Domingo, 01 de julio de 2007
Discurso que dirigi? Benedicto XVI el s?bado, 30 de Junio de 2007, a los obispos de la Conferencia Episcopal de Puerto Rico a quienes recibi? con motivo de su quinquenal visita ?ad limina apostolorum?.

Queridos hermanos en el Episcopado:

1. Con sumo gusto os recibo, Pastores de la Iglesia de Dios que peregrina en Puerto Rico, venidos a Roma para la visita ad Limina y para fortalecer los profundos v?nculos que os unen con esta Sede Apost?lica. A trav?s de cada uno de vosotros env?o mi cordial saludo y expreso mi afecto y estima a los sacerdotes, comunidades religiosas y fieles laicos de las respectivas Iglesias particulares.

Agradezco las amables palabras que me ha dirigido, en nombre de todos, Mons. Roberto Octavio Gonz?lez Nieves, Arzobispo de San Juan de Puerto Rico y Presidente de la Conferencia Episcopal, exponiendo las inquietudes y esperanzas de vuestro ministerio pastoral, orientado a guiar al Pueblo de Dios por el camino de la salvaci?n y proclamando con vigor la fe cat?lica para una mejor formaci?n de los fieles.

2. Las relaciones quinquenales ponen de manifiesto la preocupaci?n por los retos y dificultades que se han de afrontar en estos momentos de la Historia. En efecto, en los ?ltimos a?os muchas cosas han cambiado en el ?mbito social, econ?mico y tambi?n religioso, dando paso a veces a la indiferencia religiosa y a un cierto relativismo moral, que influyen en la pr?ctica cristiana y que, indirectamente, afecta tambi?n a las estructuras de la misma sociedad. Esta situaci?n religiosa os interpela como Pastores y requiere que permanezc?is unidos para hacer m?s palpable la presencia del Se?or entre los hombres a trav?s de iniciativas pastorales conjuntas y que respondan mejor a las nuevas realidades.

Es fundamental preservar y acrecentar el don de la unidad que Jes?s ped?a al Padre para sus disc?pulos (cf. Jn 17,11). En la propia di?cesis est?is llamados a vivir y dar testimonio de la unidad querida por Cristo para su Iglesia. Por otra parte, las eventuales diferencias de costumbres y tradiciones locales, lejos de amenazar esta unidad, contribuyen a enriquecerla desde la fe com?n. Y vosotros, como sucesores de los Ap?stoles, ten?is que esforzaros en ?mantener la unidad del Esp?ritu con el v?nculo de la paz? (Ef 4,3). Por eso quiero recordar que todos, especialmente los Obispos y sacerdotes, est?is llamados a una misi?n irrenunciable y que os compromete profundamente: hacer que la Iglesia sea un lugar donde se ense?e y se viva el misterio del amor divino, que s?lo ser? posible a partir de una aut?ntica espiritualidad de comuni?n, que tiene su expresi?n visible en la mutua colaboraci?n y en la vida fraterna.

3. Un sector que reclama primordialmente vuestra atenci?n pastoral son los sacerdotes. Ellos est?n en la primera l?nea de la evangelizaci?n y necesitan de manera especial vuestro cuidado y cercan?a personal. Vuestra relaci?n con ellos no ha de ser s?lo institucional, sino que, como verdaderos hijos, amigos y hermanos vuestros, debe estar animada sobre todo por la caridad (cf. 1Pe 4,8), como expresi?n de la paternidad episcopal, que se ha de manifestar de modo especial con los sacerdotes enfermos o de edad avanzada, as? como con los que se encuentren en circunstancias dif?ciles.

Los sacerdotes, por su parte, deben recordar que, ante todo, son hombres de Dios y, por eso, han de cuidar su vida espiritual y su formaci?n permanente. Toda su labor ministerial "debe comenzar efectivamente con la oraci?n", como dice san Alberto Magno (Comentario de la teolog?a m?stica, 15). Todo sacerdote encontrar? en este encuentro con Dios la fuerza para vivir con mayor entrega y dedicaci?n su ministerio, dando ejemplo de disponibilidad y desprendimiento de las cosas superfluas.

4. Pensando en los futuros candidatos al sacerdocio y a la vida consagrada, hay que resaltar la importancia de orar sin cesar al Due?o de la mies (cf. Mt 9,38) para que conceda a la Iglesia en Puerto Rico numerosas y santas vocaciones, especialmente en la situaci?n actual en la que los j?venes encuentran frecuentemente dificultades para seguir el llamado del Se?or a la vida sacerdotal o consagrada. Por eso, se ha de incrementar una pastoral vocacional espec?fica, que mueva a los responsables de la pastoral juvenil a ser mediadores audaces del llamado del Se?or. Sobre todo, no hay que tener miedo a proponerlo a los j?venes, acompa??ndolos despu?s asiduamente, en el ?mbito humano y espiritual, para que vayan discerniendo su opci?n vocacional.

Respecto a la formaci?n de los candidatos al sacerdocio, el Obispo ha de poner suma atenci?n en elegir a los educadores m?s id?neos y mejor preparados para esta misi?n. Teniendo en cuenta las circunstancias concretas y el n?mero de vocaciones en Puerto Rico, se podr?a tomar en consideraci?n la confluencia de esfuerzos y recursos, de com?n acuerdo y con esp?ritu de unidad en la planificaci?n pastoral, con el fin de obtener resultados mejores y m?s satisfactorios. Esto permitir?a una mejor selecci?n de los formadores y profesores que ayuden a cada seminarista a crecer con ?una personalidad madura y equilibrada, [...] con honda vida espiritual y amante de la Iglesia? (Pastores gregis, 48). En esta delicada labor, todos los sacerdotes deben sentirse corresponsables, promoviendo nuevas vocaciones, sobre todo con el propio ejemplo y sin dejar de acompa?ar a aqu?llos que han surgido de la propia comunidad parroquial o de alg?n movimiento.

5. En el ?mbito social se va difundiendo una mentalidad inspirada en un laicismo que, de forma m?s o menos consciente, lleva gradualmente al desprecio o a la ignorancia de lo sacro, relegando la fe a la esfera de lo meramente privado. En este sentido, un recto concepto de libertad religiosa no es compatible con esa ideolog?a, que a veces se presenta como la ?nica voz de la racionalidad.

Un reto permanente para vosotros es tambi?n la familia, que se ve asediada por tantas insidias del mundo moderno, como son el materialismo imperante, la b?squeda del placer inmediato, la falta de estabilidad y de fidelidad en la pareja, influenciada continuamente por los medios de comunicaci?n. Cuando el matrimonio no se ha construido sobre la roca firme del amor verdadero y de la mutua entrega, es arrastrado f?cilmente por la corriente divorcista, soslayando adem?s el valor de la vida, sobre todo la de los no nacidos. Este panorama muestra la necesidad de intensificar, como ya lo est?is haciendo, una pastoral familiar incisiva, que ayude a los esposos cristianos a asumir los valores fundamentales del Sacramento recibido. En este sentido, fieles a las ense?anzas de Cristo, a trav?s de vuestro magisterio proclam?is la verdad de la familia como Iglesia dom?stica y santuario de la vida, ante ciertas tendencias que, en la sociedad actual, tratan de eclipsar o confundir el valor ?nico e insustituible del matrimonio entre hombre y mujer.

6. El mencionado indiferentismo religioso y la tentaci?n de un f?cil permisivismo moral, as? como la ignorancia de la tradici?n cristiana con su rico patrimonio espiritual, influyen en gran manera sobre las nuevas generaciones. La juventud tiene derecho, desde el inicio de su proceso formativo, a ser educada en la fe y en las sanas costumbres. Por eso la educaci?n integral de los m?s j?venes no puede prescindir de la ense?anza religiosa tambi?n en la escuela. Una s?lida formaci?n religiosa ser?, pues, una protecci?n eficaz ante el avance de las sectas o de otros grupos religiosos de amplia difusi?n actual.

7. Los fieles cat?licos, que est?n llamados a ocuparse de las realidades temporales para ordenarlas seg?n la voluntad divina, han de ser testigos valientes de su fe en los diferentes ?mbitos de la vida p?blica. Su participaci?n en la vida eclesial es, adem?s, fundamental y, en ocasiones, sin su colaboraci?n vuestro apostolado de Pastores no llegar?a a ?todos los hombres de todos los tiempos y lugares? (Lumen gentium, 33).

A este respecto, quiero recordar unas significativas palabras de mi predecesor Juan Pablo II en su viaje pastoral a Puerto Rico: ?Cuando en el ejercicio de vuestro ministerio encontr?is cuestiones que tocan opciones concretas de car?cter pol?tico, no dej?is de proclamar los principios morales que rigen todo campo de la actividad humana. Pero dejad a los laicos bien formados en su conciencia moral, la ordenaci?n seg?n el plan de Dios de las cosas temporales. Vosotros hab?is de ser creadores de comuni?n y fraternidad, nunca de divisi?n en nombre de opciones que el pueblo fiel puede elegir leg?timamente en sus diversas expresiones? (n. 3, 12-10-1984).

8. Algunos sectores de vuestra sociedad viven en la abundancia mientras otros sufren graves carencias, que no pocas veces rayan en la pobreza. En este sentido, es bien conocida la generosidad de los puertorrique?os, que responden de forma solidaria a los llamados de ayuda ante ciertas tragedias en el mundo. A este respecto, es de esperar que esta misma generosidad, coordinada por los servicios de C?ritas de Puerto Rico, se incremente tambi?n en aquellas circunstancias en las que grupos, personas o familias del lugar necesiten una verdadera asistencia.

9. Queridos Hermanos: la evangelizaci?n y la pr?ctica de la fe en Puerto Rico han estado siempre unidas al amor filial a la Virgen Mar?a. Esto lo ponen de manifiesto los templos, santuarios y monumentos, as? como las pr?cticas de piedad y fiestas populares en honor de la Madre de Dios. A Ella encomiendo vuestras intenciones y trabajos pastorales. Bajo su maternal protecci?n pongo a todos los sacerdotes, comunidades religiosas, as? como a las familias, a los j?venes, a los enfermos y especialmente a los m?s necesitados. Llevadles a todos el saludo y el gran afecto del Papa, junto con la Bendici?n Apost?lica.

[Texto original en espa?ol
? Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 23:48  | Habla el Papa
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