Viernes, 13 de julio de 2007
El domingo 15 de Julio de 2007 se conmemora la Memoria de los Beatos M?rtires de Tazacorte, Ignacio Azevedo y compa?eros. Una Eucarist?a ?especial? se celebrar? a las siete y media de la tarde de ese d?a, 15 de Julio, en el templo de S. Miguel Arc?ngel de Tazacorte., seguida de procesi?n.
A continuaci?n extracto de rese?a hist?rica.


Padre Ignacio Azebedo y compa?eros
M?rtires de Tazacorte


Extracto de Rese?a Bibli?grafica de "Los Martires e Tazacorte" (Padre Ignacio Azevedo y compa?eros), preparada por el Padre Juli?n Escribano Garrido, S. J. y editada por la Parroquia de San Miguel Arc?ngel de Tazacorte. LA PALMA, A?O 1992.

(...) Conocidas las necesidades espirituales de aquella dilatad?sima regi?n, San Francisco de Borja nombr? al P. Azevedo provincial del Brasil, y le autoriz? para reclutar en Portugal un gran grupo de misioneros y llevar, adem?s, consigo a cinco sujetos de cada una de las Provincias de Espa?a por donde pasase camino de Portugal.

El Padre General quiso que el P. Ignacio se presentase por ?ltima vez al Papa e implorase su bendici?n para aquella floreciente misi?n. El Padre Azevedo solicit? del Papa una gracia muy singular: llevar consigo, como amparo y esfuerzo, una copia de la imagen de Nuestra Se?ora, que la tradici?n atribu?a a San Lucas y se venera en Santa Mar?a la Mayor. Y aunque no se recordaba que se hubiese concedido semejante favor, el Santo Padre no supo negarlo al santo misionero. Se sacaron, pues, dos copias, una de regular tama?o para la Misi?n y otra peque?a para el P. Ignacio.
De regreso a Espa?a, en Zaragoza, le dieron por compa?ero al Herma?no Coadjutor Juan de Mayorga, navarro, de treinta y ocho a?os de edad, h?bil pintor, para que con su diestro pincel adornara con sagradas im?genes los nuevos templos de las reducciones.

En el noviciado de Medina del Campo se le agreg?, entre otros novicios, el Hermano Francisco P?rez Godoy, pariente cercano de Santa Teresa de Jes?s. Tambi?n se le agregaron j?venes jesuitas del Colegio de Plasencia.

La mayor parte la reclut? en Portugal hasta cumplir el n?mero de setenta voluntarios. Unos meses antes de embarcarse, se retir? el P. Ignacio Azevedo con sus compa?eros a una finca propiedad del Colegio de San Anto?nio, llamada Valle de Rosal, distante una legua del puerto de Cacilhas, entre Azeitao y Caparica, muy a prop?sito para los Ejercicios Espirituales. All? se dedicaron muy particularmente a la oraci?n, a los ejercicios de caridad y estudio, durante unos cinco meses.

El P. Azevedo hab?a tratado con el armador de un barco mercante, llamado "Santiago", y hab?a aceptado poner a su disposici?n una parte del nav?o para transportar a los misioneros. Como todos no cab?an en ?l, acept? el ofrecimiento de don Luis de Vasconcellos, nuevo gobernador del Brasil, que llevar?a en su flota al resto de los jesuitas. El "Santiago" ir?a escoltado por seis barcos de guerra.

As?, pues, en el "Santiago" se acomodaron el P. Ignacio con cuarenta y cuatro misioneros; el P. D?az, con otros veinte, en el nav?o almirante de la escuadra; y el P. Francisco Castro, con los restantes, en el nav?o "Os Orfaos".

Zarparon de Lisboa el 5 de junio de 1570. Ocho d?as despu?s arribaron a la Isla de Madeira los siete barcos.

A primeros de junio de 1570 sal?a el jefe religioso Jacques de Sor?s con sus nav?os de la Rochela, por entonces, importante baluarte de los hugonotes, enemigos jurados de los jesuitas. Esta flota de Sor?s pasa husmeando las costas espa?olas y portuguesas a la b?squeda de alguna importante presa. Al no dar con ella pone rumbo a la isla de Madeira. Intenta acercarse al puerto de Funchal, estando todav?a en ?l la flota de don Lu?s Vasconcellos, quien trata de defenderse con la artiller?a de sus barcos y la de la fortaleza de San Loren?zo, que domina ampliamente el puerto. El pirata desiste de su empe?o y procura alejarse de la costa. Este hecho inesperado retras? la salida de la flota de Vasconcellos.

