S?bado, 14 de julio de 2007
Art?culo semanal del padre Fernando Lorente, o.h., publicado en EL D?A en la secci?n de "Criterios" el mi?rcoles 11 de Julio de 2007

Luz en el Camino Fernando Lorente, o.h.*


Vacaciones y silencio


NOS ENCONTRAMOS en pleno comienzo de las vacaciones veraniegas. Las vacaciones, en general, son momentos muy privilegiados para reconstruir esa paz interior a veces tan maltrecha. Me refiero a esta paz a la que Cristo encomend? a sus disc?pulos cuando los env?o de dos en dos a los pueblos. De las diversas notas que tengo la costumbre de recopilar, transcribo algunas para quienes quieran dedicar sus vacaciones a un descanso satisfactoriamente reparador por su ambiente silencioso:

a) Saber experimentar positivamente el silencio. Es recomendable olvidarse un poco, o por unos d?as, de la TV y la radio y tantos otros medios de comunicaci?n que, sin reparo alguno, nos invaden el tiempo. Nuestro esp?ritu siempre lo agradecer?. Y, todav?a mejor, si procuramos y sabemos encontrar alg?n rinc?n tranquilo -la sombra de un bosque, a la orilla de un r?o, la sombra de un casta?o, de un roble de una higuera, en el ambiente de una ermita de un monasterio-, donde dediquemos tranquilamente un tiempo a estar en silencio, sin prisas. El silencio, as? vivido, nos revelar? muchas cosas. Descubriremos nuestra agitaci?n interior y nuestras tensiones. Sentiremos tambi?n la necesidad que tenemos de vivir de otra manera. Todo silencio relajado es siempre fuerza transformadora y fuente inagotable de paz.

b) Sentir lo que es nuestro cuerpo y su destino. En los tiempos actuales de "progreso", la mayor parte del tiempo lo vivimos "en nuestra cabeza", nos mantenemos olvidados absolutamente de nuestro cuerpo, crispado y tenso por las miles preocupaciones de cada d?a. Dediquemos las vacaciones, al menos las de este a?o, a hacer una experiencia nueva durante unos d?as: sentir nuestro cuerpo, respirar conscientemente y con calma, tomar conciencia de las diversas sensaciones, anim?monos a sentarnos de manera relajada, a pasear sintiendo nuestro caminar, y as? descubriremos con m?s fuerza la alegr?a de sentirnos plenamente vivos para nosotros mismos y para los dem?s.

c) Aprender a caminar y a mirar. Casi siempre corremos por el mundo sin captar apenas la vida que llena el cosmos y sin abrirnos al misterio que nos envuelve. ?Qu? bueno y cu?nto satisface en el cuerpo y en el esp?ritu el tomarse tiempo para aprender a mirar el entorno m?s despacio y con m?s hondura! Aqu? no se trata de afinar los sentidos, sino de captar la vida que palpita dentro de las personas, de los seres y las cosas, y de escuchar su eco en nosotros.

d) Vivir plenamente el momento presente. Es un verdadero arte en lo humano y en lo divino, aqu? y ahora. El creyente lo aprende desde la fe: el pasado pertenece a la misericordia de Dios; el futuro queda confiado a su bondad.

Cu?nto importa saber reconocer y vivir que, de hecho, Dios es tan necesario para el ser humano que no lo puede suprimir sin sustituirlo. Donde no hay Dios hay dioses. Donde falta la religi?n cristiana pululan las supersticiones. El que no adora a Dios, adora a sus ?dolos supletorios. Y por eso, si Dios es la suma Verdad, no hay mayor ni peor ignorancia y sus consecuencias que la ignorancia de Dios en las personas, en las familias, en las sociedades y en los gobiernos.

*Capell?n de la cl?nica S. Juan de Dios
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios