Martes, 03 de julio de 2007
Bogot? (Agencia Fides) - Con el discurso de apertura de Mons. Luis Augusto Castro Quiroga, Arzobispo de Tunja y Presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana, comenz? ayer la Asamblea Plenaria de los Obispos de Colombia que tratar? sobre la vida consagrada, como don de Dios para la Iglesia particular.

(Bogot?, D.C., 2 al 6 de julio de 2007)


ALOCUCI?N INAUGURAL
DEL EXCELENT?SIMO MONSE?OR
LUIS AUGUSTO CASTRO QUIROGA
ARZOBISPO DE TUNJA
PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL



Monse?or Beniamino Stella, Nuncio Apost?lico y en quien vemos la presencia del Santo Padre en nuestra patria; se?or Cardenal Pedro Rubiano S?enz Arzobispo de Bogot? y Primado de Colombia; Monse?or Iv?n Antonio Mar?n L?pez, Vicepresidente de la Conferencia Episcopal, Monse?or Fabi?n Marulanda L?pez, Secretario General de la Conferencia Episcopal, apreciados Se?ores Arzobispos y Obispos, estimados sacerdotes y colaboradores del SPEC, Directivos del CELAM que nos acompa?an y a quienes agradecemos la formidable organizaci?n de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida, directivos de la Conferencia de Religiosos de Colombia, Provinciales y Delegados de las Comunidades Religiosas presentes en esta Asamblea sobre la Vida Consagrada, invitados especiales, amables representantes de los medios de comunicaci?n.

Deseo dar comienzo a esta Asamblea Plenaria del Episcopado invocando las luces del Esp?ritu Santo sobre todos nosotros, para que gu?e nuestros pasos en esta reflexi?n atenta, cari?osa y pastoral que haremos sobre la Vida Consagrada y tambi?n en las diferentes decisiones que hemos de tomar para bien de la Iglesia y de la patria.

LA ASAMBLEA SOBRE LA VIDA CONSAGRADA

Cuando Pacomio (287-347) uno de los grandes fundadores de la Vida Religiosa, era interrogado sobre el motivo por el cual dio comienzo a una experiencia semejante, respond?a: ?Nuestra intenci?n no es hacer algo diferente de la vida cristiana. Solamente queremos vivir la vida cristiana con tal intensidad, fidelidad y devoci?n que les recuerde incisiva y continuamente a todos los cristianos, c?mo deben vivir su propia vida cristiana?.
Pero sucede que mucho antes de Santo Tom?s de Aquino, pero m?s a?n en su visi?n teol?gica (S.T.IIa IIae,q.188, a.6), esa funci?n de los consagrados anotada por Pacomio, se atribu?a al Obispo, el cual deb?a mostrar con su vida, c?mo es el estado de perfecci?n cristiana.

De manera que hay un v?nculo especial entre el Obispo y la Vida Religiosa ya que los dos han sido llamados a la misma misi?n, como es mostrar la vida cristiana en su forma m?s perfecta. Encontramos as? una bella comuni?n, desde sus or?genes, entre vida carism?tica y misi?n apost?lica.

No podemos decir que tal misi?n y tal comuni?n sean de otros tiempos. Hoy es m?s necesaria que nunca. Religiosos Consagrados y Obispos, cada uno desde su ?ngulo apost?lico, debe seguir mostrando la forma m?s bella de vivir la vida cristiana, centrada en el amor a Dios y en el amor al pr?jimo. Benedicto XVI lo expresar?a diciendo que ambos est?n llamados a hacer visible el ?s? de la fe.

Por ello, esta Asamblea ser? muy provechosa no s?lo para los consagrados que viven seg?n los votos, sino para todos los Obispos presentes.

Es oportuno, a este punto, a?adir otra observaci?n teol?gica de Benedicto XVI v?lida para ambos y que reson? con frecuencia en Aparecida: ?El inicio del ser cristiano no es una decisi?n ?tica o una gran idea, sino el encuentro con la Persona de Jesucristo?.

Hay que tener mucho cuidado cuando se habla del inicio del ser cristiano y se toma la expresi?n en sentido hist?rico. Hay que dejar de pensar que al inicio de la Vida Religiosa o de la vida de la Iglesia toda, el encuentro con la persona de Jesucristo, fuese algo insuperable, maravilloso, verdaderamente asunto de santos y en cambio, lo que vendr?a despu?s, ser?a una especie de decaimiento, de degeneraci?n, de empobrecimiento.

