Viernes, 29 de junio de 2007
Discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? a los participantes del Encuentro Europeo de Docentes Universitarios en la ma?ana del s?bado 23 de junio de 2007 en el aula Pablo VI en el Vaticano. El encuentro promovido por el Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y organizado por la Oficina para la pastoral universitaria del Vicariato de Roma en el 50? aniversario del Tratado de Roma, ten?a como tema. "Un nuevo humanismo para Europa, el rol de la Universidad".

Eminencia;
ilustres se?oras y se?ores;
queridos amigos:

Me complace particularmente recibiros durante el primer Encuentro europeo de profesores universitarios, patrocinado por el Consejo de las Conferencias episcopales europeas y organizado por los profesores de las universidades romanas, coordinados por la Oficina del Vicariato de Roma para la pastoral universitaria. Tiene lugar con ocasi?n del 50? aniversario del Tratado de Roma, que dio vida a la actual Uni?n europea, y entre sus participantes se cuentan profesores universitarios de todos los pa?ses del continente, incluidos los del C?ucaso: Armenia, Georgia y Azerbay?n.

Agradezco al cardenal P?ter Erdo, presidente del Consejo de las Conferencias episcopales europeas, sus amables palabras de introducci?n. Saludo a los representantes del Gobierno italiano, en particular a los del Ministerio para la universidad y la investigaci?n, y del Ministerio para los bienes y las actividades culturales de Italia, as? como a los representantes de la regi?n del Lacio, de la provincia y la ciudad de Roma. Saludo tambi?n a las dem?s autoridades civiles y religiosas, a los rectores y a los profesores de las diversas Universidades, as? como a los capellanes y a los estudiantes presentes.

El tema de vuestro encuentro -"Un nuevo humanismo para Europa. El papel de las Universidades"- invita a una atenta valoraci?n de la cultura contempor?nea en el continente. En la actualidad, Europa est? experimentando cierta inestabilidad social y desconfianza ante los valores tradicionales, pero su notable historia y sus s?lidas instituciones acad?micas pueden contribuir en gran medida a forjar un futuro de esperanza. La "cuesti?n del hombre", que es central en vuestras discusiones, es esencial para una comprensi?n correcta de los procesos culturales actuales. Tambi?n proporciona un s?lido punto de partida para el esfuerzo de las universidades por crear una nueva presencia cultural y una actividad al servicio de una Europa m?s unida.

De hecho, promover un nuevo humanismo requiere una clara comprensi?n de lo que esta "novedad" encarna actualmente. Lejos de ser fruto de un deseo superficial de novedad, la b?squeda de un nuevo humanismo debe tomar seriamente en cuenta el hecho de que Europa est? experimentado hoy un cambio cultural masivo, en el que los hombres y las mujeres son cada vez m?s conscientes de que est?n llamados a comprometerse activamente a forjar su historia. Hist?ricamente, el humanismo se desarroll? en Europa gracias a la interacci?n fructuosa entre las diversas culturas de sus pueblos y la fe cristiana. Hoy Europa debe conservar y recuperar su aut?ntica tradici?n, si quiere permanecer fiel a su vocaci?n de cuna del humanismo.

El actual cambio cultural se considera a menudo un "desaf?o" a la cultura de la universidad y al cristianismo mismo, m?s que un "horizonte" en el que se pueden y deben encontrar soluciones creativas. Vosotros, como hombres y mujeres de educaci?n superior, est?is llamados a participar en esta ardua tarea, que requiere una reflexi?n continua sobre una serie de cuestiones fundamentales.

Entre estas, quiero mencionar en primer lugar la necesidad de un estudio exhaustivo de la crisis de la modernidad. Durante los ?ltimos siglos, la cultura europea ha estado condicionada fuertemente por la noci?n de modernidad. Sin embargo, la crisis actual tiene menos que ver con la insistencia de la modernidad en la centralidad del hombre y de sus preocupaciones, que con los problemas planteados por un "humanismo" que pretende construir un regnum hominis separado de su necesario fundamento ontol?gico. Una falsa dicotom?a entre te?smo y humanismo aut?ntico, llevada al extremo de crear un conflicto irreconciliable entre la ley divina y la libertad humana, ha conducido a una situaci?n en la que la humanidad, por todos sus progresos econ?micos y t?cnicos, se siente profundamente amenazada.
Como afirm? mi predecesor el Papa Juan Pablo II, tenemos que preguntarnos "si el hombre, en cuanto hombre, en el contexto de este progreso, se hace de veras mejor, es decir, m?s maduro espiritualmente, m?s consciente de la dignidad de su humanidad, m?s responsable, m?s abierto a los dem?s" (Redemptor hominis, 15). El antropocentrismo que caracteriza a la modernidad no puede separarse jam?s de un reconocimiento de la plena verdad sobre el hombre, que incluye su vocaci?n trascendente.

Una segunda cuesti?n implica el ensanchamiento de nuestra comprensi?n de la racionalidad. Una correcta comprensi?n de los desaf?os planteados por la cultura contempor?nea, y la formulaci?n de respuestas significativas a esos desaf?os, debe adoptar un enfoque cr?tico de los intentos estrechos y fundamentalmente irracionales de limitar el alcance de la raz?n. El concepto de raz?n, en cambio, tiene que "ensancharse" para ser capaz de explorar y abarcar los aspectos de la realidad que van m?s all? de lo puramente emp?rico. Esto permitir? un enfoque m?s fecundo y complementario de la relaci?n entre fe y raz?n. El nacimiento de las universidades europeas fue fomentado por la convicci?n de que la fe y la raz?n est?n destinadas a cooperar en la b?squeda de la verdad, respetando cada una la naturaleza y la leg?tima autonom?a de la otra, pero trabajando juntas de forma armoniosa y creativa al servicio de la realizaci?n de la persona humana en la verdad y en el amor.

