resentimientos vivamente fijados en el alma ... Vamos a la oraci?n, y la cabeza es un verdadero manicomio ... El hombre debe ser unidad, corno Dios es unidad ... Pero en la dispersi?n el hombre se percibe como un amasijo incoherente de "pedazos" de s? mismo que tiran de ?l en una y otra direcci?n: recuerdos por aqu?, miedos por all?, anhelos por este lado, planes por el otro ... Total, es un ser enteramente dividido y, por consiguiente, dominado y vencido, incapaz de ser se?or de s? mismo ... En la complejidad de su mundo, el hombre (como conciencia libre) se siente golpeado, zarandeado, amenazado por un escuadr?n de motivos e impulsos afectivos, que provienen de regiones ignotas de uno mismo, sin enteramos nunca por qu?, c?mo y d?nde han nacido? (pp. 162-163).

Y esto ocurre con todos, con la diferencia de que muchos no se dan cuenta de ello porque viven en tal excitaci?n que unas inquietudes se a?aden a las otras. As? se explica entonces que se sienta la necesidad de divertirse, de evadirse; y dir?a yo que se explica, ante todo, el incremento de la excitaci?n sexual, ya que precisamente todo esto impide tomar conciencia y sentir miedo de la propia dispersi?n interior. Es una manera de salvarse, de estar apegado a algo inmediato, que interese inmediatamente; muchos no se dan cuenta de ello y van viviendo entonces de excitaci?n en excitaci?n, entendiendo el trabajo como una droga, como algo que hace olvidar, que permite aislarse dentro de uno mismo, realizarse sin plantearse muchos problemas de car?cter general.

Al contrario, quien intenta reflexionar, es decir, quien intenta cultivar un cierto esp?ritu contemplativo de oraci?n, se da cuenta de lo que tiene que hacer, sobre todo en ciertos momentos dif?ciles, ya que todos llevamos dentro una carga, un volc?n de deseos de todo tipo, que a menudo est?n armados unos contra otros y que producen en nosotros ese sufrimiento, esa frustraci?n, ese inmenso cansancio en la oraci?n. El autor se fija, sobre todo, en este cansancio en la oraci?n, diciendo en la conclusi?n del cap?tulo: ?Yo me he encontrado con hermanos a quienes la mera palabra oraci?n les da alergia: sienten hacia ella, y as? lo expresan, una viva e indisimulada antipat?a. Y siempre est?n listos para disparar contra la oraci?n flechas envenenadas: alienaci?n, evasi?n, sentimentalismo, tiempo perdido, infantilismo... Yo los comprendo. Ellos han intentado miles de veces ese encuentro, y siempre han naufragado en las procelosas aguas de la dispersi?n interior. La palabra oraci?n va asociada para ellos a una doliente y larga frustraci?n? (pp. 165-166). Aqu? advierte ciertamente el autor uno de los problemas fundamentales de la unidad y la integridad del hombre.

Carlo Mar?a Martini
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