No hay tal. Como anotaba un docto religioso, ?es costumbre de Dios el inspirar a los santos fundadores, y a veces directamente y en forma maravillosa, los principales rasgos de la obra que est?n llamados a realizar. Sin embargo, ?l delega, y no raramente, una m?s precisa particularizaci?n, a las causas segundas, esto es, a los eventos y a la experiencia de la vida de los sucesores, a trav?s de los cuales se da a la obra un desarrollo gradual? .

As? que, por una parte, hay que seguir poniendo en pr?ctica ese lejano llamado del Concilio Vaticano II de volver al carisma fundacional, y por otra, hay que valorar el ser y el hacer de tantos religiosos y de tantos Obispos y sacerdotes, que van construyendo un futuro nuevo, en la esperanza de que el Se?or no abandona a su Iglesia y mucho menos en momentos dif?ciles.

Aparecida se ha expresado de los religiosos en palabras muy precisas: ?Es significativo el testimonio de la Vida Consagrada, su aporte a la acci?n pastoral y su presencia en situaciones de pobreza, de riesgo y de frontera. Alienta la esperanza, el incremento de vocaciones para la vida contemplativa masculina y femenina?.

LA V CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE

La Iglesia en Aparecida decidi? repensar y relanzar con fidelidad y audacia su misi?n en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales.

Se trata de confirmar, renovar y vitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo que suscite disc?pulos y misioneros.

Conocer a Jesucristo es nuestro gozo
Seguirlo es una gracia
Transmitir este tesoro, es el encargo que se nos ha confiado.

Aparecida pudo constatar los grandes valores de nuestra Iglesia Cat?lica en el continente americano. El amor a Jesucristo y la devoci?n a la Virgen Mar?a dentro de una rica y profunda religiosidad popular, tesoro precioso en la cual aparece el alma de los pueblos latinoamericanos; el empe?o de la Iglesia en favor de los m?s pobres y su lucha valiente por la dignidad de cada ser humano; el testimonio de vida de su clero y su creatividad pastoral por lo cual el pueblo tiene un gran aprecio por los sacerdotes; la abnegada labor de misioneros y misioneras que conjugan evangelizaci?n y promoci?n humana; crecen los esfuerzos de renovaci?n de las parroquias favoreciendo un encuentro con Jesucristo vivo.

Es significativo el testimonio de la Vida Consagrada. Se valoran los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades.

La Doctrina Social de la Iglesia constituye una invaluable riqueza y ha animado el testimonio y la acci?n solidaria de los laicos y laicas.

En Am?rica Latina y el Caribe innumerables cristianos buscan configurarse con el Se?or al encontrarlo en la escucha orante de la Palabra, al recibir su perd?n en el sacramento de la reconciliaci?n y su vida en la celebraci?n de la Eucarist?a.

Se constat? tambi?n el fortalecimiento de reg?menes democr?ticos y la creaci?n de muchos espacios de participaci?n pol?tica. Se apreci? un esfuerzo de los Estados por definir y aplicar pol?ticas p?blicas en los campos de la salud, educaci?n y seguridad alimentaria, previsi?n social y vivienda. Los ind?genas y afroamericanos buscan caminos y formas para reivindicar sus leg?timos derechos. Por todo esto y mucho m?s, dimos gracias a Dios.

Aparecida, sin embargo, tambi?n prendi? varias alarmas que nos movieron a asumir precisos desaf?os. Me limito a diez alarmas por razones de espacio y de tiempo:

1. Percibimos, en muchos casos y niveles sociales, la ausencia de un sentido unitario de todo lo que existe con la consiguiente ansiedad y frustraci?n. Se busca suplir al mismo con abundancia de informaci?n, pero esta soluci?n es como si a un mont?n de ladrillos se le a?aden otros m?s, esperando que as? resulte un plano de construcci?n, una visi?n unitaria, una vocaci?n de sentido. Ese sentido completo y unitario de la vida humana y de la realidad que los creyentes llamamos sentido religioso, es la respuesta que hoy a veces no se busca y a veces es rechazada aunque sea tan necesaria.

2. Percibimos un cambio de ?poca cuyo nivel m?s profundo es el cultural con una sobrevaloraci?n de la subjetividad individual que deja de lado la preocupaci?n por el bien com?n, para dar paso a la realizaci?n inmediata de los deseos individuales bajo la conocida bandera de la plena y libre realizaci?n de la personalidad, en forma inmediatista y sin preocupaci?n por criterios ?ticos.

3. Se percibe un cierto debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad y de la pertenencia a la Iglesia. El rico tesoro del continente americano, su patrimonio m?s valioso, la fe en Dios amor, corre el riesgo de seguir erosion?ndose y diluy?ndose en crecientes sectores de la poblaci?n.

4. Falla la transmisi?n de la fe en la familia donde los padres est?n llamados a ser los primeros transmisores de la fe de sus hijos ense??ndoles a trav?s del ejemplo y la Palabra. La ni?ez constituye una ocasi?n maravillosa para la transmisi?n de la fe. Por eso, esta falla es grav?sima.

5. Se percibe una evangelizaci?n con poco ardor y sin nuevos m?todos y expresiones y un ?nfasis en el sacramentalismo sin el conveniente itinerario formativo.
6. Hay un alto porcentaje de cat?licos sin conciencia de su misi?n. De all? la insistencia continua en nuestra identidad de disc?pulos misioneros.

7. Una globalizaci?n sin solidaridad afecta negativamente a los sectores m?s pobres. Ya no se trata simplemente del fen?meno de la explotaci?n y opresi?n sino de algo nuevo, la exclusi?n social. Los excluidos no son solamente explotados sino ?sobrantes? y ?desechables?.

8. Los j?venes est?n afectados por una educaci?n de baja calidad que los deja por debajo de los niveles de competitividad. Las crisis por las que atraviesa la familia hoy en d?a, les producen profundas carencias afectivas y conflictos emocionales.

9. Vemos una notable ausencia en el ?mbito pol?tico, comunicativo y universitario de l?deres cat?licos de fuerte personalidad, coherentes con sus convicciones ?ticas y religiosas.

10. Innumerables mujeres de toda condici?n no son valoradas en su dignidad, quedan con frecuencia solas y abandonadas, no se les reconoce su abnegado sacrificio y heroica generosidad en el cuidado y educaci?n de los hijos ni en la transmisi?n de la fe en la familia.

Los desaf?os fueron muchos y s?lo enuncio diez:

1. Reconocer los aspectos positivos del cambio cultural como el valor fundamental de la persona, su subjetividad y experiencia, la b?squeda del sentido de la vida y la trascendencia, el valor de la sencillez, el reconocimiento en la existencia de lo d?bil y de lo peque?o. Este ?nfasis en el aprecio de la persona abre nuevos horizontes en donde la tradici?n cristiana adquiere renovado valor con su aprecio por la persona y la diversidad cultural.

2. Un imperativo que toca a todos nosotros es el contrarrestar la anticultura de la muerte con la cultura cristiana de la solidaridad teniendo presente, sin embargo, que el anuncio del Evangelio no puede prescindir de la cultura actual. Esta debe ser conocida, evaluada y en cierto sentido asumida por la Iglesia, como un lenguaje comprendido por nuestros contempor?neos. S?lo as? la fe puede ser significativa para ellos, pero esta misma fe debe engendrar patrones culturales alternativos.

3. Revitalizar nuestro modo de ser cat?lico. Nunca como hoy, tiempo de ?nfasis en la experiencia personal, subjetiva y vivencial, nos lleva a considerar el testimonio como un componente clave en la vivencia de la fe. El lenguaje testimonial se convierte en un punto de contacto decisivo. Es necesario rescatar el papel del sacerdote como formador de opini?n.
4. Ante la salida de muchos cat?licos a otros grupos no por razones dogm?ticas sino vivenciales, hemos de reforzar la experiencia religiosa, la vivencia comunitaria, la formaci?n b?blico doctrinal y el compromiso misionero de toda la comunidad que sale al encuentro de los alejados.

5. Ante la escasez de personas que respondan a la vocaci?n al sacerdocio y a la Vida Consagrada en Am?rica Latina y el Caribe, es urgente dar un cuidado especial a la promoci?n vocacional.

6. Debemos rescatar la identidad cat?lica de nuestros centros educativos por medio de un impulso misionero valiente y audaz, de modo que llegue a ser una opci?n prof?tica plasmada en una pastoral de la educaci?n participativa.

