Jueves, 28 de junio de 2007
Discurso que dirigi? Benedicto XVI al celebrarse el 25? aniversario del Consejo Pontificio para la Cultura el 15 de junio de 2007.



Se?ores cardenales;
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
queridos hermanos y hermanas:

Me alegra encontrarme con vosotros hoy, en una circunstancia muy significativa: quer?is recordar el 25? aniversario del Consejo pontificio para la cultura, creado por el siervo de Dios Juan Pablo II el 20 de mayo de 1982 con una carta dirigida al entonces secretario de Estado, cardenal Agostino Casaroli.

Saludo a todos los presentes, y en primer lugar a usted, se?or cardenal Paul Poupard, a quien agradezco las amables palabras con las que ha interpretado los sentimientos comunes. A usted, venerado hermano, que dirige el Consejo pontificio desde 1988, le dirijo un saludo especial, lleno de gratitud y aprecio, por el gran trabajo realizado durante este largo per?odo. Al servicio de este dicasterio usted ha puesto y sigue poniendo con provecho sus dotes humanas y espirituales, testimoniando siempre con entusiasmo la atenci?n que impulsa a la Iglesia a entablar un di?logo con los movimientos culturales de nuestro tiempo. Su participaci?n en numerosos congresos y encuentros internacionales, muchos de ellos promovidos por el mismo Consejo pontificio para la cultura, le han permitido dar a conocer cada vez m?s el inter?s que la Santa Sede tiene por el vasto y variado mundo de la cultura. Por todo esto le doy gracias una vez m?s, extendiendo mi agradecimiento al secretario, a los oficiales y a los consultores del dicasterio.

El concilio ecum?nico Vaticano II prest? gran atenci?n a la cultura, y la constituci?n pastoral Gaudium et spes le dedica un cap?tulo especial (cf. nn. 53-62). Los padres conciliares se preocuparon por indicar la perspectiva seg?n la cual la Iglesia considera y afronta la promoci?n de la cultura, considerando esta tarea como uno de los problemas "m?s urgentes (...) que afectan profundamente al g?nero humano" (ib., 46).

Al relacionarse con el mundo de la cultura, la Iglesia pone siempre en el centro al hombre, como art?fice de la actividad cultural y como su ?ltimo destinatario. El siervo de Dios Pablo VI se interes? mucho por el di?logo de la Iglesia con la cultura, y se ocup? personalmente de ?l durante los a?os de su pontificado. En su misma l?nea actu? tambi?n el siervo de Dios Juan Pablo II, que hab?a participado en el Concilio y hab?a aportado su contribuci?n espec?fica a la constituci?n Gaudium et spes. El 2 de junio de 1980, en su memorable discurso a la Unesco, testimoni? personalmente cu?nto inter?s ten?a en encontrarse con el hombre en el terreno de la cultura para transmitirle el mensaje evang?lico. Dos a?os despu?s instituy? el Consejo pontificio para la cultura, destinado a dar un nuevo impulso al compromiso de la Iglesia para lograr que el Evangelio se encuentre con la pluralidad de las culturas en las diversas partes del mundo (cf. Carta al cardenal secretario de Estado Agostino Casaroli, 20 de mayo de 1982: L'Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 6 de junio de 1982, p. 19).

Al instituir este nuevo dicasterio, mi venerado predecesor puso de relieve que deber?a perseguir sus finalidades dialogando con todos sin distinci?n de cultura y religi?n, para buscar juntamente "una comunicaci?n cultural con todos los hombres de buena voluntad" (ib.). La gran importancia de este aspecto del servicio que presta el Consejo pontificio para la cultura ha quedado confirmada en los veinticinco a?os pasados, dado que el mundo se ha hecho a?n m?s interdependiente gracias al extraordinario desarrollo de los medios de comunicaci?n y a la consiguiente ampliaci?n de la red de relaciones sociales.

