Domingo, 15 de julio de 2007
Carta semanal del Arzobispo de Valencia Don Agust?n Garc?a-Gasco Vicente

La sociedad, frente al Estado


Publicada en ?Paraula-Iglesia en Valencia? el 8 de julio de 2007



La educaci?n ayuda y favorece el crecimiento integral de las personas. Son los padres y las madres, las familias, a quienes la naturaleza otorga el encargo primero de dar a sus hijos lo mejor para que crezcan hacia la plenitud humana.

El Estado, organizaci?n jur?dica del poder pol?tico de la sociedad, no puede presentarse como un se?or feudal que pretende intervenir en la vida de sus s?bditos a su antojo. Nos encontramos en el siglo XXI, en una sociedad que aspira a ser una democracia avanzada, en la que los derechos no son s?lo bonitas declaraciones sino derechos efectivos ante los Tribunales y ante la sociedad, y recogen cuestiones como el derecho a la objeci?n de conciencia, que algunos grupos pol?ticos y formadores de opini?n pretenden abolir cuando son ejercidos por los cristianos.

La vida en sociedad es un cap?tulo esencial de la verdadera educaci?n. Los padres y las madres, los matrimonios y las familias, introducen a sus hijos en un sentido activo de la convivencia y del respeto a los dem?s. La colaboraci?n de la escuela con los padres es muy importante, para que los ni?os se abran a la colaboraci?n con sus compa?eros y para que reconozcan en sus maestros y educadores modelos de convivencia justa y respetuosa, cuyas palabras y ejemplos contribuyen al compromiso por hacer la vida social m?s humana. Ninguna reforma educativa lograr? su prop?sito si se hace de espaldas a los padres.

La educaci?n de los ni?os, y de toda persona, avanza cuando crecen las convicciones que dan sentido a su vida. No cabe un falso neutralismo en educaci?n. Descubrir los verdaderos valores de la vida, cultivar las virtudes aut?nticas, es una tarea demasiado importante como para dejar al margen de ella a Dios, la propia fe, la luz de la Revelaci?n, la inspiraci?n de la Palabra de Dios, o la oraci?n. Los padres y las madres, primeros educadores, ejercen una imprescindible libertad religiosa que jam?s han de someter a las prioridades de gobierno pol?tico alguno. De las urnas salen modos de gobierno democr?ticos, pero ellas no otorgan derechos absolutos e inobjetables sobre la conciencia de los padres y de todos los ciudadanos.

Lo planteado como asignatura de educaci?n para la ciudadan?a suscita numerosas cuestiones sobre su concepci?n y sobre su verdadero desarrollo. La intenci?n de promover una asignatura para conseguir una ciudadan?a af?n a las premisas ideol?gicas de un Gobierno, no se sostiene en un Estado de Derecho, por lo que resulta rechazable de plano.

No resulta sencillo adaptar esta asignatura y hacerla aceptable para la moral cat?lica. El silenciamiento de la relaci?n de la persona con Dios y la aportaci?n del cristianismo a la historia y a la sociedad son claros signos de un laicismo radical. Problem?tica ser? la pretensi?n de presentarla como una asignatura que plantea valores comunes, cuando expresamente ignora o rechaza la ley natural del obrar humano presente en todas las grandes civilizaciones.

Un gran riesgo de autocensura existir? para no incomodar, recordando aspectos innegociables de la doctrina cristiana, que hoy son conculcados por la legislaci?n espa?ola: el derecho a la vida y a la dignidad de los embriones y de los ni?os y ni?as antes del nacimiento, el valor del matrimonio entre el var?n y la mujer; el primordial papel de los padres como educadores; la dimensi?n trascendente del ser humano frente a cualquier reduccionismo laicista o materialista.

Hay que recordar que la gran mayor?a de legislaciones europeas y del mundo s?lo aceptan como leg?timo el matrimonio entre hombre y mujer y el Tribunal Constitucional espa?ol ha admitido a tr?mite la posible inconstitucionalidad sobre la pol?mica ley. No pueden presentarse como valores universales para la ciudadan?a europea aqu?llos que no s?lo no est?n admitidos en la gran mayor?a de pa?ses, sino que tambi?n se cuestionan en el nuestro.

La labor de la Iglesia es recordar que el hombre y la mujer est?n hechos a imagen de Dios y que son superiores a las cosas. El materialismo relativista supone una degradaci?n de la dignidad humana, y la responsabilidad de los padres en la educaci?n de sus hijos puede llevarles a negarse a aceptar una asignatura que puede presentarse como recomendable, pero cuyas ?ltimas intenciones no son tan claras como se pretende.

Con mi bendici?n y afecto

Don Agust?n Garc?a-Gasco Vicente
Arzobispo
Publicado por verdenaranja @ 23:44  | Hablan los obispos
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