Como el tiempo apremiaba, los comerciantes de Oporto que iban en la nave "Santiago", contrariados por la demora, consiguieron del gobernador, a fuerza de ruegos, navegar a la isla de La Palma para desocupar buena parte de sus mercanc?as y tomar otras, ofreciendo regresar a tiempo para reintegrarse al grueso de la flota. As? se determin? la partida para el 30 de junio.
Antes de hacerse a la mar, el P. Azevedo invit? a confesar a todos los marineros de la nave "Santiago" y les dio la Comuni?n, en la fiesta de San Pedro. Convocando tambi?n a todos sus compa?eros, los exhort? a que se dispusiesen para sacrificar sus vidas en defensa de la fe, si Dios se lo ped?a; pero si alguno no se consideraba con ?nimos pod?a quedarse tranquilamente en Madeira. Cuatro novicios, en efecto, desistieron de aquel viaje, con lo que marcharon el Padre Ignacio Azevedo y treinta y nueve compa?eros.

El d?a 7 de Julio de 1570 sal?a del puerto de Funchal el gale?n "Santiago" aprovechando la desaparici?n del pirata franc?s.
El viaje transcurri? felizmente; el mar estaba en calma hasta que, cuando ya se encontraban en las proximidades de La Palma, a una dos leguas y media de la ciudad, un fuerte viento, los lanz? lejos de la costa y les oblig? a dar un rodeo a la isla hasta que encontraron refugio en el puerto de Tazacorte, en el poniente de la isla.

Los habitantes de Tazacorte les recibieron con generosa hospitalidad y les ofrecieron frutos de la tierra para reponer sus fuerzas.

Cuando bajaron a tierra el P. Ignacio y parte de la tripulaci?n para saludar personalmente a tan amables personas, el P. Ignacio se encontr? con la grata sorpresa de que el due?o de aquella hacienda era don Melchor de Monteverde y Pruss. Los dos hab?an sido grandes amigos en Oporto, donde realizaron sus estudios, y tambi?n existi? la m?s entra?able amistad entre sus padres. D. Melchor le invit? a hospedarse en su casa y, como recuerdo de aquella presencia amistosa y feliz, ha quedado la "reliquia" conocida hasta hoy como ?casa de los m?rtires?.

Durante los cinco d?as que permanecieron el P. Ignacio Azevedo y sus compa?eros en Tazacorte, visitaron las iglesias y ermitas del contorno como la iglesia de San Miguel y la ermita de Las Angustias. La belleza paisaj?stica del Valle de Aridane, lleno de impresionante majestad, invitaba a la oraci?n.

En sus conversaciones, don Melchor Monteverde aconsej? al Padre Ignacio regresar por tierra a Santa Cruz de La Palma para tomar all? el barco.

El 13 de julio el P. Ignacio Azevedo celebr? su ?ltima Misa en tierra, seg?n algunos autores, en la iglesia de San Miguel de Tazacorte. Despu?s de la celebraci?n de la eucarist?a contaron testigos presenciales que, en el momento de beber del c?liz, tuvo
el P. Ignacio la revelaci?n de su pr?ximo martirio. Tan fuerte fue la impresi?n recibida que con los dientes produjo en el borde del c?liz una suave mella.

Desde ese momento, la decisi?n estaba tomada, navegar?an en el "Santiago" desde Tazacorte, a pesar de los consejos en contra; y como muestra de agradecimiento o para prevenir cualquier profanaci?n, entreg? a don Melchor las reliquias que le entregara en Roma el Papa San P?o V.

El gale?n "Santiago", en la madrugada del 14 e julio, se hizo a la mar, rumbo a Santa Cruz de la Palma, por la parte sur de la isla. El mar, por este lado de poniente, se hallaba ese d?a en calma. Esta circunstancia oblig? al gale?n a avanzar costeando la isla para aprovechar mejor la ligera bri?sa que le llegaba de tierra.

Mientras tanto, Jacques Sor?s segu?a al acecho de su posible presa. Al amanecer del d?a 15 de julio el gale?n "Santiago" se alejaba de Tazacorte hacia el sur. Fue entonces cuando el corsario franc?s, aprovechado los vientos favorables que le ven?an del mar, por la parte del naciente, trat? de interceptarlo con su nav?o de guerra "Le Prince", haci?ndole unos disparos de intimidaci?n.

Lograda la aproximaci?n de los dos barcos, los hugonotes franceses hacen tres intentonas de abordaje que fueron repelidas por la tripulaci?n portuguesa. Mientras tanto se hab?an ido acercando al gale?n "Santiago" los otros cuatro nav?os del pirata franc?s.