Por tanto, resulta a?n m?s urgente para la Iglesia promover el desarrollo cultural, cuidando la calidad humana y espiritual de los mensajes y de los contenidos, ya que tambi?n la cultura se ve inevitablemente afectada hoy por los procesos de globalizaci?n que, si no van acompa?ados constantemente por un atento discernimiento, pueden volverse contra el hombre, empobreci?ndolo en lugar de enriquecerlo. ?Y cu?n grandes son los desaf?os que la evangelizaci?n debe afrontar en este ?mbito!

Por consiguiente, veinticinco a?os despu?s de la creaci?n del Consejo pontificio para la cultura, es oportuno reflexionar sobre las razones y las finalidades que motivaron su nacimiento en el contexto sociocultural de nuestro tiempo. Con este fin, el Consejo pontificio ha organizado un congreso de estudio, por una parte, para meditar sobre la relaci?n que existe entre evangelizaci?n y cultura; y, por otra, para considerar esa relaci?n tal como se presenta hoy en Asia, en Am?rica y en ?frica.

?C?mo no encontrar un motivo particular de satisfacci?n al ver que las tres relaciones de car?cter "continental" han sido encomendadas a tres cardenales: uno asi?tico, uno latinoamericano y uno africano? ?No confirma esto de forma elocuente que la Iglesia cat?lica ha sabido caminar, impulsada por el "viento" de Pentecost?s, como comunidad capaz de dialogar con toda la familia de los pueblos, m?s a?n, de brillar en medio de ella como "signo prof?tico de unidad y de paz"? (Misal romano, Plegaria eucar?stica V-D).

Queridos hermanos y hermanas, la historia de la Iglesia es tambi?n inseparablemente historia de la cultura y del arte. Obras como la Summa Theologiae, de santo Tom?s de Aquino, la Divina Comedia, la catedral de Chartres, la Capilla Sixtina o las cantatas de Juan Sebasti?n Bach, constituyen s?ntesis, a su modo inigualables, entre fe cristiana y expresi?n humana. Pero si bien estas son, por decirlo as?, las cumbres de dicha s?ntesis entre fe y cultura, su encuentro se realiza diariamente en la vida y en el trabajo de todos los bautizados, en esa obra de arte oculta que es la historia de amor de cada uno con el Dios vivo y con los hermanos, en la alegr?a y en el empe?o de seguir a Jesucristo en la cotidianidad de la existencia.

Hoy, m?s que nunca, la apertura rec?proca entre las culturas es un terreno privilegiado para el di?logo entre hombres comprometidos en la b?squeda de un humanismo aut?ntico, por encima de las divergencias que los separan. Tambi?n en el campo cultural el cristianismo ha de ofrecer a todos la fuerza de renovaci?n y de elevaci?n m?s poderosa, es decir, el amor de Dios que se hace amor humano.

En la carta de creaci?n del Consejo pontificio para la cultura, el Papa Juan Pablo II escribi? precisamente: "El amor es como una fuerza escondida en el coraz?n de las culturas, para estimularlas a superar su finitud irremediable, abri?ndose a Aquel que es su fuente y su t?rmino, y para enriquecerlas de plenitud, cuando se abren a su gracia" (Carta al cardenal secretario de Estado Agostino Casaroli, 20 de mayo de 1982: L'Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 6 de junio de 1982, p. 19).

Quiera Dios que la Santa Sede, gracias al servicio prestado en particular por vuestro dicasterio, siga promoviendo en toda la Iglesia la cultura evang?lica, que es levadura, sal y luz del Reino en medio de la humanidad.

Queridos hermanos y hermanas, expreso una vez m?s mi profundo agradecimiento por el trabajo que realiza el Consejo pontificio para la cultura y, a la vez que aseguro a todos los presentes mi recuerdo en la oraci?n, invocando la intercesi?n celestial de Mar?a sant?sima, Sedes Sapientiae, le imparto de buen grado una especial bendici?n apost?lica a usted, se?or cardenal, a los venerados hermanos y a cuantos de diversas maneras est?n comprometidos en el di?logo entre el Evangelio y las culturas contempor?neas.
[Traducci?n distribuida por la Santa Sede
? Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 0:00  | Habla el Papa
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