7. Estamos llamados a asumir una actitud de permanente conversi?n pastoral que implica pasar de una pastoral de mera conservaci?n a una pastoral decididamente misionera con procesos de iniciaci?n que partan del kerygma. En esta l?nea, estamos invitados a imitar el modelo paradigm?tico de las primeras comunidades cristianas que buscaron nuevas formas para evangelizar. Como la Iglesia en sus inicios, podemos realizar con valent?a y alegr?a la evangelizaci?n de la ciudad actual.

8. La opci?n preferencial por los pobres se reafirma como quiera que est? impl?cita en nuestra fe cristol?gica. La misma implica formar en la ?tica cristiana que pone como desaf?o el bien com?n global. Todo proceso evangelizador debe implicar una promoci?n humana integral y una aut?ntica liberaci?n, sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad (DI 3).

9. Debemos asumir la preocupaci?n por la familia, el valor tan querido por nuestros pueblos, como uno de los ejes transversales de toda la acci?n evangelizadora de la Iglesia. En toda Di?cesis se requiere una pastoral familiar intensa y vigorosa.

10. Urge que todas las mujeres puedan participar plenamente en la vida eclesial, familiar, social, cultural y econ?mica. Es necesario garantizar la efectiva presencia de la mujer en los ministerios que en la Iglesia son confiados a los laicos as? como tambi?n en las instancias de planificaci?n y decisi?n pastorales. Igualmente, hay que acompa?ar las asociaciones femeninas que luchan por superar situaciones dif?ciles de vulnerabilidad o exclusi?n.

Las fortalezas anotadas, las alarmas dadas y los desaf?os propuestos, que son solamente una muestra, as? como la totalidad del documento de Aparecida, ser?n sometidos a relectura, interpretaci?n y aplicaci?n cuidadosa desde nuestra realidad de Iglesia que peregrina en Colombia, en la reuni?n episcopal programada, a la cual sugerir?a que se inviten tambi?n los Vicarios de Pastoral.

VALENT?A DE MONSE?OR FABIO BETANCUR TIRADO

Monse?or Fabio Betancur se encontr? entre la espada y la pared al tener que escoger entre no aceptar una tutela con la consiguiente detenci?n y tener que preservar el derecho de la Iglesia de mantener en forma privada todo lo relacionado con los procesos de admisi?n o exclusi?n del sacerdocio.

El Arzobispo opt? por ser fiel a la Iglesia aunque ello le trajese los problemas conocidos. ?l albergaba la confianza de que el Estado colombiano mantuviese los acuerdos firmados seg?n la praxis concordataria entre el mismo y la Santa Sede. El ramo judicial del Estado desconoci? el Tratado cuya validez fue anotada por la misma Canciller?a a ra?z de la advertencia del Se?or Nuncio y conden? al Arzobispo. Como sabemos, esa condena no prosper? y esperamos que definitivamente sea anulada.

Una carta al Presidente de la Rep?blica comunic? nuestra preocupaci?n por la praxis adoptada en el ?mbito judicial, que hac?a caso omiso del Concordato.

Agradecemos a Monse?or Fabio Betancur por su valent?a en defender los derechos de la Iglesia en Colombia.

Esta experiencia, sin embargo, nos deja muchas ense?anzas sea para dise?ar nuestras relaciones con los organismos del Estado y para enfrentar posibles conflictos as? como para blindar nuestras instituciones eclesi?sticas, especialmente, los seminarios, de indebidas ingerencias. En muchas instancias, a?n defendiendo el Concordato, debemos defendernos como si el Concordato no existiese.

PROCESO DE PAZ

La paz no es un elemento opcional dentro de la vida cristiana, algo as? como una arandela, sino que es elemento constitutivo de la fe cristiana. Ella corresponde a las inclinaciones m?s sagradas de todo ser humano y del pueblo colombiano.

Por esta raz?n, es particularmente significativo el trabajo que silenciosamente adelantan sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos en todos los rincones del pa?s asumiendo d?a a d?a el acompa?amiento de sus comunidades en medio de la confrontaci?n armada. La primera y fundamental apuesta de la Iglesia por la paz est? all?, en las personas, presentes en barrios, municipios, comunas y veredas, porque la paz cobra sentido en la transformaci?n misma de la persona humana.

De otro lado, en coherencia con su misi?n y en correspondencia con el principio de que una paz sostenible y duradera implica el involucramiento de todos los actores armados ilegales, la Conferencia Episcopal ha visto la necesidad de hacer presencia en los momentos m?s significativos y determinantes del avance en los incipientes procesos que se adelantan con cada uno de ellos. Me refiero a tres pasos dados en este sentido.