Cuando Sor?s juzg? llegado el momento, dio la orden de abordaje. Numerosos grupos de hombres, saltando precipitadamente de los cinco nav?os franceses, se lanzaron impetuosamente sobre el gale?n portugu?s. En en?cuentro result? feroz y sangriento. Los tripulantes lusitanos defend?an cada palmo del barco con bravura y coraje. Ante la superioridad num?rica de los atacantes, los lusitanos iban sucumbiendo heroicamente.

El Padre Ignacio de Azevedo iba de una parte a otra alentando a sus compatriotas a dar su vida por la fe. Herido en la cabeza por la espada de un capit?n calvinista continu? exhortando a los suyos a perdonar a sus enemigos, mientras abrazaba con fuerza el peque?o cuadro de Nuestra Se?ora que le hab?a entregado el Papa P?o V. Herido su cuerpo de muerte por tres golpes de lanza, cay? al suelo sin vida.

Como la situaci?n se hac?a ya insostenible por momentos, la tripulaci?n portuguesa opt? por rendirse. Hecho el recuento de los tripulantes y pasajeros quedaron los misioneros jesuitas como ?nico blanco de los ataques de los hugonotes. Cayeron sobre sus mansas v?ctimas con ferocidad inigualable apu?alando a unos, acribillando a disparos de arcabuz a otros. Luego se dedicaron a arrojar por la borda los cuerpos moribundos de sus v?ctimas. Y desde lo alto del gale?n "Santiago" se deleitaban en la contemplaci?n de sus inocentes v?ctimas, hasta verlas hundirse en el mar.

De los m?rtires, ocho eran espa?oles y el resto portugueses.

Los calvinistas profanaron las reliquias y objetos religiosos que llevaban los misioneros. S?lo algunas pudieron ser recogidas por un marinero franc?s. Cuenta la tradici?n que, pasada la terrible tempestad del martirio, se ve?a flotar sobre las aguas al P. Ignacio de Azevedo abrazado al cuadro de Nuestra Se?ora. S?lo se salv? del martirio el hermano cocinero Joao S?nchez, al que el pirata quiso conservar para aprovecharse de sus servicios. En su lugar muri? un joven, que era sobrino del capit?n del gale?n "Santiago", el cual al ver el hero?smo de aquellos religiosos se visti? con la sotana de uno de ellos y se present? ante los verdugos diciendo que tambi?n ?l era cat?lico.

Despu?s del martirio de los misioneros jesuitas, Jacques de Sor?s, se dirigi? a La Gomera en son de paz. El Conde de la Gomera, don Diego de Ayala y Rojas, logr? que el pirata le entregase los 28 miembros de la tripulaci?n y pasajeros lusitanos que hab?a hecho prisioneros.

Una vez llegados estos hombres a la isla de Madeira relataron minuciosamente al jesuita P. Pedro D?as lo ocurrido a bordo de la nave "Santiago".

El mismo d?a del martirio, a muchos kil?metros de distancia, en una visi?n, vio Santa Teresa de Jes?s subir al cielo a los cuarenta m?rtires muy gloriosos, y adornados con coronas y hermos?simas aureolas y conoci? en aquella celestial procesi?n al H. Francisco P?res Godoy su pariente cercano, quedando as? consolada.

En 1632 el Cabildo de La Palma pidi? al Santo Padre que fueran Beatificados y nombrados patronos de la Isla. Despu?s de esta fecha, una y otra vez, volvi? a elevarse a la Santa Sede el mismo deseo y petici?n.

El Papa Benedicto XIV, en septiembre de 1742, reconoci? que eran aut?nticos m?rtires por la fe; y P?o IX, en 1862, los beatific?.
El c?liz que mordi? el P. Ignacio de Azevedo, seg?n una tradici?n constante y sin oposici?n, se conserv? en la iglesia de San Miguel de Tazacorte, junto a otras reliquias.

En Mayo de 1745 visit? la iglesia de San Miguel el Obispo de la Di?cesis, don Juan Francisco Guil?n, y tom? el c?liz para regalarlo a los jesuitas del Colegio de Las Palmas de Gran Canaria, como reconocimiento a la ayuda prestada por el jesuita P. Valero en la visita a la di?cesis. Despu?s de muchas vicisitudes en diversos lugares de la pen?nsula, se encuentra -de nuevo- actualmente en el Colegio de Las Palmas de Gran Canarias.

Los m?rtires suelen llevar la denominaci?n del lugar donde triunfaron en la fe y desde donde volaron al cielo; por eso, con toda raz?n se han de llamar "M?rtires de Tazacorte" y no "M?rtires del Brasil", como algunos autores les denominan. Ellos son patrimonio espiritual de la isla de La Palma y una de sus glorias. La isla de la Palma les acogi? en la tempestad y les acompa??, como testigo, en su ascensi?n a la gloria de Dios.
Publicado por verdenaranja @ 8:44  | Art?culos de inter?s
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