Jueves, 28 de junio de 2007
Carta semanal del Arzobispo de Valencia Don Agust?n Garc?a-Gasco Vicente Arzobispo.

Educaci?n c?vica s?, pero de verdad


Publicada en ?Paraula-Iglesia en Valencia? el 24 de junio de 2007


Mal comienzo resulta ser que quienes se postulan como los m?s fervorosos defensores de la asignatura de Educaci?n para la ciudadan?a, afirmando que pretenden educar a nuestra juventud seg?n los valores de la Constituci?n, sin embargo, traten de impedir y obstaculizar la aplicaci?n del derecho constitucional de la objeci?n de conciencia a aquellos que no comparten su particular ?catecismo ideol?gico?. No hay que ser muy avispado para apreciar una evidente contradicci?n. No defiende la Constituci?n Espa?ola quien niega el leg?timo derecho a la objeci?n de conciencia, que se encuentra protegido en la propia Constituci?n.
En principio, la educaci?n c?vica no es s?lo oportuna, sino que resulta imprescindible para articular una sociedad. De bien poco habr? servido superar una serie de cursos reglados si los conocimientos t?cnicos o art?sticos adquiridos no han servido tambi?n para hacer un uso responsable, constructivo y culturalmente enriquecedor. El civismo, el respeto a los dem?s y la b?squeda de las ?ltimas razones, es la base y la finalidad de toda verdadera educaci?n, que no puede estar cerrada ni a los derechos humanos, ni tampoco a la b?squeda del sentido de la vida, lo que incluye el derecho a interrogarse sobre la trascendencia divina de cada persona y la congruencia c?vica y moral que ello comporta ante la sociedad, y especialmente ante los desfavorecidos.

Nadie puede negar ni obviar que para la mayor?a o para una gran parte de las sociedades, el fen?meno religioso, su relaci?n con Dios tiene un profundo sentido que en la religi?n cristiana se acent?a en el respeto a la libertad y en el amor al pr?jimo, reforzando sus obligaciones morales con respecto a los dem?s. La caridad, la solidaridad cristiana va mucho m?s all? de las obligaciones legales. Un cristiano no puede escudarse en que ya paga altos impuestos para desentenderse de su obligaci?n moral de ser solidario con los m?s necesitados de su entorno.

La educaci?n c?vica es esencial y muchos cristianos acogen con alegr?a todo esfuerzo que en dicho sentido se realice. Sin embargo, los cristianos tambi?n tenemos derecho a preguntarnos si algunos de los planteamientos que se proponen sobre esta nueva asignatura nacen en realidad de un laicismo radical que pretende utilizar el Estado para el adoctrinamiento de un determinado modelo ideol?gico en el que se banaliza la familia y la complementariedad natural entre hombre y mujer, entre otros aspectos que suscitan preocupaci?n en amplios sectores sociales.

Debemos reflexionar sobre si tras la nueva asignatura en realidad se esconde una ?pseudo-religi?n? atea que propugna hablar de la educaci?n del ciudadano (en vez de la educaci?n de la persona), una omisi?n radical de Dios, y de las aportaciones religiosas y muy concretamente de la cristiana, al tiempo que el Estado usurpa el lugar que corresponde a los padres sobre la educaci?n moral de sus hijos.

El planteamiento de la asignatura puede dar la impresi?n de que la verdadera pretensi?n es prescindir de toda referencia a Dios y desplazar a los padres de su coherencia en la formaci?n en los valores. As? se infiere de las airadas negativas a admitir la leg?tima objeci?n de conciencia, reconocida en la Constituci?n Espa?ola.

Este es el defecto mayor que tiene la asignatura Educaci?n para la ciudadan?a, tal y como est? siendo propuesta por el Ministerio de Educaci?n: obliga a prescindir de Dios, omite la responsabilidad principal de los padres en la educaci?n moral de sus hijos, y cree que con ello el edificio moral queda intacto. La realidad es otra: cuando la educaci?n moral no se funda en una antropolog?a adecuada, los valores que se proponen como tales tan s?lo coinciden con las convicciones sociales que est?n de moda en un determinado momento, y que pueden dejar de estarlo en el siguiente.

Una verdadera educaci?n c?vica tiene que contar con todas las energ?as morales que ponen a la persona en condiciones id?neas de cumplir con sus obligaciones con respecto a los dem?s. Y la religi?n y la labor educativa de nuestros padres son ayudas irreemplazables para que los que nos reconocemos como creyentes podamos vivir el amor, culmen y resumen de todas las obligaciones morales.

Estimo que no es pedag?gicamente aceptable que la educaci?n en los valores sea explicada desde la confianza en Dios o desde la ignorancia sobre ?l, seg?n el ni?o o la ni?a se encuentren en una o en otra aula, en una o en otra hora del d?a. Se tratar?a de un fracaso pedag?gico que s?lo puede dejar indiferentes a los que s?lo est?n afanados en extender el ate?smo.

Esta incoherencia justifica la objeci?n de conciencia de los padres, primeros educadores de sus hijos, con un derecho natural e indelegable, reconocido como tal en la Declaraci?n Universal de los Derechos Humanos, que no est?n dispuestos a que el Estado les expropie de su responsabilidad. A nadie se le deben olvidar los errores educativos de los pa?ses totalitarios (marxistas o fascistas), en los que el Estado se concibi? en muchos de ellos como el ?nico educador y priv? a los padres de los derechos sobre sus hijos.

Nos encontramos en el siglo XXI donde las experiencias del siglo XX sobre la educaci?n deben hacernos recapacitar en los riesgos del Estado que m?s all? de legislar, pretende impartir su propia moral.

Los obispos queremos una educaci?n c?vica de verdad y ?sta s?lo tendr? s?lido fundamento en la libertad religiosa de los padres para educar a sus hijos en los principios del catolicismo, de otras creencias religiosas, o de la ausencia de las mismas. La democracia no est? llamada a imponer un credo agn?stico en las escuelas, sino a favorecer la libertad para que cada cual pueda escoger sobre lo que afecta a su libertad religiosa o a su libertad de conciencia sobre cuestiones de tanta repercusi?n vital como lo es la moral.

Con mi bendici?n y afecto,

Agust?n Garc?a-Gasco Vicente
Arzobispo
Publicado por verdenaranja @ 21:42  | Hablan los obispos
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