Primero. En un momento crucial para la naci?n y en el que estaban en riesgo la paz y la convivencia de los colombianos, una comisi?n de Obispos acept? visitar un n?mero significativo de jefes de las autodefensas recluidos por orden presidencial en el centro penitenciario de Itag?? para exhortarlos a seguir adelante en el camino iniciado y a respetar sus compromisos de defender la verdad, la justicia y la reparaci?n de las v?ctimas.

Segundo. En medio del escepticismo frente a la negociaci?n de un acuerdo de paz entre el Gobierno Nacional y el Ej?rcito de Liberaci?n Nacional (ELN), que no daba signos expl?citos de un avance, la Iglesia respondi? positivamente a la invitaci?n de las directivas de esa organizaci?n insurgente para adelantar un di?logo en el que se pudieran analizar conjuntamente el contexto nacional e internacional, los aspectos positivos y negativos de la negociaci?n, las dificultades existentes y el horizonte previsto. La Conferencia Episcopal reiter? la disponibilidad de sus buenos oficios para favorecer la marcha de ese proceso e inst? al Gobierno Nacional y a esa organizaci?n insurgente a dar el aporte pertinente y garantizar la estabilidad y finalizaci?n de un proceso. En este marco, la Comisi?n de Paz de Iglesia contribuy? a superar las tensiones que amenazaban el proceso que se desarrollaba en La Habana.

Tercero. Requerida por el Gobierno Nacional y por el Se?or Rodrigo Granda, miembro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC ? EP), la Conferencia Episcopal le brind? acogida cristiana y le posibilit? su tr?nsito a la libertad en un lugar seguro para ?l. Las motivaciones de la Iglesia no pod?an ser otras que las estrictamente humanitarias, pero fueron, adem?s, ocasi?n para poner en evidencia ante la opini?n p?blica nacional e internacional, la vocaci?n facilitadora seria y confiable y punto de referencia fruct?fero frente a todo intento de sentar las bases de procesos de paz y de reconciliaci?n.
ACUERDOS HUMANITARIOS

La muerte de los once diputados del Valle pesa en la conciencia de los colombianos. Todos pudimos hacer mucho m?s para que regresaran vivos. La insistencia en un Acuerdo Humanitario no fue escuchada. Fuimos inferiores en este esfuerzo. Permitimos que murieran sin libertades y lejos de sus familias sufriendo enfermedades, hambre y desprotecci?n.

Por encima de la vida no puede existir ninguna consideraci?n. Este dolor, no es s?lo de sus familias, es de todos en el pa?s. Aferrados a Colombia acompa?amos a las viudas y a los hu?rfanos en su duelo. La naci?n entera debe ponerse de pie frente a la tragedia del secuestro y exigir la libertad de todos los que est?n injustamente privados de ella.

La Iglesia Cat?lica reclama tolerancia, pero tambi?n llama a la sensatez y a la unidad con el Papa Benedicto XVI quien hace poco fij? su mirada en este drama: ?Los llevo a todos en mi coraz?n y los tengo presentes en mi oraci?n, pensando, entre otros, en el caso doloroso de Colombia. Dirijo mi apremiante llamamiento a los autores de esos hechos deplorables, a fin de que tomen conciencia del mal realizado y liberen cuanto antes a todos los prisioneros, para que puedan volver a sus seres queridos?.

DEJANDO ATR?S EL ATAJO IL?CITO

Durante mucho tiempo se aliment? en el pa?s la idea de que, obtener logros en t?rminos de poder, de tener, de producir o de consumir, el camino honesto, largo, dif?cil, lento y trabajoso, pod?a ser remplazado por el atajo il?cito, r?pido y m?s c?modo.

Esta mentalidad del atajo il?cito est? siendo fuertemente golpeada hoy a todos los niveles: pol?tico, empresarial y personal. Esperamos que, m?s all? del sufrimiento que genera en los afectados y sus familias, el pa?s todo pueda vivir una experiencia pedag?gica y espiritual de purificaci?n y de cambios de criterio, as? que vuelva a preferir el camino honesto y m?s lento al atajo r?pido pero il?cito.

Frente a las horrorosas fosas comunes que van apareciendo, frente a las listas de cr?menes que se van revelando, frente a los inocentes que siguen muriendo en una lucha fratricida, todos en el pa?s, y especialmente los j?venes constructores del futuro, debemos decir: ?Nunca m?s por los caminos de la violencia, atajo f?cil pero mortal para las personas y la sociedad toda?.