Una tercera cuesti?n que es necesario investigar concierne a la naturaleza de la contribuci?n que el cristianismo puede dar al humanismo del futuro. La cuesti?n del hombre, y por consiguiente de la modernidad, desaf?a a la Iglesia a idear medios eficaces para anunciar a la cultura contempor?nea el "realismo" de su fe en la obra salv?fica de Cristo. El cristianismo no debe ser relegado al mundo del mito y la emoci?n, sino que debe ser respetado por su deseo de iluminar la verdad sobre el hombre, de transformar espiritualmente a hombres y mujeres, permiti?ndoles as? realizar su vocaci?n en la historia.

Durante mi reciente viaje a Brasil expres? mi convicci?n de que "si no conocemos a Dios en Cristo y con Cristo, toda la realidad se convierte en un enigma indescifrable" (Discurso en la inauguraci?n de la V Conferencia general del Episcopado latinoamericano, 13 de mayo de 2007, n. 3: L'Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 25 de mayo de 2007, p. 9). El conocimiento no puede limitarse nunca al ?mbito puramente intelectual; tambi?n incluye una renovada habilidad para ver las cosas sin prejuicios e ideas preconcebidas, y para poder "asombrarnos" tambi?n nosotros ante la realidad, cuya verdad puede descubrirse uniendo comprensi?n y amor. S?lo el Dios que tiene un rostro humano, revelado en Jesucristo, puede impedirnos limitar la realidad en el mismo momento en que exige niveles de comprensi?n siempre nuevos y m?s complejos. La Iglesia es consciente de su responsabilidad de dar esta contribuci?n a la cultura contempor?nea.

En Europa, como en todas partes, la sociedad necesita con urgencia el servicio a la sabidur?a que la comunidad universitaria proporciona. Este servicio se extiende tambi?n a los aspectos pr?cticos de orientar la investigaci?n y la actividad a la promoci?n de la dignidad humana y a la ardua tarea de construir la civilizaci?n del amor. Los profesores universitarios, en particular, est?n llamados a encarnar la virtud de la caridad intelectual, redescubriendo su vocaci?n primordial a formar a las generaciones futuras, no s?lo con la ense?anza, sino tambi?n con el testimonio prof?tico de su vida.

La universidad, por su parte, jam?s debe perder de vista su vocaci?n particular a ser una "universitas", en la que las diversas disciplinas, cada una a su modo, se vean como parte de un unum m?s grande. ?Cu?n urgente es la necesidad de redescubrir la unidad del saber y oponerse a la tendencia a la fragmentaci?n y a la falta de comunicabilidad que se da con demasiada frecuencia en nuestros centros educativos! El esfuerzo por reconciliar el impulso a la especializaci?n con la necesidad de preservar la unidad del saber puede estimular el crecimiento de la unidad europea y ayudar al continente a redescubrir su "vocaci?n" cultural espec?fica en el mundo de hoy. S?lo una Europa consciente de su propia identidad cultural puede dar una contribuci?n espec?fica a otras culturas, permaneciendo abierta a la contribuci?n de otros pueblos.

Queridos amigos, espero que las universidades se conviertan cada vez m?s en comunidades comprometidas en la b?squeda incansable de la verdad, en "laboratorios de cultura", donde profesores y alumnos se unan para investigar cuestiones de particular importancia para la sociedad, empleando m?todos interdisciplinarios y contando con la colaboraci?n de los te?logos. Esto puede realizarse f?cilmente en Europa, dada la presencia de tantas prestigiosas instituciones y facultades de teolog?a cat?licas. Estoy convencido de que una mayor cooperaci?n y nuevas formas de colaboraci?n entre las diversas comunidades acad?micas permitir?n a las universidades cat?licas dar testimonio de la fecundidad hist?rica del encuentro entre fe y raz?n. El resultado ser? una contribuci?n concreta a la consecuci?n de los objetivos del Proceso de Bolonia, y un incentivo a desarrollar un apostolado universitario adecuado en las Iglesias locales. Las asociaciones y los movimientos eclesiales ya comprometidos en el apostolado universitario pueden prestar un apoyo eficaz a esos esfuerzos, que se han convertido cada vez m?s en una preocupaci?n de las Conferencias episcopales europeas (cf. Ecclesia in Europa, 58-59).

Queridos amigos, ojal? que vuestras deliberaciones de estos d?as resulten fructuosas y ayuden a construir una red activa de profesores universitarios comprometidos a llevar la luz del Evangelio a la cultura contempor?nea. Os aseguro a vosotros y a vuestras familias un recuerdo particular en mis oraciones, e invoco sobre vosotros, y sobre las universidades en las que trabaj?is, la protecci?n materna de Mar?a, Sede de la Sabidur?a. A cada uno de vosotros imparto con afecto mi bendici?n apost?lica.

[Traducci?n distribuida por la Santa Sede
? Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 10:11  | Habla el Papa
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