Nos corresponde la tarea de hacer gustar la ?tica propia del Evangelio de Jes?s que nos dice: ?Entren por la puerta angosta. Porque la puerta y el camino que nos llevan a la perdici?n son anchos y espaciosos, y muchos entran por ellos pero la puerta y el camino que llevan a la vida son angostos y dif?ciles, y pocos los encuentran? (Mt 7,13-14). Estamos ante una condici?n para el logro de la paz.

Felicitamos a los medios de comunicaci?n y a la Fiscal?a que nos han sabido mostrar el drama de las v?ctimas especialmente de las desconocidas y que van siendo descubiertas dram?ticamente en las innumerables fosas excavadas. Nos unimos a los familiares de todas estas v?ctimas, ni?os, j?venes y adultos, en el dolor que experimentan y los invitamos a cerrar el duelo mediante la oraci?n por sus seres queridos, el perd?n a los verdugos y la exigencia de justicia y reparaci?n.

LA VERDAD DE LA PAZ

Como sabemos, Benedicto XVI tiene en la verdad uno de los ejes centrales de su ense?anza. Lo sentimos muy cercano cuando en Colombia ha llegado la hora de la verdad. Estamos buscando la verdad de la paz. Como anot? en el mensaje con ocasi?n de los 90 a?os de las apariciones en F?tima, ojal? salga la verdad a flote en toda su integralidad. Pero es necesario advertir que en ocasiones, esta verdad esperada que busca fatigosamente abrirse paso, en lugar de generar reconciliaci?n, reinterpretaci?n positiva del pasado, purificaci?n de la memoria, perd?n entre v?ctima y victimario y esperanza de una verdadera justicia reparadora, se convierte en fuente de venganzas, de acusaciones no probadas, de arma contra los adversarios pol?ticos, de odios malsanos y de mentira que golpea el valor de la vida. En este caso, no es la verdad al servicio de la paz, sino la verdad sacrificada en el horno que cuece las contradicciones y agudiza los conflictos, como si hubi?semos optado en Colombia por vivir un duelo sin fin, cual herida cancerosa que jam?s llega a cerrarse.

Ya es hora de dejar de jugar con la verdad como un medio para fines particulares y que ella llegue a ser cristalina para que se cumpla cuanto Jes?s nos dec?a: ?La verdad los har? libres? (Jn 8,32).

SOLIDARIDAD

Manifestamos una vez m?s nuestra solidaridad con los desplazados en el pa?s quienes constituyen una tragedia nacional m?s, con los colombianos que han debido dejar el pa?s para proteger sus vidas de amenazas reales y cuyo regreso esperamos sea muy pronto, con los sinceramente desmovilizados que desean rehacer su existencia y colocarla al servicio de la vida propia y ajena y con todos los que sufren debido a tragedias naturales o escasez de recursos por falta de un empleo digno.
POL?TICA EDUCATIVA

Admiramos a los educadores, tanto rectores como profesores, as? como a los padres de familia que han sabido oponerse a una campa?a deforme y peligrosa de educaci?n sexual patrocinada a nivel gubernamental y definida por los mismos educadores como incitadora a la promiscuidad.

Invitamos a los j?venes y a las j?venes a profundizar en la visi?n cristiana del amor que los lleva a crecer de verdad integralmente sin quemar etapas, sin someterse a aventuras pasajeras y a prepararse convenientemente para formar en el futuro una familia en la fidelidad, la estabilidad y el amor.

CONCLUSI?N

Al concluir esta intervenci?n, agradezco a Monse?or Fabi?n Marulanda Secretario General del Episcopado, a Monse?or Oscar Jos? V?lez Isaza, Obispo de Valledupar, al Departamento de Vida Consagrada y a los dem?s colaboradores que con tanto cuidado han preparado esta Asamblea Plenaria del Episcopado. Agradezco anticipadamente tambi?n a los se?ores Arzobispos y Obispos por su participaci?n din?mica y creativa en la misma para que entremos en una nueva etapa de comuni?n entre la Vida Consagrada y la Vida Episcopal, para el bien de la Iglesia en Colombia y para la gloria de Dios Nuestro Se?or.

+ Luis Augusto Castro Quiroga
Arzobispo de Tunja
Presidente de la Conferencia Episcopal
Publicado por verdenaranja @ 23:31  | Hablan los obispos
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